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'Ad Astra': una odisea espacial deslumbrante y asombrosa

James Gray envía a Brad Pitt a Neptuno... y reinventa el cine del espacio

Foto: Brad Pitt protagoniza 'Ad Astra', la última odisea de James Grey. (Fox)
Brad Pitt protagoniza 'Ad Astra', la última odisea de James Grey. (Fox)

Desde su magnífica ópera prima, 'Cuestión de sangre' (1994), James Gray se ha confirmado como un narrador excepcionalmente sofisticado gracias a su habilidad tanto a la hora de mezclar acción e introspección como a la de tomar un método dramático firmemente enraizado en el clasicismo —dicho de otro modo, un cine atento al arquetipo, proclive a la emoción y alérgico a la ironía o el cinismo— e imbuirlo de dosis urgentes de músculo narrativo, y a la elegancia visual que ha mostrado en el proceso. En cualquier caso, Gray nunca antes había evidenciado esas cualidades con tanta claridad como lo hace en 'Ad Astra'.

Como su más inmediata predecesora, 'Z, la ciudad perdida' (2016), la séptima película del neoyorquino se sirve de una premisa propia del cine de aventuras tradicional para contar el viaje interior de un hombre solitario azotado por los demonios interiores. Se trata del astronauta Roy McBride (Brad Pitt), un hombre de quien desde el principio queda claro que está excepcionalmente dotado para mantenerse calmo e impasible en situaciones de máxima tensión pero que, llegado el momento, verá cómo esa fachada se resquebraja de forma violenta. Al principio de la película, una misteriosa descarga eléctrica daña la antena espacial en la que Roy está trabajando. Poco después, descubre que el sistema solar en su totalidad está en peligro, y una misión espacial dirigida tres décadas atrás por su padre, Clifford McBride (Tommy Lee Jones). Como consecuencia, Roy es elegido para viajar a Neptuno, en busca del progenitor al que creía muerto y que en cambio, tal vez, ha enloquecido. El periplo inevitablemente recuerda al tránsito que Martin Sheen siguió río arriba en busca de Marlon Brando en 'Apocalypse Now' (1979).

Mientras lo acompaña en su odisea, 'Ad Astra' ofrece varias secuencias de acción deslumbrantes que reflejan con maestría los peligros de un mundo futuro: primero, una persecución sobre la superficie lunar aparentemente inspirada en 'Mad Max'; luego, un tiroteo en un área de gravedad cero; después, un encuentro del todo epatante con un babuino enloquecido. En cualquier caso, es una película menos interesada en deslumbrarnos con fuegos de artificio que en usar la gélida inmensidad del universo a modo de alegoría del aislamiento espiritual de su protagonista. Roy necesita cruzar el sistema solar para saldar cuentas con el hombre cuya ausencia le ha llenado la psique de cicatrices; el fantasma de su padre desaparecido lo ha acechado constantemente y ha determinado el adulto en el que se ha convertido.

Dicho de otro modo, en el fondo, 'Ad Astra' no es sino otra de esas demoledoras historias que Gray ha contado varias veces a lo largo de su carrera —en títulos como 'La noche es nuestra' o 'Z, la ciudad perdida'— sobre hombres que viven aplastados por la sombra de sus fallidos progenitores y que parecen condenados a seguir sus mismos pasos. Y el director la hace reposar completamente sobre los hombros de un Pitt lleno de atormentada melancolía. El suyo es un trabajo interpretativo impecable, que articula a la perfección la mezcla de ira, amor y despecho que sufre su personaje y funciona a modo de deconstrucción del arquetipo de macho alfa glorificado a lo largo de los años en películas sobre la exploración espacial como 'Elegidos para la gloria' (1983) o 'Armageddon' (1998).

Otorga una nueva vida estética a la ya trillada iconografía espacial y tiene cosas trascendentes que decir acerca de las relaciones padres/hijos

Hay algo inconfundiblemente absurdo en la idea de un hombre que salva el universo viajando miles de millones de kilómetros para reunirse con el padre que lo abandonó tres décadas atrás, y parte de la grandeza de esta película es la honestidad con la que asume el riesgo al ridículo. Aquellos espectadores que solo entienden las odiseas espaciales cuando están repletas de pizarras llenas de fórmulas y mecánica cuántica deberían mantenerse lejos de ella: en ella, recordemos, un hombre viaja a Neptuno —que se encuentra a una distancia de 4.500 millones de kilómetros, más o menos— sin envejecer un solo día y, en un momento de su viaje, incluso se las arregla para colarse en una nave espacial mientras está despegando.

En cualquier caso, aquellos espectadores que estén dispuestos a dejar su escepticismo a la puerta del cine se verán ampliamente recompensados. 'Ad Astra es una obra deslumbrante, que otorga una nueva vida estética a la ya trillada iconografía espacial y tiene cosas sorprendentemente trascendentes que decir acerca de las relaciones entre padres e hijos, la importancia de deshacerse de los lastres del pasado y los desafíos que ello implica. Una película capaz de asombrar, confundir e hipnotizar mientras nos avasalla con las vistas del majestuoso infinito y, a la vez, se adentra en las almas estrechas y oscuras de aquellos que ni entienden muy bien de dónde vienen ni saben hacia dónde van.

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