adelanto editorial

Morbo y odio en televisión: Ana Julia Quezada y el culpable que no fue

La periodista y colaboradora de El Confidencial publica 'El crimen mediático' (Foca) un ensayo esencial sobre el tratamiento de las noticias de sucesos del que aquí adelantamos un capítulo

Foto: Juicio contra Ana Julia Quezada por la muerte del niño Gabriel (EFE)
Juicio contra Ana Julia Quezada por la muerte del niño Gabriel (EFE)
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El primer titular ya ardía: desaparición de un niño de ocho años en una zona en la que nunca pasa nada y en un entorno familiar, 'a priori', sano y estructurado. Como señala el criminólogo Vicente Garrido, este caso tenía todas las papeletas para estallar en los medios. «Las víctimas tienen que merecer la piedad y la compasión. No es lo mismo matar a un niño que a una prostituta. La víctima tiene que ser considerada por el público como de especial protección y conmiseración. En segundo lugar, tiene que incluir elementos que generen fascinación, porque son aviesos, crueles… O porque la forma de llevarlo a cabo es el preludio de que alguien puede volver a cometer otro crimen», afirma este experto.

El imaginario popular se ha hecho eco en no pocas ocasiones de este fenómeno. Desde el cuento de 'Hansel y Gretel' hasta novelas como 'El coleccionista' de John Fowles –llevada al cine por William Wyler en 1965–, 'Adiós, pequeña, adiós' de Dennis Lehane –también tuvo su traslación a la gran pantalla dirigida por Ben Affleck en 2007– o 'El juego de los niños' de Juan José Plans, que adaptó Narciso Ibáñez Serrador en 1976 bajo el título 'Quién puede matar a un niño'. En la serie británica 'Broadchurch', una de las de más éxito en los últimos años, también se investigaba la desaparición de un menor en un desolador paisaje de acantilados. Más allá de la ficción, todavía hoy se pueden encontrar reportajes sobre David Guerrero, el niño pintor que desapareció en Málaga en 1987, o sobre Juan Pedro Martínez, que se esfumó en las montañas de Somosierra en 1986. En definitiva, las desapariciones de niños y su posible abyecto final están inscritas en nuestro ADN –la compasión hacia el indefenso, más si es un niño, lo cual forma parte de la protección de nuestra propia especie– y han calado como relato desde antes de la época de los romances.

'El crimen mediático'
'El crimen mediático'

[Adelantamos aquí uno de los capítulos centrales del libro 'El crimen mediático. Por qué nos fascinan las noticias de sucesos' que la periodista y colaboradora de El Confidencial Paula Corroto (Madrid, 1979) publicará en el sello Foca el próximo lunes 23 de septiembre. En las páginas que extractamos, Corroto trata el caso del asesinato del niño Gabriel Cruz y la detención de la pareja de su padre, Ana Julia Quezada, cuyo juicio se celebra precisamente estos días. 'El crimen mediático' es un ensayo excepcional que disecciona el tratamiento que dan los grandes medios a la información de sucesos]

Para el 28 de febrero, medios locales como Ideal ya ofrecían una información más detallada sobre el dispositivo de búsqueda que se había montado con más de un centenar de vecinos. En esa noticia incluso se hablaba de la recompensa de 10.000 euros que la familia habría ofrecido «para la persona que ofrezca una información veraz». Durante un tiempo no se supo si esta recompensa había sido un bulo, pero, como cuenta Miguel Martín, periodista de la agencia EFE y de La Voz de Almería, sí se llegó a poner sobre la mesa: «Fue una iniciativa del padre sin consultar con la madre, pero se llegó a hacer».

Desde el 1 de marzo, la profusión de noticias fue en aumento a una velocidad que no se había dado hasta entonces en relación con los sucesos, a excepción de la aparición del cadáver de Diana Quer ocurrido tan sólo dos meses antes. Para ese día, en la web de Ideal ya había seis noticias dedicadas a la desaparición que se nutrían de declaraciones de la madre, el recorrido que hizo el niño, la implicación de los famosos y hasta las primeras declaraciones de políticos, como la entonces presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, y el que era presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. No habían pasado ni 24 horas y ya había una reacción política, si bien todavía era de acompañamiento hacia los padres. Sin embargo, es llamativa esta reacción, puesto que no había sucedido con ninguno de los grandes casos mediáticos de los últimos años, de Marta del Castillo a Diana Quer. Este día, medios nacionales como El País y El Mundo también llevan el caso en la web con varias informaciones. Apenas diez años antes, con Del Castillo, estos medios aún tardaron algunos días en elevar la noticia a información nacional, y tampoco se resaltó en la home digital prácticamente hasta la detención de Miguel Carcaño.

Si algo expuso este caso es que habíamos entrado en una era en la que el sosiego y la profundidad en la información acababan de pasar de moda

Por supuesto, el caso ya bullía en las redes sociales, en las que se clamaba por la aparición del niño y se exigían medidas para la detención de los posibles culpables. Un estruendo que casi se notaba con todas las informaciones –algunas con datos y otras de mero relleno– que borboteaban en las webs. Mucho habían cambiado las cosas en una década. Si algo expuso este caso es que habíamos entrado en una era en la que el sosiego y la profundidad en las informaciones acababan de pasar de moda. Los periódicos habían tomado ya la velocidad del tuit.

Pero, cuando hay frenesí, lo que suele ocurrir es que apenas nos enteramos de lo que está ocurriendo. Es como una fiesta en la que sabes o crees que lo pasaste bien, pero al día siguiente casi no recuerdas por qué. Y en algo seguro que te equivocas.

Los días 2 y 3 de marzo una noticia se impuso a todas las demás (en las que no había tampoco demasiados datos nuevos): la Guardia Civil tenía a un sospechoso, un hombre que, al parecer, había acosado durante un tiempo a la madre. Se ofrecía un perfil del mismo, del que aparecieron iniciales, su edad y que tenía una orden de alejamiento. También se daban otros datos, como que «practicaba el running» y era «solitario». No sólo entraron en esta información los medios locales, sino que nacionales como El País elaboraron reportajes en el que se le trataba de «tipo raro» y se ponía el acento en el acoso, como si fuera clave para desentrañar el misterio de la desaparición. Sin pruebas. En El Mundo se informaba de que estaba «obsesionado con la madre» y de que ya habría sido detenido por la Guardia Civil.

Imágenes del operativo de búsqueda de Gabriel Cruz. (Efe)
Imágenes del operativo de búsqueda de Gabriel Cruz. (Efe)

Sólo les faltaba por hacer el resto a las redes sociales, donde no se perdió el tiempo en considerar culpable a este hombre. Las televisiones, como más tarde veremos, también pusieron su granito de arena (o más bien su montaña). A los dos días de la desaparición ya había quien se frotaba las manos con el final del caso y, además, con un cóctel embriagador: no sólo el hombre habría secuestrado al niño, sino que también era culpable de violencia de género. Pocas horas después se sabría que el hombre no tenía nada que ver con la desaparición de Gabriel.

Fran Gavilán recuerda aquellas informaciones con cierto pesar. Para él fue un fallo de comunicación de la Guardia Civil y también de la labor de las televisiones, que entorpecieron lo que se estaba cubriendo desde otros medios: «Si estabas en el sitio, te dabas cuenta de que no tenían nada y de que ese hombre no era. Sí me di cuenta de que muchos medios escribían desde Madrid y por oídas, y eso es un error. Cuando hay un silencio por parte de la Guardia Civil, se especula mucho. Y hubo error por parte del gabinete de prensa de la Guardia Civil a nivel nacional porque prefirieron guardar silencio. Cuando ves que hay teles que están contando cosas que no tienen sentido, y había mucha competencia esos días en la televisión, tienes que reaccionar y tardaron bastante desde la oficina en Madrid en lanzar un comunicado. Hubo torpeza de la Guardia Civil y descoordinación. Y luego nadie salió a defender a este sospechoso».

Para Miguel Martín, de EFE, durante todos los días que duró la búsqueda –trece en total– la presión por informar fue clave para que se cayera en errores. «Había momentos en que no tenía sentido informar. Pero la gente se sentía obligada. Los que estábamos haciendo un trabajo distinto a veces veíamos cosas que no agradaban. Había periodistas que parecían los mejores amigos de los padres, pero creo que los periodistas no tenemos que caer en eso», asegura, aunque también reconoce que fue un caso que acabó afectando a muchos informadores. «En lo personal te acaba marcando. Intentas no implicarte en nada, pero al final te afecta, porque te trastoca dos semanas de tu vida. Estás pendiente continuamente de algo en exclusiva», sostiene Martín.

Hubo un nuevo giro: el hallazgo de una camiseta a 300 metros de la depuradora de Las Negras en la zona de la cala de San Pedro

El 4 de marzo se descartó al sospechoso y hubo un nuevo giro: el hallazgo de una camiseta a 300 metros de la depuradora de Las Negras en la zona de la cala de San Pedro, muy concurrida en los meses de verano, pero desierta en invierno. Ocurrió sobre las seis de la tarde, como informó Ideal, pero en esa primera noticia no se señaló que había sido hallada por la entonces pareja de Ángel Cruz, Ana Julia Quezada. Tampoco lo destacaron los medios nacionales.

Este nombre no llenaría las páginas de los periódicos hasta algunos días después. Entonces apenas era la acompañante del padre, una mujer llorosa y apesadumbrada ante lo que le había sucedido a su novio. No obstante, los periodistas que estaban en el terreno ya tenían su mirada puesta en ella, si bien la Guardia Civil intentó desviar esa atención mediática. «Yo sospeché de ella desde el primer momento. Sobreactuaba. Y la forma de mirar. Era algo subjetivo nuestro. Todo sospechamos al principio del padre, pero luego de ella… Sobre todo cuando se encontró la camiseta en una zona que había rastreado la Guardia Civil. Por eso la seguían bastantes medios», recuerda Gavilán. En esos días comenzaba a hacer declaraciones en la televisión, aunque los reporteros no la tenían ubicada. «A ciencia cierta ninguno podíamos decir que había sido ella; pero a partir de cierto momento empezabas a descartar, el sitio, los últimos que habían estado con él, y lo de la camiseta fue bestial… Que entre todas las miles de personas que lo estaban buscando sea ella era extraño», añade Martín.

Fue el momento en el que a posteriori más se puede observar cómo la investigación chocó con la labor periodística, ya que todavía no se sabía que la Guardia Civil había empezado a controlar a Quezada y no quería que esta se alarmase. Pero continuaba la presión por informar y, allí en Almería, Ana Julia ya estaba en boca de todos.

La detención de Ana Julia

Tras dos días en los que los periódicos rellenaron sus páginas impresas y webs con noticias sobre la camiseta, en la que se había obtenido ADN del niño –hasta con siete noticias abrió Ideal su web–, el foco comenzó a ponerse sobre Ana Julia. Hubo reportajes sobre ella, quién era, que había sido la que había encontrado la camiseta y sobre el registro de la finca de los familiares.

El 8 y 9 de marzo fueron los días más relajados en los medios, ya que apenas había información y había tenido lugar la manifestación de las mujeres del 8M, que sepultó el suceso por primera vez en ocho días. Era posible abrir un periódico sin que apareciese ninguno de los protagonistas. Para el día 10, sin embargo, ya se apuntaba veladamente hacia Ana Julia, como en el reportaje que publicó El País –llegaría a publicar hasta 60 informaciones acerca del caso en trece días– sobre cómo se estaba cercando el entorno de los familiares. También en otros medios se destacaban las concentraciones que se habían hecho en Almería y cómo en Twitter no se dejaba de pedir la aparición del menor con tuits que hacían referencia a los peces.

Ana Julia Quezada, la presunta asesina del pequeño Gabriel Cruz.
Ana Julia Quezada, la presunta asesina del pequeño Gabriel Cruz.

Finalmente, el día 11 a mediodía Ana Julia Quezada era detenida en la localidad de Vícar con el cuerpo del niño en el maletero de su coche. Los medios no tardaron en reaccionar. Para la tarde, en locales como Ideal ya había hasta ocho noticias sobre el hallazgo y la detención, pero también numerosas declaraciones de políticos, como el presidente del Gobierno Mariano Rajoy, el líder del PSOE Pedro Sánchez, la presidenta de la Junta de Andalucía Susana Díaz y el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido. A la noche, la web de este medio llevaba hasta 14 noticias en las que se publicaba la imagen de Ana Julia, cómo se produjo la investigación de la Guardia Civil en las últimas 48 horas y la reacción de numerosas personas que acuden indignadas a las puertas de la comandancia de la benemérita.

En los medios nacionales se produjo la misma infección de noticias. La web de El País abrió con el hallazgo del cuerpo, la detención de Ana Julia y cómo había sido la detención. En El Mundo fueron cuatro las noticias que informaron sobre el asunto, desde la detención de la novia hasta un rápido perfil y las reacciones de dolor.

Los siguientes tres días, la agenda vuelve a estar marcada por este caso. El 12, 13 y 14, El País tiene en su portada en papel la imagen de Ana Julia, detenida y esposada. También aparecen varios artículos de opinión, declaraciones de los padres y datos sobre la autopsia. Un reportaje da cuenta de los bulos que durante la búsqueda han aparecido en las redes sociales, que llegaron a hacerse virales, como que dos marroquíes habían secuestrado al niño o que un sumatorio de firmas podría aumentar las condenas. Son los primeros indicios de mensajes racistas –Ana Julia era negra y de origen dominicano– que durante las siguientes horas estarán presentes en la red.

Los bulos recorren las redes, como que dos marroquíes habían secuestrado al niño; son los primeros indicios de mensajes racistas

De hecho, los periódicos ofrecen en las siguientes jornadas artículos sobre cómo era Ana Julia, cómo se definía en Facebook y la noticia de que una de sus hijas había muerto tras caerse accidentalmente por la ventana, lo que abre una nueva veda para la recreación en el imaginario popular de cómo podría ser esta persona. El ruido en las redes se hace ensordecedor con todo tipo de bulos y fake news, en los que se pide, principalmente, una considerable condena para Ana Julia.

«Antes de la detención de Ana Julia estaba obsesionado, pasaba por casa y me iba corriendo. No comía y apenas dormía. Yo pensaba que iban a detenerla antes y, cuando sucedió, estaba como en un estado de shock. Para la mayoría de las personas fue igual», rememora Gavilán sobre aquellos momentos. «Teníamos que rellenar cuatro páginas al día. Estaba derrotado», añade. Un cansancio que se desbordó el día 13 de marzo, con la celebración de un funeral multitudinario al que acudieron políticos de todos los partidos. «Fue retransmitido en directo. Fue un espectáculo de feria, pero los padres también lo querían. Yo creo que esos días a todo el mundo se le fue de las manos», confiesa el periodista. Al periódico, sin embargo, no le fue mal: aquellos días, como afirma Gavilán, quintuplicaron el número de visitas a la web.

Sobre los ataques que recibió Ana Julia los días posteriores, los periodistas que cubrieron el caso enfatizan más la indignación de la población, que había estado durante once días en alerta, que los posibles rasgos racistas o misóginos que pudiera haber detrás. «Lo que había era un odio a una persona que durante toda la búsqueda mantuvo un comportamiento cínico y aumentó el sufrimiento de los padres, ya que no sólo acabó con su vida, sino que lo ocultó y, mientras, daba ánimos a los padres», sostiene Martín. Para Gavilán, «si hubiera sido española, de raza caucásica o un hombre, habría tenido el mismo linchamiento. La indignación vino por las grabaciones en las que se escuchaba que había insultado al cadáver del niño, por su frialdad… Lo que ocurre es que las redes sociales lo multiplicaban todo».

Los padres del niño Gabriel Cruz, Patricia Ramírez y Ángel Cruz  comparecen ante los medios en rueda de prensa. (EFE)
Los padres del niño Gabriel Cruz, Patricia Ramírez y Ángel Cruz comparecen ante los medios en rueda de prensa. (EFE)

Como ocurre cuando se descorcha una botella de cava, la tensión acumulada salió como si fuera un géiser. Durante casi quince días apenas hubo otra noticia. El caso Gabriel formó parte de las conversaciones, reales y virtuales. Y los medios se hicieron eco. ¿Hasta qué punto fueron responsables de esta efervescencia? Acudo a criminólogos y escritores que han tratado estos sucesos y su respuesta es que forma parte de cómo se comportan ahora los medios y de las implicaciones que también tienen las redes sociales.

«Los medios cumplen su misión, que es transmitir lo que cree que va a interesar a sus lectores. Si hubiera un solo medio que hablara de un asesino, ocurriría lo mismo, pero ahora lo dicen muchísimos. Lo que sí que ha cambiado es la rapidez y el impacto. Antes las cosas quizá tomaban un tiempo. Eran más comentarios y rumores, y estaba todo más matizado. Pero ahora al instante tienes un impacto muy fuerte. En ese sentido, los medios sí que aceleran el impacto de los acontecimientos porque llegan a mucha gente», afirma el experto en crímenes Vicente Garrido. El historiador Ivan Jablonka, que investigó sobre lo que ocurrió con la desaparición y asesinato de la joven Laëtitia Perrais en Francia en 2011 para su novela 'Laëtitia o el fin de los hombres', explica lo que hicieron los medios franceses durante aquel suceso: «Sin duda, fueron insistentes, quizás obsesionados por la desaparición de Laëtitia. Los periodistas pasan a veces por carroñeros, pero su trabajo es informar: cualquier ciudadano quiere saber lo que pasa debajo de su casa. Se espera que el asesinato de una mujer de 18 años, por la emoción que suscita, entre en la esfera pública. Forma parte de la democracia». Aunque, por supuesto, hay líneas rojas: «Cuando hace bien su trabajo, el periodista lleva investigaciones basadas en fuentes. Antes de escribir, los periodistas y los historiadores deben “dar fuentes” a sus palabras, verificar y encajar los hechos», advierte el historiador.

En el caso de Gabriel Cruz hubo dos aspectos –uno de ellos ya ha aparecido en este libro– que trastocaron todos los esquemas: la implicación política y la forma en la que actuaron las televisiones.

El suceso que se hizo político

El día 7 de marzo, el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, se personó en la zona de la desaparición con varias declaraciones en la prensa. «Les he prometido que vamos a hacer todo lo posible para encontrar a su hijo, sin escatimar los medios para lograrlo», afirmó ante los medios en un paraje lluvioso y triste. Los padres también seguían apareciendo en la prensa y las redes sociales, para las que grabaron juntos un vídeo de agradecimiento.

A la presencia del ministro se había sumado un operativo de búsqueda en el que se había movilizado a 1.500 profesionales de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, así como de las unidades de emergencias, y a 2.600 voluntarios en el rastreo de Las Hortichuelas, Las Negras, Rodalquilar y otros puntos del entorno del parque natural Cabo de Gata-Níjar. En concreto, las labores giraron en torno a 40 zonas y se extendieron a unos 400 puntos «especiales» como balsas y pozos.

Esta implicación política tan directa y de un cargo como el del ministro del Interior era bastante novedosa, ya que en ningún otro caso así de mediático los políticos se habían puesto tan delante de las cámaras, y mucho menos en el lugar en el que habían sucedido los hechos. En aquellos días, Zoido pasaba por apuros, ya que su labor había sido muy criticada tras desastres como el de la AP6, donde cientos de conductores habían quedado atrapados por el temporal. Por otro lado, en el Congreso se debatía la derogación de la Ley de Prisión Permanente Revisable, una norma que el Partido Popular defendía. Fue una forma de populismo y de mejorar la popularidad, si bien periodistas como Gavilán también apuntan a la conexión que hubo entre el ministro y los padres. «Zoido había perdido un hijo en un accidente de tráfico y se implicó mucho. Fue muy respetuoso», reconoce el periodista. Paradójicamente, los padres de Gabriel estaban más cercanos a Podemos, un partido que, sin embargo, se mantuvo más distanciado durante los días de la búsqueda.

Fue muy repetida la imagen de los padres entregando la bufanda azul del niño a Zoido, prenda que después tendría su propio debate político

El día del funeral la presencia de los políticos se desbordó. A la misa en la catedral de Almería acudieron desde Zoido hasta la entonces vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, la coordinadora regional de Podemos, Teresa Rodríguez, y la que era presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, acompañada de parte de su Gobierno. Un evento que fue recogido por todos los medios y reconocido como «un funeral sin precedentes en Almería», en el que se mezclaron las imágenes de dolor de los padres y la consternación y seriedad de los políticos. Fue muy repetida la imagen de los padres entregando la bufanda azul del niño a Zoido, una prenda que después tendría su propio debate político.

Ya desde el día 11, en el que había aparecido el cuerpo, los políticos habían trasladado sus mensajes de condolencia. De Rajoy a Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera, pero también líderes autonómicos como Susana Díaz, Juan Manuel Moreno, Teresa Rodríguez, Antonio Maíllo y Juan Marín. Los días que rodearon el funeral coincidieron con el debate en el Congreso sobre la prisión permanente revisable. Muy cercano en el tiempo estaba también la aparición del cadáver de Diana Quer y la detención de su asesino, El Chicle. Los padres de Quer y de la niña Mari Luz habían acudido a la misa de Gabriel y seguían con su campaña de recogida de firmas para pedir que esta ley no se derogase, propuesta que defendían PNV, PSOE y Unidos Podemos en el Congreso, mientras que el PP estaba de acuerdo en mantenerla y Ciudadanos basculaba en la abstención. Como resaltaba una información de El Mundo publicada el día 12 de marzo, el caso Gabriel no había hecho más que subir de grados el debate. De hecho, durante toda esa semana, dirigentes del PP pusieron como ejemplo el caso del menor para no derogar la ley.

En los comunicados que aquellos días envió la madre a los medios, clamaba por que no hubiera una utilización política ni mensajes de odio

Sin embargo, mientras que padres como los de Diana Quer, Marta del Castillo y Mari Luz Cortes –a la madre de los niños Bretón sólo se la vio en ocasiones– se habían posicionado al lado de los partidos que no querían la derogación, los padres de Gabriel optaron por salirse de este marco. En los comunicados que durante aquellos días envió la madre, Patricia Ramírez, a los medios, clamaba por que no hubiera una utilización política ni mensajes de odio e ira. No le hicieron mucho caso. En el pleno del 18, en el que finalmente salió adelante que continuara el trámite para la derogación, desde los partidos se volvió a utilizar su caso para defender sus diferentes posturas. El asesinato había pasado de ser una noticia de la sección de sucesos a la de política con una velocidad inaudita. Y con el cadáver aún en la mesa de autopsias.

El morbo de las televisiones

Hay una imagen del 1 de marzo, tan sólo dos días después de la desaparición, en la que la reportera Raquel Falcón, del programa de La mañana de TVE, se acerca al puesto de mando de la Guardia Civil, que ya había montado todo el dispositivo de búsqueda, para preguntarle al padre de Gabriel por la información de última hora. Junto a él hay una mujer que todavía es una desconocida para los medios. Falcón le pregunta directamente quién es, si es una familiar, y ella responde, compungida, que es la pareja de Ángel. Es la primera vez que Ana Julia aparece en escena. Es la televisión la que ofrece su cara y revela la relación con la familia. Y es este medio el que accede a esta información porque las cámaras se desplazaron a la zona de Las Hortichuelas apenas horas después de la desaparición del niño. La noticia abrió y consumió horas televisivas durante catorce días. Con una labor informativa, como en esta escena, pero también con un «sensacionalismo extremo y quiebra de derechos», según destacó un informe del Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA), que envió una queja a la Oficina de Defensa de la Audiencia por el «linchamiento diario movido únicamente por el afán de dar noticias rápidas y captar audiencia». No era la primera vez que el CAA había elaborado un informe en esta línea: ya ocurrió durante el caso de Marta del Castillo, cuando se criticó que los programas habían utilizado testimonios de menores, además de hacer uso de imágenes de carácter emotivo.

Para la elaboración de este informe, el CAA analizó los informativos y programas de entretenimiento de La 1 de TVE, Antena 3, Telecinco, LaSexta, Cuatro, Canal Sur TV y la cadena local Interalmeria. En total, se estudiaron 69 horas y 50 minutos, de las cuales 42 horas y 35 minutos estuvieron destinadas al caso Gabriel. Más de la mitad. De programas como Espejo Público y El programa de Ana Rosa destacó que habían asumido como propio un papel investigador para la resolución del caso, lo que revela cómo estos matinales habían optado por los ingredientes de la ficción –del thriller y la novela criminal– para mantener en vilo a su audiencia, más allá del rigor informativo y los meros datos que ofrecía la Guardia Civil. Ocurrió principalmente cuando salió a la luz que los investigadores podrían tener un sospechoso, que después resultó inocente. Como se puede leer en este informe, «estos magacines cuestionan las conclusiones de la investigación oficial para alimentar una tesis propia en la que sitúan a esta persona ante la opinión pública como el principal sospechoso a través de la difusión reiterada de rumores, especulaciones y hechos no contrastados». Es más, de Espejo Público, el programa que conduce Susanna Griso, se destaca que «emitieron como “muy fiables” los testimonios de unos vecinos que transmitían falsedades ya descartadas por la investigación, que arrojaban sospechas de forma tendenciosa sobre esta persona».

Ana Rosa Quintana en 'El programa de Ana Rosa. (Mediaset España)
Ana Rosa Quintana en 'El programa de Ana Rosa. (Mediaset España)

En un análisis más concreto, el informe observa cómo Televisión Española cubrió de forma muy amplia el caso en el magazine La mañana, que le dedicó más del 70 por 100 de su tiempo los días 6 y 7 de marzo, que eran los que menos datos nuevos había sobre el asunto. También los informativos fueron presa de este tema, colocado casi siempre en la portada. El día 6 incluso se mantuvo la sospecha sobre el presunto culpable, cuando ya estaba descartado, y el día 12, cuando Ana Julia ya estaba detenida, dedicaron más del 60 por 100 de su tiempo al caso. En él se difundieron imágenes de violencia verbal contra la mujer. Es llamativo que la televisión pública se regodeara con tal profusión en este crimen, ya que no lo había hecho con casos mediáticos anteriores, sobre todo los sucedidos casi diez años antes como el de Marta del Castillo, lo que demuestra la competición con las cadenas privadas en la que había entrado el equipo que estaba al frente de TVE ya en 2018.

En Antena 3 también los días 6 y 7 se dedicaron bastantes horas al caso. Casi el 50 por 100 del tiempo de Espejo Público fue para la desaparición. No obstante, el día 12 todo el programa –cinco horas– estuvo consagrado al crimen. El informe del CAA critica que se difundieran «imágenes de ira y violencia por parte de multitudes que insultan y amenazan a la detenida pidiendo venganza» y que se emitieran «las imágenes y el audio de la multitud increpando a la detenida al grito de hija de puta y pena de muerte».

El programa Sálvame fue dedicado íntegramente al asunto y, además, relacionó el crimen con el debate sobre la prisión permanente revisable

Telecinco no fue a la zaga. El matinal El programa de Ana Rosa dedicó el día 6 un 75 por 100 del tiempo a Gabriel y el día 7 se emitió un reportaje en el que una periodista comprueba la coartada del sospechoso –ya descartado por las Fuerzas de Seguridad– especulando si en un determinado tiempo es posible ir de su localidad (que dista 60 kilómetros) a Las Hortichuelas en coche. Para ello realiza el mismo trayecto en automóvil, y el montaje del reportaje se adereza con música trepidante de fondo. El día 12 el programa Sálvame fue dedicado íntegramente al asunto y, además, relacionaron el crimen con el debate sobre la prisión permanente revisable. En esa fecha, el informativo le dedicó un 90 por 100 de su tiempo. El informe del CAA indica, además, que hubo una explotación sentimental del caso, por ejemplo con la difusión reiterada de primeros planos de los rostros de los padres tras conocer la muerte de su hijo, y critica la difusión de fotografías del niño cuando era bebé, y otras imágenes familiares de carácter privado.

La Sexta no fue tan exhaustiva en el seguimiento del caso, apenas el 3 por 100 y el 11 por 100 en los programas analizados de los días 6 y 7 de marzo, pero su atención se disparó el 12, cuando ocupó el 56 por 100 en el programa Al Rojo Vivo, que difundió repetidamente imágenes de violencia verbal hacia la detenida por parte de multitudes en las que aparecen menores, y el 61,6 por 100 en el informativo. Cuatro prestó especial atención al caso el día 12, cuando la cobertura en el informativo ocupó el 81 por 100.

En Canal Sur hubo una cobertura muy intensa en programas como La tarde y Andalucía Directo. La totalidad del tiempo que el programa La tarde destina al repaso de la actualidad fue íntegra para comentar las novedades del caso Gabriel. El día 12, Andalucía Directo le dedicó el 54 por 100 de su tiempo. Y el informativo de ese día se centró casi en exclusiva a esta noticia, con el 81 por 100 del total.

Sara Mesa. (EFE)
Sara Mesa. (EFE)

La escritora Sara Mesa, autora de libros como 'Cicatriz' y 'Cara de pan', entre otros, analizó en el artículo «Historia de un linchamiento», publicado en El País tres meses después del suceso, cómo los matinales se dedicaron a alargar la sospecha sobre el presunto autor del crimen cuando ya estaba completamente fuera del foco de las Fuerzas de Seguridad. En él rememoraba el caso de Rocío Wanninkhof, la adolescente asesinada en 1999, un crimen por el que un jurado popular condenó sin pruebas a Dolores Vázquez, que llegó a pasar casi dos años en la cárcel hasta que se encontró al verdadero culpable, el británico Toni Alexander King, que en este tiempo acabó matando a otra chica, Sonia Carabantes. Este caso también contó con una enorme atención mediática a finales de los noventa, aunque entonces las noticias aún no corrían por las redes sociales. En esas fechas, el jurista Javier Pérez Royo señaló que «el problema es grave, porque, cuando no se hace justicia, se comete una venganza. Cuando se condena sin pruebas, la sociedad se está vengando por el crimen que se ha cometido, pero no está haciendo justicia».

«Cuando pensábamos que estaban superados casos como el de Dolores Vázquez, juzgada culpable y encarcelada injustamente durante más de 500 días por el asesinato de Rocío Wanninkhof, seguimos encontrando coberturas mediáticas absolutamente faltas de rigor y veracidad cuya función de catarsis social representa el odio contra personas que la histérica mentalidad conservadora considera “peligrosas”. En el caso Wanninkhof, el mismo fiscal Francisco Montijano reconoció que los medios influyeron sobre los testigos e, inevitablemente, sobre el jurado popular», escribió Mesa, que sostiene que igual que pasó con Vázquez, en la que pesaron su lesbianismo y un carácter frío, «en el caso de D. ha pesado sin duda su condición de enfermo mental, vinculada a estereotipos de obsesión, desequilibrio y manías –agárrense– tan sospechosas como correr, dibujar y leer “compulsivamente”».

La escritora, no obstante, no ponía el acento sobre «la búsqueda de carroña» de los medios o si estos «están conducidos por carroñeros», sino que «son los mismos programas los que generan la basura del morbo, el sensacionalismo y el odio, y la esparcen por nuestras pantallas, y nosotros, los espectadores, los que nos alimentamos de ella y la multiplicamos al compartirla en las redes. Cabe pensar si la carroñera no es entonces la audiencia y si no debemos hablar de culpa colectiva».

Cabe pensar si la carroñera no es entonces la audiencia y si no debemos hablar de culpa colectiva

Para discutir sobre estos temas, la profusión de noticias sobre sucesos y si la televisión se está escorando hacia el morbo en busca de mayores audiencias, pregunto a Teo Lozano, subdirector de programas de actualidad de Atresmedia, grupo audiovisual en el que se encuentran Antena 3 y La Sexta, que también ha dirigido matinales como Como la vida, de Antena 3. Lozano responde con amabilidad ante las conclusiones del informe del Consejo Audiovisual de Andalucía y antepone un dato: «Una de las cosas que han ocurrido es que hace veinte años el consumo de televisión estaba en torno a tres horas, y una hora diaria de radio, y ahora está en torno a 10 horas, con radio, televisión y redes sociales. La oferta de sucesos en realidad no ha aumentado, eso puede ser una percepción del espectador».

Sin embargo, sí concede que en el caso del niño Gabriel Cruz hubo mala praxis por la competitividad para informar del último minuto de la desaparición con testimonios que en muchos casos eran irrelevantes. Para el periodista, al existir esta competitividad «se relaja la deontología profesional y no se contrasta lo suficiente. Lo hemos visto con este caso. Se hicieron demasiadas especulaciones e hipótesis relacionadas con el primer sospechoso. El hecho de que haya una exposición tan grande de horas y horas de televisión en directo hace que mucha gente se aventure o esté contando una cosa en directo y vaya más allá rompiendo la presunción de inocencia antes de ir a la investigación policial y judicial. Y ahí es verdad que a veces no hacemos una buena praxis».

Pero en este caso no fueron sólo los matinales y vespertinos, en los que es habitual una sección amplia dedicada a los sucesos, aunque estén también contaminados de especulaciones e hipótesis, sino que también los informativos dedicaron buena parte de su tiempo a dar información sobre el caso, incluso días en los que apenas había nuevos datos. Así lo recalca el informe del CAA, que advierte que fueron los espacios de noticias de las televisiones públicas los que destinaron más tiempo en los días 6, 7 y 12 de marzo: en primer lugar Canal Sur TV (1:14:07), seguida de la televisión municipal Interalmeria (00:59:45) y La 1 de TVE (00:45:19). En el caso de las privadas, fue el informativo de Telecinco el que más tiempo dedicó (00:41:05), quedando los restantes en torno a los 30 minutos de cobertura.

Una persona joven había perdido a su hijo y estaba suplicando a todos los medios de comunicación que no la abandonáramos

ozano defiende que estos espacios periodísticos tienen que estar donde ocurre el suceso «porque son el reflejo de la sociedad. Hay que escuchar qué se habla en la panadería, en el colegio […] En cualquier ámbito de la vida». Para el periodista, el caso Gabriel comenzó a demandar una cantidad de información ingente desde el primer día, un dato que ahora, con las nuevas tecnologías, se puede saber minuto a minuto. A la información de la desaparición se sumaba la presencia de «la propia familia, empezando por la madre, que era una persona joven que ha perdido a su hijo y que estaba suplicando a todos los medios de comunicación que no la abandonáramos y que hiciéramos el seguimiento», reconoce Lozano.

Pero, como suele suceder, lo humano también se relaciona con lo económico, y en esta ocasión había en juego algo mucho más sustancioso que la compasión. La carrera por la solvencia económica, en tiempos en los que el periodismo no se encuentra en su momento más próspero, puede ser despiadada. Ocurre en los medios impresos con versión digital y en los propios digitales, y también en la televisión. «Si llevas una noticia sobre la desaparición del niño de Almería y sabes que tienes miles de clics, al día siguiente vas a hacer un seguimiento. Porque si lo que quieres es la viabilidad del medio, al final esto son empresas y cumplen una función en la medida en la que las empresas son rentables. Puedes ir con una noticia de crisis política o económica, pero si ves que con el suceso hay una demanda bestial, ningún medio la va a levantar. Hay una interrelación entre el lector o espectador y el medio», asegura este directivo. La cuestión es si hacer cosas por dinero, que puede ser muy loable, no tiene también algunos límites.

La escritora Sara Mesa aducía que la responsabilidad estaba en la audiencia, en lo que esta decidía leer o ver en la televisión. El problema de la teoría, que suena bien, es que no parece fácil luchar contra el aparato que cada día se mete en millones de hogares y que, como sostiene Lozano, «acaba influyendo en el resto de medios. El hecho de que pongas la televisión y veas en directo tres horas sobre unos temas tiene unos efectos de contagio, pero no como algo negativo, es también un termómetro. Cuando hay un tema tan importante, al final todo el mundo se hace eco». La televisión, que ha cumplido más de 60 años en España, sigue marcando la agenda.

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