'Érase una vez...', la serie que educó a nuestra generación y ahora descubre Pablo Iglesias
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'Érase una vez...', la serie que educó a nuestra generación y ahora descubre Pablo Iglesias

Pablo Iglesias ha devuelto a la actualidad con un tuit estas series que educaron en historia y anatomía a varias generaciones desde finales de los setenta

placeholder Foto: Un fotograma de 'Érase una vez... el hombre', emitida por primera vez en 1978.
Un fotograma de 'Érase una vez... el hombre', emitida por primera vez en 1978.

Pablo Iglesias: político, presentador de televisión, azote de la derecha... e 'influencer'. En noviembre de 2017 y sin hacer mucho ruido, Netflix recuperó para su plataforma las series animadas 'Érase una vez... el hombre' y 'Érase una vez... la vida', dos clásicos de la televisión de finales de los 70 y mediados de los 80 que, reposición tras reposición, divulgaron entre el público infantil los grandes hitos de la historia de la humanidad —la primera— y el funcionamiento del cuerpo humano —la segunda—. Pero Iglesias la redescubrió el pasado fin de semana y compartió su hallazgo en Twitter: "Alucinando con lo buena que es la serie educativa “Érase una vez el hombre”... Dudo que hoy dejaran hacer una serie educativa infantil de divulgación histórica tan digna". Y con este simple tuit, Iglesias ha vuelto a poner de moda —con los subsiguientes comentarios y sus correspondientes dosis de peloteo o mala leche, que Iglesias no es muy de dejar indiferente— el conjunto de series creado por Albert Barillé (Varsovia, 1921) y su estudio de animación Procidis, que se emitió por primera vez en 1978 en la cadena FR3 y que llegó a España un año después de la mano de Televisión Española.

Intro de 'Érase una vez... el hombre'

'Érase una vez el hombre' no es una serie para niños al uso. Empezando por su introducción: mientras el grupo infantil Caramelos cantaba aquello de "Érase una vez un planeta triste y oscuro" —letra compuesta por Perales, por cierto, sobre el 'Septimino' de Beethoven, a diferencia de la versión francesa original que utilizó la 'Tocata y fuga' de Bach, que es sin duda más perturbadora—, los dibujos repasaban cronológicamente los momentos más representativos de la historia —y la prehistoria— hasta acabar con un pronóstico para el futuro bastante desolador: un grupo de personas corren hacia un cohete espacial, pero mueren achicharrados segundos antes de que La Tierra explote. Probablemente sí haya series educativas infantiles tan dignas, pero seguro que sus cabeceras no son tan gore.

placeholder Un fotograma del capítulo dedicado al Siglo de Oro español.
Un fotograma del capítulo dedicado al Siglo de Oro español.

Barillé, productor, director, guionista y dramaturgo de origen polaco pero afincado en París, se había hecho un nombre a principio de los 60 en la televisión francesa por haber producido la serie franco-polaca 'Colargol', protagonizada por un oso cantor y viajero. El éxito de la serie le hizo pergeñar otro proyecto infantil divulgativo para hacer más accesibles y entretenidas las lecciones de historia. Veintiséis capítulos de veinticinco minutos —desde el Big Bang hasta 1957— protagonizados por el Maestro, una suerte de Leonardo Da Vinci canoso y barbudo que actúa como cicerone —y que muere decapitado en alguno de los capítulos, como otra muestra del humor irreverente de Barillé—; Pedrito, que representa la curiosidad y la inteligencia; Gordo, cuya principal virtud era la fuerza, y los antagonistas Tiñoso y Canijo, que no sólo eran malos, sino también estúpidos, que son dos rasgos que muchas veces van de la mano.

En 2016 Procidis ingresó un millón y medio de euros, la mitad procedentes de los derechos de autor de la serie y la otra mitad por merchandising

"Hay que conseguir que nuestros niños quieran conocer, hay que estimular su curiosidad, tratarlos como si fueran adultos hechos y derechos, capaces de comprender muchas más cosas de lo que creemos. Así, los niños serán más fuertes y lo agradecerán más". Palabras de Barillé que recuperó 'El País' en su necrológica en 2009. La serie tuvo un presupuesto nada desdeñable, equivalente a 8 millones de euros de hoy. Enseguida la serie se exportó fuera de Francia —hasta hoy la han emitido en más de 120 países y la han traducido a 80 lenguas— y en 2016, casi cuatro décadas después de su estreno, Procidis ingresó un millón y medio de euros, la mitad procedentes de los derechos de autor de la serie y la otra mitad por merchandising y productos derivados: en total, el estudio de animación ha vendido 130 millones de DVD's y cintas de vídeo de 'Érase una vez...'.

placeholder Los protagonistas de 'Érase una vez... el hombre'. (RTVE)
Los protagonistas de 'Érase una vez... el hombre'. (RTVE)

Porque Barillé se dio cuenta del filón de la serie, no sólo en el sentido económico, sino como vehículo educativo y para concienciar a la chavalería con un mensaje ecologista y a favor del desarrollo sostenible, algo que preocupaba bastante a Barillé. Pero la saga 'Érase...' no se quedó en el hombre. "El concepto de lo infinitamente grande le fascinaba. Y al cabo de unos años empezó a interesarse por su opuesto: lo infinitamente pequeño", contó la viuda de Barillé, Helene, a la agencia de noticias de ciencia SINC en 2012. "Así nació la idea de explicar el funcionamiento del cuerpo humano".

En 1982 se estrenó 'Érase una vez... el espacio' y en 1987 'Érase una vez... la vida'

Después de probar suerte sin tanto éxito con 'Érase una vez... el espacio' (1982), centrada en la Astronomía y la carrera espacial, en 1987 la televisión francesa emitió 'Érase una vez... la vida', donde Barillé recuperaba los personajes de su anterior serie para describir minuciosa y rigurosamente —lo que permite una serie en la que virus, plaquetas, bacterias y demás son antropomorfos— el funcionamiento del cuerpo humano. Barillé escribió el guión con ayuda de Alexander Dorozynski, periodista científico, y cada uno de los veintiséis capítulos contaron con la supervisión de Joel de Rosnay, presidente del CNRS, el centro de investigación científica galo equivalente al CSIC español.

placeholder Un fotograma de 'Érase una vez... la vida'.
Un fotograma de 'Érase una vez... la vida'.

Mediante metáforas, Barillé explicó conceptos complejos como "antígenos leucocitarios humanos" o la formación de las proteínas y más simples, como el funcionamiento del aparato digestivo o del sistema nervioso. Su idea era plantear la anatomía como un 'western' celular en el que los glóbulos blancos y los virus y las bacterias se pelearan por el control de la salud del paciente protagonista. En España se estrenó el 3 de octubre de 1987 en Televisión Española, que además participó en la producción. "TVE había tomado la política de abrirse al mercado internacional", explicó a SINC Jesús González, jefe de coproducciones internacionales de TVE de entonces. "En ese momento había poca competencia y la audiencia un domingo después de comer era equivalente a la de un partido de fútbol. La misión de la televisión pública en esos años era divulgar cultura y esta fue la primera serie de dibujos divulgativos de TVE. Y barrió en las audiencias".

"Entonces la audiencia un domingo después de comer era equivalente a la de un partido de fútbol"

Como curiosidad, los desnudos que aparecen en la serie supusieron un problema para la productora a la hora de exportar el producto a ciertos países. "Al-Jazeera censuró los pasajes en los que aparecen siluetas sin ropa, pero fue más sorprendente que algunos países europeos, como Inglaterra e Italia, cortaron los créditos por el mismo motivo". Otra peculiaridad es que el encargado de componer la banda sonora fue el ganador de tres oscars Michel Legrand, autor de la música de 'Los paraguas de Cherburgo', entre muchas otras.

placeholder Un momento de 'Érase una vez... las Américas'.
Un momento de 'Érase una vez... las Américas'.

El productor rescató la fórmula en 1992, 1994 y 1996 con 'Érase una vez... las Américas', sobre la historia del continente, 'Érase una vez... los inventores' y 'Érase una vez... los exploradores', respectivamente. Su último trabajo como director se estrenó apenas un mes antes de morir. Fue 'Érase una vez... nuestra Tierra', con la que quiso reincidir en uno de sus principales intereses: la ecología. Otros veintiséis capítulos dedicado al cambio climático, la escasez de agua potable —o agua, a secas— en la India y el Sahel, los peligros de la deforestación en el Amazonas, el comercio justo y el reciclaje, entre otros temas. En ese sentido, Barillé fue un adelantado a su tiempo. Quizás, si Netflix subiese esta última serie a su plataforma, Iglesias podría usar los dibujos para explicar los principales retos y urgencias medioambientales de nuestro tiempo no sólo a sus hijos, sino también a aquellos compañeros del Congreso que niegan el cambio climático. Nunca se es demasiado mayor para aprender y disfrutar con los dibujos animados.

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