HISTORIA

Mata Hari en Madrid: cuplés, amantes y la conexión con Gracita Morales

La espía pasó por la capital española antes de caer en desgracia, un capítulo crucial de su vida novelesca

Foto: Mata Hari, espía de leyenda (EFE)
Mata Hari, espía de leyenda (EFE)
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El pasado 7 de agosto alguien recordaba en redes, que Margaretha Geertruida Zelle (más conocida como Mata Hari) habría cumplido ese día ciento y treinta siete años. No fue solo una espía, sino la espía más popular de la historia. Por eso siempre resucita en escritos, imágenes y música en nuestro entorno más próximo, incluso con folletines y películas dignas del mejor cine de barrio.

A las seis y cuarto de la mañana del 15 de octubre de 1917, sucumbe bajo las balas de un pelotón de fusilamiento en Vincennes, cerca de París. Cuenta la leyenda que esta mujer tan deseada nunca fue ejecutada, aunque su cuerpo fuera entregado al médico forense, todo pareció fruto de un simulacro. Unos manifestaron que su cuerpo fue cambiado por el de un agente francés ya fallecido, mientras los más atrevidos se aventuraron en afirmar que un capitán ruso la liberó en el último momento con un caballo blanco. El único dato confirmado –que también contribuyó a la difusión de bulos– es que su cuerpo inerte nunca fue reclamado, que su cabeza fue amputada y su cráneo robado años más tarde del Museo de Anatomía de París donde estaba expuesto.

Turbadora e insolente

Mucha literatura, incontable ficción, visiones tan heterogéneas como imaginativas que pasan de la novela al cuento, de la epopeya a la leyenda, de la comedia a la tragedia. Algunas manifestaciones fueron tan veneradas y acríticas que podrían pasar por un perspicaz neoauto sacramental laico contemporáneo repleto de delatores, aunque quizás estén más cercanas al entremés o al sainete, de todas maneras, aquel final trágico es reflejo de una vida tan turbadora como insolente.

Nuestra protagonista fue bautizada en Leeuwarden capital de la región de Frisia, al norte de los Países Bajos. Al separarse sus padres fue acogida en una escuela próxima, su director se enamoró de ella cuando tenía tan solo quince años, empezando entonces a percatarse de las posibilidades que podría sacar a su físico. Se traslada a La Haya tres años más tarde donde inicia una relación con un oficial de las Indias Orientales, con el que se traslada a Java tras pasar por vicaría. De vuelta a Europa, ya separada y con veintisiete años, decide sacar provecho a su belleza exótica, empezando el diseño de un nuevo personaje.

Para hacerlo creíble era preciso dotarse de una nueva biografía más sugerente, que pasa por enfatizar que era natural de Malabar, ciudad del sur de la India, que su padre se llamaba Assirvadam, que aprendió a bailar gracias a su madre, bailarina bayadera, y que a los doce años emigró a Europa para volver más tarde a la India tras casarse con un ‘lord’. La nueva personalidad empieza a proyectarse.

Vestuario escaso, talento también

Es consciente de que para triunfar debe trasladarse a París, y también de sus limitaciones artísticas. Si quiere prevalecer en el mundo del espectáculo debe aportar algo que la haga diferente, fácilmente reconocible y con ello obtener contratos ventajosos. Su primera actuación en el salón de la cantante Kireevsky es todo un acontecimiento. A unos bailes poco conocidos se une la excitación que provoca la escasez de vestuario, algo que poco tiene que ver con las danzas hindúes, logrando una combinación perfecta en una belle époque donde casi nada llamaba ya la atención. Fascinación en marcha, aceptada por la mayoría, con la única discrepancia del corresponsal parisino de La Nación de Buenos Aires, que advirtió del engaño tras ser asesorado por unos allegados conocedores de las culturas asiáticas.

Las pruebas aportadas en el juicio condenatorio siempre fueron cuestionadas y desde entonces se alzan voces exigiendo la revisión del proceso

Las actuaciones se van prodigando triunfando en el Teatro Olympia, la meca del espectáculo del país vecino. En su año de debut, 1905, realiza más de treinta presentaciones, llegando a recibir por alguna de ellas 10.000 francos de la época. Es el momento de dar un nuevo paso, saltar al extranjero. El lugar elegido: Madrid.


Merenderos, verbenas, cafés cantantes y tabernas son lugares donde asisten las clases más populares que empieza a organizarse en partidos, organizaciones sindicales, culturales y recreativas. En paralelo proliferan cafés literarios, tertulias, cabarets y locales de espectáculos destinados a un público con más poder adquisitivo. Teatros como el Trianón Palace, el Romea o el Novedades son parte y alma de la ciudad.

En la Plaza del Carmen, cercana a la Puerta del Sol, donde una docena de cafés compiten por acoger la mejor tertulia, junto a la calle Jardines, donde se ubicaba uno de los cafés cantantes más populares y la calle Montera, donde en el París Salón debutara La Chelito, se ubica un antiguo frontón erigido sobre los antiguos terrenos del Convento del Carmen Calzado, que acorde con los tiempos que corren se transforma en un teatro de variedades, el Central Kursaal de Madrid con una capacidad para dos mil parejas de baile.

La agente H21 busca amantes

En su escenario Pilar Cohen estrenó su peculiar versión castellana de La Pulga y don Ramón de Valle-Inclán ejerció allí mismo de celestino entre la cupletista Anita Delgado y el maharajá de Kapurthala, historia que acabó en boda. En ese espacio, en enero de 1906, nuestra comedianta presenta el espectáculo Bailes sagrados de la India. El 13 de enero la revista Blanco y Negro reseñaba así la actuación: “En el Central Kursaal obtiene los aplausos rendidos del público una artista, notable por su hermosura peregrina y por los bailes que ejecuta de un modo tan primoroso… en sus bailes sagrados de la India, llama la atención, con justicia, del público más culto”; la entrada costaba una peseta. Posteriormente parte hacia el Teatro de la Ópera de Montecarlo.

Su reencuentro con Madrid no se produce hasta años más tarde. En Europa los rumores de guerra aumentan. Sus bailes ya demasiado conocidos y la competencia, empiezan a pasar factura, su estrella empieza a declinar. Para sobrevivir es preciso dar un nuevo paso, seguir sacando jugo a su cuerpo con amantes, que además de regalos y dinero puedan proporcionar información, algo altamente valorado y económicamente muy rentable en cualquier conflicto armado. Se traslada a Berlín convirtiéndose en habitual acompañante del jefe de la policía. Desde allí al Teatro Real de La Haya donde fracasa estrepitosamente, pero le permite encontrarse con un antiguo amante ahora empleado como jefe del espionaje alemán, a quien sugiere la posibilidad de convertirse en espía a cambio de la correspondiente remuneración. Tras una formación de quince semanas pasa a ser la agente H21 cuyo cometido principal es lograr información de militares y diplomáticos.

Entre diplomáticos, militares y toreros

España permanece neutral, un lugar donde se concentran agentes y buscavidas de todo tipo dispuestos a venderse al mejor postor. La holandesa es enviada a Madrid, César González-Ruano y Fernando Díaz-Plaja dan cuenta sobre lo acontecido en aquellas fechas en dos publicaciones centradas en la diva. Las habitaciones de los hoteles Ritz y Palace se convierten en lugares de encuentro donde ella se cita con políticos, militares, diplomáticos, periodistas e incluso algún torero.

Fue la espía menos espía de cuantas deambularon por Europa en aquellos años

El amante del que está enamorada en esos momentos es un joven militar ruso al servicio de Francia, Vadim de Masloff que ha sido herido en combate. Con el propósito de ver a su amado viaja a Francia. Para poder realizar la visita es preciso tramitar el oportuno visado, en esas gestiones conoce a un capitán del espionaje francés al que se ofrece para espiar a los alemanes, a cambio de una asignación millonaria. Aunque el francés no se acaba de fiar trama un plan para utilizarla, la hace volver a Madrid exigiéndola informes directamente extraídos al embajador alemán en la capital, en paralelo ella y su entorno son sometidos a una discreta vigilancia que llega hasta el entonces municipio cercano de Carabanchel, donde unos falsos sacerdotes realizan labores de correos clandestinos.


Conflictos de cupletera

Los acontecimientos se precipitan, los mensajes se descifran, las denuncias reales o falsas aumentan, cualquiera puede ser sospechoso. Un mensaje ¿trampa? le hace salir precipitadamente de Madrid, el senador y periodista catalán Emili Junoy, director del diario 'La Publicitat', trata de impedir que viaje a París sugiriendo que se traslade con él a Barcelona, con resultado negativo. En la capital francesa es detenida, acusada de ser una agente doble y por ello responsable de la muerte de miles de franceses. No se puede afirmar si fue una trampa, una traición, el final para una “agente quemada”, una conspiración británico-francesa o simplemente el chivo expiatorio a sacrificar ante una opinión pública y unas tropas totalmente desmoralizadas por el devenir de la guerra. Las pruebas aportadas en el juicio condenatorio siempre fueron cuestionadas y desde entonces se alzan voces exigiendo la revisión del proceso.

Mientras tanto en la capital española algunos fabulan, sin ningún fundamento, asociando su detención por una denuncia de la cupletista Raquel Meyer, celosa por la relación que había mantenido la espía con su marido, el diplomático y periodista guatemalteco Enrique Gómez Carrillo. El oportunismo de este le llevó a publicar un libro plagiando las mentiras que sobre la entonces bailarina vertió Adam Zelle, el padre que la abandonó siendo muy niña. Tanta manipulación había originado a su vez otra publicación a cargo de un abogado holandés dando voz a Rodolf McLeod, la persona con la que se casó y trasladó a la India.

La conexión con Gracita Morales

Su prendimiento, estancia en la cárcel, juicio y ejecución han producido cientos de textos y unas cuantas películas. Greta Garbo la interpretó en 1931, Jeanne Moreau en 1964, hasta Gracita Morales se atrevió en una versión peculiar de Mariano Ozores en 1968, incrementando su popularidad y leyenda hasta convertirla en uno de los grandes mitos del siglo pasado.

Para el espiólogo Domènec Pastor Petit “fue la espía menos espía de cuantas deambularon por Europa en aquellos años”, por su parte Laura Manzaneda autora del magnífico Mujeres espías (Ed. Debate 2008) finaliza el relato sobre nuestra protagonista de la siguiente manera: “Han sido muchos libros que han pretendido escribir su historia, pero pocos lo que se han aproximado a la verdad. La frivolidad con que la bailarina se mostraba en el escenario y su supuesto idealismo y abnegación al exponer su vida por otro país que no le afectaba perfilaron su falsa personalidad. De no haber existido Mata Hari, alguien habría tenido que inventarla”.

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