¿una realidad irreconciliable?

¿Condenados al dualismo? Por qué nuestro cerebro tiende al enfrentamiento

El neurofisiólogo Francisco J. Rubia publica su libro 'El pensamiento dualista', en el que desgrana los orígenes de la tendencia humana a dividir la realidad en mitades opuestas

Foto: Cubierta de 'El pensamiento dualista'. (Laetoli)
Cubierta de 'El pensamiento dualista'. (Laetoli)

Existe un fenómeno indispensable para nuestra visión llamado inhibición lateral. Las células de la retina trabajan de forma competitiva: son capaces de suprimir o moderar las señales que envían unas y otras al cerebro. Y las áreas de la imagen de las que más información recibe nuestro cerebro son las de los contrastes. La inhibición lateral provoca que percibamos con más intensidad los cambios bruscos de luz, los bordes de los objetos. En cambio, tiende a ignorar las zonas matizadas o con un brillo uniforme.

No sólo ocurre en la visión, sino en muchos procesos sensoriales: el oído, el tacto, el olfato y, en general, en todo el sistema nervioso. Nuestro cerebro aprecia el contraste porque nos muestra un mundo nítido y delimitado, más seguro que complejo. Algo parecido ocurre en la mente del que analiza la realidad en términos antitéticos: cuerpo y alma, bien y mal, derecha e izquierda, masculino y femenino, nosotros y ellos... La creación de grandes categorías es un alivio necesario para el pensamiento humano. Es más fácil tomar decisiones cuando sólo se contemplan dos opciones. Pero, como en la retina, los matices pueden perderse por el camino. Según Francisco J. Rubia (Málaga, 1938), catedrático emérito de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, de la Universidad de Múnich y autor de 'El pensamiento dualista' (Laetoli, 2019), esta tendencia puede tener orígenes fisiológicos o innatos en el ser humano. Y lo que es algo desesperanzador, puede terminar siendo la causante de la violencia y el fanatismo de las ideologías exacerbadas.

Cubierta de 'El pensamiento dualista'. (Laetoli)
Cubierta de 'El pensamiento dualista'. (Laetoli)

“La mayoría de lo que pensamos y sentimos no está bajo nuestro control consciente. Esto quiere decir que tenemos ciertas predisposiciones genéticas que nos hacen ver el mundo de determinada manera. El filósofo alemán Immanuel Kant las llamó ‘categorías’ y el psicólogo suizo Jean Piaget ‘esquemas’”, explica este científico a El Confidencial. “Es de suponer que hemos desarrollado esta facultad -el pensamiento dualista- porque de esa manera adquirimos conocimiento sobre el mundo que nos rodea. Las antinomias generan contrastes, y el cerebro está especializado en ellos. El pensamiento dualista es la base del pensamiento racional más primitivo”.

Hay quien reconoce en el dualismo un paso necesario para la historia del pensamiento. Desde la ética binaria de Zoroastro, el ying y el yang taoísta, la distinción cartesiana de las sustancias, la separación entre el Dios creador y lo creado, la inmensa herencia del dualismo platónico… P. F. M Fontaine, en su ‘Historia cultural del dualismo’, concluye que el contraste “ejerce una fascinación casi compulsiva en las mentes de los hombres”. Francisco J. Rubia repasa en su libro las investigaciones de neurólogos, sociólogos y antropólogos que apuntan en una misma dirección: la antítesis “es un patrón antiguo de percepción y pensamiento humanos”. Pero, ¿es una visión adquirida durante la educación? ¿Es algo innato? ¿Cuáles son las posibles causas del pensamiento dualista?

La explicación prehistórica

Rubia alude a un punto clave en la evolución de la cultura humana, lo que los especialistas han llamado “la revolución del Paleolítico superior”, hace unos 40.000 años. Se considera el momento del nacimiento del lenguaje, la consciencia, el arte y la capacidad simbólica del hombre. ¿Qué es lo que provocó aquella revolución cultural primitiva? “La falta de datos obliga a la especulación”. Como recoge Rubia en su libro, el paleoantropólogo Richard G. Klein buscó “la explicación más simple y económica” en la biología: “Este ‘amanecer’ se originó en una mutación fortuita que conformó el cerebro humano moderno completo”.

Además del desarrollo cerebral, se plantea la hipótesis de que el pensamiento dualista, en su origen primitivo, pudiera estar relacionado con “la consciencia primaria de la muerte”, es decir, con los primeros enterramientos intencionados. Según Rubia, el surgimiento del pensamiento binario y la mutación cerebral sospechada por Klein podrían explicar una aproximación dualista a la inmortalidad: que la muerte del cuerpo, la materia, no es necesariamente la del espíritu, el alma. “Esto explicaría por qué, en sus orígenes, toda religión es dualista [...]: alma/cuerpo, materia/espíritu, natural/sobrenatural. Estas ideas dualistas primarias evolucionaron posteriormente en complejidad y sofisticación”.

La explicación cerebral

Francisco J. Rubia opina que es más probable que el dualismo sea “un artefacto” de la mente humana, y no una estructura inmanente a la realidad. Por tanto, “habría que buscar alguna estructura cerebral que sirviese de fundamento neurobiológico a esta forma de pensar y ver el mundo”. El científico menciona la hipótesis del psiquiatra estadounidense Eugene D’Aquili, que planteó la existencia de determinadas estructuras mentales universales: las “estructuras neurognósticas” u operadores cognitivos.

Entre ellos, D’Aquili identificó el “operador binario”, que extrae un significado ordenando elementos abstractos. Este operador funciona a través de la polaridad y deriva el significado del contraste entre los elementos. Según Rubia, “el operador nos hace ver el mundo en términos antitéticos o de manera binaria”. D’Aquili situó este operador en el lóbulo parietal inferior del cerebro. “Una prueba de ello es que, en algunas ocasiones, pacientes con lesiones en esta región eran incapaces de pensar de esta manera, por ejemplo nombrar el concepto contrario al que se les presenta, antónimos, o utilizar categorías lógico-gramaticales que implican relaciones opuestas: alto/bajo, encima/debajo, antes/después... Por tanto, el operador binario está localizado en esa parte del cerebro“, explica Rubia.


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El riesgo que entraña pensamiento dual radica en su carga emocional. Rubia expone, a través de ejemplos históricos, cómo las culturas han tendido a identificar los términos de una antítesis con una valencia emocional. Así, arriba es mejor que abajo. Dentro, mejor que fuera. Delante, mejor que detrás. “Si los términos tienen valencias emocionales intensas, pueden adquirir un significado pernicioso. Estos se absolutizan y lo bueno puede considerarse casi divino, mientras que lo contrario es demonizado como expresión del mal absoluto”.

Ideologías y fanatismo

“El espíritu humano no recibe con claridad la luz de las cosas, sino que mezcla a ella su voluntad y sus pasiones: así es como se hace una ciencia a su gusto, pues la verdad que más fácilmente admite el hombre es la que desea”. En estas líneas, Francis Bacon aludió al anhelo del ser humano por obtener explicaciones sobre el mundo, que muchas veces se presenta mezclado con sus deseos. En su repaso histórico, psicológico e incluso neurocientífico de las ideologías, Francisco J. Rubia menciona al profesor de ciencia política y neurología Summer MacLean. En su necesidad de “sistemas intelectuales simples y cerrados”, el ser humano puede encontrar en la ideología creencias y objetivos delimitados.

Como ejemplos de la virulencia de las ideologías, que el sociólogo Alvin Gouldner describió como “un ámbito exaltado de la conciencia doctrinaria”, Rubia desgrana los mecanismos del nazismo y el marxismo-leninismo-estalinismo de la Unión Soviética. “Está claro que las ideologías no tienen por qué derivar en una forma extremista o conflictiva, pero el pensamiento dual y una carga emocional pueden llegar a demonizar a los otros, como ocurrió, por ejemplo, con la comunidad judía durante el nazismo”.


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El científico llama al pensamiento del ideólogo exacerbado “consciencia limbgoica”, una contracción entre lo límbico, el sistema cerebral en el que se basan las emociones, y lo egoico. El ego del ser humano, la separación de la naturaleza como si no formara parte de ella, es una característica del dualismo en las ideologías.

La creatividad como salvación

Aunque el pensamiento binario pueda tener bases fisiológicas e incluso innatas en el ser humano, no todo está perdido. La salida al maniqueísmo se encontraría en la creatividad. El psiquiatra estadounidense Albert Rothenberg concluyó que la persona creativa “utiliza conscientemente los mecanismos del pensamiento onírico -que concilia los opuestos- para abstraer, conceptuar y concretar, así como para revertir los efectos de la censura inconsciente”.

Charles Darwin
Charles Darwin

Rubia menciona el caso de Charles Darwin, que con su teoría de la evolución dio un gran “salto teórico creativo”. El germen de la idea apareció en la mente del naturalista mientras leía el ‘Ensayo sobre el principio de la población’, de Thomas Malthus. Una ironía de la historia, ya que “la principal tesis de Malthus era que un crecimiento sin trabas de la población humana en un entorno fijo llevaría a la exterminación de la especie gracias a la lucha por la existencia”. Es decir, lo contrario a lo que postuló en su teoría de la selección natural.

En la mente de Charles Darwin, un concepto y su contrario convivieron sin problemas. “No deja de ser curioso -apunta Rubia- que la unión de contrarios que se encuentra en el pensamiento onírico [...] la volvamos a encontrar en el pensamiento creativo, aunque esta vez acompañada de la consciencia”.

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