INDUSTRIA EDITORIAL

Cómo exprimir a Salinger y a Bolaño: cuando tu última voluntad no importa nada

El esquivo autor de 'El guardián entre el centeno' odiaba internet y no quiso publicar sus libros en formato electrónico. Sus herederos no piensan lo mismo...

Foto: Jerome David Salinger (EFE)
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A J.D Salinger (1919-2010) no le gustaba nada Internet. Mucho menos Facebook, un invento que le tenía totalmente “horrorizado”, según su hijo Matt Salinger. Lo dijo bastante antes del escándalo de Cambridge Analytica y de las fake news corriendo como la pólvora por la red. Algo como Internet le parecía socavar demasiado su privacidad, pese a que ni siquiera llegó a conocer Instagram. Por esa razón, tampoco deseó nunca que su obra fuera digitalizada y comercializada en formato electrónico. Y del audiolibro no quería ni oír hablar. El escritor de 'El guardián entre el centeno' se había retirado de la vida pública en 1965 y desde entonces nunca había querido saber nada del mundo editorial ni de los medios de comunicación a los que jamás concedió una entrevista.

Sin embargo, Salinger falleció en 2010 y sus voluntades, a partir de entonces, comenzaron a tambalearse. Como albacea y heredero quedó su hijo Matt que acaba de anunciar, según avanzó 'The New York Times', que los libros 'El guardián entre el centeno', 'Franny y Zooey', 'Nueve historias' y 'Levantad, carpinteros, la viga del tejado' y 'Seymour: una introducción' se publicarán por primera vez en formato ebook con la editorial Little, Brown and Company. Salinger Jr. ha hecho el anuncio amparándose en que una lectora le había pedido que los libros no estuvieran sólo en formato papel, ya que tenía dificultades para su lectura. Pero también dijo que en un viaje por China había visto que los lectores leían mayoritariamente en sus teléfonos móviles. Y este país, con 1.300 millones de habitantes, es un mercado demasiado goloso para una obra que se sigue vendiendo y que produce sumas de bastantes ceros para los herederos.

Es difícil que un texto desconocido de Salinger pueda superar a 'El guardián entre el centeno'

Salinger, del que este año se ha cumplido el centenario de su nacimiento y que será homenajeado también con una exposición en la Biblioteca Pública de Nueva York con fotos, cartas y textos inéditos, es el último escritor que ve incumplidas las decisiones que tomó en vida con respecto a su obra. Aunque se hizo mundialmente famoso en 1951 con la historia del adolescente Holden Caulfield, en los años sesenta decidió que no quería volver a publicar más libros. Él los siguió escribiendo de forma privada y siempre a mano. Su hijo sacará los inéditos a la luz y además en el formato que menos le gustaba a su padre. Desde luego, este no va a volver del más allá para evitarlo.

El caso Bolaño

Como tampoco lo hicieron otros que, aunque no querían que cierta obra se publicara, esta finalmente llegó a las librerías. Uno de los casos más sonados es el del chileno Roberto Bolaño, fallecido en 2003. En 1984 escribió 'El espíritu de la ciencia-ficción', que no llegó a las librerías hasta 2016. Era una especie de boceto de 'Los detectives salvajes', la novela que le daría la fama en 1998 y le convertiría en una rock-star de la literatura viviendo sus mejores momentos como escritor. Pero era un texto aparcado en el cajón, al contrario que '2666', la monumental novela cuyo manuscrito ofreció al editor Jorge Herralde y este publicó en Anagrama de forma compacta y no separada en cinco libros como era la pretensión de Bolaño.

No obstante, el verdadero problema llegó con 'El espíritu de la ciencia-ficción', cuya publicación se vio envuelta en una desagradable confrontación entre su viuda, Carolina López, y su última novia, Carmen Pérez de Vega, amiga a su vez de Herralde y de Ignacio Echevarría, quien había sido el albacea de Bolaño. La novela había caído en manos del agente Andrew Wylie –como el resto de la obra del chileno- por deseo de la viuda y de esta manera el libro pasó a ser publicado por Alfaguara. Quienes habían participado de la edición de otras obras póstumas como 'El Tercer Reich' dejaron de hacerlo. Y no son malos números los que también mueven esta obra que ahora explota el emporio de Penguin Random House. De hecho, por El espíritu de la ciencia-ficción se pagaron 500.000 euros, según publicó La Vanguardia.

El extraño asunto de Harper Lee

Otro caso sangrante y con muchas zonas oscuras es el de Harper Lee. La autora de 'Matar a un ruiseñor' falleció en 2016 a los 89 años de edad. Los últimos tiempos los había pasado en una residencia de ancianos con bastantes problemas de visión y audición. Sin embargo, sí pudo firmar el contrato para publicar 'Ve y pon un centinela', una novela que, en realidad, era un primer borrador de Matar a un ruiseñor que Lee había escrito algunos años antes y que había sido desechado por el editor en virtud de la fábula sobre el abogado Atticus Finch. La novela llegó a las librerías en todo el mundo en 2015 publicada por Harpercollins.

La mayoría de las veces los libros póstumos no son lo mejor que ha publicado en vida el escritor.

La novelista jamás quiso publicarlo, pese al éxito conseguido por 'Matar a un ruiseñor' en 1960, que llegó a vender más de 40 millones de ejemplares. Durante años su albacea había sido su hermana Alice que falleció sólo dos meses antes de que la nueva encargada de velar por su obra, Tonja Carter, anunciase la publicación de esta especie de secuela. Es cierto que Lee aún estaba viva, pero apenas pudo disfrutar de los casi dos millones de ventas de Ven y pon un centinela. En sus últimos años vida, la anciana escritora, a la que como a Salinger, tampoco le gustaba la prensa ni había concedido entrevistas en décadas, también llegó a firmar la adaptación de 'Matar a un ruiseñor al teatro' con guion de Aaron Sorkin. La obra se estrenó en diciembre de 2018 y sólo en veinte días generó unos ingresos de 1,7 millones de dólares, de los cuales una jugosa parte fue a parar a los herederos.


En otras ocasiones la publicación de obra póstuma ha sido menos polémica. Así sucedió con los textos de Julio Cortázar, fallecido en 1984 y a cuyo cargo se quedó Aurora Bernárdez, que había sido su primera mujer y que le cuidó en sus últimos días. Con su visto bueno fueron apareciendo novelas, cuentos, escritos misceláneos y su epistolario, todo publicado por Alfaguara. Cortázar había dejado dicho sobre sus textos inéditos que tanto Bernárdez como sus amigos Saúl y Gladys Yurkievich “decidan según su buen criterio si los conservan, reparten o destruyen”. Bernárdez murió en 2014 y como herederos se han quedado sus sobrinos, que tienen en estas obras un buen saneamiento de sus cuentas corrientes.

La mayoría de las veces los libros póstumos no son lo mejor que ha publicado en vida el escritor. Hay excepciones, como la obra de Franz Kafka, que se hubiera perdido para siempre si su amigo Max Brod le hubiera hecho caso y no la hubiera publicado. O '2666', que llegó a los lectores después de la muerte de Bolaño y ya es un clásico contemporáneo. Pero habitualmente en estos casos nadie habla de calidad. Es difícil que un texto desconocido de Salinger pueda superar a 'El guardián entre el centeno', al menos en cuanto a repercusión y su papel en la cultura popular. No lo hizo 'Ve y pon un centinela' frente a 'Matar a un ruiseñor'. Sin embargo, mientras duren los derechos de autor – y en España alcanzan los 70 años después de la muerte del autor –habría quien se beneficie de lo que, en muchos casos, tan solo habían sido bocetos.

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