DIRIGE 'LA VIRGEN DE AGOSTO'

Jonás Trueba: "Los boicots a Woody Allen en San Sebastián son muy graves"

Este jueves ha estrenado 'La virgen de agosto', su último largometraje, protagonizado por Itsaso Arana y ambientada en las fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y La Paloma

Foto: Jonás Trueba en el último festival de Karlovy Vary. (Efe)
Jonás Trueba en el último festival de Karlovy Vary. (Efe)

Siempre suele llevar un libro en la mano. Hoy es 'La revolución española vista por una republicana', de Clara Campoamor. Imagino la casade Jonás Trueba (Madrid, 1981) repleta de estanterías llenas de libros resobados y películas. En el lugar de honor, la filmografía de Truffaut o Jonas Mekas. Probablemente Eustache. Miles de referencias escondidas en las paredes. Recuerdo haber buscado por todas las librerías de viejo 'Suicidio', de Édouard Levé porque uno de los personajes de 'Los ilusos' recitaba alguno de sus pasajes en su habitación con vistas a Lavapiés. También por las calles de Lavapiés transcurre parte de 'La virgen de agosto', su última película, el periplo de una joven (Itsaso Arana) en busca de su identidad a través de Madrid, durante las fiestas de San Cayetano, San Lorenzo y La Paloma.

Cine costumbrista, pero no folclórico que ha ganado una mención especial del Jurado en el festival de Karlovy Vary. Dicen que Madrid en verano es la muerte, pero en estos días los barrios del centro despliegan las verbenas y los chotis en honor a sus patrones y en la calle no cabe ni un hilo de canto. El aire huele a bocata de calamares y los chulapos de toda la vida se cruzan con el moderneo malasañero gin-tonic-en-vaso-de-plástico en mano. Todo eso también está presente en 'La virgen de agosto', que se acaba de estrenar este jueves coincidiendo con el día grande de La Paloma.

PREGUNTA. Hacía mucho que en el cine no veíamos retratadas las fiestas de barrio. Y estos días el plan que más triunfa en Madrid es bajar a las verbenas. ¿Se ha convertido lo castizo en lo nuevo moderno?

RESPUESTA. Hay un lado que me gusta mucho, cuando ves a la gente en la calle y en las terrazas; esa especie de sensación de alegría me gusta. Quería que eso estuviese en la película, pero en ‘La virgen de agosto’ tampoco es lo protagónico. Tenía claro que no quería caer en una suerte de casticismo o folclorismo o pintoresquismo, que creo que han sido tendencias del cine español hace años. Se pecó mucho de eso y por ello creo que después se cayó en el lado contrario y se evitó esa idea de la españolada, de lo casposo, de lo castizo. Quizás ahora, como pasa siempre con los ciclos, nuestra generación está más desprejuiciada y tiene una mirada nueva sobre este tipo de costumbrismo.

P. Tanto la protagonista de 'La virgen de agosto', Eva, como los personajes que la rodean viven una fuerte crisis de identidad. Con sus trabajos precarios e inestables, sus parejas que van y vienen, su dudas sobre la maternidad... ¿El cuestionamiento de las estructuras tradicionales (trabajo fijo, matrimonio, maternidad) han provocado que la gente joven se cuestione también su propia identidad?

R. El tema de la película, en cierta manera, es la identidad. Me gustaba la idea de mezclar lo viejo, que son las fiestas, que llevan aquí toda la vida, y lo nuevo, que es lo que aportamos cada uno, lo que aporta el personaje. Yo odio bastante esta idea de lo identitario y soy muy poco dado a los nacionalismos, pero quiero que se entienda bien, porque en la película hay una idea de identidad como algo positivo que puedes construirte tú mismo y con lo que siempre estás en lucha. Yo lo vivo cada día: pensarte respecto a tu ciudad, a tu entorno, a tus amigos, tu familia. Preguntarte cada día si puedes ser tú y no saber responderte. La pregunta que suena durante toda la película es ¿cómo puede llegar uno a ser uno mismo? Me interesa mucho la idea de Ralph Waldo Emerson de las construcciones identitarias nuevas no basadas en vestigios del pasado.

Cartel de 'La virgen de agosto'
Cartel de 'La virgen de agosto'

P. Tradicionalmente, ser madre ha sido una parte importante de la construcción de la identidad de las mujeres. Y la maternidad es una idea muy presente en la vida de Eva, pero también de todos los personajes femeninos de la película.

R. La maternidad es muy importante en la identidad de muchas mujeres y de muchos hombres. Cuando empezamos a pensar si queremos tener hijo es una duda que también toca tu propia idea de la identidad. Y eso ha ido atravesando la película y llenándola de una manera que diría hasta confusa. No he querido imponer un discurso respecto a la mujer y a la maternidad, para nada, pero es una cuestión que en los hombres y mujeres jóvenes nos sobrevuela y nos contradice muchas veces.

P. 'La virgen de agosto' ofrece una mirada amable de un Madrid abierto y acogedor. Sin embargo, ¿crees que a causa de la gentrificación, la subida de los alquileres, la turistificación Madrid se está perdiendo esas cualidades?

R. No me gustaría caer en una nostalgia. Las ciudades siempre han ido cambiando; lo que pasa es que ahora lo hacen más rápido. Gutiérrez Solana escribió sobre las obras de la Gran Vía a principios del siglo XX y, curiosamente, ves que mucho de lo que decía es muy parecido a lo que decimos nosotros hoy. Tiene los mismos miedos. Para muchos locales y barrios la construcción se vivió como algo trágico. Había algo de pijada en el proyecto de la Gran Vía, algo artificial, e hicieron en esa nada, ese barrizal que era Madrid entonces, una avenida comercial imitando a otros países. Y si lo ves ahora, a mí me gusta mucho la Gran Vía, que es pura identidad de la ciudad.

P. Otro de los cambios que ha habido en Madrid en los últimos años ha sido la desaparición de las salas de cine. ¿Qué significa que la mayor parte de las salas hayan sido sustituidas por tiendas de ropa, centros comerciales y gimnasios?

R. Son lugares de culto a la estética. Es deprimente. Me parece bien la ropa y no quiero meterme con la moda y el diseño, pero es triste que todo sean tiendas de ropa y peluquerías.

Jonas Trueba e Itsaso Arana en Karlovy Vary. (Efe)
Jonas Trueba e Itsaso Arana en Karlovy Vary. (Efe)

P. Y en un modelo audiovisual en el que las salas están desapareciendo, al igual que el cine de clase media, y que los grandes estudios y conglomerados mediáticos acaparan gran parte de las películas que se producen, ¿cuál es el lugar de tu cine? ¿Consideras que eres un cineasta en peligro de extinción?

R. Soy muy consciente de la fragilidad del cine que queremos hacer. Soy muy consciente y lo sufro. Cada película que hago me produce una gran felicidad, pero no doy por hecho nada. En cierta manera creo que sí somos cineastas en peligro de extinción. Cualquier cineasta ahora que siga queriendo pensar el cine no sólo como un proceso narrativo sino como una exploración está más en un limbo. Y creo que es un arte que está siendo arrinconado y que a mí me apetece defender. Es una cuestión política. Y creo que tengo una responsabilidad de defender el ir a una sala de cine, que es algo que antes lo dábamos por hecho y ahora se está convirtiendo casi en un acto revolucionario.

P. Tu forma de hacer cine es pausada, reflexiva, contemplativa en un momento en el que los ritmos de consumo audiovisual se han acelerado hasta la bulimia. ¿Es un cine contra natura?

R. Cada vez tengo menos prisa por ver las películas el primero. Intento luchar contra esa ansiedad. Veo ahora mucho cine que está contagiado de esa ansiedad, un cine reactivo que intenta luchas contra las modas de las series y me parece una batalla estéril y ridícula. Si lo miro en positivo creo que es un momento hermoso para el cine porque se ha desacralizado y ha perdido parte de su mística y poder de convocatoria, pero es el momento ideal para pensarlo como poesía. Otras cosas que el cine era al principio. Ahora se mira todo tan poco y tan superficial, el cine en salas, mientras no nos dejen encender los móviles y siga siendo un lugar para desconectarse, las películas ahora tienen más que nunca de ser imágenes más ricas y atentas. Además, ahora todo tiene que ser eventizado. Si no haces un coloquio parece que ya no les interesa. En realidad yo no creo que ocurra exactamente lo que decía Carriere, sobre que el lenguaje tiene que adaptarse al ritmo audiovisual de los tiempos, pero creo que tiene que ir adaptándose en función de la misión: cuando empiezan los camarógrafos Lumiere hay una misión clara que es mostrar el mundo; después llegó la fantasía, la construcción del relato y entretener a las masas. Pero ya no es esa la misión. Nos tenemos que preguntar para qué sirve el cine en función de cómo va el mundo. Yo tengo la sensación del cine hoy es la de parar el tiempo, bajar la marcha, empujar a la reflexión.

Itsaso Arana en 'La virgen de agosto'. (BTeam)
Itsaso Arana en 'La virgen de agosto'. (BTeam)

P. En 'La virgen de agosto' se retrata la relación de los vecinos con sus fiestas de barrio. En los últimos días han saltado a los medios varias noticias sobre la cancelación por parte del ayuntamiento de conciertos de artistas como C. Tangana, Luis Pastor o Def con Dos en las fiestas patronales por motivos ideológicos. ¿Qué opinas de la politización de este tipo de eventos? ¿Crees que es censura?

R. Tengo clarísimo que estoy en contra de cualquier forma de censura, pero me temo que es una triste historia que siempre ha estado ahí y que se repite. Estoy leyendo este libro de Clara Campoamor, ‘La revolución española vista por una republicana’. Y Campoamor fue una de las voces que permitió el sufragio femenino, apoyándolo incluso en contra de su propio partido, porque la izquierda pensaba que las mujeres iban a votar más hacia la derecha. Tenemos un problema que es el cerrilismo. Es preocupante el hecho de la censura en sí, pero sobre todo el del enfrentamiento histórico de la España de dos bandos. De la incapacidad de dialogar. Y a los que se salen del pensamiento único de uno y otro lado se les acaba machacando. También creo que los boicots a Woody Allen, el otro día en San Sebastián, son muy graves y nadie ha dicho nada en el mundo del cine. Y me jode. Dicen que no es bienvenido en la ciudad. Y que lo diga Bildu, que es un partido que ha tardado en condenar la violencia, si es que la condenan. Además, el caso de Woody allen se basa en la ignorancia; que es un tipo que ha cometido abusos es falso, o al menos no se ha probado. Y no le defiendo como cineasta. Me parece muy desinformado y muy cutre. en este caso es peor que C. Tangana. Amazon, que es una empresa cínica, y los actores que han trabajado con él y que ahora reniegan ya sabían en el momento de hacer la película que Woody Allen tenía este caso. Pero ahora, como está en el aire todo esto, vienen Bildu y Pdemos y tal. Me molesta terriblemente este cinismo.

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