PERFIL

Marilyn Manson: ascenso, crisis, caída y resurrección del Anticristo

Caída y auge de un gigante de la música que aún no ha recibido el reconocimiento que merece

Foto: El músico Marilyn Manson en 2018 (REUTERS)
El músico Marilyn Manson en 2018 (REUTERS)

He peleado tantas veces por Marilyn Manson con aficionados al metal y a la música en general que ya no tengo miedo de escribir esta apología. Lo digo: Manson será recordado como uno de los grandes del rock y algún día los críticos lo admitirán sin rodeos, si es que para entonces queda algún crítico musical sobre la faz de Spotify. Habrá elogios para Manson igual que ha habido risas durante los últimos quince años. Habrá aplausos pese a la ira de los fans rebotados, dueños de la peor rabia del universo, y lo sé porque yo mismo he sido un fan rebotado hasta que escuché su última actuación en el festival Rock Am Ring.

La trayectoria artística de Manson puede dibujarse con la misma gráfica que se usa para ilustrar el nivel de vida de la clase media desde los años sesenta hasta la actualidad: una línea que llega muy alto y luego empieza a descalabrarse dramáticamente sin parar. Todo empieza en 1989, cuando Manson, entonces Brian Warner, conoce a quienes elegirán los nombres artísticos de Daisy Berkovitz, Twiggy Ramírez y Madonna Wayne Gacy. La fórmula de los seudónimos del grupo es provocadora: nombre de diva y apellido de violador o asesino en serie. Graban unas maquetas, empiezan a tocar y Trent Reznor los conoce en 1993. Decide producir el que será el primer disco de la banda: 'Portrait of an American Family'.

Ascenso

Las primeras actuaciones de la banda, que entonces se llamaba Marilyn Manson and the Spooky Kids, los convierten en una leyenda de la escena satánica. Manson se raja el pecho para que brote la sangre mientras canta, contorsiona y grita como un poseso. Las leyendas urbanas se expanden: dicen que mata cabras en directo, que regala drogas, que se ha amputado las costillas inferiores para practicarse felaciones en el escenario y que folla con gallinas. Saca un disco trampa, 'Smells Like Children', que es un canto a la pederastia donde sus primeros fans encuentran una adaptación de 'Sweet Dreams (Are Made of This)' en medio de un mejunje de sonidos abominables.

Manson será recordado como uno de los grandes del rock y algún día los críticos lo admitirán sin rodeos

Los fundamentalistas católicos le harán todo el trabajo de promoción a su segundo disco serio, inspirado en los textos de Nietzsche. Es 'Antichrist Superstar', una joya musical hiperviolenta, experimental y psicótica con canciones de una calidad superior. El disco lanza a la banda al estrellato más absoluto y a la controversia más atroz. Hoy sería difícil publicar un disco como este. Sus canciones versan sobre la autolesión, el odio irresponsable y la violencia, pero estamos en 1996 y la censura todavía es el patrimonio de la derecha fundamentalista. Cada manifestación de los integristas cristianos de la American Family Association en la puerta de sus conciertos será un aldabonazo mediático a su favor. Al menos, hasta el año 1999.

Para entonces, Manson ha dado un giro a su estética y a su música con 'Mechanical Animals', un disco que bebe descaradamente de Patty Smith y de David Bowie y muestra en la portada una imagen perturbadora: el artista con el pelo teñido de rojo, desnudo, sin pene y con pechos de mujer. Donde 'Antichrist' traía cantos a la violencia y la destrucción, ahora se explora el sexo, la androginia, la deformidad, el coma y la droga.

Como muestra de buena voluntad ante el conservadurismo norteamericano, el videoclip de 'Coma White' recrea el disparo en la cabeza a Kennedy. Aquí viene, sin embargo, la primera desbandada de fans enfurecidos. Los satánicos le acusan de haber hecho un disco electrónico y comercial, pero la gira pone las cosas en su sitio: emplumado y violento, Manson sale al escenario crucificado en una cruz de televisiones. Grandes éxitos.

Crisis

Como decía, todo va viento en popa hasta 1999, momento en que Eric Harris y Dylan Klebold aparecen en el aparcamiento de la Escuela Secundaria de Columbine con un arsenal de bombas, cuchillos, pistolas y ametralladoras y asesinan a doce personas entre profesores y alumnos. La derecha lanza el bulo de que uno de los asesinos lleva una camiseta de Manson y arranca un movimiento de difamación. Se revisan sus canciones en busca de órdenes de asesinato y no tardan en encontrar pruebas ('Get Your Gun') de que es el autor intelectual de la masacre. Se envían cientos de cartas exigiendo a la discográfica que retire sus trabajos, se cancelan conciertos y su carrera, explicará años después, está a punto de desaparecer.

La intervención de Michael Moore con su documental 'Bowling for Columbine', donde Manson aparece como una de las pocas voces sensatas, favorece que las aguas vuelvan a su cauce. También el siguiente disco del artista, 'Holy Wood' (2000), donde Manson lanzará una apoteósica denuncia contra la cultura de las armas en Estados Unidos a su manera, es decir, mediante una irónica apología.

Durante la gira del año 2001, el pie del micrófono de Manson será una escopeta, las ventas serán abrumadoras y ocurrirá lo que nadie puede prever: este será el inicio de su caída, porque su carrera está amenazada por algo mucho más peligroso que el fundamentalismo cristiano: la gilipollez egocéntrica del artista y su corrosión alcohólica. El viejo síndrome de la superestrella de rock.

Caída

El álbum 'The Golden Age of Grotesque' da un nuevo giro estético y musical hacia el cabaret y lo grotesco, pero las fuerzas creativas de Manson empiezan a dar muestras de agotamiento. La gira mundial aparece jalonada por los enfrentamientos de Manson con algunos de sus músicos en el escenario. Para entonces son un puñado de millonarios trabajando para un empresario alcohólico que cree que ha superado todas las pruebas del destino. Manson empieza a hacerse muy popular en programas de cotilleo. Su vida sentimental ha pasado de las alcantarillas a los vomitivos magazines de la MTV y las revistas de papel cuché.

Lo que viene después es una lenta corrosión, la caída. La sílfide ha desaparecido de los escenarios: ahora hay un tipo que engorda progresivamente y se arrastra de un lado para otro mientras se va quedando sin voz. Las deserciones en la banda se multiplican durante los próximos años hasta que no queda uno solo de los antiguos integrantes. Los discos de estudio se vuelven más anémicos, colecciones de canciones pastosas, sin proyecto. Las rupturas amorosas del artista minan su confianza y arrastran sus canciones al pastiche deprimente de 'The High End of Low', donde hay más de autocompasión que de autoparodia. La siguiente gira es demencial.

La mayor parte de la década de 2010 será una dura caída, con recepción desigual de sus nuevos trabajos y la constatación de que cada vez hay más diferencia entre su voz en el estudio y su voz en el escenario. Durante estos años se habla más de sus gallos inenarrables y de sus desmayos que de su música. Los fans se dividen entre el escuadrón fanático de 'groupies' fieles y la gran desbandada, que se divierte constatando cómo destroza sus propias canciones en directo, cómo se le olvidan las letras y cómo se arrastra de un lado para otro asfixiándose en su grasa corporal. Manson, que era gótico, ahora más bien parece románico.

Resurrección

Durante los últimos años he acudido de vez en cuando a Youtube a buscar sus conciertos con un morbo malsano. En el estudio ha hecho de todo, pero en directo todo iba de mal en peor. Me preguntaba por qué seguía haciendo giras y recordaba las palabras de Freddy Mercury, que dijo que él se retiraría de los escenarios antes de convertirse en un vejestorio ridículo. La voz de Manson había desaparecido por completo. Pese a que su penúltimo disco, 'The Pale Empereor', es interesante, casi se había convertido en un divertimento comparar cualquier versión actual de sus grandes éxitos con sus actuaciones antiguas. Era más fácil encontrar una escena ridícula, como su repulsiva borrachera en el Kobeta de Bilbao o sus vomitonas delirantes, que una actuación en directo potable.

Así que uno lleva años acercándose a Youtube como quien decelera el coche morbosamente para ver las tripas en un accidente de tráfico. Así ha sido, hasta que llegué por casualidad al Rock Am Ring de 2018 y me llevé la sorpresa. Para constatar que Manson no es el mismo que era, basta con echar un vistazo a su aspecto. Corpulento, mayor y lento de movimientos, ha recuperado sin embargo lo que parecía más cadavérico de todo: la voz. Y aunque estos dos últimos años ha tenido algún desmayo que otro, parece que la voz del viejo emperador consigue poner en pie a cien mil personas a golpe de pulmón.

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