música y escultura

Un abrazo musical para Eduardo Chillida

El cuarteto Sigma Project presentó en el reinagurado Chillida Leku su nueva propuesta 'Sigma Chillida besarkatuz', un paseo musical en torno a las esculturas del maestro

Foto: Concierto de Sigma Project en Chillida Leku. (Aitor Izaguirre)
Concierto de Sigma Project en Chillida Leku. (Aitor Izaguirre)

Bach se acerca a las olas del mar que, en apariencia, son siempre las mismas, aunque diferentes, y eso es Bach, justo eso”. Eduardo Chillida (San Sebastián (1924-2002) descubrió a Bach por casualidad. De niño, cuando asistía a clase particulares de matemáticas, escuchó una melodía en la escalera; deslumbrado, olvidó la clase y sentado en el rellano se dejó llevar por una de las seis suites para violoncello de Bach.

Este fue el primer encuentro entre el compositor alemán y el creador vasco, un artista por el que el veneno de la música ya corría entre su ADN, no en vano era hijo de la soprano Carmen Juantegui. Su admiración culminó en la obra ‘La casa de Johann Sebastian Bach’ (1981), una escultura en hierro con la que el artista plasmó esa fuerza de los pulmones de Bach, la potencia de su música y sus variaciones, la capacidad de expandirse en el tiempo y el espacio.

Escultura 'La casa de Johann Sebastian Bach', de Eduardo Chillida. (Museo Reina Sofía)
Escultura 'La casa de Johann Sebastian Bach', de Eduardo Chillida. (Museo Reina Sofía)

No hay duda, el legado de Chillida no se entiende sin la fusión entre el arte y la música. Toda su obra posee un innegable componente musical. Desde sus comienzos artísticos, cuando creó esculturas con claras referencias a este arte, como ‘Música de las esferas’ y ‘Música de las constelaciones’, hasta sus trabajos maduros que rezuman formas mucho más depuradas.

El miércoles pasado, en Chillida Leku, el cuarteto Sigma Project presentó su nueva propuesta 'Sigma Chillida besarkatuz', un paseo musical por el museo en el que pulularon los acordes de piezas del Gregoriano, Gesualdo, Scarlatti, Bach, Jesús Torres y José María Sánchez-Verdú, un conjunto de abrazos musicales en torno a las esculturas de Eduardo Chillida intercalados con poemas a los que prestó su voz Inés R. Artola, comisaria de exposiciones y musicóloga. 'Sigma Chillida besarkatuz' se presentaba como una de las actividades estrella del mes de agosto en el primer verano tras la reapertura del museo.

Concierto de Sigma Project en el Chillida Leku. (Aitor Izaguirre)
Concierto de Sigma Project en el Chillida Leku. (Aitor Izaguirre)

Entre los árboles y acariciados por la luz del crepúsculo, los cuatro componentes de Sigma Project comenzaron su particular homenaje a Chillida interpretando ‘Four five’ de John Cage. De blanco impoluto, descalzos, preparados para tomar tierra en ese rincón telúrico, los cuatro sigmáticos, Alberto Chaves, Andrés Gomis, Ángel Soria y Josetxo Silguero, no podían haber escogido mejor arranque para semejante muestra de respeto al artista que vivió obsesionado por dar forma al espacio. John Cage siempre defendió la trascendencia del espacio donde se interpreta la música y la importancia de saber escuchar los sonidos del silencio; de manera que todos, entrelazados, forman una amalgama que hace que las piezas jamás sean las mismas.

Reunidos bajo la escultura ‘De música III’, resucitó el verbo de Chillida con la voz de Inés R. Artola. “Estando bien a la escucha, lo que quiere salir, sale”.

Concierto de Sigma Project en el Chillida Leku. (Aitor Izaguirre)
Concierto de Sigma Project en el Chillida Leku. (Aitor Izaguirre)

Y salió, vaya que si salió. La noche del miércoles surgió la energía. Los acordes de ‘Tenebrae’ de Jesús Torres dieron paso a la ‘Sonata en Lam’ de Domenico Scarlatti y al ‘Saxquarter’ de Haas, mientras un centenar de personas caminaban entre las creaciones del maestro que en su juventud fue un atleta superdotado destinado a triunfar en el olimpo del fútbol. Hubo quien no entendió esta fusión y Chillida siempre la defendió. “En las porterías, entre el marco y el área hay un espacio tridimensional, un diedro, ahí es donde está el portero y es donde ocurren todos los fenómenos del fútbol. El portero tiene que desarrollar una relación con estos dos misterios que son el espacio y el tiempo que me llevan a pensar que las condiciones necesarias para ser un buen portero y un buen escultor son prácticamente las mismas”.

Contemplar un concierto del grupo Sigma Project es lo más parecido a vivir un éxodo musical, un viaje a ninguna parte donde la fascinación y el sobrecogimiento atrapan al espectador por su virtuosismo y su originalidad. Prueba de ello es que consiguieron que parte del público se descalzara e hiciera el recorrido como ellos, con los pies libres adheridos a la naturaleza.

Un saxofón de Sigma Project en el Chillida Leku. (Aitor Izaguirre)
Un saxofón de Sigma Project en el Chillida Leku. (Aitor Izaguirre)

Los cuatro saxos sedujeron al público desde el primer instante en el que sus manos rozaron los instrumentos. Las mismas manos que cautivaron al maestro, aquellas que recuerda su hija, unas manos mullidas, potentes, agradables calientes, esas manos que trabajaron con el metal, el espacio y la música. “Yo notaba que mi mano derecha era demasiado hábil y que se quedaba detrás la sensibilidad y la razón, entonces decidí dibujar con la mano izquierda”, confesaba Chillida en una entrevista en la televisión pública. Una decisión que cambió su carrera porque de ella aprendió que la facilidad puede ser un peligro.

Para no caer en esa facilidad de la que hablaba el maestro, Sigma Project regaló un programa tejido por piezas clásicas y contemporáneas. Como preludio a la composición de Scarlatti, Inés Artola rozaba la escultura bautizada ‘Consejo del espacio IV’ (1987), la manoseaba, la arrullaba. Con sus versos invocó el espíritu de Chillida que durante toda la velada pululó por Zabalaga, el viejo caserío del siglo XVI que hoy alberga en su jardín 40 esculturas de gran formato (hierro, acero y granito) desplegadas por las 11 hectáreas del terreno.

El cuarteto Sigma Project posando en el Chillida Leku. (Aitor Izaguirre)
El cuarteto Sigma Project posando en el Chillida Leku. (Aitor Izaguirre)

“Amo lo limpio, lo claramente recortado, pero debe poder volcarse para los costados, darse vuelta y tomar distancia, debe poder producir silencio o vacío, como se quiera, para que la forma pueda vibrar”.

Entre los versos de Jorge Guillén, Miguel de Unamuno y Octavio Paz, Sigma Project interpretó ‘Tu m’uccidi, o crudele’ de Carlo Gersualdo y ‘Pulau Dewata’ de Claude Vivier. Un cóctel de sonidos que tuvo su momento álgido entre las escenas dos y tres; entre el jardín zen de Chillida, en el mismo rincón donde Chillida terminaba el día acompañado por su mujer Pilar y la escultura Besarkada XIV (abrazo).

El paseo culminó en el interior del caserío con una potente interpretación de ‘Transitus II’ y, como no podía ser de otra manera, con el primer y tercer movimiento del concierto italiano de Bach.

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