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Pilar Jurado: "La SGAE es como la corte de las amistades peligrosas"

La presidenta de la Sociedad General de Autores y Editores vive en el centro del huracán a unos días de una Asamblea crucial para la supervivencia de la entidad

Foto: Pilar Jurado. (Foto: Jorge Álvaro)
Pilar Jurado. (Foto: Jorge Álvaro)

El palacio modernista de Longoria en Madrid levantado en los primeros compases del siglo XX es todavía demasiado joven para contar con un escuadrón de fantasmas como debe ser pero, aunque los tuviera, aunque arrastraran sus cadenas por su imperial escalinata empeñados en aterrorizar a sus actuales inquilinos, es probable que nadie les hiciera el menor caso. Y es que la sede de la Sociedad General de Autores y Editores vive tiempos convulsos, tal vez críticos, un caos en el que las imputaciones, las divisiones, la amenaza judicial y gubernamental se han aliado en un cóctel explosivo. SGAE es uno de los mayores organismos privados de defensa de los derechos de propiedad intelectual del mundo, representa a más de 120.000 autores y cuenta en su repertorio con más de 10 millones de obras. Y desde hace apenas cuatro meses la soprano Pilar Jurado (Madrid, 1968) lleva las riendas tras el efímero y polémico mandato del gaitero Hevia.

Es una tarea titánica resumir todo lo ocurrido en SGAE en los últimos años y que llegará a su punto culminante en la Asamblea General de este lunes 24 de junio en la que los socios deberán aprobar los estatutos de la entidad o adentrarse en un un territorio ignoto en el que su propia existencia está en juego. La institución es de carácter privado pero opera con una licencia pública y el ministerio de Cultura de José Guirao, que ha intentado intervenirla sin éxito tras rechazarlo la Audiencia Nacional, le exige la aprobación de unos estatutos acordes a la ley. Además, en 2017 algunos de sus miembros fueron imputados a causa de la célebre Rueda de las televisiones, fue expulsada temporalmente de CISAC, el organismo internacional que agrupa a las sociedades que gestionan los derechos de autor, y ha vivido la amenaza de segregación de dos de sus cuatro colegios, Audiovisual y Gran Derecho. Y de pronto, la inesperada Pilar Jurado es elegida presidenta.

Jurado es una fuerza de la naturaleza. Precoz soprano, compositora, directora de orquesta, ha actuado y preparado montajes para algunos de los más importantes teatros y óperas del mundo y fue la primera mujer en estrenar una ópera propia -'La página en blanco'- en el Teatro Real de Madrid. Cuando nos recibe en su Palacio se muestra tan cansada como exultante. Acaba de torcerle el pulso al ministerio evitando la intervención -el ministerio ha recurrido- y asegura que las preasambleas provinciales de SGAE previas a la Asamblea General están saliendo muy bien y que más del 86% de los socios se han mostrado favorables a los estatutos. Es consciente de que, con todo, la ponderación del voto hace muy complicado aprobar de una vez esos estatutos este lunes, pero es optimista. Y aunque asegura que trabaja sin parar desde que llegó a la presidencia y que apenas duerme, se muestra radiante, habla a mil por hora y advierte que las conspiraciones y presiones que la persiguen no podrán con ella.

Pilar Jurado. (Foto: Jorge Álvaro)
Pilar Jurado. (Foto: Jorge Álvaro)

PREGUNTA. Lleva casi cuatro meses de presidenta de la SGAE. ¿Es esto el desastre y el caos que parece desde fuera o es aún peor?

RESPUESTA. A ver, es un sitio peculiar, aquí he vivido cosas que no había vivido nunca pero también entendí desde el principio que la institución era mucho más grande que lo que se ve en la superficie. He trabajado sin parar para apagar mil fuegos y reconducir la situación a una normalidad que debería haberse logrado hace mucho tiempo. Y también para hacerle entender a todos los que forman parte de esto que no son piezas sueltas que puedan tirar cada una por su lado. En las situaciones de crisis, en los barcos que amenazan con hundirse, existe la tentación de que cada uno intente salvar sus muebles olvidándose de que es en esos momentos cuando todo el mundo ha de demostrar serenidad y remar al mismo tiempo. Yo me encontré un lugar con mucha gente válida... pero completamente caótico. Y cada paso que daba había quienes intentaban contrarrestarlo. Tenían su hoja de ruta y, en esa hoja de ruta, la mayor anomalía he sido yo.

Algunos en SGAE tenían su hoja de ruta y, en esa hoja de ruta, la mayor anomalía he sido yo

P. ¿La SGAE necesitaba a una soprano para templar gaitas?

R. Jajajaja. Mire, lo mejor de las sopranos es que no necesitamos instrumentos.

P. Hace una década, España se descargaba música y cine 'piratas'. Hoy todo el país paga religiosamente varias suscripciones al mes a Spotify, Netflix, HBO, Amazon, Movistar… Y así, cuando SGAE parece finalmente haber ganado la batalla por los derechos de autor y contra la piratería que malogró su imagen pública, resulta que vive la peor crisis de la historia. ¿Le dan ganas de reír o de llorar?

R. Risa no me da, la verdad. Y la batalla no está ganada aún pero es cierto que hemos avanzado logrando la comprensión de que hay que pagar. El problema ahora es enseñarle a la gente a quién hay que pagar. Porque pagamos no al creador sino precisamente a esas plataformas que mencionaba. Y ahora peleamos para que las plataformas paguen más justamente a los creadores, siguiendo por cierto la directiva europea al respecto.

P. ¿Las plataformas no pagan justamente a los autores?

R. No pagan bien, está clarísimo, si un artista por cuatro millones de descargas o escuchas recibe 110 dólares, algo no funciona. Estamos en un mundo en el que unos comenzaron a hacer negocios dentro de internet y se han hecho con ellos, otros vieron que su negocio ya no funcionaba y se hicieron socios de los primeros, y ahora hay que hacer entender tanto a las plataformas como a sus socios que los autores son quienes crean el contenido y merecen que se respeten sus derechos. Y entre sus derechos no están solo los de propiedad intelectual sino todos los derechos que acompañan a los principales. Por ejemplo, cuando subes un vídeo en Youtube y te cuelgan un montón de publicidad que da mucho dinero. A Ronaldo no le pagan bien sólo por jugar al fútbol sino también por sus derechos de imagen.

Pero volviendo a su pregunta sobre la "paradoja". Es muy injusto que a un sector como este se le haya vapuleado muchísimo y que los errores, que sin duda han cometido los autores, les hayan acabado por hacer tanto daño.

Pilar Jurado en la sede de la SGAE. (Foto: Jorge Álvaro)
Pilar Jurado en la sede de la SGAE. (Foto: Jorge Álvaro)

P. Ustedes siempre diferencian el modelo de gestión de derechos de autor que representan en España del vigente en otros países y advierten que la desaparición de la SGAE abriría la puerta para la entrada en tromba del modelo extranjero. ¿Cuáles son las diferencias y por qué cree que es mejor el suyo?

R. Sí, veamos, el modelo de gestión anglosajón está basado en un copyright por el que el artista le vende directamente todos sus derechos a la editorial y, a partir de ahí, es la editorial la que lo gestiona todo. El autor sólo cuenta con los royalties. Hay un contrato puramente mercantil en el que el autor, ya sea de música, de audiovisual, etc., una vez cobrada su creación, no conserva nada más. Y así, en ese modelo, las entidades de gestión de los derechos de autor están regidas y gobernadas por las editoriales que son las que ponen las reglas del juego. La diferencia con el nuestro es que el de SGAE es un modelo de gestión colectiva. No somos unas cuantas editoriales que se unen para mover los derechos de autor que generan otros. No, somos los propios autores los que realmente decidimos a través de una junta de gobierno sobre nuestros derechos. Somos los propios socios agrupados en una entidad privada los que nos dedicamos no sólo a meras transacciones económicas sino que también difundimos nuestro repertorio, cuidamos a nuestros autores, a aquellos que son mayores, impulsamos los nuevos valores... Nuestro ensamblaje con la sociedad es mucho más potente.

Cualquier acción sancionadora o intervención externa de SGAE conllevaría una pérdida de reputación, descontrol y desguace

P. ¿Es eso lo que teme que pasará si tampoco aprueban ustedes los estatutos en la Asamblea este lunes 24?

R. Sí, absolutamente. Es cierto que como no soportamos ya la sombra de la intervención, las cosas han cambiado bastante. Pero si se hubiera mantenido, o si no aprobamos los estatutos el lunes, nos abocaríamos a unas próximas elecciones en SGAE en las que posiblemente aquellos que quieren ese otro modelo de gestión se rearmarían para llevar las riendas de la entidad. Y los autores sufrirían. Lo cual no significa que no piense que tenemos que revisar nuestro modelo de retribuciones para hacerlo más equitativo. Pero la regeneración de la SGAE sólo puede ser positiva si se hace desde dentro, no cargándose lo que tenemos. Por eso me entristece que algunos autores hayan dicho que, si no nos ponemos de acuerdo, lo mejor es la intervención, como si la intervención fuese una palabra mágica que lo arreglase todo. Sería todo lo contrario. Cualquier acción sancionadora, cualquier intervención externa, conllevaría una pérdida de reputación, un descontrol y un desguace.

P. ¿Qué ha ocurrido con el rechazo de la Audiencia Nacional a la intervención pedida por el ministerio de Cultura?

R. Mi sensación es la siguiente. Hacía dos semanas que el ministro había firmado la intervención cuando yo entré y faltaba una semana para que acabara el plazo para nuestras alegaciones. Yo me doy cuenta de que nuestros abogados en ese momento no habían hecho su trabajo y pido que volvamos a la persona que había preparado nuestro recurso el año pasado. No entendía por qué habíamos cambiado. ¿Dónde estaban las alegaciones? Y conseguimos una alegaciones que son tanto de forma como de fondo que indican que todo eso que se nos pide no es tan grave como para que nos intervengan. Lo presentamos a su debido tiempo tras muchas vicisitudes. Pero yo desde ese mismo instante sabía que no podíamos quedarnos esperando la resolución, sin más. Y me fui a ver al ministro y en mi primera junta directiva a los diez días de haber llegado apruebo todo lo que nos pedía el ministro: el voto electrónico, preparar nuevos estatutos, la comisión deontológica, la comisión de supervisión...

Pilar Jurado, durante la entrevista. (Foto: Jorge Álvaro)
Pilar Jurado, durante la entrevista. (Foto: Jorge Álvaro)

P. También tuvo que lidiar con la expulsión temporal de la CISAC.

R. También. Y me puse a trabajar rápidamente para revertirlo. Fue una locura. Pero lo hice. Y la máquina empezó a andar.

P. Cuando entrevistamos al ministro de Cultura nos aseguró que todo el mundo le pedía que interviniera la SGAE. ¿Tiene usted pesadillas con José Guirao?

R. No. Mis mayores pesadillas, lo más decepcionante para mí ha sido ver cómo el trabajo bien hecho y el esfuerzo que estábamos haciendo, en lugar de dar resultados no ha tenido ningún efecto en el ministerio. He llegado a la conclusión por todas las presiones que he recibido de que ese otro modelo de gestión del que hablábamos antes tenía una influencia muy importante sobre el ministro. Me refiero a la industria discográfica y a las multinacionales que pugan por que se instale en España el modelo que le da el poder a los editores. Yo creo que llegaron a una hoja de ruta con una serie de pasos: imputación, expulsión de la CISAC, intervención del ministerio, todo estaba preparado. Pero con lo que no contaban es con que iba a venir una mujer pequeñita y pelirroja a plantarles cara.

La industria discográfica y las multinacionales han tenido una influencia muy importante sobre el ministro

P. ¿Y cuáles son según usted las razones de aquél virulento manifiesto de los colegios Audiovisual y Gran Derecho que amenazaban con segregarse de su entidad?

R. Las conspiraciones siempre van a existir y más en esta casa. SGAE es como la corte de las amistades peligrosas. Y amistades peligrosas siempre vamos a tener porque esta es una casa muy especial con cuatro Colegios en pugna. Cuando esos cuatro Colegios reman juntos en la misma dirección es fantástico y podemos defender muchas más cosas, pero cuando cada uno de esos Colegios persigue sus intereses o lo que es peor, los intereses personales de alguien que se erige en el salvador de su colectivo, pues a la mínima oportunidad claman que ellos lo harían mejor. Pero la realidad es la que es: estos señores ya estaban aquí mucho tiempo antes de que llegase yo y no fueron capaces de hacer nada. Y yo sí. Sé que ellos siguen por detrás con sus amistades peligrosas pero, en fin, que se entretengan. Como los niños.

Pilar Jurado. (Foto: Jorge Álvaro)
Pilar Jurado. (Foto: Jorge Álvaro)

P. ¿El enfrentamiento de las televisiones a cuenta de la polémica Rueda es un problema de modelo, de poder, de dinero…?

R. El problema fue un modelo de negocio. Las televisiones tienen que pagar a SGAE por la emisión de nuestro contenido. Y resulta que la única posibilidad que tienen de retorno de ese dinero es a través de las editoriales. ¿Qué hicieron? Crear una editorial y nos dijeron: si queréis que vuestra música, series, películas, lo que sea, esté en nuestra cadena, tenéis que pasar por nuestra editorial. Y así, ellos firman un contrato con la editorial en el que piden el 50% de sus derechos. En televisión había muy poca música real y, de pronto, se dan cuenta de que hay un espacio por la noche que no dispone de ningún contenido. Y piensan: si el contenido que ponemos en las madrugadas es musical y lo hacemos a través de nuestra editorial, la mitad de los derechos que se generen nos revierten. Y ya hemos hecho el negocio. Esto es absolutamente legal. ¿Cuál es el problema?

Por ejemplo, lo de la Rueda ocurrió porque hubo gente que aprovechó para cambiarle cuatro notas a una música que era de dominio público y colocarla como propia. Pero esos fueron sólo once personas que además aún están a la espera de juicio. Pero es verdad que el resto de implicados, igual quinientas personas que participan de estas editoriales, se vieron obligados a pagar el 50% de sus derechos para ingresar algo por salir en televisión. Era la única manera. Y claro, otros autores pensaron que estos autores que salían tanto en televisión y ganaban mucho porque la televisión genera muchos ingresos, en lugar de cargar contra el modelo de negocio cargan contra los propios autores. Porque a ver, si yo no salgo en televisión, a mí no me quita nada la gente que sale en televisión. Y sin embargo muchos autores que no salen dicen: "¡Los que están saliendo me roban mis derechos!" ¡No! Lo que repartimos de la televisión es sólo de la televisión. Y luego las multinacionales no pueden participar en este negocio de la noche porque las televisiones no quisieron dejarles entrar. ¿Por qué? Muy fácil. Porque las multinacionales son también editoriales y tendrían que repartir la parte editorial entre ellos. Y a las televisiones no les interesa porque quieren llevarse lo máximo posible. Lo más doloroso es que, siendo una disputa con aquellos que se quieren llevar lo que generan los autores, los que acaban peleándose entre ellos son los autores.

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