La madre de todas las soterraciones

Proyecto Topo: por qué fracasó el plan distópico para enterrar el tráfico en Madrid

El ayuntamiento de la capital propuso en 1998 la construcción de 130 kilómetros de túneles subterráneos. Se podría atravesar toda la ciudad sin salir a la superficie. Acabó en fiasco

Foto: El Paseo de la Castellana libre de tráfico en una Semana Santa (EFE)
El Paseo de la Castellana libre de tráfico en una Semana Santa (EFE)

El alcalde de una megalópolis proyecta enterrar el tráfico con unos super túneles, pero un enigmático topo parlante se interpone en su camino… Podría ser un filme hollywoodiense, distópico y de serie B, pero sucedió en el castizo Madrid noventero… ¿Les ha parecido a ustedes compleja la propuesta de Vox de soterrar la Gran Vía como alternativa a Madrid Central? Pues escuchen esto…

23 de noviembre de 1998. Desvelan uno de los proyectos más faraónicos de la historia de las obras públicas españolas: la construcción de 130 kilómetros de túneles para soterrar el tráfico de entrada y salida a Madrid. Se podrá atravesar toda la ciudad de norte a sur y de este a oeste en pocos minutos y sin salir nunca a la superficie. O eso prometieron ese día el alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, y el ministro de Fomento, Rafael Arias-Salgado.

Las cifras eran mareantes: 130 kilómetros de vías (de peaje) a 50 metros de profundidad. 6 túneles dobles unidireccionales con dos carriles por sentido para entrar en Madrid desde todas las latitudes. 50.000 coches circulando a diario por el subsuelo de Madrid sin ver nunca la luz. 320.000 millones de pesetas de presupuesto...

El topo que perseguía alcaldes 'tuneladores' (Ecologistas en Acción)
El topo que perseguía alcaldes 'tuneladores' (Ecologistas en Acción)


Las autopistas subterráneas confluirían en Madrid en un anillo central (M-10) de seis kilómetros que conectaría con una gigantesca red de aparcamientos para 35.000 vehículos bajo el Paseo de la Castellana y la calle Serrano. ¿Uno de los principales objetivos del plan? Reducir al tráfico en el centro de la ciudad (en efecto, dos décadas después, seguimos enfrascados en el mismo asunto).

“Si nos tiramos a la piscina es porque hay agua”, dijo Enrique Villoria, concejal municipal de Obras. “Se trata de ensanchar el espacio urbano y buscar alternativas para que no se colapse la ciudad”, afirmó el alcalde.

La obra acabaría saliendo rentable gracias al peaje, según las autoridades, que buscaban financiación privada para los túneles. Esto se supo más tarde: los planos de las autopistas subterráneas habían sido elaborados por la empresa Vigiconsult, perteneciente al conglomerado Euroconsult, en nómina en diversas obras municipales.

Entre topos anda el juego

Aunque el plan fue recibido con escepticismo, tuvo sus entusiastas. “Es una buena idea… Podría convertir Madrid en una de las ciudades del mundo más modernas, más circulables, y sobre todo, más aparcables… El porvenir pertenece a los innovadores”, aseguró el columnista de ‘ABC’ Lorenzo López Sancho.

Mingote dedicó una viñeta al asunto en ‘ABC’: una pareja conduce por los túneles de Álvarez del Manzano y se topa con... Satanás. “Siempre he dicho que la manía de profundizar nos traería disgustos”, decía el atribulado conductor. En tres palabras: carretera al infierno.

Tráfico a la salida de Madrid (EFE)
Tráfico a la salida de Madrid (EFE)


El aluvión de críticas fue constante. El socialista Joaquín Leguina, ex presidente de la CAM, acusó al alcalde de tener “el síndrome del topo”. Según Leguina, el proyecto había partido de un lobby de las constructoras europeas “que tienen que amortizar el negocio ruinoso que supuso el túnel del Canal de la Mancha”. Se trataba de reutilizar las tuneladoras empleadas para ampliar el Metro de Madrid, “las mismas que se utilizaron en el Canal de la Mancha y que hay que amortizar como sea haciendo agujeros en cualquier sitio… Esta ciudad ha de buscar la forma de salir del túnel, del túnel gris en que la ha convertido un alcalde tan impasible como imposible, que quiere atraer a todos al gran aparcamiento madrileño”, según Leguina.

El exministro Fernando Morán, candidato socialista a la alcaldía de Madríd, clamó: “Hay que detener al topo invasor”.

De tanto mentar a los topos… se acabó por materializar un topo parlante. “Un hombre-topo de los ecologistas perseguirá al alcalde en sus inauguraciones”, “evidentemente, contra su voluntad”, según ‘ABC’. En efecto, a nadie le gusta que le persiga un topo parlante cuando va tranquilamente por la calle inaugurando túneles...

Detrás del disfraz de topo estaba un hombre de Ecologistas en Acción, Juan García Vicente, que perseguiría desde entonces a todos los regidores ‘tunelistas’ (con especial saña hacia Alberto Ruiz Gallardón). García Vicente lo recuerda así: “Se nos ocurrió dado el interés del Ayuntamiento por invadir con coches el espacio vital de los topos. Eran acciones simbólicas para llamar la atención sobre proyectos descabellados. Todavía tenemos al topo metido en una bolsa”… por lo que pudiera pasar.

El problema de la contaminación no se soluciona el problema enterrando vehículos, sino reduciéndolos

“Soterrar esa cantidad de kilómetros acabaría costando una millonada al erario público. Por no hablar de su ineficacia contra el cambio climático: no se soluciona el problema enterrando vehículos, sino reduciéndolos”, añade García Vicente.

Entrevistado por ‘El País’ tras estallar la polémica del plan Manzano, el arquitecto y urbanista alemán Bernhard Winkler, gran experto mundial en tráfico, aseguró: “Quitar el tráfico de la superficie y llevarlo bajo tierra es un sueño maravilloso, pero el proyecto de Madrid me parece completamente inviable y fuera de proporciones… No hay nadie en el mundo que la pueda financiar. La relación entre costes y beneficios hace inviable la operación… Un aparcamiento subterráneo es la solución más costosa para resolver el problema del tráfico… El sistema de autopistas subterráneas, así como está concebido, afectará seguramente al medio ambiente. De hecho, el nivel de contaminación atmosférica no disminuirá. La única diferencia es que los gases de los tubos de escape no saldrán directamente a la calle, sino que subirán poco a poco a través del sistema de ventilación. Pero la cantidad de las emisiones es la misma”, aseguró Winkler, que trabajaba entonces para disminuir el tráfico en los centros de varias ciudades europeas.

Sería necio decir que por no tener el dinero no se puede hacer. Cuando se supo que se podía viajar a la Luna también hubo que esperar a que alguien pagara el cohete

"Es una idea absolutamente realizable. Ya veremos cómo se financia. Pero sería necio decir que por no tener el dinero no se puede hacer. Cuando se supo que se podía viajar a la Luna también hubo que esperar a que alguien pagara el cohete", dijo Álvarez del Manzano tras el aluvión de críticas.

El caso es que el plan (¿globo sonda?) no fue bien recibido. No es que sea difícil encontrar a alguien que lo defienda hoy día, es que ya era difícil encontrarlo entonces. No se lo pierdan: el propio Ayuntamiento empezó a tomarse a chufla su propia receta contra el tráfico... Y no es broma. “La dimensión definitiva de este proyecto la ha hecho el propio Ayuntamiento el pasado 28 de diciembre, cuando lo convirtió en la inocentada municipal de 1998. Fue un acto de humildad e inteligencia", dijo Alberto Ruiz Gallardón, presidente de la Comunidad de Madrid, en enero de 1999.

Aunque el proyecto no llegó ni a la fase preliminar, el alcalde abrió luego seis kilómetros de túneles urbanos subterráneos. Eso sí: nada comparado con lo que estaba por venir… Una de las paradojas del plan Manzano fue la frialdad con que fue recibido por Alberto Ruiz Gallardón. "Todas las competencias sobre el subsuelo de la capital son autonómicas", recordó entonces el presidente de la CAM, para el que “la única solución sensata para mejorar el transporte en la región es fomentar los servicios públicos, especialmente el Metro y los trenes de cercanías”. Pocos años después, Gallardón sustituiría a Manzano al frente del Ayuntamiento… y daría luz verde al soterramiento parcial de la M-30 -vía de circunvalación que rodea el centro de Madrid.

El coche emite gases aunque circule por debajo

Hablamos de la obra con mayor sobrecoste de la historia de España (costó entre 5.000 y 11.000 millones de euros, según a quién preguntes), y convirtió a Madrid en la capital más endeudada del continente (una deuda -que aún se está pagando- superior al presupuesto anual de la corporación). La nueva M-30 se convirtió en la mayor red europea de túneles urbanos con 43 kilómetros; tres veces menos que el plan Manzano. Si bien la obra sirvió para recuperar el río para la ciudad (casi nadie critica hoy día Madrid Río) no solucionó el problema del tráfico.

Nines Nieto, coordinadora de Ecologistas en Acción en la Comunidad de Madrid, amplia los motivos para oponerse (ayer y hoy) a cualquier tipo de soterramiento del tráfico: “El plan Manzano iba totalmente en contra de la movilidad sostenible. Soterrar no es ninguna solución, lo único que hace es pasar los coches de arriba abajo, es decir, taparlos. No estás solucionando ningún problema. Está demostrado que cuantas más vías abres y más facilidades das al vehículo particular, más se llena la ciudad de coches… y de contaminación. El coche emite gases aunque circule por debajo. La única solución para reducir atascos y contaminación es eliminar coches y favorecer el transporte público. ¿Qué hay entonces detrás de los soterramientos sino reducen ni el tráfico ni la contaminación? Obras públicas carísimas que casi siempre recaen en las mismas empresas”.

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