'desde las tinieblas'

El hombre que más sabe de Alcàsser: "Yo conocí a Anglés"

En la reciente serie sobre los crímenes que conmocionaron España falta una voz, la del periodista Joan Manuel Oleaque, vecino de los asesinos que escribió 'Desde las tinieblas': hablamos con él

Foto: Joan Oleaque.
Joan Oleaque.

En 'El caso Alcàsser', la estupenda serie documental recién estrenada sobre el secuestro, tortura, violación y asesinato de tres chicas de esa localidad valenciana a finales de 1992, hay dos grandes ausentes. El asesino fugado, Antonio Anglés, por razones obvias. Y el hombre que más sabe del caso: el periodista Joan Manuel Oleaque (Catarroja, 1968), autor del libro de referencia sobre los antecedentes, el crimen y la desinformación posterior al crimen, que prefirió no aparecer, a pesar de que se lo pidieron. “Oleaque es el referente por excelencia”, dice el guionista y director de la serie, Elías León Siminiani, que tuvo que leer 'Desde las tinieblas. Un descenso al caso Alcàsser' en un pdf porque el libro, editado en 2002, está descatalogado. Hay dos ejemplares a la venta por 300 euros cada uno.

Yo conocí a Anglés. Éramos medio vecinos. Él desayunaba en un bar que tenía mi padre”, cuenta Oleaque por teléfono desde Catarroja. Tanto el buen obrar de Oleaque, como Anglés, el mal encarnado, crecieron en ese pueblo de 22.000 habitantes, “mucho más grande que Alcàsser”, de Valencia. Antonio Anglés, el cuarto de nueve hermanos, fue el último que nació en Brasil; los demás lo hicieron en esa comarca de L’Horta Sud y a todos los acabó criando sola su madre, que trabajaba en un matadero de aves, donde un día llegó a matar 23.000 aves (récord). Cuando el crimen, Oleaque, recién licenciado, empezaba a colaborar con la revista 'El Temps'. Y aprovechó su propia perspectiva, que si no era “más esperanzadora”, sí era “un poco más real”, para escribir el reportaje que lo tuvo ocupado durante los siguientes diez años. El libro se publicó en 2002.

[El gran bulo de Alcàsser: el doble de Anglés y el clan de la Moraleja]

En 1997, el año del juicio, ya había ganado el Premio Octavi Pellisa por el proyecto del libro; luego, en 2003, ganó el Rodolfo Walsh por la obra terminada, escrita en catalán y traducida al castellano. Al año siguiente publicó 'En éxtasis. El bakalao como contracultura en España', “otro libro seminal”, según León Seminiani, disponible en castellano desde hace dos años gracias a Barnil Editores. Oleaque se doctoró en Comunicación con una tesis sobre los estereotipos con los que se caracteriza a la etnia gitana, a la que pertenece, en los medios. A punto de cumplir 51 años, y con tres hijos, el 'revival' de todo lo que tiene que ver con los noventa le ha pillado de profesor y director de Master en la Universidad Internacional de Valencia. Y ese 'revival' incluye, inevitablemente para él, el caso Alcàsser. Hablamos por teléfono.

- ¿Por qué no quisiste aparecer en la serie?

- Hace tiempo que tomé la determinación de no aparecer en audiovisuales que trataran sobre este tema. Lo decidí por circunstancias que, básicamente, tuvieron que ver con mi hastío con el tratamiento de estas cosas. Dicho esto, el resultado del trabajo en este caso es tan bueno que me hace replantearme la decisión.

Los cambios de imagen de Antonio Anglés en 1993. (Interpol)
Los cambios de imagen de Antonio Anglés en 1993. (Interpol)

Oleaque llegó hasta donde nadie lo intentó. A la cocina de los Anglés, por ejemplo, allí donde un día Enrique, el hermano esquizofrénico del asesino, frió sus propias heces porque se le ocurrió que la “mierda” (el hachís) que vendía su hermano Antonio era literalmente eso, mierda y un poco de aceite. O hasta el pozo donde Anglés y Ricart ya habían estado a punto de arrojar a una exnovia del primero, después de secuestrarla, atarla y torturarla porque se había metido la droga que Anglés guardaba para vender. A Desiré, Miriam y Toñi las asesinaron después de salir de permiso y no volver a la cárcel por ese crimen previo. Otros entraron hasta la cocina de las víctimas. El punto de vista de Oleaque, cruzando la acera del mal, describe el crimen y a sus autores; el de los otros, solo sirve para expropiar el dolor de las familias y servirlo calentito en 'prime time'.

Oleaque llegó hasta donde nadie lo intentó. A la cocina de los Anglés, por ejemplo

Pero Oleaque no sólo vio crecer desde dentro el crimen; su libro también es la autopsia de cómo las teorías de la conspiración sobre el crimen –esto es cosa de gente poderosa— derivó en una esquizofrenia colectiva. Al frente, “el Padre de la Nación”, Fernando García, padre de una de las víctimas, pidiendo que no se juzgara al otro asesino, Miguel Ricart. A su lado, un criminólogo sectario de sus creencias, Juan Ignacio Blanco, cruzando el Missipi cada noche a sueldo de Pepe Navarro. El libro apareció diez años después del crimen y con el aniversario, la conspiranoia había vuelto a regurgitar. “Tanto es así que el propio lector puede pensar todavía que no se ha aclarado nada de todo aquello, que todavía quedan muchos misterios por resolver”, escribía en su prólogo entonces. Luego añadió: “Bueno, humildemente, creo que quien lea este libro ya no volverá a pensarlo”.

Periodismo y conspiración

No todo el mundo ha podido leer el libro. Ni todos los que vean la serie hasta el final -en el quinto capítulo, la realidad que García y Blanco habían intentado abolir, acaba arrasándolos a ellos- dejarán de creer que hay cosas sin aclarar todavía.

- Yo creo que está pasando lo que, en el peor de los escenarios, era lo previsible. Alegatos a favor de la conspiración, incluso. Y la parte digamos “a medio camino”: los misterios, lo que no se sabe, etc. Pero, sinceramente, no esperaba que fuera tanto: no esperaba que se pusiera encima de la mesa cualquier cosa que pasara por allí y que tuviera que ver con el caso. Y sobre todo que tuviera que ver con las teorías conspiratorias que han marcado el caso y que son las que han quedado. Y eso a pesar de que el juicio no dejó lugar a dudas de lo que pasó, y a pesar de que el documental tampoco deja lugar a dudas de cómo se construyeron esas teorías. En la época actual, cuando internet y las plataformas han sustituido a las televisiones, que no se están ocupando del tema, han asumido el modelo de las redes sociales de poner en duda lo que a uno le dé la gana y de no darle una entidad periodística real, sino de llevarlo a un terreno que no es periodismo. La especulación no es periodismo. El periodismo informa de lo que está probado. A esto se suma que como ha pasado tantísimo tiempo y ha habido relevo generacional, las diferentes generaciones no tienen por qué saber lo que se ha hecho anteriormente. Y entonces, vuelven a interpretar. Y en ese bucle es en el que nos encontramos.

'Desde las tinieblas'.
'Desde las tinieblas'.

- ¿Cuándo y por qué pensaste, por primera vez, que aquella locura mediática iba a acabar impactando de lleno en la credibilidad de la investigación?

- Fue paulatino. Nos da la sensación de que fue todo muy rápido, pero fue muy paulatino. Ten en cuenta que hay un momento en que una vez que desaparece Anglés, no hay nada; y es cuando Fernando [García, el padre de Miriam] se pone a recoger firmas, que es algo importante, y que yo creo que si hubiera ido la cosa por ahí, se podrían haber hecho cosas. Pero es a raíz de ahí, cuando falta información, cuando se empieza a cuestionar todo porque no hay información. Y entonces, Fernando, que es una fuente muy relevante en aquel momento, Fernando lo cuestiona y no hay que olvidar que Ricart adapta sus declaraciones a todos esos cuestionamientos. Ahí es cuando empieza.

- ¿Y qué escenas de ese proceso de gestación de la conspiración te marcaron más?

- Mira donde yo vi mayor descontrol, sinceramente, una situación fuera de control, fue en el juicio. Ahí sí que no había control. En la sala estaba pasando una cosa pero en los pasillos pasaba lo contrario. Había rumores de todo tipo, había muchos periodistas y yo recuerdo que un periodista dijo que le había llegado una información de dónde estaba enterrado Anglés y que iba a contratar un cámara para ir a buscar el nicho, ¿sabes? Luego, se hablaba de que había una foto, una foto de Anglés con un antiguo presidente de la nación, vamos. Esto se decía allí, ¿sabes?

Donde yo vi mayor descontrol, sinceramente, una situación fuera de control, fue en el juicio. Ahí sí que no había control

- Eso de que “en la sala pasaba una cosa y en los pasillos otra”, me recuerda a lo que declaró en sala Enrique Anglés cuando el fiscal le señaló una contradicción con lo que había dicho en la tele el día anterior: “Pero estamos en un juicio, no en televisión”. ¿Fue quien mejor entendió la esquizofrenia?

- Sí, sí, eso estuvo muy bien. La gente que iba a todos esos programas sabían que para ir allí, y esto te lo contaban, tenían que decir barbaridades. Y se inventaban, pues no sé, “yo una vez supe que él estuvo en un castillo”, cosas de estas. Realmente eran como una especie de mundos que iban conectándose y de capas paralelas de basura que iba forjándose. El juicio me impactó mucho. Era complicado, porque además había que tener conocimiento. Y ahí, las compañeras de Levante, que salen en el documental, o Sara Velert, una periodista buenísima de 'El País', alucinaban mucho porque lo que veían luego en la tele no tenía nada que ver. Y a lo que se le daba importancia era a lo que salía en la tele, no a lo que se escribía. Se creó como una especie de pugna que no tenía que haber pasado, pero pasó. También te tengo que decir que las teorías de Fernando [García] y de Juan Ignacio [Blanco] han tenido desarrollo porque todos los medios, por supuesto unos más y otros menos, las recogieron.

No queda ningún misterio, mas allá de donde está Anglés y de dónde está Ricart

- Más allá del propio Antonio Anglés: ¿queda algún otro misterio importante sin resolver?

- Yo creo que no queda ningún misterio, mas allá de donde está Anglés y de dónde está Ricart [excarcelado después de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo sobre la doctrina Parot], que tampoco está claro. Yo pienso que Anglés tiene que tenerse presente, y se tiene presente, aunque ha quedado como un fantasma, ¿no? Pero el único misterio de todo lo que tiene que ver con Alcàsser, creo yo, es ver si se pudiera ser capaz de sacar algo bueno de aquello. Es decir, que algo tan aberrante y tan tremendo sirviera para algo, una mejora social, una mejora de todo lo que tiene que ver con las situaciones penitenciarias, porque no hay olvidar que estos dos [cuando cometieron el crimen] estaban de permisos y no se les buscó. O lo que el documental apunta en el último capítulo, que Alcàsser es la violencia contra la mujer extrema. Es muy triste que Alcàsser no haya servido para nada.

Errores en la investigación

Como en toda investigación, hubo errores. Al teléfono, Oleaque no los recuerda con precisión –“ten en cuenta que me queda ya bastante lejos”-, pero en su libro están registrados y analizados con detalle. Los más importantes tuvieron que ver con el deseo de concluir la instrucción, a veces con excesivo empeño, y la falta de información oficial sobre el caso –que se mantuvo bajo secreto de sumario. Sobre ese muro, el eco de la conspiración rebotaba aún con mayor fuerza.

El documental también se hace eco de los errores de la investigación judicial. La serie de Netflix, coguionizada y producida por Ramón Campos, es también el resultado de un ingente trabajo de documentación e investigación, coronado con las imágenes exclusivas del juicio. La investigadora Ana Sanmartín, que aparece en numerosas secuencias, abrió muchas de las puertas que luego atravesaron León Siminiani y Campos.

Hablamos también con director de la serie, Leon Siminiani, quien contextualiza los errores:

La incapacidad de dar ningún tipo de noticia sobre el paradero, vivo o muerto, de Anglés, es un alimento sin fin para la especulación

-El ejemplo más claro son las fotos del levantamiento del cadáver. En el documental aparece y hay una explicación absolutamente humana a ello [el policía judicial encargado de ello, bajo la presión y la noche, olvidó hacerlas] Pero lo cierto es que no hay fotos de ese momento. Y esas son vías abiertas para que se pueda especular sin fin. Aunque también creo que es propio de muchos casos, aunque la diferencia es la atención y el foco mediático que tuvo este caso y que la mayoría no tienen.

León Siminiani comparte con Oleaque que la mayor vía para la especulación sigue siendo la fuga de Anglés.

- La incapacidad de dar ningún tipo de noticia sobre su paradero, vivo o muerto, o cómo hizo lo que hizo, es un alimento sin fin para cualquier tipo de especulación.

- ¿Por qué, entonces, apenas la abordáis en la serie? Le pregunto a Siminiani.

- La fuga es tan ingente que es un contenido aparte. Podría ser un suplemento, podría ser una serie sola con Anglés. Nosotros nos planteamos que la digresión que marcaba su fuga era tan bestial que era mejor centrarse en las otras líneas narrativas y dejar esa para lo que pueda haber en el futuro.

Oleaque dedicó dos capítulos a esa fuga en su libro. Un flotador a la deriva en un puerto británico y un barco sin el polizón, es lo último que se sabe.

Cultura

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
12 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios