CONCIERTO EN APOYO A GREENPEACE EN BILBAO

Viento, mar y... canutos: a bordo de un rompehielos con Macaco

El músico catalán ofrece una actuación gratuita en la cubierta del 'Arctic Sunrise' en apoyo a la última campaña de la ONG para exigir la protección de los mares

Foto: Macaco durante el concierto de este jueves en Bilbao en la cubierta del rompehielos de Greenpeace 'Arctic Sunrise'. (Greenpeace)
Macaco durante el concierto de este jueves en Bilbao en la cubierta del rompehielos de Greenpeace 'Arctic Sunrise'. (Greenpeace)

“¡Joder, me estoy pegando un morón…! No hace más que oler a canuto. Me estoy colocando sin fumar”. La lucha del guardia de seguridad por preservar su salud ante quienes hacen cola para acceder al concierto precede a la batalla para concienciar sobre la protección de los océanos que se va a librar poco después. Una actuación de Macaco con ‘sustancia’ entre el público es una realidad tan evidente como la presencia de plástico en los mares. La diferencia, a efectos prácticos, es que el plástico tarda 500 años en degradarse y la ‘maría’ se consume en el organismo con bastante más antelación.

Pero, yendo al fondo de la cuestión –la de los océanos, por supuesto–, el cantante catalán Dani Carbonell ofreció la noche de este jueves un concierto gratuito en Bilbao en la cubierta del rompehielos ‘Arctic Sunrise’ de Greenpeace en apoyo a la última campaña de la organización ecologista, declarada como la “más ambiciosa” de su historia. El buque permanecerá atracado en la Ría de Bilbao hasta el lunes, cuando partirá hacia la Ciudad Pérdida de la Atlántida dentro de la expedición de casi un año de duración que va a recorrer el planeta para documentar las numerosas amenazas que enfrentan a los océanos de cara a que la Organización de Naciones Unidas (ONU) se comprometa a proteger al menos el 30% de los océanos para 2030 –en la actualidad este ‘escudo’ no llega al 3% de los mares–.

Macaco, músico activista y activista músico por vocación –en este caso el orden de los factores "no altera el producto"–, está acostumbrado a llevar su música a lugares que se escapan de lo común. Ha tocado encima de un camión en el desierto en medio de los campamentos de refugiados saharauis, en favelas de Brasil, en cuevas... Lo de un barco no es nuevo para él. Recuerda que “hace muchos años”, en un trayecto a Menorca, la liaron gorda. “Sacamos las guitarras y montamos un pollo de la hostia, con todo el mundo bailando”, rememora.

Macaco se dirige al público que seguía el concierto en el muelle. (Greenpeace)
Macaco se dirige al público que seguía el concierto en el muelle. (Greenpeace)

Pero hay una diferencia sustancial con lo de este jueves en Bilbao. Entonces, era fiesta por fiesta. Ahora, es fiesta por compromiso social, por reivindicación medioambiental. Fiesta por la "madre Tierra". Este activista “de siempre” de Greenpeace, profundamente ligado a sus luchas, se vistió de ‘músico verde’ para cantar en defensa de la protección de los océanos ante centenares de personas que siguieron la actuación en la cubierta del barco –con invitación– o desde el muelle, junto al Museo Marítimo de Bilbao, muy implicados con el mensaje al son de sus temas más sonados.

Fue un concierto en formato acústico, apoyado en dos guitarras y un teclista por exigencias del espacio, en el que Macaco evidenció su doble faceta de activista a bordo de Greenpeace y a los mandos del escenario. Cantó, bailó, se implicó con el público… Hubo sones reivindicativos, pero también ritmos festivos, reggae o rumba, llevando a las cotas más altas la máxima de Emma Goldman de “si no puedo bailar tu revolución no me interesa”. Los más implicados en cubierta eran los 18 tripulantes del rompehielos, de 14 nacionalidades, que no paraban de gritar “¡party!” mientras movían –algunos simplemente lo intentaban– sus cuerpos.

Fue salir Macaco a la cubierta y hacer acto de presencia el viento: "Espero que no sea una metáfora de lo que le aguarda a la expedición"

Había alerta por viento en la costa de Vizcaya, pero el despejado cielo de los prolegómenos no llamaba a la preocupación. Aunque fue salir Macaco a la cubierta y hacer acto de presencia Eolo. “Espero que no sea una metáfora de lo que le aguarda a la expedición”, espetó un integrante de Greenpeace. Pero hubo fiesta en paz. El viento se dejó notar y los negros nubarrones surgieron de la nada –incluso algunas gotas de lluvia se colaron como polizones–, pero dejaron que el ciclón fuera la causa solidaria. Fueron 40 minutos de concierto donde sonaron los "himnos conservacionistas" de la discografía de Macaco. En cubierta, en tierra firme y también en las redes sociales se pudo escuchar ‘Moving’, ‘Semillas’, ‘Viva la vida’, ‘Bailó la pena’, 'Con la mano levantá' o la ecologista ‘Blue (Diminuto Planeta Azul)’, el tema que lidera el reciente disco de Macaco, ‘Civilizado como los animales’, un título ya de por sí muy evocador. “El momento es ahora. Necesitamos leyes para frenar el cambio climático ya. Hay que presionar a los políticos. Estamos cansados de tanta hipocresía política”, clamó el cantante desde la cubierta. "No jodamos el planeta con los plásticos", gritó entre el rugido del público.

Macaco pide a una integrante de Greenpeace que le fotografíe delante del barco 'Arctic Sunrise'. (J. M. A.)
Macaco pide a una integrante de Greenpeace que le fotografíe delante del barco 'Arctic Sunrise'. (J. M. A.)

“Me considero un ‘blue fighter”, confiesa Macaco a El Confidencial a las puertas de adentrarse en esta batalla solidaria en el 'Arctic Sunrise'. Eso sí, la suya –precisa–, es una lucha “sin panfletos, sin querer adoctrinar a nadie, sin querer ir de profesor”. Es cuestión de enfundarse el traje de “aprendiz de vida” y “decir las cosas de forma clara”. Como que los efectos del cambio climático ya se van a notar con fuerza para 2050. “¡Si esto es mañana!”, exclama, para advertir de que la lucha en defensa de la conservación del planeta “no es una cuestión generacional, de razas, de colores o de partidos, sino de todos”. “No podemos permitir las conductas extremistas de los partidos políticos de que o estás conmigo o estás contra mí en esto del cambio climático”, asevera.

Como dice la letra de ‘Blue’, el gran himno conservacionista del último trabajo de Macaco –la canción está inspirada en el científico Carl Sagan y la fotografía más lejana del Planeta Tierra, y cuenta con la colaboración de Jorge Drexler y Joan Manuel Serrat– “las estrellas dicen que nosotros somos los fugaces”. O, lo que es lo mismo, “nuestra alimentada auto importancia, nuestra falsa proyección de una posición privilegiada, nuestro ego comiendo vidas por la gloria de un momento, nuestro eco apenas llega unos milímetros en la perspectiva del universo”.

La cuestión de la ecología, de la conservación del planeta, es una cuestión de “supervivencia” pero también “de amor”. “Sé que suena muy naif, muy hippie, pero para nada soy hippie. Es que me encanta el mar, la montaña.. Benditas estas cosas reales”, defiende quien está casado de por vida con las iniciativas de Greenpeace. “Hemos hecho tantas acciones…”, pone de manifiesto. En su faceta de músico activista –o activista músico–, Macaco está habituado a escuchar esa pregunta de “¿realmente sirve para algo lo que hacéis?”. Y la respuesta llega por costumbre: “Te podría sacar una lista enorme”. En esta nómina de éxitos hay la paralización de algún complejo hotelero en la costa, de las prospecciones de petróleo en Baleares… “Es cierto que muchas cosas no se consiguen. Por cada ‘sí' hay 300 ‘noes’, pero seguiremos ahí en la pelea”, constata, fiel a una "tradición familiar"en defensa de la naturaleza y de los derechos sociales.

Un momento del concierto de Macaco este jueves en el 'Arctic Sunrise'. (Greenpeace)
Un momento del concierto de Macaco este jueves en el 'Arctic Sunrise'. (Greenpeace)

Acción, reacción, repercusión. La máxima de Macaco para el momento presente. Ahora bien, y mirando a los años venideros, ¿qué letra le espera a la canción del futuro del planeta? ¿Estará marcada por la tristeza, la esperanza, la amenaza…? “Estamos jodidos”, es su reacción –y no hace falta aludir a la repercusión–. “Pero sabemos lo que queremos”, canta a continuación acogiéndose a otra máxima, en esta ocasión la de Ketama. Pero el tono bromista pronto se transforma en seriedad. “No sé, no sé. Hay una línea interesante, no sé si fina o gorda, entre el realismo y el positivismo. Intento ser positivo, ver el vaso medio lleno, pero también hay que tener un punto realista”, señala.

¿Soñador o iluso? “Iluso, para nada. No tengo un pelo de iluso. Y soñador, siempre. De lo contrario, todo sería muy aburrido. La realidad sin soñar, sin imaginar…”, expone. Puestos a soñar, el cantante catalán, desde la cubierta del ‘Arctic Sunrise’ pide “seguir luchando por todos nosotros, por nuestros hijos y por las generaciones que vienen”. “Nos vemos por el camino”, se despide del público entregado que hace la ola y le implora una canción más para que la fiesta prolongue la reivindicación. El silencio vuelve al barco de Greenpeace. Pero va a ser un silencio breve. El rompehielos, que desde 1996 surca los mares de las regiones polares, hablará hasta el lunes en Bilbao con las jornadas de puertas abiertas programadas por la organización ecologista, antes de partir rumbo al Atlántico para proseguir con su lucha a favor de los océanos. El objetivo que persigue la ONG es que Naciones Unidas apruebe el Tratado Global de los Océanos en 2020. Por delante, muchas millas por navegar y cantar.

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