Terminator en Budapest: ¿capital del cine europeo o capital del odio?

Viktor Orban proyecta su pulso contra la UE desde Budapest, capital de Hungría y de la memoria cinematográfica de Europa

Foto: A government billboard is seen in budapest
A government billboard is seen in budapest

Tras 150 años de abstinencia, este año los húngaros vuelven a brindar con cerveza. No es que hasta ahora no bebieran cerveza, es que no brindaban con ella desde que lo hicieran los Hasburgo para celebrar la derrota de la revuelta húngara de 1848. Lo que había empezado como una de las muchas revoluciones que aquel año recorrieron Europa, derivó en una guerra por la independencia contra el Imperio Austrohúngaro y la corte de Viena acabó ejecutando a sus líderes. En homenaje a los héroes del levantamiento del 15 de marzo -una de las tres fiestas nacionales- los húngaros prometieron no brindar con cerveza durante siglo y medio.

Y lo cumplieron. Hace unos días, Gyöngyi, trabajadora de la industria del cine húngaro de paso por Madrid, tomando una caña en el Café Ocho y Medio repasaba la historia de su país haciéndola avanzar y retroceder como una grabación. “Ahora ya podemos brindar con cerveza”, dijo. Pero no veía muchos motivos para ello. “En Hungría hay más estadios de fútbol que hospitales. Y sí, fuimos buenos. En el 56”, dijo adelantándose al tópico. “Pero seguimos hablando de Puskas”, remató. Luego apuntó directamente al primer ministro, Viktor Orban: “Está obsesionado con el fútbol”, entre otras cosas, según ella. “Yo estoy a favor de cuidar tu historia, tu cultura, tu idioma, pero él juega con ese sentimiento”, añadió.

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El fútbol es solo uno de los motivos de orgullo nacional en Hungría, donde la melancolía se ha hecho hegemónica. El cine podría ser otro. Pero como es más minoritario, pasa más desapercibido, sobre todo fuera de la capital. Pero no fuera de Hungría. 'El hijo de Saúl' ganó en 2016 el óscar a mejor película de habla no inglesa, entre otros muchos premios internacionales; y 'Sing', al año siguiente, el óscar al mejor corto. En 2018, otra película húngara, 'En cuerpo y alma', ganó el oso de oro en Berlín y fue nominada al oscar a mejor película de habla no inglesa.

Pero la fuerza cinematográfica húngara no aparece solo en sus películas. 'La Reina de España', dirigida por Fernando Trueba y en la que Penélope Cruz encarnó a Isabel La Católica, se rodó en Budapest, como tantas otras producciones europeas.

Desde hace 15 años, la capital húngara es la localización elegida cada año por decenas de producciones internacionales para rodar historias que transcurren en París, Londres, Roma o Madrid. 'Solo en Múnich' (2005), dirigida por Steven Spielberg, aparecían Roma, París, Amsterdam y Londres como escenarios, todos rodados en Budapest. “Múnich sigue siendo el mayor ejemplo de este fenómeno”, cuenta por teléfono Ádám Názer, autor y jefe de producción, que trabajó en 'El hijo de Saúl'. Názer es autor de una guía de Budapest (“Rodado en Budapest”, sin edición española), donde la ciudad aparece transfigurada en todas las ciudades que ha sido en pantalla. La propia arquitectura de la ciudad brinda la plasticidad necesaria, según Názer, y es parte de su atractivo cinematográfico.

Una ciudad herida

Pero Budapest es el escenario sobre todo de la memoria europea. A menudo, las películas que se ruedan allí hablan del pasado dividido del continente y de sus heridas, contribuyendo así a que suturen. El hijo de Saúl, sobre el Holocausto, pero también la miniserie española 'El ángel de Budapest'(2011), inspirada en la historia del embajador español en Hungría durante la Segunda Guerra Mundial, Ángel Sanz-Briz, que ayudó a salvar a miles de judíos, son ejemplares.

Ángel Sanz Briz, el ángel de Budapest.
Ángel Sanz Briz, el ángel de Budapest.

El próximo domingo, sin embargo, es el futuro el que sale realmente a escena en las elecciones europeas. Y el gobierno de Orban, algunas de cuyas nuevas leyes están bajo la lupa de la Unión Europea por violentar sus valores fundacionales, tratará de proyectar sobre las urnas el pulso que mantiene contra Bruselas.

En abril de 2017, la Comisión Europea ya señaló, según recoge una resolución del Parlamento europeo de septiembre pasado, que el Gobierno de Orban había organizado una consulta popular bajo el lema 'Paremos a Bruselas' que “contenía varias pretensiones y alegaciones materialmente incorrectas o extremadamente engañosas”.

La paradoja no es nueva para esta capital visagra. Atravesada por el Danubio, que en la superficie la divide pero que en el fondo reúne sus dos núcleos urbanos originales, Buda y Pest, está atravesada también por la corriente de la historia de Europa central. A lo largo de los siglos ha sido territorio otomano, provincia imperial austrohúngara, reino sin rey en entreguerras y escaparate del comunismo frente a Occidente durante la Guerra Fría. Ahora, como sede del gobierno de Orban, reivindica el espejismo de una Unión Europea a la carta.

Viktor Orban preside el 15 de Marzo en Budapest el Desfile del Día Nacional de Hungría. (Reuters)
Viktor Orban preside el 15 de Marzo en Budapest el Desfile del Día Nacional de Hungría. (Reuters)

El propio Orban, que acaba de trasladar el cuartel general de su gobierno a Buda, el barrio de las colinas y los nuevos ricos, y uno de los pocas zonas que todavía se resisten a su mayoría absoluta, encarna y gobierna esa paradoja. “Joven demócrata” becado por el inversor y filántropo americano de origen húngaro, George Soros, cuando Budapest era todavía un satélite comunista, y líder de la oposición democrática hace treinta años, Orban ha hecho de la lucha contra la sociedad abierta y los valores liberales que Soros representa, y la UE articula, su actual caballo de batalla. La inmigración musulmana, que en la realidad húngara representa un porcentaje ínfimo, es su ale-ale preferido.

En 1989, Gyöngyi llevaba ya varios años trabajando en el cine y recuerda a Orban en la Plaza de los Héroes al grito de 'Rusos Go Home': “Ahora [el presidente ruso, Vladimir] Putin es su aliado”, señala. “Putin, Trump y [el presidente de Turquía, Recep Tayyip] Erdogan”, añade. El partido de Orban se había fundado un año antes como Alianza de Jóvenes Demócratas (Fidesz). “Ahora ya no son jóvenes ni demócratas”, dice Gyöngy (nombre supuesto), quien prefiere no figurar con su identidad real para poder seguir trabajando cuando vuelva a Hungría.

Orban ha pasado de gritar 'Rusos Go Home' a convertirse en el más firme aliado del presidente Putin

La capitalidad cinematográfica de Budapest se ha forjado en los últimos quince años, aunque la versión oficial se remita sobre todo al periodo de Orban. “Desde 2010 tenemos un gobierno con una legitimidad democrática muy grande”, señalan fuentes de la embajada húngara en Madrid, poniendo por delante las dos ideas fuerza con las que oficialmente se explica casi todo lo relevante que pasa en Hungría. El año en que el partido del primer ministro actual consiguió la mayoría absoluta, por un lado. “Desde 2010, se han empezado a fomentar reformas y nuevas visiones que pueden aportar una mejor visibilidad y mayores éxitos, como en el caso del cine”, añaden esas mismas fuentes.

¿Democracia sin democracia?

Por el otro, y mucho más importante que la fecha, es la segunda idea, porque en ella se trasluce la consecuencia decisiva de aquel triunfo: la transformación de la democracia únicamente en el régimen de la voluntad mayoritaria, a despecho de cualquier otro principio democrático e incluso del calendario. Budapest empezó a forjarse su ventaja competitiva en 2004, gracias a una ley de ayudas directas que compensa con devoluciones fiscales hasta el 30% de lo que la productora se gasta en Hungría, según varias fuentes consultadas, entre ellas de producciones españolas. La Oficina Nacional de la Cinematografía se creó también en 2004.

Sin embargo, es cierto que el nombramiento del productor americano de origen húngaro, Andrej Vajna, como Alto Comisionado para el Cine de Hungría por el gobierno de Orban, supuso un excelente trampolín internacional. Vajna, aunque nació en Budapest, se hizo adulto y productor de éxito en Estados Unidos. Productor ejecutivo de varias de las películas de Rambo, Terminator y el biopic Evita, esta última rodada también en las calles de Budapest, Vajna falleció el pasado 20 de enero en Budapest, a los 74 años.

Bruce Willis y el director irlandés John Moore durante el rodaje de 'La jungla de cristal 5' en Budapest, Hungría. (EFE)
Bruce Willis y el director irlandés John Moore durante el rodaje de 'La jungla de cristal 5' en Budapest, Hungría. (EFE)

Además del éxito de sus películas, la inversión de las productoras internacionales en Hungría se ha multiplicado por seis en los últimos años: en 2012 apenas se rebasaban todavía los 50 millones de euros, frente a los 290 alcanzados el año pasado (en 2016 fueron 329 millones), según los datos oficiales del gobierno húngaro. Vajna ya no podrá completar, sin embargo, uno de sus proyectos más ambiciosos y motivo de orgullo nacional: una gran película húngara sobre un militar célebre, Janos Hunyadi, que lideró la resistencia contra los turcos en el siglo XV. El “doble sentido con lo que pasa ahora” es evidente, en opinión de Gyöngyi, que trabaja en el mundo del cine dentro y fuera de Hungría.

El discurso contra la inmigración y la supuesta invasión musulmana se juega parte de su sentido en las elecciones del domingo. De hecho, la inmigración y la supuesta política de “puertas abiertas” de la Europa de Merkel es el estandarte favorito de Orban contra Bruselas. “Dentro de la UE, Hungría es el país donde más apoyo tiene la UE entre la población. No tendría sentido que un gobierno vaya contra su pueblo”, resumen en la embajada húngara. Lo del antieuropeísmo, añaden, es una “etiqueta” que ponen “los medios y las fuerzas de izquierda”.

Hungría es el país donde más apoyo tiene la UE entre la población. No tendría sentido que un gobierno vaya contra su pueblo

En todo caso, la política de Orban está lejos de alinearse con el sentido común europeo, ese supuesto “mainstream progresista” de la UE -así lo definen en la embajada- —que comandarían Merkel y Macron. “El gobierno de Orban es conservador, patriota y defiende las raíces cristianas de Europa”, afirman esas mismas fuentes. El parlamento europeo, por si acaso, activó el pasado septiembre un procedimiento sancionador previsto en los tratados por la presunta vulneración de valores fundamentales de la UE por parte del legislador húngaro.

La propuesta del europarlamento denuncia precisamente esa tendencia a fiarlo todo a la voluntad popular, incluso el derecho a odiar al otro, sean inmigrantes musulmanes como los refugiados sirios que pasaban por Hungría camino de Alemania y Suecia, o inversores y filántropos judíos, como Georges Soros. “En los últimos años, el Gobierno húngaro ha recurrido en muchas ocasiones a las consultas nacionales. […] En mayo de 2015, […] celebró consultas sobre inmigración y terrorismo y en octubre de 2017 contra el supuesto 'plan Soros'. Estas consultas establecían paralelismos entre terrorismo y migración e inducían al odio hacia los migrantes y estaban dirigidas, en particular, contra George Soros y la Unión”, recoge la propuesta del Europarlamento.

De momento, la llamada ley “Stop Soros” ha llevado a su fundación, la Open Society, a trasladar las oficinas que tenía en Budapest a Berlín. “Con la nueva ley, el Ministerio del Interior podía enviar a la policía a registrar nuestras oficinas y ordenadores”, según un portavoz oficial de organización en Berlín. “La policía y las autoridades húngaras podían bloquear así incluso nuestras actividades a nivel internacional, por lo que de haber seguido allí no podríamos haber defendido la integridad y la seguridad de nuestra organización”, añade. En Budapest, la realidad empieza a parecerse peligrosamente a algunas ficciones.

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