72 EDICIÓN DEL FESTIVAL DE CANNES

Así acabó Nápoles con el dios Maradona: cocaína, prostitutas y líos con la Camorra

El documentalista Asif Kapadia presenta en Cannes fuera de concurso un documental sobre el futbolista que no ha acabado de convencer

Foto: Fotograma del documental de Asfi Kapadia 'Diego Maradona'
Fotograma del documental de Asfi Kapadia 'Diego Maradona'

Para los expertos en la obra y milagros de Diego Maradona, que no quiso ser santo, pero sí Dios, el documental de Asif Kapadia probablemente no tenga mucho más aliciente que el de revivir el momento culmen de la carrera del que para muchos es el mejor jugador de la historia del fútbol. Recuperar ese regate imposible o aquel gol por la escuadra o el penalti decisivo de tal o cual final. Y la mano, claro. Pero para los legos en la materia, como la que escribe, el metraje recuperado por Kapadia empuja a un cambio de perspectiva sobre un personaje al que los medios han convertido en una caricatura, en el yonki gordo del que todos esperan la última payasada. Mirad a Maradona, jaleando enloquecido con napia llena de 'polvos de talco'. Mirad el gordo, que casi se desnuca balcón abajo desde el palco. Mirad el tinte rubio pollo de cani pasado de vueltas. Pero los momentos finales de 'Diego Maradona' —así se llama el documental, que se ha proyectado este lunes fuera de concurso en la Sección Oficial de Cannes— son una punzada en el estómago de todos los que han seguido ese juego: Maradona llora en pantalla, porque va perdiendo el combate contra la cocaína por K.O.; Maradona, renqueante, se desespera intentando seguir el ritmo de un partido de aficionados. O, aunque sea, dar un paso sin cojear.

Cantaba Calamaro las bondades de Diego Armando como ser humano, y desde ahí también parte el retrato de Kapadia del futbolista. Su tesis es que entre la persona y el personaje, entre Diego y Maradona, ha habido una lucha titánica por la hegemonía que ha acabado ganando el último. Bien para la prensa amarilla. Mal para él mismo y su familia. "Si no fuese Maradona todavía estaría en Villa Fiorito", se justificaba el futbolista en una entrevista en los ochenta. Porque gracias a su carisma y a su control del balón y el espectáculo había podido salir del barrio de chabolas bonaerense —ahora ciudad— y jugar en los mejores clubes del mundo. Lo que tampoco se aireó tanto es que desde los 15 años el jugador se echó a los hombros la responsabilidad de sacar adelante a su padre, madre y cuatro hermanas. "En realidad yo jugué al fútbol pensando comprarles una casa a mis padres y nunca volver a Villa Fiorito", confiesa. Lo de la droga, la prostitución, el hijo ilegítimo y la Camorra napolitana vendría después.

Otra imagen de 'Diego Maradona'.
Otra imagen de 'Diego Maradona'.

La excentricidad de Maradona se puede entender como la necesidad de demostrarse único. El abrigo de pieles, el pendiente de diamante, la mullet ochentera son un grito individualista. "Yo quiero ser simplemente Maradona. Ni sucesor de Pelé ni un segundo Pelé", se queja. Para el argentino, además, la gloria era más importante que la plata. O eso decía. Hasta que se quedó sin la segunda y tuvo que abandonar el Barcelona camino de Nápoles.

Maradona se fue del Club Barcelona arruinado

Y es aquí donde la historia de Diego Armando trasciende a su propia figura y se convierte en un relato antropológico y político que hurga en una estructura social que pivota alrededor de algo tan pasional como el fútbol. Y la casa de la mafia napolitana, la región más deprimida de Italia —y en ese momento también de Europa— es el escenario ideal para mostrar la parte más descabellada y absurda de un deporte que se ha convertido en religión y que encumbra a las grandes estrellas a nivel de dioses. "La ciudad más pobre de Europa acababa de fichar al jugador más caro de la historia". Así es el ser humano. Era 1984 y Maradona no sabía lo que le venía encima.

Otra imagen de Maradona.
Otra imagen de Maradona.

Para sorpresa de los prejuicios, Maradona aparece como un personaje bastante locuaz e incisivo. Cuenta que a su llegada a Nápoles, el club empezó a enseñar sus cartas marcadas: "Les pedí una casa y me dieron un apartamento. Les pedí un Ferrari y me dieron un Fiat". La decisión del argentino a un equipo que nunca había ganado nada desconcertó a muchos en su momento. ¿La explicación sincera? Que nadie quería fichar a quien unos meses antes había sufrido una rotura de tobillo y había estado medio año alejado del césped.

A su presentación en Nápoles acudieron 85.000 aficionados que lanzaron bengalas

Dijo él en su momento que había llegado a Nápoles buscando tranquilidad. Su tranquilidad acabaron siendo la relación de amistad con Carmine Giuliano, cabeza de una de las principales familias de la Camorra, y el acoso de los medios y la afición napolitana: a su presentación acudieron 85.000 aficionados que lanzaron bengalas, como en una final de ultras. Dice Maradona que se sentía como en una película de 'El Padrino'. El problema fue que de película poco, y que el futbolista se había metido en una red de favores que se acababan cobrando.

Otra imagen de la familia Maradona.
Otra imagen de la familia Maradona.

Después de una primera temporada en la que Maradona no encontró la forma de acoplar su juego al estilo italiano, el jugador llevó al equipo napolitano a su época dorada: liga, copa y UEFA para una formación que no solía subir del octavo puesto. Maradona no solo se convirtió en el salvador del Nápoles; también de Nápoles. La región más ninguneada de Italia, a la que las provincias del norte llamaban africanos, sucios, iletrados, se reivindicaba como líder en un tema tan capital en el país mediterráneo como el fútbol.

El principio del fin ocurrió cuando Maradona quiso abandonar el club, pero ni el club ni la Camorra ni Nápoles quisieron dejarle ir

En tiempos de la profesionalización extrema y el lujo en el negocio, sorprende cómo treinta años atrás el fútbol era una industria más de estar por casa, en la que se jugaba con socavones en el campo y la selección argentina comía asado preparado por el padre del jugador —y no de un chef de n estrellas Michelín— en platos desechables. La distancia entre los futbolistas y la prensa era mucho más corta y el presidente de un club podía decidir sobre el futuro del astro más grande del deporte. Hoy son los jugadores los que destituyen a sus jefes.

Cartel de 'Diego Maradona'
Cartel de 'Diego Maradona'

El principio del fin ocurrió cuando Maradona quiso abandonar el club, pero ni el club ni la Camorra ni Nápoles quisieron dejarle ir. El director de los documentales 'Senna' y 'Amy', entre otros, reconstruye el cambio de percepción del jugador por parte de la prensa y de la sociedad italiana. Tampoco ayudó la semifinal que enfrentó en el estadio napolitano a Argentina y a Italia en el Mundial de 1990 y en la que Maradona pidió el apoyo al país latinoamericano de la afición napolitana, que se lo tomó como una afrenta.

La caída en barrena de Maradona es espectacular. Sin el apoyo de la mafia ni de las instituciones, héroe en desgracia, su declive es espectacular. Todos sus escándalos de droga, prostitución y relaciones con la mafia saltan a los medios de comunicación y el futbolista tiene que abandonar el país casi de tapadillo, después de enfrentarse a un juicio por narcotráfico en el que lo condenaron a 14 meses de cárcel —que no cumplió— y a una sanción por consumo de cocaína que le alejó del campo durante año y medio, lo que precipitó su aumento de peso y disparó su consumo de cocaína. Como la estatua de Saddam, a Maradona le bajó del pedestal su propio pueblo.

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