ESTRENO

'Falstaff' en el teatro Real, la última carcajada de Verdi

Tras 17 años de ausencia, el Teatro Real de Madrid estrena una nueva producción con dirección de escena de Laurent Pelly y bajo la batuta de Daniele Rustioni

Foto: 'Falstaff'
'Falstaff'

“Soy yo quien permite que os riáis de mí. Mi propia burla crea la burla de los demás”. Verdi, el gran prestidigitador dramático, al final de su creación artística, a los 80 años y tras 26 tragedias, decidió despedirse del mundo con una carcajada rotunda. 'Falstaff' es la última hilaridad del sabio vivo, la comedia inesperada del anciano maestro, el resumen de toda una vida. No en vano, la obra simboliza la cumbre del saber de Verdi y, desde el punto de vista técnico, se presenta como el escalón más alto que alcanzó el compositor en toda su carrera.

Tras 17 años de ausencia, el Teatro Real de Madrid estrena una nueva producción de Falsaff bajo la batuta de Daniele Rustioni con dirección de escena de Laurent Pelly, una versión que se convierte en una envite seguro puesto que el director de escena ya ha triunfado en el coliseo madrileño con 'La hija del regimiento' (2014), 'Hansel y Gretel' (2015) y 'El gallo de oro (2017)'.

Falstaff es teatro en estado puro. “Es una obra maestra absoluta e incontestable que no ha hecho más que crecer desde que se estrenó en la Scala de Milan en 1893”, destaca Joan Matabosh, director artístico del Teatro Real. El libreto, escrito por Arrigo Boito, está inspirado en pasajes de ‘Las alegres comadres de Windsor’, ‘Enrique IV’ y ‘Enrique V. Inevitablemente, el espíritu de Shakespeare rezuma entre sus versos y entre los acordes de la partitura. El tándem Boito-Verdi recupera a un anciano Sir John Falstaff, antiguo compañero de armas del futuro Enrique V de Inglaterra, hoy abandonado a la bebida, a la gula, a la lascivia y a la fanfarronería; marchito, escaso de dinero, grotesco y presuntuoso, pero dueño de un talento cínico y una inteligencia hedonista que le otorgan un irresistible atractivo.

Laurent Pelly en un ensayo de 'Falstaff'. (Javier del Real)
Laurent Pelly en un ensayo de 'Falstaff'. (Javier del Real)

Convertido en caricatura de sí mismo, Falstaff se comporta como un ladrón dispuesto a enredar a los débiles y a aprovecharse de los pobres. En esta ocasión Falstaff, interpretado por Roberto De Candia y Misha Kiria, persigue el amor de dos mujeres de la alta burguesía inglesa, Alice Ford, encarnada por Rebecca Evans y Raquel Lojendio, y Meg Page (Maite Beaumont y Gemma Coma-Alabert) para acceder al dinero de sus ricos maridos. Ellas se dan cuenta de la encerrona y deciden vengarse. Serán ellas las que organicen una encerrona al fanfarrón de Falstaff.

Verso a verso, El borrachuzo, glotón se transmuta en un ser vital despojado de cualquier sentido moral. Algo que queda claro en su monólogo del honor. “¿Puede el honor arreglarme una pierna? No ¿O un brazo? No ¿O aliviarme el dolor de una herida? No. Entonces, el honor no tiene dotes de cirujano. ¿Qué es el honor? Una palabra ¿Qué hay en esa palabra honor? ¿Qué es el honor? Aire”.

Hablan los dos Falstaff

Roberto De Candia y Misha Kiria se repartirán las 11 funciones de 'Falstaff', un personaje que en cierto modo representa el alter ego de Verdi. Entre ellos existe una diferencia de 20 años y cada uno afronta el reto a su manera. “Es un papel que suelen interpretar cantantes en la segunda mitad de su carrera, pero al ser tan complicado musicalmente, un cantante joven está más capacitado para alcanzar toda la coloratura”, explica De Candia. “Se trata de un personaje que necesita equilibrio entre la madurez y una voz capaz de llegar. Yo debuté con 'Falstaff' en 2001, con la edad de Misha, y en estos 20 años el papel nunca ha sido el mismo, cada una de las más de 20 producciones que he protagonizado han sido diferentes, pero considero que para mí fue primordial debutar joven”.

Falstaff posee la sabiduría de los ancianos: ellos saben que muchas cosas que nos parecen importantes, no lo son de verdad

Por su parte, Kiria defiende que debes nacer siendo Falstaff. “Esta es mi cuarta producción y si no disfrutas con el personaje, si no disfrutas la música, no puedes seguir. No sé si cuando tenga 60 años cantaré esta opera, pero todos los día encuentro algo nuevo”. Poco a poco, el público se reconoce en Falstaff porque todos alguna vez en la vida hemos sido como él. “Falstaff posee la sabiduría de los ancianos, ellos, que ya han vivido, saben que muchas de las cosas que nos parecen importantes, no lo son de verdad. Los ancianos son como niños, el cuerpo quiere volar, pero no puede. Ellos vuelan con el alma”.

Laurent Pelly traslada la acción al siglo XX, se percibe cierta contemporaneidad, pero no queda muy clara puesto que por momentos su propuesta se sitúa entre el sueño y la realidad. Ahora bien, desde la primera escena del primer acto, ya se intuye la primacía del anciano, todos los personajes giran en torno a su órbita. “Falstaff es como la vida”, confiesa De Candia. Esta obra, testamento vital de Verdi, es un gran poema sinfónico al que no se le puede ni añadir ni quitar nada. Incluso el texto es genial. “Para un italiano es dificilísimo así que imagina para un extranjero”, apunta De Candia.

“Todo lo que dice tiene un doble sentido”, interrumpe Misha.

“Las palabras, a menudo, son majestuosas. Boito realizó un trabajo altísimo y el resultado es un libreto muy literario. Es la critica de un hombre que vive en una sociedad en la que ya no se puede reconocer”, matiza De Candia.

Se trata de una ópera brillante, compleja y difícil de interpretar cuyos acordes suenan entre las butacas como un reloj de la mano de Daniele Rustioni y de la orquesta. “De 28 operas el maestro escribió sólo dos cómicas, ambas en un periodo en el que el destino lo abofeteó. La primera, justo después de perder a su mujer y a sus dos hijos. Es como si quisiera gritar: ‘me maltratas y yo te sonrío’. La segunda la escribió cuando entendió que el final estaba cerca. Sus ultimas palabras lo dicen todo: “El mundo es una broma porque esto es muy pesado”, destaca Kiria.

Paradójicamente uno de los fragmentos musicales que estuvo compuesto en su forma definitiva fue la fuga final, una fuga acorde al espíritu de Falstaff, una fuga divertida con la que Laurent Pelly guarda una sorpresa final para el espectador. No es cuestión de hacer spoilers, pero tengan en mente el esperpento, el callejón del gato y los espejos cóncavos y convexos de Valle Inclan. Todos somos Falstaff.

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