el fenómeno

Revolución Instagram: los nativos digitales que tomaron la poesía al asalto

¿Por qué en los últimos años han triunfado –han vendido miles de ejemplares e incluso han ganado premios- jovencísimos poetas nacidos al albur de las redes sociales?

Foto: El logo de Instagram. (Reuters)
El logo de Instagram. (Reuters)

Cindy Lauper pudo haber sido la reina de los ochenta, pero una tal Madonna Louise Veronica Ciccone le usurpó el puesto. Pocos meses después de que todo el mundo cantara la divertida, fresca, pero a la vez ingenua 'Girls wanna have fun' en 1983, un estribillo con las letras de 'Like a virgen', provocadoras y sensuales –en el vídeo musical salía hasta un león- rompía todas las listas de ventas. Madonna se contoneaba, era diversa, era otro tipo de chica. Y captó el espíritu ochentero. El zeitgeist, el paradigma de la modernidad. Ella no hablaba de salir de fiesta, sino de follar. Era otra cosa.

'La lira de las masas'. (Páginas de Espuma)
'La lira de las masas'. (Páginas de Espuma)

Esta metáfora le sirve al poeta y ensayista Martín Rodríguez-Gaona para explicar por qué en los últimos años han triunfado –han vendido miles de ejemplares e incluso han ganado premios- jovencísimos poetas nacidos al albur de las redes sociales. Autores como Elvira Sastre –un fenómeno fascinante- Defreds, Loreto Sesma, Irene X, srtabebi o César Brandon han captado el nuevo paradigma: la exposición pública frente a la lectura silenciosa, una mayor sensibilidad, la interactividad, la diversidad, las posibilidades multimedia de las redes (hay palabras, pero también fotos, vídeos), la simplificación del lenguaje, la pérdida de autoridad de los libros impresos, todo lo licuado que permite el siglo XXI. “Madonna no era la mejor, pero sí la más versátil. Estos poetas han captado la identidad electrónica actual”, argumenta el escritor, que ha volcado estas ideas en el ensayo 'La lira de las masas'. Internet y la crisis de la ciudad letrada (Páginas de Espuma), ganador del X Premio de Ensayo Ciudad de Málaga. Si Madonna era la más moderna, estos autores son los más posmodernos. Barroquismo puro. El signo de los tiempos.

Nada que ver con los blogs

Rodríguez-Gaona publicó hace ya diez años 'Mejorando lo presente. Poesía española última: posmodernidad, humanismo y redes', en el que analizaba la poética de autores como Manuel Vilas, Agustín Fernández-Mallo o Eloy Fernández Porta, que habían publicado parte de su obra en los blogs –después ya darían el salto al libro impreso- en la primera década de los 2000. Las tecnologías de entonces también permitían nuevas formas de distribución, forma y discurso; sin embargo, estos autores, nacidos en la década de los sesenta y setenta, guardan grandes diferencias con los actuales. Para empezar son escritores que alcanzaron cierta proyección a los treinta años o incluso más tarde. Las nuevas estrellas nacieron ya en los noventa y son, principalmente, nativos digitales. Es decir, llegaron al mundo cuando Internet ya era de consumo popular y las redes les pillaron incluso cuando aún eran niños. Y, además, han sabido como pocos sacarle jugo a las posibilidades que da el móvil (ya no hace falta sentarse siquiera delante de un portátil) para compartir y multiplicar sus poemas. Y solo tienen veinte años. De hecho, cualquiera que supere los 35 años está bastante fuera de este fenómeno.

Elvira Sastre. (EFE)
Elvira Sastre. (EFE)

Así que sí, es probable que Vilas y a Fernández-Mallo tuvieran muchos lectores en sus blogs, pero la capacidad de mover un poema –y tu propia marca- a través de Twitter, Instagram o Youtube es incomparable. El vídeo de Elvira Sastre recitando un poema junto a Diego Ojeda acumula más de 650.000 visitas en Youtube. Poco más que añadir.

El ensayista ve, además, otras diferencias: “La poesía de los nativos digitales, en comparación con sus mayores, es eminentemente menos literaria e intelectual, más cotidiana, personal e incluso antiartística, situándose en ocasiones, en esa sutil y ardua frontera entre lo popular y el populismo”, escribe en el libro. “Utilizan un lenguaje más sencillo, más emocionante, más amateur”, ratifica el escritor, quien además observa el corte brutal con la aparición de las redes sociales. “Los blogs eran una cosa, pero cuando llega Facebook todo cambia y de ahí hemos llegado a Instagram. Y esto es la literatura del siglo XXI, con sus cosas buenas y malas. Si el siglo XX era la innovación y la vanguardia, el siglo XXI es el de la vanguardia populista. La literatura del siglo XX llegaba a un grupo pequeño, ahora se busca a la masa. Esta poesía millennial ha hecho el cambio de paradigma”, sostiene Rodríguez-Gaona.

Es la literatura del siglo XXI con sus cosas buenas y malas. Si el XX era la innovación y la vanguardia, el XXI es la vanguardia populista

No obstante, el ensayista también hace una distinción entre poetas millennials. Y en esta cuestión tienen mucho que ver las estrategias de los grupos editoriales más comerciales. Por un lado reconoce que hubo un primer grupo, en el que incluye los poemas de Luna Miguel o aquellos que publicaron en la editorial La bella Varsovia, de Elena Medel. Según Rodríguez-Gaona, estos autores asumían cierta tradición literaria y sus proyectos eran más ambiciosos y complejos. Era además una época en la que Internet aún se concebía como un espacio democrático, que iba a dar muchas más posibilidades a todos. Aún se creía en que la autogestión nos equipararía a todos.

Pero Internet tampoco ha resultado ser el ágora más democrática del mundo. Llegó una segunda tanda, que son los que se han convertido en grandes vendedores y que llenan espacios dedicados a recitales poéticos, apostando directamente por la empatía popular y el antiintelectualismo. “Buscan fundamentalmente la emotividad y, a través de esta, ser asimilados con mayor facilidad y de manera inmediata, aceptando ser efímeros”, escribe el ensayista.

Consiguieron miles de seguidores en sus redes. Y las grandes editoriales les abrieron sus puertas. Incluso algunas de poesía de prestigio como Visor, que no dudó en publicar a Elvira Sastre. Un fenómeno que, por otra parte, es internacional, como recuerda el ensayista con el caso de la poeta hindú-canadiense Rupi Kaur - mujer, inmigrante y de veintitantos- que vendió cuatro millones de ejemplares de su primer poemario hace tres años. Pero ya era famosa: una foto suya con una mancha menstrual en su pijama tuvo cientos de miles de likes en Instagram en 2015.

Modelo Netflix

El escritor unifica esta poesía bajo la etiqueta de ‘poesía pop tardoadolescente’. En este punto es en el que Rodríguez-Gaona señala que aparece el conflicto actual y que hace que parte de la crítica se haya echado las manos a la cabeza. Por un lado, “es una poesía que se reconoce como producto […] y a su vez como obras con un estatus literario o artístico”, escribe. Y si hace sólo unos años, el reconocimiento venía condicionado por los valores literarios de la forma y el discurso, “en el presente esto viene sustituido por la hegemonía de lo corporativo y su excluyente criterio de rentabilidad económica”. En sentido más prosaico: la crisis es la de la pérdida de la autoridad del libro impreso.

“Son las grandes editoriales las que están capitalizando todo esto, proyectando productos que son los de nuestra época, como aquellos que hablan de la identidad feminista. En realidad, es el modelo Netflix. Es lo que ha sucedido con 'Roma', de Cuarón, o Rosalía. Hay un poder corporativo detrás que hace que te tires dos meses en los que no hablas de otra cosa. Esto es todo lo contrario a lo de la autogestión”, analiza Rodríguez-Gaona.

El gran problema es que la autoridad ya no la tiene el discurso, sino los followers y esto es el corolario de la economía neoliberal

Para el ensayista, que en el libro no trata de forma prejuiciosa a esta poesía –es la de hoy en día y como tal hay que asimilarla- el gran problema es que la autoridad ya no la tiene el discurso, sino la interactividad (los followers) “y esto es el corolario de la economía neoliberal que surgió después de 1989. Internet cambió las mentalidades y también la literatura. Ahora se propicia que todo sea muy binario. O te gusta algo o no te gusta. Y toda esta simplificación propicia la demagogia y el populismo. Ya no estamos ni siquiera en la posverdad, sino en la era del deep fake. Nosotros lo vemos con sorpresa, pero estos poetas lo ven con naturalidad y lo pueden usar a favor o en contra”, afirma.

La conclusión de este ensayo es que la ciudad letrada –la comunidad de lectores, editores, libreros, escritores- “tiene que abrirse a lo digital. No se puede decir que está todo mal, porque tampoco es así”, pero tiene que categorizar la propia poesía y no incluir en el mismo saco un libro de Lorca que a uno “de esta poesía pop tardoadolescente”. “Porque hay algo obvio: quien quiera hacer algo complejo no va a tener 20.000 seguidores”, zanja el ensayista. Y un número tan alto de ventas, tampoco.

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