entrevista

Juan José Millás: "Ni el editor más experto sabe qué libro va a funcionar"

El escritor publica 'La vida a ratos', un falso diario sobre la vida cotidiana y las extrañas relaciones entre los contrarios

Foto: Juan José Millás. (EFE)
Juan José Millás. (EFE)

Juan José Millás ensancha su singular visión de la realidad con un delicioso volumen de anotaciones diarias que nos lleva de los talleres de escritura al sillón del psicólogo, pasando por las pequeñas historias que se oyen en el transporte público. 'La vida a ratos' (Alfaguara) es puro ingenio y ternura, y supone una aproximación quizá íntima a la figura de uno de los autores más representativos de la literatura española de los últimos cuarenta años.

Sin embargo, nada le es más ajeno a Millás que el mundo editorial, que ve en la distancia y preocupado únicamente por alcanzar la gran obra.

PREGUNTA. Por cuarto año consecutivo publicas nuevo libro. No sé si a tu edad y con tu trayectoria publicar libros tiene aún algo de especial, o si te cuesta más incluso escribirlos.

RESPUESTA. No me cuesta más porque tenga más edad, me cuesta más porque soy más crítico. Yo a veces me atasco en una frase planteándome problemas sintácticos que en realidad tengo resueltos, pero que de repente me obsesionan. Con la edad, tu relación con la escritura se va volviendo más compleja. Es curioso, porque debería ser al revés.

P. ¿Cuál es el motor de la escritura después de tantos años, y de algo en tu caso muy parecido al éxito?

'La vida a ratos'. (Alfaguara)
'La vida a ratos'. (Alfaguara)

R. Yo creo que el motor es seguramente la imperfección que percibes en todo lo que has hecho. Siempre crees que lo bueno lo vas a hacer en la siguiente. Yo separo el hecho de escribir de todo lo que conlleva, de publicar, del éxito o no éxito... Estoy seguro de que si no hubiera publicado nada también seguiría escribiendo. Yo tengo una fantasía que sería que a mí me conectaran una vía a la vena y que esa vía estuviera conectada a una pluma, y que yo escribiera con mi propia sangre. Y que fuera muriéndome a medida que me desangraba convirtiendo mi sangre en escritura. Es una fantasía recurrente. A mí lo que de verdad me gustaría sería diluirme, desaparecer en la escritura.

P. Nunca dejar de escribir.

R. Sólo si yo hubiera conseguido escribir lo que a mí me pareciera una obra maestra, lo dejaría, pero entonces me moriría. Como ocurre a la mariposa cuando alcanza la llama de la vela, que es su deseo, que cuando la alcanza se quema.

P. También me admira esta persistencia en escribir y publicar después de muchos años dentro del mundillo editorial, con toda la turbiedad que uno encuentra a veces.

R. Cuando hablas de la turbiedad del mundo editorial no sé a qué te refieres.

P. A que el mundo editorial es bastante agotador, entre otras cosas porque se cruzan a menudo las ambiciones patológicas de unos y otros.

R. Quizá se deba al hecho de que yo no vivo en un mundo literario. Yo por ejemplo no tengo amigos escritores. Tengo una relación excelente con Gonzalo Suárez. Y él me dice a mí: Eres el único amigo escritor que tengo.

Juan José Millás. (EFE)
Juan José Millás. (EFE)

P. A lo mejor viste enseguida que no te aportaba nada...

R. No sé si fue instinto, pero tiene más que ver con que yo no tengo muchas habilidades sociales. Yo en una fiesta de escritores me encuentro muy incómodo. Tuve la suerte de que mi primera novela ganó un premio que tenía cierto prestigio, el Sésamo, y ahí se empezó a encarrilar mi vida de escritor. Pero me hace mucha gracia cuando leo cosas así rencorosas de escritores de provincias que dicen: Claro, porque yo no estoy en los cenáculos literarios. Yo no sé lo que es un cenáculo literario, y vivo en Madrid. La gente tiene unas fantasías, y las proyectan sobre ti, pensando que estamos todos en esos cenáculos.

P. Te reconozco que esta visión me parece algo ingenua...

R. La fantasía es que para publicar tienes que tener amigos, y no es eso, yo publiqué sin amigos y conozco a mucha gente que ha publicado sin tener amigos. Cuando me preguntan qué hay que hacer para publicar, digo: "Haz siete copias y envíalas a la siete editoriales que conecten con tus intereses y ya te contestarán porque todas tienen un comité de lectura".

La fantasía es que para publicar tienes que tener amigos, y no es eso, yo publiqué sin amigos y conozco a mucha gente igual

P. Los escritores jóvenes creen que nadie los leerá si no media alguna recomendación...

R. Ahora la rotación es de una crueldad tremenda. Cuando yo era joven, si se publicaba un libro que era para ti, tú te enterabas. Ahora yo me entero de libros que estaban escritos para mí con tres años de retraso. ¿Cómo es posible que nadie me avisara de que se había publicado ese libro? Se publicaba menos, pero quien te tenía que leer te leía.

P. Después de alcanzar cierto nombre con un puñado de libros, ¿seguir publicando no va un poco en contra de tu propia obra? ¿No se emborrona o confunde?

R. Si fuera así, me da lo mismo. No estoy en esa preocupación. Estoy en la preocupación de ver si en algún momento empiezo a escribir algo digno de ser leído.

P. Pero eres consciente de que algunos de tus libros no te han quedado mal, ¿no?

R. Siempre es el siguiente. De hecho, yo no tengo afecto ninguno por mi obra. Tengo afecto cuando la estoy escribiendo, cuando la acabo de publicar y mientras dura esto de la promoción. Inmediatamente después pierdo ese afecto. A mí me sorprende muchísimo cuando a un autor le hacen una edición de obras completas y se pone a reescribir cosas que escribió hace cuarenta años. ¿Cómo voy a ponerme yo a corregir mi primera novela, 'Cerbero son las sombras', cuando el que la escribió fue otro? Quien hace eso yo creo que se debe a que tiene una afecto brutal por su obra y a que tiene también una idea muy antigua respecto la trascendencia, muy del XIX. Seguramente tiene que ver eso con la idea de la posteridad.

Juan José Millás. (EFE)
Juan José Millás. (EFE)

P. Tú mismo tienes bastante influencia en los lectores, digamos que eres un prescriptor poderoso...

R. Me halaga pensar que soy un prescriptor, pero creo que mi influencia es muy poca. Pensaba estos días sobre Rafael Sánchez Ferlosio, cómo le están enterrando a paladas de adjetivos elogiosos, y cada palada es un lector más que pierde. Porque Ferlosio es un autor que no es leído, y ya en vida lo enterraron. Fíjate qué contradicción. Los cerebros más valorados de nuestro país diciendo que es el prosista más importante del siglo XX y sólo consiguen que se lea menos. Cuanto más halagado, menos leído.

P. Tu recomendación de 'Ordesa' yo creo que tuvo bastante efecto.

R. Manuel Vilas me dice muchas veces, en broma, joder, Juanjo, me sacaste del hambre. Pero 'Ordesa', sin mi artículo, estaba condenado a funcionar. Y la editorial con Vilas hizo lo que hacía con sus libros anteriores, y de repente éste se dispara. Por qué. No tenemos ni idea. Esta es otra de las fantasías de muchísimos escritores. Te dicen: ¿Cómo no va a tener éxito con la campaña que le han hecho? Mentira, ninguna editorial hace campaña con ningún libro. Lo interesante de todo esto es que nadie sabe, ni el editor más experto, qué libro va a funcionar y qué libro no va a funcionar. Claro, lo intentas todo, das entrevistas, ponemos faja, y luego llega un libro que el editor se ha limitado a poner en el catálogo y funciona.

P. Me llama la atención cómo casi todos los autores de tu generación han acabado escorándose hacia la derecha, mientras que tú sigues manteniendo un discurso, digamos, comprometido, de progresismo de izquierdas de manual.

R. Yo lo que veo es que en algunas personas que han tenido esta evolución de la que hablas cuando eran de izquierdas eran igual que cuando eran de derechas. Es decir, que la actitud vital de superioridad no la han cambiado. Yo nunca he tenido complejo de superioridad, siempre he tenido complejo de inferioridad. No lo digo como algo malo.

La autoestima es la peste de la sociedad, un mundo sin autoestima sería mucho mejor

P. ¿En qué sentido?

R. Creo que la autoestima es la peste de la sociedad. Esto de la autoestima se ha puesto de moda desde hace años, pero es que un mundo sin autoestima sería mucho mejor. ¿Tú te imaginas ahora en esta campaña electoral a Casado diciendo: No, a mí no me votéis, porque yo soy un desastre, voten a Sánchez, y al otro diciendo lo mismo? Sería un mundo magnífico, sin autoestima.

P. ¿En qué se percibe esa superioridad de algunos autores que se han vuelto más conservadores?

R. Pues en que cuando estaban en la izquierda los demás eran tontos porque no estaban en la izquierda, y cuando están en la derecha los demás son tontos porque no se han dado cuenta con la edad de que la verdad está en el otro lado. Y seguramente llevan razón.

P. ¿Cómo afrontas el maratón electoral que se nos viene encima?

R. Lo veo sobre todo con mucho desagrado por el nivel que están alcanzando algunos candidatos. Casado, por ejemplo. Es que no tiene límites, de ninguna clase. Ayer estaba diciendo que gracias a Sánchez ETA puede decir que ha ganado la batalla, que han valido la pena los 800 muertos. Pero este hombre, ¿no tiene ningún límite? En el fondo está diciendo que necesita el terrorismo, y que le venía muy bien. Somos un pueblo pacífico, pero por arriba hay una carga de agresividad que no nos representa. Este pueblo está demostrando muchísima más sensatez que sus dirigentes.

P. ¿Qué te parece esa idea de que la izquierda se ha divorciado de las clases trabajadoras humildes?

R. Se ha roto el vínculo igual que se rompió con los sindicatos. El mundo del trabajo y los sindicatos ya no son lo que eran. Los sindicatos no tienen presencia política. En un programa como La sexta noche nunca hay un sindicalista. Funcionan en las grandes empresas, pero se dejaron meter el gol de la reforma laboral. Ahora te viene alguien con un problema en su empresa y lo último que se te ocurre es recurrir al sindicato. Antes te defendían ellos. Se ha roto también con los partidos de izquierdas, porque hay poco pensamiento ahí. ¿Cómo es posible que en la Comunidad de Madrid se presenten cuarenta partidos de izquierda? ¿Cómo no puede haber la cantidad de talento mínimo suficiente para sentarse? La impresión que dan es que se presentan a unas oposiciones para vivir del Estado. El paso de Soraya del PSOE a Ciudadanos va en esa dirección, y es para morirse de vergüenza. Ser diputado o senador se ha convertido en una especie de funcionariado. Se presentan para tener un sueldo fijo y las tardes libres.

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