el hundimiento de Don Fabrizio

'El Gatopardo' y Lampedusa: historia triste de un éxito que no conoció su autor

Llega a las librerías españolas una nueva edición revisada de la que según el escritor británico L. P. Hartley "tal vez sea la mejor novela del del siglo XX"

Foto: Giuseppe Tomasi di Lampedusa
Giuseppe Tomasi di Lampedusa

A finales de mayo de 1957, ya con la salud desahuciada a causa de un cáncer de pulmón, Giuseppe Tomasi de Lampedusa viaja a Roma para morir y allí redacta un testamento al que adjunta una carta en sobre aparte titulada 'Última voluntad de carácter privado': "Deseo, mejor dicho quiero, que de mi muerte no se haga ningún tipo de participación, ni a través de la prensa ni de otro modo. Los funerales han de ser los más sencillos posibles, y han de celebrarse a una hora incómoda. No deseo flores, y que nadie me acompañe, salvo mi esposa, mi hijo adoptivo y su novia. (...) Deseo que se haga cuanto sea posible para que se publique 'El Gatopardo' (el manuscrito válido es el que figura en un solo sobre escrito a mano); por supuesto, ello no significa que deba publicarse a expensas de mis herederos; lo consideraría como una gran humillación".

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Lampedusa falleció el 23 de julio después de un penoso peregrinaje por las editoriales italianas sin conseguir que le publicaran 'El Gatopardo'. No la quiso el gigante Mondadori y, poco antes de morir, recibió una nueva carta de rechazo de Einaudi.

'El gatopardo' (Anagrama)
'El gatopardo' (Anagrama)

Convencido del valor de la que consideraba la obra de su vida, lo primero que escribía después de un silencio que había durado casi tres décadas, incrédulo ante la falta de comprensión que, como un muro, se alzaba entre él y sus lectores, Lampedusa se dispuso a escribir una serie de cartas a escritores, amigos y familiares en un último intento desesperado por lograr la edición de su novela. Esas cartas, perdidas hasta el año 2000 y ahora rescatadas por su ahijado Gioacchino Lanza Tomasi para la prolija introducción de la nueva edición revisada de 'El gatopardo' que acaba de editar Anagrama, cuentan una historia de éxito y también de tristeza, la del triunfo póstumo de una de las más grandes novelas del siglo XX.

El príncipe de Salina

"Querido Enrico: en la carpeta de piel encontrarás el texto mecanografiado de 'El gatopardo'. Te ruego que lo cuides porque es la única copia que tengo. Te ruego también que lo leas con cuidado porque cada palabra ha sido pensada y muchas cosas no están dichas claramente, sino solo sugeridas. Me parece que tiene cierto interés porque muestra a un noble italiano en un momento de crisis (que no está dicho que sea solo la de 1860), cuál es su reacción y cómo se va acentuando la decadencia de la familia hasta su desintegración casi total; pero todo esto visto desde dentro, con una cierta identificación y sin ningún rencor. (...) No es preciso que te diga que el 'príncipe de Salina' es el príncipe de Lampedusa, mi bisabuelo Giulio Fabrizio; todos los detalles son reales: la estatura, las matemáticas, la falsa violencia, el escepticismo, la mujer, la madre alemana, la negativa a ser nombrado senador".

El 'príncipe de Salina' es el príncipe de Lampedusa, mi bisabuelo Giulio Fabrizio; todos los detalles son reales

Escrita el 30 de mayo de 1957, fue una de las últimas cartas de Lampedusa a Enrico Merlo, barón de Tagliavia, consejero del Tribunal de Cuentas de Sicilia y uno de los más cultos amigos del escritor. Según explica Lanza Tomasi en la citada introducción, esta carta tan detallada sobre 'El Gatopardo' junto con otra dirigida a él mismo -primo lejano de Lampedusa adoptado por él en 1956, historiador y organizador de esta nueva edición revisada- aparecieron sorprendentemente medio siglo después olvidadas dentro de un volumen de 'Los viajes del capitán Cook' que había guardado la viuda de Lampedusa, la princesa Wolf Stomersee. "La princesa había tomado del marido la costumbre de utilizar libros para esconder cartas secretas. A veces perdían el documento y en ocasiones hasta billetes de banco: olvidarse del libro era como olvidar la contraseña del ordenador".

Tras la muerte de Lampedusa, sólo el empeño de otro extraordinario escritor italiano, el autor de las 'Novelas de Ferrara' Giorgio Bassani, logró al fin la publicación de 'El gatopardo' en el otoño de 1958 en Einaudi, un sello izquierdista que acababa de publicar un año antes un bombazo titulado 'Doctor Zhivago'. El éxito mundial de 'El gatopardo', una novela que se alejaba de los cánones estilísticos de la época fue inmediato aunque polémico. Atacado ferozmente por escritores como Alberto Moravia, alabada por el ortodoxo comunista francés Louis Aragon, vivió una espectacular adaptación cinematográfica de Luchino Visconti en 1963 y hoy es un clásico indiscutible del que el novelista británico L.P. Harley escribió que "Tal vez es la mejor novela del siglo XX". Nada de esto conoció su autor que falleció sintiéndose un fracasado y sin ver su novela publicada.

Que todo cambie, que todo siga igual

La historia de Don Fabrizio, príncipe de Salina, que se ve sorprendido en la Sicilia de 1860 por la inesperada aceleración temporal de un orden social que parecía inamovible cuando su propio sobrino Tancredi desembarca en la isla con los garibaldinos en plena revolución italiana, es hoy algo más que una historia. 'Gatopardiano' ha pasado al acervo de la cultura universal, al igual que 'kafkiano', como adjetivo que señala al advenedizo social, a la sustitución de una élite por otra distinta sin que las sustanciales relaciones de poder se vean afectadas o, en cita literal de la novela de Lampedusa: "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie".

Lampedusa
Lampedusa

Y sin embargo, como advierte en su introducción Lanza Tomasi, el poso de tristeza que deja la peripecia editorial de 'El Gatopardo' tiene algo del mito romántico siempre sospechoso del genio incomprendido. En realidad Mondadori e Einaudi reconocieron las virtudes de la novela pero prefirieron aguardar. La tragedia fue que, en el caso del primer sello, "el burócrata de turno, en lugar de enviar al autor una respuesta dilatoria, le devolvió el texto manuscrito junto con la nota habitual en estos casos. Los dieciocho meses transcurridos entre el envío del texto a Elena Croce, por cuyo conducto le llegó a Giorgio Bassani, entonces editor de la editorial Feltrinelli, y su publicación en la colección 'I Contemporanei' de esa editorial tampoco habrían resultado excesivos si la muerte no hubiera llevado tanta prisa. De hecho, se trata de una tragedia humana, no literaria".

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