LIBRO

Christina Rosenvinge: "Este es un país en el que hay un nivel de toxicidad bastante alto"

Después de más de 30 años de carrera musical, Christina Rosenvinge publica su primer libro 'Debut. Cuadernos y canciones' (Random, 2019)

Foto: Una foto promocional de Christina Rosenvigne. (Pablo Zamora)
Una foto promocional de Christina Rosenvigne. (Pablo Zamora)

Comenzó como la idea de un cancionero, pero en Visor le dijeron que quedaba demasiado antiguo, que no iba a funcionar. Suena sorprendente, pero a Christina Rosenvinge, premio Nacional de las Músicas 2018, también le dicen que no. Alguna vez. El repaso a las canciones de toda su carrera, a las letras y su contexto (aquella noche de lluvia en los tacones, agarrada al brazo de Nacho Vegas para no caerse; aquellas noches neoyorquinas junto a Sonic youth, aquel novio que no fue, aquella ruptura que sigue siendo), llegó a manos del editor Claudio López Lamadrid, fallecido a principios de este año, hizo que esa recopilación de las letras de sus canciones acabasen convirtiéndose en unas memorias, un ensayo, un diario con vocación literaria que comienza y acaba en 1991, el año en el que Rosenvinge escribió su primer tema en solitario, pero también el año en el que falleció su padre. "Claudio me pidió que escribiera entradillas para las canciones y le propuse agruparlas en capítulos. Y cuanto más escribía, él me animaba a que siguiera, y empezó a crecer y a crecer hasta que se convirtió en la mitad de ‘Debut. Cuadernos y canciones’ (Random, 2019). Me da mucha pena que no haya podido ver este momento".

PREGUNTA. En 'Debut' recuerda cómo una de sus compañeras de piso de la juventud acabó prostituyéndose para comprarle droga a su novio yonki. O cómo fueron sus noches de fiesta con Steve Jordan. O sus rupturas sentimentales. Y todo ello, en relación a la importancia que tuvieron esas experiencias para componer sus canciones. ¿Cómo ha vivido ese repaso a toda su carrera en solitario, esa vuelta a 1992?

RESPUESTA. Ha sido un viaje al pasado porque para hacer este ejercicio lo primero que hice fue ponerme los discos, que es algo que no he hecho desde el momento en el que los grabé —yo hago los discos y no los vuelvo a escuchar más allá del directo—. Primero escuché las canciones, apunté las letras y resumí los temas de las letras. Además repasé los diarios, las agendas y los escritos de la época en los que se hicieron porque me fallaba la memoria en cuestión de fechas, sobre todo. Lo que más me interesaba era crear un relato que reflejase lo más fielmente posible el momento en el que se escribieron los discos. Y he visto una evolución: al principio todo es más emocional y más naíf y luego, con el tiempo, empieza a haber un poso de reflexión y surge una forma de pensar más radical. O más bien una forma de pensar más articulada, de cosas que estaban latentes pero igual no sabía explicar.

Portada de 'Debut' (Random, 2019)
Portada de 'Debut' (Random, 2019)

P. Dice que en su primer disco en solitario, 'Que me parta un rayo' (1992), no se acababa de reconocer a sí misma. ¿Cuándo empezó a hacerlo?

R. No me reconocía en el sonido, pero sí en las canciones. Me di cuenta después del primer disco de que tenía que meterme más a fondo en la producción y los arreglos, porque son parte de la canción. El primer disco es fruto del momento, cuando el tiempo de sonido de final de los 80 y principios de los 90 era más brillantes, más finito, más plano. Luego, más adelante, se volvió a la forma de grabar de los años 70, que era más rugosa, y los discos empezaron a sonar más analógicos, más brutos y más rock.

P. Siempre diferencia 'cantar' intimidades de 'contar' intimidades. Aquí aparecen muchos nombres propios. Y el retrato a veces no es muy favorecedor. ¿Se ha autocensurado? ¿Ha avisado a estos nombres de que iban a aparecer en 'Debut'?

R. En el libro hablo muy impúdicamente de mi intimidad, pero claro, tenía un problema moral a la hora de hablar de la intimidad de otros. Eso está implícito en las canciones, pero no está contado. Lo que yo cuento en el libro, las historias que cuento de otras personas, antes he avisado a las personas de que lo iba a contar. Y también son cosas que ellos mismos han contado en primera persona.

La toxicidad siempre ha estado muy presente en el mundo de la música

P. Habla también mucho de la ubicuidad de la droga en la escena musical.

R. Eso no lo he escondido, es verdad. No se puede contar eso blanqueándola. La toxicidad siempre ha estado muy presente en el mundo de la música, tradicionalmente. También en el mundo del cine. Porque son profesiones que requieren que vayas en contra de tu ritmo biológico todo el tiempo. La rutina, el orden y la disciplina, que nos vienen tan bien a los seres humanos —los monjes son las personas que más viven, porque hacen exactamente lo mismo todos los días—, en el mundo de la música estás siempre viajando, viviendo de noche, cambiando de horario… Y al ir en contra de tu cuerpo, tienes que manipularlo con sustancias. Pero es algo que ha ocurrido siempre: Marilyn Monroe murió por una sobredosis de barbitúricos… ¿cuánta gente ha muerto por barbitúricos? Y es que te toca estar arriba cuando tu cuerpo está abajo y, todo lo contrario, te tienes que ir a dormir cuando tu cuerpo está arriba. Los que llevamos mucho tiempo en esto nos lo planteamos como si fuéramos deportistas: si llevas una vida sana, natural, haces ejercicio, yoga y meditación, el cuerpo se fortalece y es capaz de soportar esas crisis.

P. ¿Y al empezar a llevar esa rutina no le ha dado miedo perder 'la chispa', la inspiración?

R. Claro, porque las historias, el relato nace de la irrupción de la normalidad. Si tú analizas cualquier cuento infantil, cualquier obra dramática, te das cuenta de que si todo sale bien y como está previsto no hay historia. El ambiente artístico y bohemio está lleno de historias trágicas, desgraciadamente. y en Madrid en la escena de rock ha habido mucha toxicidad. Este es un país en el que hay un nivel de toxicidad bastante alto. Pero creo que no es un componente necesario artísticamente.

Christina Rosenvinge durante un concierto. (Efe)
Christina Rosenvinge durante un concierto. (Efe)

P. En su libro pone el foco en el aislamiento del artista, en los momentos en los que no está frente a los focos. ¿Cómo se combinan los momentos de soledad con lo multitudinario de la vida de cara al público?

R. Esta profesión tiene esta cosa, que es muy loca, y que tienes que aprender a manejar: en un momento eres amado por miles de personas y tienes demasiada atención y, de repente, entras en otra fase en la que te encuentras solo y en la que tus amigos no te invitan a sus cumpleaños porque nunca estás. Existe este contraste de tener el foco y luego estar en la soledad más absoluta. A veces esta falta de regularidad en la vida te lleva a estar un poco desubicado socialmente. Nunca estás en los cumpleaños de los amigos porque siempre estás de gira y piensas: “ya ni me invitan porque no estoy nunca”. Y tienes que plantearte mucho qué vas a hacer con eso, porque al final te acabas relacionando sólo con la gente con la que trabajas. Y es una pena.

P. Cuenta que tras publicar su segundo disco, 'Mi pequeño animal' (1994), recibió muchas críticas por parte de la prensa y de los compañeros porque les hacía gracia que ahora "la niña sonase a rock". ¿Ha sentido mucha condescendencia, mucho machismo dentro de la industria?

R. Los prejuicios sexistas están en toda la sociedad y a todos los niveles y recientemente los estamos analizando desde un punto de vista más consciente, pero han estado ahí todo el tiempo. Había prejuicios sobre cómo debe comportarse una mujer y sobre lo que puede y no puede hacer; cuando te saltas esto, te cuestionan. Y claro que he sufrido eso. Mi carrera ha sido muy inusual y he hecho movimientos imprevisibles que no encajaban dentro de los esquemas o clichés conocidos. Y eso ha generado rechazo o desconfianza.

Mi carrera ha sido muy inusual y he hecho movimientos imprevisibles que no encajaban dentro de los esquemas o clichés conocidos

P. ¿Le ha resultado complicado mantener su integridad artística dentro de una industria en la que comenzó con un 'hit' como '¡Chas! Y aparezco a tu lado'?

R. En mi carrera ha habido mucho conflicto: estuve mucho tiempo en Warner, pero ellos no entendían mi planteamiento. Ellos no entendían que, teniendo la capacidad de hacer canciones que llegaran a todas partes, de escribir hits bajo su criterio, eligiera hacer las cosas por un camino más difícil. Para mí era coherente artísticamente y pensé que a largo plazo era el camino a seguir. En el momento en el que hay una inversión también se te exige una rentabilidad económica, lógicamente, ¿cómo lidiar con la industria? Porque aunque te dediques a una expresión artística encuadrada en un discurso cultural estás en una industria autosuficiente que no tienen ningún tipo de subvenciones, al contrario de lo que la gente piensa, tienes que lidiar con la sostenibilidad económica —darles lo que ellos han invertido— y mantener tu independencia artística, y eso es complicado.

Christina Rosenvinge en otra imagen promocional. (Pablo Zamora)
Christina Rosenvinge en otra imagen promocional. (Pablo Zamora)

P. Ahora que ha echado la vista atrás, ¿cuáles han sido las mejores y peores decisiones de su carrera?

R. Creo que dejar Álex y Christina fue una muy buena decisión, porque yo no estaba a gusto ahí; para mí se había desvirtuado el espíritu que teníamos. Sufrimos un proceso de sobreexplotación y, en vez de crecer orgánicamente y hacer una gira por clubs pequeños, que era lo natural para un grupo que empieza, estábamos en todos los programas de televisión haciendo playback.

Por otro lado, aunque en su momento pareció una decisión muy suicida, irme a Estados Unidos en su momento creo que también fue una buena decisión, porque hice discos muy personales que dieron lugar a que tocara en Estados Unidos, pero de manera casi local, porque no podía salir mucho del estado de Nueva York. Y me llegaron a publicar en Francia en Japón. Pero sobre todo, me dio la seguridad de que lo que yo hacía podía hacerlo en cualquier sitio. Además, antes de la locura de la gentrificación, viví los últimos años del ‘underground’ de downtown, algo muy mítico.

P. En un momento del libro escribe: "¿Es justo que un niño se vaya a la cama sin historia y sin canción porque su madre anda jugando al punk por ahí?". ¿Ya se ha respondido la pregunta? ¿Sus compañeros, ellos, también se la hacen?

R. En general, las mujeres trabajan en el espacio que les deja el cuidado de la familia y los hombres cuidan de los niños en el espacio que les deja el trabajo. Son pautas establecidas socialmente. Y eso es una imposición, porque digo yo que habrá hombres que quieran trabajar media jornada para cuidar a su familia, o mujeres que quieran dedicarle más tiempo a la jornada laboral, o lo que sería ideal, que los dos pudieran tener jornada continua y acabar a la vez para cuando los niños están en casa.Eso pasa en las familias con trabajos más normales, pero en el mundo de la música pasas mucho tiempo viajando y fuera de casa, con lo cual, si quieres tener hijos tienes que plantearte parar tu carrera musical durante un tiempo o llevarte los niños a cuestas, que es algo que sólo lo puede hacer la gente que tiene un nivel altísimo, así que tienes que negociar y conciliar como puedes. Eso a mí me llevó a estar 10 años reduciendo muchísimo la vida en directo, pero también fueron los años en los que compuse los discos más difíciles, así que encontré la manera de seguir haciendo lo mío. Yo he podido hacerlo porque el padre de mis hijos ha estado implicado en la crianza y porque mi familia también ha hecho de colchón y, cuando no podíamos ninguno, se han quedado con ellos mis hermanos. Una mujer que está sola con sus hijos no puede tener una carrera musical al mismo tiempo.

La maternidad me llevó a estar 10 años reduciendo muchísimo la vida en directo

P. El padre de sus hijos [el escritor Ray Loriga], al que se refiere como 'Bicho' durante todo el texto. Llama la atención que mientras se explaya en detalles sobre otros personajes más secundarios en su vida, el de él sea apenas un bosquejo entre elipsis. ¿Demasiado doloroso?

R. De lo que yo hablo en el libro es de "vida y obra de un letrista, de una cantautora" sobre la odisea de dedicarse a esto. El lugar de tu pareja emocional pertenece al ámbito privado. Es lógico que hable más de los músicos con los que compongo. El retrato de las relaciones emocionales está en las canciones y en ellas —como en todo lo que hago— juego con que la gente tenga que leer entre líneas para sacar sus conclusiones, que es la parte en la que uno coescribe con su público o su oyente. Y muchas veces en lo que el público interpreta es donde está lo que hace que una obra de arte sea sublime.

P. Después de más de 30 años en la industria del entretenimiento, no parece sentirse muy cómoda en el foco mediático. ¿Lo lleva mal?

R. El momento del glamour hay que tomarlo con cierta distancia. Incluso el momento con los fans, porque hay que tener en cuenta que la gente te coloca en una posición mítica, que supone una responsabilidad que es estar a la altura de lo que ellos esperan de ti. Pero nunca te lo puedes creer bajo ningún concepto. Si te lo llegas a creer te desequilibra mucho como persona. Lo que haces es un oficio vocacional con el que disfrutas muchísimo, pero nunca tienes que creer que eres alguien especial o fascinante.

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