apocalipsis musical

Huracanes, pijos abandonados y estafas brutales: los conciertos más desastrosos

Luis Bustos recoge en su última obra algunos de los conciertos más catastróficos de la historia; desde The Rolling Stones hasta David Guetta y festivales fantasma

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Desde “pinchar” con un pendrive ante miles de personas hasta una jugosa promesa de música, baile y lujos que se convirtió en una estafa para pijos. La historia ha dado algunos conciertos memorables, como el incendiario Woodstock de Jimi Hendrix allá en el 69 y otros que incluso cambiaron el rumbo de los acontecimientos, como el benéfico por la liberación de Nelson Mandela en Wembley en el 88. La música deja huella en la historia… aunque a veces no de la manera deseada.

Verdaderos despropósitos, destrozos auditivos, episodios desternillantes y otros más oscuros. Hay conciertos en los que ha pasado de todo y que se han ganado un hueco en el Salón de la Fama de lo Penoso. Luis Bustos escribe ‘Pop. ¡No me quito esa canción de la cabeza!’ (Astiberri), y recoge un frenético repaso a la cultura musical, a sus letras, estilos, muertes y vidas. Entre ellos, abre un pequeño apartado con los conciertos que marcaron la historia… para mal. “Muerte, caos y decepción”.

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Asesinado en los Stones (1969)

En 1969, Mick Jagger tuvo una idea brillante: contratar como seguridad para el concierto de los Rolling Stones en el festival de Altamont a los Ángeles del Infierno, el grupo de moteros caracterizado no precisamente por sus formas cordiales pero que solo cobraría 500 dólares y unas cervezas. A la ecuación hay que sumarle hordas de hippies y muchas drogas. El festival, que iba a aglutinar conciertos de grandes como Santana, Jefferson Airplane o The Flying Burrito Brothers, terminó convirtiéndose en un campo de batalla.

El documental ‘Gimme Shelter’ recoge la tragedia, abriendo con unos planos de Charlie Watts y Jagger conmocionados en la sala de montaje. En la cinta se suceden imágenes con miembros de Jefferson Airplane siendo golpeados o Keith Richards encarándose con un Ángel del Infierno por el brutal trato que estos daban a los asistentes. Finalmente, el concierto de los Stones terminó con el acuchillamiento a manos de los moteros de un joven de 18 años que iba armado con una pistola, Meredith Hunter. Su asesino, el ángel del infierno Alan Passaro, fue juzgado y absuelto.

El festival, que prometía ser conocido como “el Woodstock del Oeste”, fue uno de los mayores desastres que se recuerdan. Al homicidio del joven se añadieron otras tres muertes accidentales: dos por accidentes de coche y otra por ahogamiento en un canal. El concierto de Altamont marcó el final de la era hippie.

Lou Reed huye del escenario en Usera (1980)

“Vandalismo quinqui en el estadio del Moscardó”. Así resume Bustos el incidente de 1980. En su crónica del 22 de junio de ese mismo año, El País lo calificó como “el concierto de rock más breve que se haya producido en la capital de España”. Lou Reed había aparecido en el escenario una hora más tarde de lo previsto, cosa que los fans madrileños no se tomaron bien. Solo veinte minutos después, alguien lanzó al cantante una moneda o un bote -nunca se confirmó la versión- y Lou Reed tuvo suficiente: se fue del escenario para no volver.

Lou Reed en un concierto en España, ya años después y más calmado (EFE)
Lou Reed en un concierto en España, ya años después y más calmado (EFE)

La velada siguió con una “batalla campal que pudo haber tenido consecuencias catastróficas”. De los cinco mil espectadores, unas cien personas asaltaron el escenario para hacerse con todo lo que pudieron y, de paso, destruir elementos de la instalación como forma de venganza.

Infierno y tormenta en Festimad (2005)

Un evento musical que degeneró “en violencia y destrucción”. El Festimad tuvo lugar en 2005 en Fuenlabrada durante un mal día de viento de más de 70 kilómetros por hora, según la organización. El escenario comenzó a tambalearse durante un concierto y los responsables se vieron obligados a parar mientras parte de los 25.000 asistentes se desahogaba lanzando piedras a los coches de las marcas patrocinadoras. El resultado fueron barras saqueadas, carpas arrasadas, chiringuitos quemados y destrozos en los coches. Otros cientos de personas prefirieron abandonar el recinto. Las gradas de los invitados también fueron atacadas con vasos, botellas de agua y piedras y más tarde aprovecharon para saquearlas. Pasaron cinco horas hasta que se reanudaron las actuaciones, que empezaron con los valientes Incubus, seguidos de System of a Down.

El público, que pagó entre 62 y 90 euros por los dos días del festival, también protestó por la superpoblación del cámping, las pocas duchas de las instalaciones y la dificultad para conseguir agua durante los conciertos.

El pendrive estropeado de David Guetta (2011)

24 de junio de 2011. Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. David Guetta llega con dos horas de retraso a su concierto previsto para la medianoche y entre el público, que llegó a pagar hasta 200 euros por las entradas, saltan las alarmas. Tras ese concierto se disparó el rumor: el DJ utilizaba un pendrive con sus sesiones pregrabadas. Según la explicación oficial, un error en el software que debía utilizar en su espectáculo le obligó a volver al hotel para reiniciarlo todo, pero para entonces ya volaban las hojas de reclamaciones y los gritos del público.

Quique González: "Pero si solamente tenías que traer el pincho"

Tres años más tarde, Guetta continuaba utilizando el mismo método y su pendrive le jugó una mala pasada: se le estropeó delante de 20.000 personas durante un concierto en Recife (Brasil). Segundos después de ‘Love is gone’, la música se fue y el DJ tuvo que suspender el concierto durante veinte minutos.

Que David Guetta guarda en su casa una colección de pendrives ya es algo aceptado. El año pasado, el DJ suspendió un concierto en Santander a última hora al que iban a acudir 10.000 personas. “Pero si solamente tenías que traer el pincho”, le reprochó el músico Quique González.

Los pijos abandonados en una isla (2017)

El FYRE Festival de 2017 parecía que iba a tenerlo todo: una isla de Bahamas -que había pertenecido a Pablo Escobar- para vivir una experiencia histórica durante tres días: alojamiento de lujo, influencers en bikini, vuelos en avioneta privada y los grupos de música más grandes. “El mayor acontecimiento desde Woodstock” ofrecía entradas de hasta 220.000 euros, pero terminó siendo un desastre a medio montar en una isla perdida, sin transporte ni infraestructuras básicas. Lo que se vendía como “villas de lujo” eran tiendas de campaña sobrantes de las que se usaron para reubicar a los afectados por el Huracán Matthew. Una estafa de decenas de millones de euros que se ha ganado su propio documental en Netflix.

El caos llegó a ser tal que cuando se canceló el evento -demasiado tarde, con público ya desesperado y sin sitio donde dormir- los trabajadores locales amenazaron a los organizadores para que les pagaran, llegando incluso a secuestrarlos y pedir recompensas. "Los asistentes vivieron su particular 'Señor de las moscas' en una islita del Caribe".

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Por último, Luis Bustos recoge también en su lista el atentado de la sala Bataclan, la masacre terrorista que tuvo lugar durante el concierto de Eagles of Death Metal en 2015 en París.

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