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100 años de Gila: "En la guerra combatí el fascismo con un fusil y después con la risa"

Centenario de uno de los cómicos más importantes del siglo XX español. Un libro revisa su legado

Foto: Miguel Gila en una actuación en televisión
Miguel Gila en una actuación en televisión

Este martes 12 de marzo se cumplen cien años del nacimiento del madrileño Miguel Gila, el maestro del humor surrealista y "telefónico", y para conmemorarlo Blackie Books publica 'El libro de Gila', una antología de su obra que recuerda, además, su experiencia en la Guerra Civil y en la dictadura. El libro incluye piezas de ficción del autor, anécdotas narradas por él mismo, viñetas dibujadas a mano para las revistas La Codorniz o Hermano Lobo, carteles de sus películas, fotografías conocidas e inéditas, páginas de sus cuadernos o un ensayo inédito sobre lo que significaba para él su oficio.

"Por fin en un mismo libro la obra y la vida de un autor genial que superó la pobreza, el hambre y la guerra durante los peores momentos de la España del siglo XX defendiéndose con una única arma: la risa", explica la editorial.

"Durante la guerra combatí el fascismo con un fusil en mis manos y después de la guerra lo he seguido combatiendo con el arma que poseo: la risa", reza una de las frases que contiene el libro que sirve para entender a la figura y también su momento histórico.

Una vida en el frente

Portada del libro
Portada del libro

Hijo de un ebanista y una estuchadora de azúcar, el joven Gila ejerció el oficio de mecánico en una fábrica a la par que recibía clases de dibujo en la Escuela de Artes y Oficios.

Cuando estalló la Guerra Civil, el humorista abandonó todo y se alistó como voluntario en el bando republicano. En Valsequilla (Córdoba) fue puesto frente a un pelotón de ejecución y logró salvar la vida. El fusilamiento se produjo al anochecer de un día lluvioso y los integrantes del piquete estaban borrachos, por lo que no le acertaron los disparos. Gila se hizo el muerto y logró sobrevivir.

Poco después, en diciembre de 1938, fue hecho prisionero e internado hasta mayo de 1939 en un campo de prisioneros. Tras pasar por varios penales y un servicio militar de cuatro años, vertió todas sus experiencias en los monólogos o viñetas que ahora se publican.

Editado por Jorge de Cascante, esta compilación "tragicómica", como indica su subtítulo, rinde homenaje al humorista que, teléfono en mano para llamar al enemigo, utilizaba la broma como forma de resistencia: "Mi arma es la risa y con ella me defiendo de quienes me quieren quitar la voz", decía Gila.

"Para muchos Gila es solo ese tipo que aparecía en la televisión con un teléfono o emulando el acento de aldea. Sin embargo, 'El libro de Gila' demuestra hasta qué punto fue profundo y moderno un humor que vertió en forma de viñetas de La Codorniz, en los teatros de todo el mundo, en los medios de comunicación. Leer este libro no es solo entender a esta figura, sino también el mundo que le tocó vivir. El absurdo de la guerra civil, el hambre en la posguerra, la pobreza moral de de la dictadura, la necesidad del exilio, la lacra de la envidia y del clasismo, de la enfermedad y de la muerte, del espectáculo y de la vida. Y la risa no solo terapéutica, sino necesaria ante cualquier tipo de autoridad injusta", zanja la editorial.

"El humor es la maldad de los hombres dicha con ingenuidad de niño. Un espejo en el que se refleja la infinita estupidez del ser humano", pensaba Gila y así se recoge en su antología.

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