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Jean Reno estrena '4 latas': "No entiendo movimientos como los chalecos amarillos"

El actor francés protagoniza '4 latas', la última película de Gerardo Olivares, donde comparte pantalla con Hovik Keuchkerian, Enrique San Francisco, Susana Abaitua y Arturo Valls

Foto: Jean Reno y Hovik Keuchkerian en un momento de '4 latas'. (Wanda)
Jean Reno y Hovik Keuchkerian en un momento de '4 latas'. (Wanda)

Fue hace casi un lustro cuando los caminos de Jean Reno y Gerardo Olivares se cruzaron por primera vez. Fue para rodar 'Hermanos del viento', una película rodada en las montañas de Austria, en plena naturaleza abrupta y rocosa. Dejando atrás la nieve del Tirol, ahora han viajado de la mano hasta la arena del Alto Atlas para rodar '4 latas', una 'road movie' agridulce en la que un grupo de amigos —Reno comparte pantalla con con Hovik Keuchkerian, Enrique San Francisco, Susana Abaitua y Arturo Valls— atraviesan el Sáhara para acabar encontrándose a sí mismos. Además '4 latas', que se ha estrenado este fin de semana, le ha dado la oportunidad a Reno de redescubrir España y Marruecos, los países de su infancia.

Todavía no han acabado de estrenar su última película y Reno y Olivares ya hacen planes juntos. Lo suyo no es una relación puramente laboral o creativa: hay algo mucho más profundo. "No sé cómo se le ocurrió mi nombre a Gerardo para hacer ‘Hermanos del viento’, que es cuando empezamos a tener amistad y a hacer cosas juntos. Estuvimos en Austria e Italia, lo pasamos formidable y la película me gustó mucho y me gustó mucho trabajar con él", admite Reno. "Así que cuando me contó que tenía esta historia, yo le dije: ‘si la escribes te la hago’. Tenemos ahora otro proyecto. Gerardo ha hecho mucho documental y tiene imaginación y poco a poco se le empieza a ver el alma, como en esta película. Cómo ve la comedia, la vida, de forma agridulce… tiene muchas cosas dentro, no es nada superficial".

Hovik Keuchkerian, Susana Abaitua, Jean Reno y Gerardo Olivares en la presentación de '4 latas' en Madrid. (Efe)
Hovik Keuchkerian, Susana Abaitua, Jean Reno y Gerardo Olivares en la presentación de '4 latas' en Madrid. (Efe)

A sus 70 años, el viaje de Reno ha sido largo y diverso: nacido en Casablanca de padre sanluqueño y madre jerezana, vivió hasta los 17 años en Marruecos, veraneaba habitualmente con su familia en Jimera de Líbar, se mudó a Francia en la adolescencia, hizo la mili en Alemania, volvió al país galo para convertirse en actor y ahora reside en Nueva York "con una muchacha mitad inglesa mitad francesa". Una verdadera 'road movie' vital. "Yo pertenezco a una generación, la de los 60, del rock ‘n’ roll, de los Rolling Stones, que, aunque vivió en Marruecos, sabía que no era el lugar de nuestras raíces. Toda esa música te llevaba a Europa, a Inglaterra y luego a Estados Unidos. Esa es mi generación. La generación de después ya tuvo más raíces marroquíes. Nos sentíamos como extranjeros allí, completamente. No creo que ninguno de mis amigos se quedase".

Yo tenía un grupo en el que éramos tres y cantaba una muchacha. Cantábamos folk francés. Tontería

A pesar de su juventud en Marruecos, el rodaje de '4 latas' ha sido el primer verdadero contacto de Reno con el desierto. El film de Olivares se ha rodado en gran parte en Uarzazat, la ciudad conocida como 'la puerta del desierto'. "Lo más sur que había ido en esa época fue a Marrakesh a cantar tres días al casino. Yo tenía un grupo en el que éramos tres y cantaba una muchacha. Cantábamos folk francés. Tonterías. Éramos un cero", recuerda entre risas. "La primera visión del desierto de mi vida ha sido con esta película: esa cosa amarilla con los camellos. ¡Guau! Y he descubierto que mi animal espiritual es el camello: viaja, es duro, sirve para todo, para transportar mercancía y gente, te escupe, come poco…".

Un fotograma de '4 latas'. (Wanda)
Un fotograma de '4 latas'. (Wanda)

Porque Reno es un tipo duro dentro y fuera de la pantalla. Duro en el sentido de hombre hecho a sí mismo, que ha conseguido labrarse un nombre tanto en Esuropa como en Hollywood a pesar de venir de una familia con muy pocos recursos, pero con mucha sensibilidad. "Mi padre era un obrero y mi madre cosía. Yo empecé a trabajar sin ningún tipo de ayuda. Yo me podía haber muerto de hambre, porque mi familia no tenía dinero". Aunque su carrera en el cine comezó tarde, con 30 años, Reno lleva desde niño vinculado al teatro. "Yo a los once años ya tenía la obsesión de hacer teatro. Siempre, no sé por qué. Seguramente porque no me quería mucho a mí mismo y porque a través de los personajes tú te quieres más, o eso es lo que te dicen los psiquiatras", confiesa. "En mi familia no había nadie del espectáculo. Mi padre bailaba muy bien, eso sí, a pesar de que era de constitución fuerte, pero tenía mucha sensibilidad. Le gustaba mucho Julio Iglesias. Y cuando supo que estuve en algún programa de televisión con Julio Iglesias se volvió loco".

Hay una cosa en Nueva York que no he encontrado en ninguna otra parte del mundo, que es que todo es posible

Hoy, a caballo entre América y Europa, no le falta el trabajo y tiene hasta siete títulos pendientes de estreno en los próximos años. Quizás por su mestizaje, Reno ha conseguido lo imposible: que un francés sienta que su casa está en Estados Unidos. Nueva York le fascina. "Hay una cosa en Nueva York que no he encontrado en ninguna otra parte del mundo, que es que todo es posible, que parece una tontería, pero si tú dices mañana que vas a vender sardinas de Alicante en un pequeño local que has comprado en la Quinta Avenida, todo el mundo te va a decir: ‘formidable, vamos al banco’. Es el único lugar donde todo es posible".

Cartel de '4 latas'
Cartel de '4 latas'

Hacia Francia mira con más recelo. "Lo de los chalecos amarillos me da mucha pena, porque empezó con gente que no tiene para comer en un país donde hay muchas ayudas, pero también muchas mentiras gobierno tras gobierno. Hemos llegado a un momento en la que la gente se cree que podemos conseguir las cosas gratis, y eso es un problema. En Francia tú no puedes tener nada de valor, porque vas a despertar envidias. No puedes dejar el coche en los Campos Elíseos sin que te lo rayen con una llave". "Para mí este tipo de movimientos sociales son difíciles de entender. Yo soy un lobo solitario".

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