la nueva obra del autor de 'cocaína'

Daniel Jiménez 'mata' a Ray Loriga: una broma literaria en formato de novela negra

El escritor admite que ha llegado a interpretar al personaje de sus propias ficciones: "Hacía cosas absurdas, como meterme doce rayas en la nochevieja en la que empezaba mi primera novela"

Foto: Daniel Jiménez
Daniel Jiménez

Daniel Jiménez (Madrid, 1981) ganó el II Premio Dos Passos con su primera novela, ‘Cocaína’, en 2016. Y ahora acaba de llegar a las librerías su nueva obra: ‘Las dos muertes de Ray Loriga’ (Galaxia Gutenberg), una broma literaria que luce un envoltorio de novela negra. El proyecto surgió a través de un proceso muy natural, cuenta Jiménez. "Conocí a Ray en la Feria del Libro de Madrid, nos fuimos a tomar una cerveza y desde ese momento le dije que quería escribir sobre él y que le quería matar" (risas). "Entonces Ray se me queda así (mueca de asombro) y dice: 'Me encanta, Daniel. Me encanta que me mates. La prensa me ha dado por muerto muchas veces. Juan Cruz me ha dicho que tiene hasta perfilada mi necrológica y todo. Por si acaso. Porque tiene miedo de que me pase algo'".

Pero 'Las dos muertes de Ray Loriga' no trata únicamente sobre Ray Loriga. La novela, como explica su autor, "es una mezcla de investigación, autoficción, metaliteratura y ensayo". De alguna manera es la forma que tiene Daniel Jiménez de matar a su padre (literario). Y al hilo de ese 'asesinato' disecciona al mismo tiempo la obra de Loriga, omnipresente en cada una de las 270 páginas del texto.

'Las dos muertes de Ray Loriga'
'Las dos muertes de Ray Loriga'

También hay referencias a otros muchos autores: Enrique Vila-Matas, Roberto Bolaño, Georges Perec, Samuel Beckett, David Foster Wallace, Thomas Pynchon o Jorge Luis Borges son sólo algunos de los escritores que aparecen mencionados a lo largo de la narración. Y con tanta metaliteratura se atreve a utilizar incluso una frase sacada del cuento 'El Sur' del autor argentino. No le avergüenza reconocerlo, "(…) blandí el cuchillo, que acaso no sabría utilizar, y me adentré con paso firme en la oscuridad", escribe Jiménez. "Dahlmann empuña con firmeza el cuchillo, que acaso no sabrá manejar, y sale a la llanura", escribió Borges.

"Te vuelves loco en torno a los libros que has leído e introduces en la narración los hechos, como un Quijote más"; confiesa el escritor madrileño. "Hay una intertextualidad, un plagiarismo (movimiento literario fundado por Jiménez que viene a reivindicar la originalidad mediante la copia), que ya no sabes diferenciar lo que es tuyo de lo que es de los demás, ni lo que es verdad y lo que es ficción. El mismo juego quijotesco y borgiano", afirma.

Obsesión con la literatura

Daniel Jiménez siente verdadera fijación por la literatura. Una obstinación que le ha llevado a interpretar al personaje de sus propias ficciones. "Me costaba diferenciar muchas veces entre lo que estaba escribiendo y lo que estaba viviendo. Manipulaba lo que vivía para poder contarlo. Me pasó en 'Cocaína' igual. Yo en 'Cocaína' hacía cosas absurdas, como meterme doce rayas en la nochevieja en la que empieza el libro porque dije: 'Esto lo voy a hacer porque lo quiero escribir'"; admite. "Era una forma de justificarme o una autodestrucción, pero con un sentido", remacha.

'Las dos muertes de Ray Loriga', es una novela de madurez donde Jiménez saca a la luz "muchas cosas que no me atrevo normalmente a contar"

Pese a que al mismo tiempo le quita hierro y concede que "la literatura puede ser cualquier cosa y probablemente no sirva para nada más, más allá de un pasatiempo creativo como cualquier otro". Un juego que aparece también en las páginas de su libro: "¿Soy bueno, no soy bueno? ¿Sirve para algo? ¿Merece la pena escribir? ¿Merece la pena que me lean?" se pregunta.

La respuesta en este caso es afirmativa. Porque más allá del divertimento literario, 'Las dos muertes de Ray Loriga' es una novela de madurez donde Jiménez saca a la luz "muchas cosas que no me atrevo normalmente a contar". Algunas de esas cosas a las que se refiere el autor son temas que ya aparecían en 'Cocaína' y que vuelven a surgir a lo largo de la investigación de la muerte de Ray que lleva a cabo el protagonista: las adicciones, el distanciamiento familiar, la precariedad laboral, la gestión de las emociones, el dinero, la muerte, las relaciones de pareja, los desahucios, la angustia, el suicidio

Daniel Jiménez
Daniel Jiménez

Aunque también hay un reverso de ternura y gratitud. "En este caso quería ser más agradecido con mi familia. Hay un párrafo hacia el final, cuando estaba en casa con mis padres y era duro soportar sus rutinas, sus manías. Pero en realidad los que me estaban soportando eran ellos. Si no hubiera sido por ellos, el que se habría ido a la mierda habría sido yo". Por eso subraya que "hay cierto agradecimiento a la labor, al cariño, al afecto, a la ternura y al amor de mis padres"; porque "la distancia real, la he intentado acortar en la ficción".

Confesión… y parodia

Jiménez utiliza la literatura "como forma de expresión, de confesión y de diálogo". Se desnuda cuando escribe. Pero también aprovecha el chiste retórico del que parte la obra para reírse hasta de sí mismo "y del circo que hay en torno a la literatura". Se mofa "del mundillo literario" y se considera "un escritor de extrarradio".

"En 'Cocaína' y en 'Las dos muertes de Ray Loriga' a pesar de que juego con la ficción y de que el Daniel que hay en la novela no soy yo (igual que el Ray que hay en la novela no es el verdadero Ray), te vacías. Te vuelcas, te desnudas tan abiertamente… te haces el harakiri en público" (risas).

Quizá por eso después de leer la nueva novela de Daniel Jiménez y al hacerle esta entrevista “vi su rostro y sus vísceras, vi mi rostro reflejado en sus pupilas y sentí vértigo y lloré, porque comprendí al instante que algún día yo también sería asesinado por un vulgar plagiarista”.

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