aniversario de su muerte

30 años sin Salvador Dalí, el genio que se creó para superar a su hermano muerto

Este 23 de enero se cumplen 30 años desde que en 1989 falleciese el pintor, escultor, y escenógrafo Salvador Dalí, uno de los máximos representantes del arte surrealista

Foto: Exposición de Salvador Dalí en Lieja. (EFE)
Exposición de Salvador Dalí en Lieja. (EFE)

La vida de Dalí fue extravagante desde el principio. Su nombre completo fue Salvador Felipe Dalí i Domènech pero él no fue el primer Salvador Dalí de su familia. Tres años antes de que naciese el genio y pintor, sus padres tuvieron a su primogénito, a quien también llamaron Salvador. Este niño falleció nueve meses antes de que naciese el que está ahora considerado como el padre del surrealismo, y su muerte pudo tener mucho más que ver en la creación del artista surrealista de lo que puede parecer a primera vista.

El padre de Dalí también Salvador, abogado y notario, y su madre, Felipa Domènech, según aparece reflejado en varias biografías del pintor, llevaron a su segundo hijo cuando solo tenía cinco años a visitar la tumba de su hermano fallecido. Allí, en un momento de la conversación, le indicaron que él era la reencarnación de su prójimo fallecido, algo, que según apuntan, marcó la vida del artista en gran medida, tanto que, esta creencia llegó a causarle una crisis de personalidad.

"Yo nací doble, con un hermano de más, que tuve que matar para ocupar mi propio lugar, para obtener mi propio derecho a la muerte… ": esto llegó a asegurar el artista en unas declaraciones recogidas en el libro 'Dalí, Confesiones Inconfesables, recogidas por André Parinaud', Además el artista catalán también sostuvo en televisión que todas las excentricidades que había cometido en su vida así como todas las exhibiciones incoherentes procedían de la trágica obesión de su vida. "Para diferenciarme del hermano muerto tenía que cometer todas esas excentricidades para afirmar que yo no era el otro hermano muerto, que yo era Dalí, el Dalí vivo" , argumentó el de Figueres.

Para diferenciarme del hermano muerto tenía que cometer todas esas excentricidades para afirmar que yo era Dalí, el Dalí vivo


Ya lo había dicho él. Quería distinguirse y para eso,a demás de su pintura innovadora que acabó marcando toda una corriente artística, Salvador Dalí creó un personaje público tan extravagante que aunque hubiese querido, jamás hubiese pasado desapercibido. Además del trabajo reconocido internacionalmente que el pintor hizo con sus obras surrealistas, Dalí fue uno de los precursores de las instalaciones y las 'performances'. El catalán, muchas veces acompañado de su compañera esposa y musa, Gala, llevó a cabo acciones públicas que en la época fueron consideradas por el público como totalmente extravagantes.

Un ejemplo, antes incluso de hacerse famoso por su pintura, fue su negativa a a hacer el examen final de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, algo que le llevó a ser expulsado. Dalí indicó entonces que no quería pasar esta prueba porque no había ningún profesor lo suficientemente apto para examinarle, sin embargo, algunas fuentes han apuntado a lo largo de la historia hacia otro motivo: el joven Dalí perdería la ayuda económica que le daba su padre una vez finalizase sus estudios, algo que le habría llevado a postergar ese momento ya que cuando llegó el momento, tenía planes de viajar.

Otra de sus extravagantes acciones fue su 'performance' el 8 de agosto de 1965 en Vinaròs. La localidad castellonense había invitado al artista a la III Fiesta de Langostino y Dalí acudió. Llegó por mar y acompañado de varias modelos y una pequeña pantera. Después se subió a una carroza tirada por caballos y se paseó por la ciudad para acabar en la plaza de toros, donde, según narró la prensa, presencio la alternativa del novillero mexicano Juan de Dios Salazar. Sin embargo, el verdadero espectáculo llegó al final, cuando un helicóptero, supuestamente contratado por el artista, sobrevoló la plaza vaciando sobre los espectadores varias cajas de langostinos.

En 1968 Dalí Grabó un clip en el que recreaba su nacimiento. "Hace de esto, muchos muchos años, allá en Cadaqués, el Ave fénix puso un huevo [...] y surgió una especie de caduceo mercurial reparado de un ala cuyo plasma se condensó en unas redomas, así nació Dalí", arranca la obra audiovisual. En ella, se ve al artista catalán renacer de entre un "ovni plástico" antes de dar un discurso irónico y humorístico en el que, excéntricamente, reivindicaba su trabajo, su éxito y sus raíces en Portlligat.

Además, Dalí decidió llevar la extravagancia hasta el interior de su familia. Por eso, en vez de adoptar un perro o cuidar a uno o varios gatos, el artista optó por las mascotas exóticas. Durante su estancia en París, a finales de los años sesenta, se le podía ver paseando por las calles de la capital francesa paseando a su oso hormiguero. Además, el artista también cuidó en la misma década de un ocelote que había adquirido en Colombia y al que paseaba, con una cadena de oro, por todos aquellos lugares que visitaba.

La familia de Pablo Escobar o 25 céntimos

El valor de las obras de Dalí es elevadísimo. En una subasta en 2011 se pagó solo por una de sus obras, el óleo sobre madera 'La miel es más dulce que la sangre', 15,9 millones de euros, más de un tercio del gasto presupuestario que destinó a actividades culturales la ciudad de Madrid durante 2018 y más de tres veces más de lo que la capital destinó a museos. Sin embargo, uno de sus cuadros se intercambió por algo de valor incalculable.

En una biografía escrita por la que fue mujer de Pablo Escobar durante 17 años y hasta su muerte, Victoria Eugenia Henao, titulada 'Pablo Escobar: Mi vida y mi cárcel', la viuda del narcotraficante más famoso de todos los tiempos asegura que la obra de Dalí 'La danza', que fue posesión de su familia durante unos años, le sirvió como amuleto, pues se salvó de un incendio provocado por un ataque a una de sus casas en Medellín y después funcionó como "regalo" ante una extorsión consiguiendo salvar con él su vida y la de sus hijos.

Salvador Dalí, Fundació Gala-Salvador Dalí, Figueres, 2014
Salvador Dalí, Fundació Gala-Salvador Dalí, Figueres, 2014


Mucho menos valor económico, alrededor de unos 25 céntimos por pieza, tiene un caramelo Chupa Chups. Esta golosina con palo de origen español ha hecho que durante décadas, la mayoría de niños hayan tenido en sus manos una pequeña obra de Salvador Dalí, pues el ampurdanés fue quien diseñó la icónica imagen de la marca.

En 1968, diez años de que Enric Bernat fundase la que es ahora la compañía de caramelos más famosa del país pese a que en 2006 pasó a tener titularidad italiana, el creador del caramelo con palo acudió a Figueres en busca del extravagante Dalí para solicitarle el diseño de un logotipo para Chupa Chups. ¿El resultado? La icónica imagen de la marca en forma de margarita amarilla que prevalece hasta la actualidad (aunque a finales de los ochenta se le hicieron ligeras modificaciones) y que el artista, siguiendo su línea excéntrica, dibujó en menos de una hora y según cuentan, entregó primeramente en una servilleta.

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