LIBROS

De Aristóteles a 'Acusados', de Jodie Foster: la violación a través de la historia

La periodista y crítica cultural Mithu M. Sanyal publica ‘Violación. Aspectos de un crimen, de Lucrecia al #MeToo’ sobre la manera en que hablamos y pensamos sobre la violación

Foto: La autora analiza la repercusión que tuvo 'Acusados' a la hora de transformar la representación de las violaciones en los medios.
La autora analiza la repercusión que tuvo 'Acusados' a la hora de transformar la representación de las violaciones en los medios.

“Aunque diga que la has poseído con violencia, no te importe; esta violencia gusta a las mujeres: quieren que se les arranque por fuerza lo que desean conceder”, escribió el poeta romano Ovidio en su ‘Ars Amatoria’. También Lord Byron hizo referencia a la violación cuando escribió: “Sus hermosos ojos derramaban copiosas lágrimas, y aunque los remordimientos no se olvidaron de hacer acto de presencia contra la tentación, aunque resistió todavía un momento, aunque lloró su imprudencia e intentó de nuevo resistir, diciendo en voz baja que no consentiría jamás… así fue como ella consintió”. Ambos, Byron y Ovidio, tenían la tradición de su lado.

'Violación' (Reservoir Books)
'Violación' (Reservoir Books)

La fuerza masculina y la reticencia femenina eran parte integrante de la construcción de lo que se entendía por una sexualidad normal en los siglos XVIII y XIX”, explica la periodista y crítica cultural Mithu M. Sanyal en ‘Violación. Aspectos de un crimen, de Lucrecia al #MeToo’ (Reservoir Books). Pero, continúa, la idea del hombre fogoso y la mujer frígida se remonta al menos a la Antigüedad clásica. Sanyal toma algunos de estos ejemplos culturales para tratar de contestar a las preguntas que plantea en su segundo libro, que se publica este mes de enero: ¿Por qué es tan difícil imaginar a los hombres como víctimas de una violación? ¿Qué papel desempeña la raza y otros clichés sobre violadores? ¿Qué queremos decir cuando hablamos de cultura de la violación?

En los nombrados siglos XVIII y XIX, “como se suponía que las mujeres no debían sentir ningún deseo sexual, correspondía al cortés varón dominarlas y forzarlas”, explica. Lord Byron no fue más que el reflejo de unas ideas que se alargaban atrás en el tiempo. “Aristóteles proclamó que el calor interno del hombre era mayor que el de las mujeres. Según el filósofo, la falta de calor interno dejó a las mujeres en un estado de atrofia al respecto de su fuerza física, intelectual, y sobre todo, de su potencia sexual”. Otro ejemplo es la historia de ‘La violación de Lucrecia’, popularizada tras ser convertida en poema por Shakespeare: al ser violada, decide morir para recuperar su honor. “El suicidio de Lucrecia fue considerado un acto heroico, en la misma escala que la heroica muerte de los espartanos”.

‘Acusados’ y la violación en los medios

Sanyal escribe directa y cruda sobre temas duros de los que ella misma advierte en las primeras páginas y se nutre de datos y escritos con los que ilustrar sus palabras. Avanza en el tiempo mientras repasa sus productos culturales y se centra minuciosamente en la película ‘Acusados’, basada en un caso real de violación, y en lo que significó para la representación del abuso sexual a gran escala. El 6 de marzo de 1983, una mujer fue violada en grupo sobre la mesa de billar de un bar de Massachusetts mientras el resto de clientes miraban y animaban. El juicio se convirtió en el más famoso de la década de los 80 y el caso en una película protagonizada por Jodie Foster: 'Acusados' (1988).

Podría decirse que la violación está vinculada a los orígenes del cine

“A menudo se dice que ‘Acusados’ es el primer largometraje sobre violación, lo que solo es correcto en parte”, escribe Sanyal. La historiadora de los medios de comunicación Tanya Horek, explica que, de hecho, “podría decirse que la violación está vinculada a los orígenes del cine y desempeña un destacado papel en películas como ‘El nacimiento de una nación’ (1915). Aun así, Sanyal afirma que ‘Acusados’ es única como producto culminante de más de dos decenios de conciencia feminista con respecto a la sensibilización sobre la violación.

Eso sí, Sanyal no duda en señalar que, mientras que la víctima real era una mujer portuguesa, el personaje de Jodie Foster se llama Sarah Tobias a petición de los guionistas: querían un nombre “más neutral”. “La película cambia el enfoque de los prejuicios por motivos de raza a cuestiones de clase porque, como los cineastas afirmaron, querían hablar en nombre de todas las víctimas de violación. Como si una víctima de violación de color no hubiese sido lo suficientemente universal, o no lo suficientemente víctima”, critica.

Lo que pretendía ‘Acusados’, explica la autora, era funcionar como una terapia pública que proporcionara a las mujeres “la oportunidad de llorar su trauma colectivo y derrotar los obstáculos” que impedían la defensa de Sarah. La película representa el punto álgido del debate que transformó la representación de las violaciones en los medios. “Escenas en las que una mujer disfruta mientras la violan comenzaron a ser inadmisibles después de la década de 1980, y el objeto de empatía se desplazó a favor de la víctima”.

Mitos sobre la violación masculina

Sanyal entra en el barro y no solo habla de los productos culturales que plasman la visión de la mujer como algo débil. La divulgadora también se pregunta cuestiones como por qué se espera que las víctimas actúen como si sus vidas hubieran sido irreversiblemente destrozadas o ahonda en diversos aspectos polémicos, como el papel que desempeña la raza y otros clichés sobre los violadores.

En un capítulo, Sanyal aborda los “mitos sobre la violación masculina”. La crítica cultural explica que, en el imaginario colectivo, es difícil imaginarse a los hombres como víctimas. Hasta la década de 1970 las encuestas ni siquiera preguntaban a los hombres si alguna vez habían sufrido algún tipo de abuso sexual. “Cuando se incluyeron estas preguntas por primera vez en las décadas de 1970 y 1980, una inesperada gran cantidad de hombres señaló que había experimentado violencia sexual”.

Hasta el 2012, el FBI no cambió la definición de "violación" a una que supusiera que las víctimas podían ser de cualquier género

De hecho, como señala la autora, hasta el 2012 el FBI no cambió la definición de violación de “el conocimiento carnal de una mujer a la fuerza y contra su voluntad” por “penetración, por pequeña que sea, de la vagina o el ano con cualquier parte del cuerpo u objeto, o penetración oral de un órgano sexual de otra persona, sin el consentimiento de la víctima.” El cambio suponía que ahora las víctimas podían ser de cualquier género. Sin embargo, las víctimas tenían que ser penetradas y esto planteaba muchas dificultades. “Si un violador practicaba sexo oral a una víctima, era violación cuando la víctima era mujer si la lengua penetraba la vagina, pero no era violación si la víctima era un hombre porque su pene no podía ser penetrado”.

Sanyal, que ya publicó ‘Vulva, la revelación del sexo invisible’ (2009), firma ahora un libro en el que examina los discursos que repercuten en el modo en que entendemos la violación. Una suerte de ensayo documentado que da la vuelta a situaciones preconcebidas para entender cuestiones y abrir espacios para diversos relatos, “a sabiendas de que siempre hay algo más que decir”.

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