'esa maldita pared'

Atraco al Santander de Alcalá 74. La leyenda del butronero que sobrevivió a Cifuentes

Flako, atracador de bancos de Vallecas, publica sus memorias tras salir de la cárcel

Foto: Fotograma del documental 'Apuntes para una película de atracos'.
Fotograma del documental 'Apuntes para una película de atracos'.
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Fernando Alonso vendiendo hipotecas del Santander con su mejor sonrisa. Cristina Cifuentes paseando por el alcantarillado de Madrid disfrazada de 'cazafantasma'. Quédense con esas dos imágenes. Y ahora, que empiece la acción:

9 de abril de 2012. Unos butroneros roban 270.000 euros de una sucursal de Bankia en el número 72 de la avenida de la Albufera (Vallecas).

Diez días más tarde...

Cristina Cifuentes, emergente y ambiciosa delegada del Gobierno en Madrid, desciende al alcantarillado con botas, casco y mono blanco. Junto a la Unidad de Subsuelo de la Policía Nacional… y una considerable cantidad de periodistas. Puesta en escena acompañada de declaración política: la seguridad del subsuelo madrileño está garantizada.

Cristina Cifuentes, en las alcantarillas. (EFE)
Cristina Cifuentes, en las alcantarillas. (EFE)

14 meses después...

“Todo listo para la fiesta del Banco Santander”. No, no es una 'rave' del consejo de administración de la entidad, sino un atraco: la frase en clave de unos butroneros para referirse al robo de una sucursal madrileña del Santander, la de Alcalá 74. La mañana del 10 de junio de 2013, cuando los empleados empezaron a llegar al banco, los atracadores ya estaban dentro…

La ‘fiesta’ del butrón llevaba tiempo en marcha. Todo había empezado unas semanas antes, a centenares de metros del banco, dentro de una alcantarilla. El primer día que los atracadores abrieron la tapa para recorrer el camino subterráneo hasta el banco, Flako, el cerebro del robo, tenía una resaca de campeonato...

Portada del libro.
Portada del libro.

“Ir a trabajar de resaca es una mierda, pero es peor cuando te dedicas a atracar bancos. Si celebras el bautizo del sobrino de uno de tus mejores amigos en un restaurante rumano de Mejorada del Campo y te vienes arriba y no paras de beber y emborracharte y tomar alguna raya de coca, de cantar canciones de Los Tigres del Norte en el coche de regreso… y al llegar a casa no puedes tumbarte en la cama hasta que has logrado vomitarlo todo, y luego duermes tres horas miserables, y te despiertas miserable, sudado, sin cuerpo para nada, lo último que te pide el cuerpo es salir corriendo de casa para pasar el día reptando entre las aguas fecales del alcantarillado”, cuenta Flako en sus memorias, ‘Esa maldita pared’, que Libros del K.O. publicará la semana que viene.

El bautizo de un sobrino, sí, cualquier excusa es buena para liarla… Pero volvamos al atraco...

Flako —hijo de un butronero de leyenda— pasó cuatro horas recorriendo el sumidero ese día entre galerías bajas, chorros de agua y calles cortadas, pero encontró el camino a Alcalá 74. “Apenas notaba la resaca. La emoción es la mejor medicina contra el dolor de cabeza”. Ahora tocaba controlar las rutinas de los empleados del banco y volver a bajar a las cloacas para empezar el butrón. Varias semanas de trabajo después, gato hidráulico y mazo de ocho kilos mediante, llegaron a lo que parecía ser el pozo del sótano del banco. Uno nunca puede estar seguro de si está tirando abajo la pared adecuada —recuerden la hilarante escena de unos ladrones derribando el muro equivocado en ‘Rufufú’ (Mario Monicelli, 1958), hito de la comedia italiana—, así que Flako no las tenía todas consigo cuando entró (o no) en el banco. “Alumbré con la linterna, pero me costó diferenciar qué era lo que veía. Parecían trasteros. Volví a pegar otra embestida y entonces la tapa se desencajó del todo… Metí la mano en un sobre de grandes dimensiones y saqué unos panfletos de publicidad... le di la vuelta al cartón y vi que era la silueta de Fernando Alonso publicitando hipotecas con una sonrisa”. Estaban dentro. Tocaba tapar el agujero, volver a casa y prepararse para el golpe.

10 de junio de 2013. “Esa noche apenas dormí. Quizá cerré los ojos un par de horas, pero esa noche comí techo. Me sentía apagado, pero arranqué cuando dieron la seis y diez de la mañana”, escribe Flako. Viaje en coche de Vallecas al barrio de Salamanca, descenso a las alcantarillas y entrada al banco por el agujero. Atestado policial: “Una vez que X está en su puesto de trabajo, enciende el ordenador y es cuando observó que estaban subiendo las escaleras tres individuos encapuchados y armados con pistola, revólver y un cuchillo”. Empleado que entraba por la puerta, empleado que era empujado al sótano por los cacos: “Quieto, no te muevas, no pulses la alarma, venimos a por el dinero”. Tensión, golpes, bravatas. Flako se dirige al cajero: “Yo quiero abrir las cajas de seguridad de clientes como Bárcenas, sé que en las otras escaleras hay cajas de clientes. No me hagas enfadar, que antes de irme te pego un tiro en una pierna. ¿Sabes quién soy? Soy el Robin Hood de Vallecas”. El gerente mete el código de la caja fuerte y arranca una cuenta atrás de 10 minutos hasta la apertura. Siete segundos después... suena una sirena de la policía. Algo había fallado. Los atracadores no se lo explicaban; luego supieron que no había fallado una cosa, sino dos: 1) una alarma silenciosa se activó tras dejar abierta la puerta que bajaba al sótano del banco y 2) el portero de la casa de al lado oyó ruidos mientras se duchaba, cogió un vaso, lo pegó a la pared, escuchó a los ladrones susurrando y avisó a la policía. Dar el golpe perfecto no es sencillo.

Los policías rodean el banco, pero los atracadores bajan al alcantarillado, salen a la superficie y vuelven a Vallecas en coche. Salvados por los pelos. Aquí no ha pasado nada… de momento. Estaban en el foco.

Un día después...

Rueda de prensa. Cristina Cifuentes atribuye a “la banda de la alcantarilla” el atraco fallido en un banco de la calle Alcalá. "Me produce inquietud saber que hay una banda de delincuentes sueltos y estoy segura de que finalmente podrán ser detenidos", asegura la delegada del Gobierno.

Meses después, cayó la banda de Flako en pleno golpe. Llevaban semanas vigilados y con los teléfonos pinchados.

Fotograma del documental sobre Flako.
Fotograma del documental sobre Flako.

Flako fue condenado por dos atracos, pasó cinco años en la cárcel y ahora está en libertad condicional.

A finales del año pasado, se estrenó un documental sobre sus peripecias: ‘Apuntes sobre una película de atracos’, de Elías León Simiani, nominado al Goya. Ahora llegan sus memorias: ‘Esa maldita pared’, en las que Flako mira hacia atrás sin ira: el libro se mueve en un notable equilibrio entre la crudeza y el humor, e incluye las clásicas leyendas (urbanas o reales) sobre atracos y butroneros, como cuando el padre de Flako robó nueve millones de pesetas, pero el banco “solo declaró pérdidas de medio millón: el resto era dinero negro”.

Habla Flako

Resumiendo: 'Esa maldita pared' es la historia de un chaval de Vallecas cuyo padre es un mito del butrón, y bascula entre el macarreo juvenil (trapicheos con drogas y fiestas) y la rutina proletaria, hasta que la atracción por la adrenalina puede más que la prudencia y acaba siguiendo los pasos del padre: una vida de atracos, euforias, detenciones y caídas en desgracia. Hablamos con Flako.

P. ¿Por qué empezó usted a escribir?

R. La prensa me dio para el pelo por lo que había hecho. Cuando entré en prisión, me puse a escribir para soltar la rabia que tenía dentro. Fue un desahogo. No había escrito antes. Estuve un año en aislamiento. Pasaba 21 horas al día encerrado y tres en un patio del tamaño de una pista de pádel. Dando vueltas al patio con cinco locos. Quitando el tiempo de dormir, pasaba 13 horas al día atrapado en tres metros cuadrados. Así que me puse a leer libros. Y ahí dejé un poco la rabia de lado y empecé a fijarme en el estilo de los demás a la hora de escribir.

R. Empezó con rabia, pero las memorias tienen bastante humor…

R. Sí, tienen humor, al final he dado un giro, pero bueno, hay cosas bastante fuertes en el libro. Momentos chungos que he vivido. Es mi verdad.

P. ¿Da usted una imagen romántica de los butroneros y los robos a los bancos?

Sí, nos detuvieron, pero mira: a Cifuentes la pillaron luego mangando cremas. Resulta que al final los dos éramos ladrones

R. ¿Que me ha salido así? Pues igual, y en el fondo me alegro, pero no era esa mi intención. Yo quería plasmar mi experiencia de vida hasta los 33 años. ¿Que la gente piensa que me ha quedado demasiado romántico? No me importa. Creo que la mayoría de la gente ve robar bancos como algo romántico.

Las cosas de papá

Al padre de Flako le sacaron de la cárcel porque le quedaban seis meses de vida por un cáncer. Los pasó atiborrado de morfina. Flako recuerda sus últimos minutos en el libro: ”Mi padre no podía morirse, era algo inimaginable”. Escrito lo cual, activa el 'flashback' con una imagen paterna idílica fijada en su memoria: “Cuando mi padre era pequeño, se metió a trabajar en un ultramarinos de mozo de los recados. Un día, en vez de llevar el pedido al cliente, se lo llevó a su madre. Eso es lo que hizo el resto de su vida: llevarles a los suyos cosas que eran de otros. Nunca brilló tanto mi padre como cuando, después de un golpe, contaba dinero en una mesa, sin camiseta, con los tatuajes talegueros a la vista, uno en cada brazo, con mi nombre, y el otro con sus iniciales, con un pañuelo rojo al cuello, y con un canuto de hachís en los labios; nunca era tan feliz como cuando repartía dinero de los atracos entre familiares y amigos”.

La mayoría de la gente ve robar bancos como algo romántico

Más recuerdos: “En sus mejores momentos, la realidad nunca fue un problema para mi padre. Si no sabía nadar, se quedaba en el chiringuito de la playa comiendo sardinas. Si no tenía dinero, se iba de vacaciones con dinero falso. ‘Nos hemos ido de vacaciones y encima hemos ganado dinero’, decía riéndose. Con algunos de esos billetes falsos a veces me pegaba yo juergas memorables con mi primo Bubu, invitando a pastillas de éxtasis a todo el mundo”.

Y otro más: “Era buena persona mi padre, pero se le iba mucho la cabeza… De repente, entró mi padre gritando en casa: pensé que me iba a echar la bronca por disparar con la escopeta de perdigones por la ventana, pero se fue directamente al cajón donde guardaba la pistola, me gritó que le acompañara y bajamos corriendo a la calle. Chillaba como un loco y juraba que los iba a matar. Al parecer había tenido una bronca con unos tipos en un 'after' y ahora quería encontrarlos para saldar cuentas. Recorrimos el barrio durante un buen rato. Menos mal que no los encontramos”.

En dos palabras: macarreo vallecano.

P. ¿Cómo se le ocurrió lo del 'Robin Hood de Vallecas'?

R. Eso lo solté en mitad del atraco del Santander de la calle Alcalá, en un momento de tensión, porque los empleados del banco no nos hacían caso. Fue una especie de homenaje a mi padre. A la prensa le llamó mucho la atención, y ahí se quedó, pero cuando lo dije no pensaba que iba a dar tanto que hablar. No lo hice con esa intención.

P. ¿No es excesivo autocalificarse de Robin Hood? Usted y su padre repartían el dinero entre familiares y amigos, vale, pero no eran precisamente la beneficencia…

Lo de 'Robin Hood de Vallecas' no fue premeditado, fue un pronto, una improvisación. Quizá fue un poco excesivo, pero me salió del alma

R. No fue premeditado, fue un pronto, una improvisación. Quizá fue un poco excesivo, sí, pero me salió del alma.

P. Cada vez que contaba usted una batallita sobre su padre, uno de sus compañeros de atracos le decía: “Hijo de tigre sale rayado”. Usted acabó siguiendo los pasos de su padre pese a que las posibilidades de acabar mal como le pasó a él eran muy altas. ¿Fue el destino del que uno no puede escapar? ¿O la atracción por el desastre?

R. Yo pasé un tiempo sin relacionarme con mi padre, porque estuvo unos años preso, luego salió, y luego volvió a estar preso acusado de atracar 28 bancos. El destino me empujó bastante a seguir atracando. La ola. Pude decir que no, ya era mayorcito, podía haber elegido otra vida, pero yo qué sé… Mi padre no me ocultaba las cosas. Era un chaval, con el hambre de la gran ciudad, con dinero, con moto. Estaba a huevo. ¿Hijo de tigre sale rayado? En este caso, sí.

P. En el libro le mete usted un zasca a Cifuentes…

R. Cristina Cifuentes bajó al alcantarillado en su momento. Que nos iban a detener, que éramos muy peligrosos, que la policía es muy profesional. Y sí, nos detuvieron, pero mira: a ella la pillaron luego mangando cremas. Resulta que al final los dos éramos ladrones. Tenemos a un chaval de barrio, de Vallecas, robando un banco; y a una política robando cremas en un supermercado. ¿Qué es más chapucero? ¿Qué queda peor? Y eso por no hablar de su imputación en la falsificación de un máster…

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