Concierto en Madrid

Jerónimo Granda, el genio musical que Asturias ama y el resto de España no conoce

Seguramente no les suene el nombre, pero pregunten a sus amigos asturianos. Hablamos de una pequeña leyenda del humor, la sátira y la retranca frente a

Foto: Jerónimo Granda
Jerónimo Granda

Seguramente no les suene el nombre, pero pregunten a sus amigos asturianos. Hablamos de una pequeña leyenda del humor, la sátira y la retranca frente a los poderosos. Este jueves actúa en Madrid (todavía quedan entradas para el pase de las ocho) en el Teatro del Barrio. El cartel de la actuación confirma que Jerónimo Granda (Oviedo, 1945) tiene seguidores de mucha altura. Nacho Carretero, autor de ‘Fariña’, le considera un genio. El cantautor Nacho Vegas añade que debería conocérsele en el mundo entero, mientras que el periodista Manuel Jabois destaca la capacidad de sus canciones para reírse del mundo a la vez que se compadecen de él. La actuación la organiza Edu Galán, uno de los fundadores de Mongolia, que consideraba intolerable que Granda llevase años sin tocar en la capital de España.

El artista asturiano puede presumir ya de cuatro décadas sobre un escenario, justamente las cuatro peores para los cantautores, cuando su prestigio se evaporó con la llegada de los teclados, el pop juvenil y la sociedad de consumo. De alguna manera, Granda ha conseguido mantener el interés de una audiencia que le adora. ¿Cuál es su sello personal? No está del todo claro, pero una de sus grandes bazas consiste en desnudar las relaciones de poder que se esconden tras las expresiones más coloquiales. Ejemplo práctico: “Los políticos tienen la habilidad de decir ‘estamos haciendo, vamos a construir’. Por ejemplo: ‘es que vamos a poner el AVE’. No: el AVE lo van a poner unos paisanos que van a trabajar ocho horas como cabrones, vosotros no vais a poner una traviesa. Vosotros vais a administrar la economía para hacerlo y aún tenéis la desfachatez de decir que es obra vuestra, cuando siempre cedéis a intereses que no son comunes. Yo cuando leo estas cosas, choco, y es cuando puedo hacer un chiste o una ironía”, explica a la web Fusión Asturias. Estas verdades sencillas y burlonas son los ladrillos sobre los que se asienta su carrera.

Crónicas reales

Uno de sus objetivos preferidos es la monarquía. Seguramente su último éxito sea 'Urdanga', un retrato ácido de Iñaki Urdangarín y de la fábula que escribió junto a su mujer como defensa en el caso Nóos. “La Infanta ye una ‘probrina’/ ¿qué iba a saber Cristina/ ná de ná, ná de ná/ si trabaja pa’ La Caixa, en la cosa cultural”, ironiza. “No está mal, no está mal/ no pagaron a la ‘chacha’ la seguridad social”, remata. Más que los insultos o las consignas, su territorio limita con la ironía y el sarcasmo, ya que al final de la coplilla el público tiene la oportunidad de cantar a coro “somos todos iguales ante la ley”.

Otro de su éxitos sobre la monarquía es 'Akrinom II', donde también arremete contra la infanta Cristina. “Papá, que me llama un juez/ no puede ser, soy tu hija/ de leyes ando muy pez/ y además soy tonta y pija”, recita Granda. Parece claro que nos encontramos antes la puesta al día de la tradición carnavalesca, que siempre se resiste a morir en España y que no se circunscribe a Cádiz ni mucho menos. En el norte también gusta el choteo, la guasa y las crónicas sobre los privilegios de los de arriba. “El cuento acaba muy bien, el chorizo y la choriza/ con nuestra pasta en Suiza, vivirían a todo tren”, lamenta. Por supuesto, Granda también tiene coplas de carnaval clásicas, de esas que podrían funcionar igual de bien en el siglo XVIII que en 2018. Prueben por ejemplo con este enlace o con este otro.

Estrella de la televisión

El principal factor que contribuyó a hacerle famoso fueron sus apariciones televisivas desde comienzos de los años noventa, en las que demostró una tremenda habilidad para llenar la pantalla y los minutos que hicieran falta tirando de chascarrillos políticos, improvisación poética y mucha empatía a la hora de contestar a las peticiones de los televidentes. La estampa de Granda en ropa de montaña junto a una pila de cartas abiertas, escritas por gente común, llegó a convertirse en icónica dentro de Asturias. El programa ‘Radio Piquiñina’ multiplicó a sus seguidores. Repasar ahora aquellas apariciones catódicas produce sorpresa por la cantidad de conceptos políticamente incorrectos que era capaz de introducir en tiempo récord. Ejemplo práctico: “La Guerra del Golfo la veo así en síntesis: Tejero, Pinochet, Noriega, Menem, Las Malvinas y Hussein. O sea, que trabajan todos pal’ mismo. Noriega trabajó pal’ yanqui y yo creo que Hussein también porque si no, no se entiende que tantos países no puedan con un paisano que es tan malo tan feo y que además está loco”. Que Hussein aguantase doce años más en el poder y muriese sin contar públicamente lo que sabía parece reforzar la tesis. Pueden ver el fragmento en el vídeo de abajo, a partir del minuto tres cuarenta y ocho.

Otro momento cumbre fue una aparición en Televisión Española en 1991, con la cara pintada de indio o de hippie, donde en el minuto uno con veinte segundos se dirigía en estos términos a los señores de las finanzas: “A los banqueros decirles que no tengan problema (con la guerra) porque el dólar es la moneda-refugio cuando hay grandes crisis. O sea que usted, banquero que me escucha y que está atacado de duros, no se sienta en peligro porque vayan a tirar bombas encima de su cabeza. Tranqui, coja usted esos billetajes de dólar, métase en una casetina y ya está usted ‘refugiao’. Un misil de esos, cuando estás debajo de una pila de dólares, no hacen más que cosquillas”, ironizaba.

Orgullo bufonesco

En realidad, gran parte del éxito de Granda viene de lo bien que conoce su lugar en el mundo. En un país donde tendemos a exagerar nuestros méritos, él nunca se ha dado importancia, ni ha pretendido pasar por lo que no es. “Los bufones son los únicos a quienes se permite insultar al rey. Bien es cierto que les podían dar una patada cuando quisieran, pero el bufón era una vía de escape porque los poderosos también necesitan que les digan cuándo están haciendo mal las cosas, y además les viene bien para intentar corregirlas. Con la risa surge la distensión, se crea un campo mental distinto y se entra en un circuito en el que puedes escuchar cosas duras que te dan que cavilar, o no”, resume magistralmente. Además, al contrario que otros compañeros de micro, sabe tomar distancias con una palabra tan conflictiva como ‘verdad’. “Yo puedo estar convencido de algo y estar equivocadísimo, pero eso no lo sé. Bastante hago con decir lo que siento y ser honrado. Con eso ya me conformo, si estoy equivocado mala suerte, que venga alguien a decírmelo y nos pondremos de acuerdo. Pero sí es cierto que el humor juega un papel importante, porque si las cosas se dicen muy en serio pueden asustar. La seriedad está bien para cosas serias: un juez no puede dictar sentencia contando chistes. Pero, en nuestro caso, los artistas tenemos una especie de bula”, explicó magistralmente al periodista Quino Hernández.

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