crónica urgente desde la españa de cera

Tráeme la cabeza de Albert Rivera: la gran broma del Museo de Cera no es lo que crees

Un día en el taller del Museo de Cera de Madrid. Clones, parecidos razonables, parecidos remotos, terror y risas. Todos los secretos de la fábrica extraña de dobles

Foto: Cabeza de Albert Rivera en el taller del Museo de Cera. (Jorge Álvaro)
Cabeza de Albert Rivera en el taller del Museo de Cera. (Jorge Álvaro)

Exclusiva mundial: el cuerpo de Albert Rivera perderá la cabeza si Ciudadanos no gana las próximas elecciones generales... Pablo Iglesias, tres cuartos de lo mismo. ¿Santiago Abascal? Ni está ni se le espera (de momento).

La vida es así en el Museo de Cera de Madrid, cuyo taller visitamos una mañana, en pleno frenesí para adaptarse a la muerte del bipartidismo: el museo tiene expuesto al doble de cera del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, mientras las cabezas (sin cuerpo) de Albert Rivera y Pablo Iglesias esperan inquietas su momento en la trastienda... junto a la de Mariano Rajoy. El drama es el siguiente: en el museo solo hay sitio para exponer al presidente del Gobierno, los líderes de la oposición esperan descabezados en el taller, por si llega su turno alguna vez.

Así que aquí estamos, rodeados de las cabezas de nuestros estadistas más queridos, mientras nos explican el proceso de elaboración de las figuras del museo: ir a la casa del famoso de turno a tomarle las medidas, moldear su cabeza con arcilla, calentar cera a 60 grados, verter la cera en los moldes, elegir ojos, implantar cabello natural pelo a pelo... ¡Y 'voilà'!

Un proceso que, entre pitos y flautas, puede durar unos seis meses, a no ser que haya prisa: el de Madrid fue el primer museo del mundo en tener listo al doble de cera de Donald Trump, estrambótico presidente del mundo libre.

Buscando ojos para un futuro presidente. (Jorge Álvaro)
Buscando ojos para un futuro presidente. (Jorge Álvaro)


Hablamos con varios trabajadores del Museo de Cera. Nos cuentan cosas. Se lo resumimos en píldoras:

1) Puede que Cristiano Ronaldo haya dejado huérfano de goles al Real Madrid y sea ahora un italiano más, pero eso no significa que no tenga nostalgia de su doble español: el jugador portugués manda a su peluquero personal al Museo de Cera de Madrid cada tres meses... para que peine a su clon. La idea es que su doble siga (en la medida de lo posible) el enloquecido ritmo de cambios de 'look' del delantero. Y no es broma.

La cabeza perdida de Mariano Rajoy. (Jorge Álvaro)
La cabeza perdida de Mariano Rajoy. (Jorge Álvaro)


2) Representantes del Museo de Cera viajaron hace unas décadas a Trípoli para tomar las medidas a Muamar el Gadafi, encantado con la posibilidad de tener un doble cañí. Pero, ¡ay!, cuando el muñeco de cera de Gadafi estaba casi listo, la geopolítica dio un giro inesperado (escándalo por el atentado aéreo de Lockerbie, del que se acusó a Libia) y el duplicado de Gadafi se quedó varado en los talleres del museo... hasta que poco después resucitó reencarnado en... Santiago Matamoros. Insistimos, no es broma, cuando visiten ustedes el museo, miren fijamente a los ojos de Santiago Matamoros —nombre del apóstol Santiago en las crónicas medievales— y piensen si les recuerda a alguien...

3) El museo ha fabricado más de 2.000 figuras en los últimos 46 años, de las que 470 están expuestas. Las cabezas y las manos retiradas están en un almacén a las afueras de Madrid. La última palabra sobre qué muñeco retirar (porque se ha pasado de moda) y qué muñeco exponer la tiene el museo; no obstante, el voto de los españoles es tenido muy en cuenta. ¿La última petición masiva de los visitantes del museo? Una figura de cera de... Rosalía. Guapamente.

La mesa de operaciones. (Jorge Álvaro)
La mesa de operaciones. (Jorge Álvaro)


4) El gran James Ellroy, gigante de la novela negra estadounidense, pidió visitar el museo durante una estancia en Madrid y quedó gratamente complacido con el área dedicada al crimen.

5) El día en que se expuso por primera vez el doble de Joaquín Rodrigo, autor del 'Concierto de Aranjuez', preguntaron al músico: "Buenos días, maestro, ¿cómo lo ve?". Rodrigo se acercó al muñeco, le palpó los rasgos y respondió: "¡La verdad es que está clavado!" (aclaración para 'millennials': el maestro Rodrigo era ciego).

6) Las cabezas de los clones llevan pelo natural implantado. El museo las lava cada cierto tiempo, con champú seco, "cuando están sucias".

Antonio Banderas tiene vida propia. (Jorge Álvaro)
Antonio Banderas tiene vida propia. (Jorge Álvaro)


7) En los baños del Museo de Cera hay un señor que lleva varios años haciendo pis. Una de dos: o tiene problemas de próstata o no es un señor, pero como broma inquietante es fantástica. La meada más larga de todos los tiempos.

La hora de la opinión

Y ahora, las cartas (subjetivas) sobre la mesa: no hay museo en España más flipante que el Museo de Cera. Sales de allí con tal lisérgica cerebral que tu madre pensará que vienes del festival de Woodstock.

Todo está preparado en el Museo de Cera para que acabes con las neuronas bailando una conga: dobles de famosos que parecen a punto de echarse a hablar, mezclas de época imposibles (Felipe, Letizia y Pedro Sánchez junto a los 'Fusilamientos del 2 de mayo'), trenes del terror, gloriosas escenificaciones históricas, clones que no se parecen a nadie exactamente...

La meada más larga de la historia. (Jorge Álvaro)
La meada más larga de la historia. (Jorge Álvaro)


Uno no puede evitar pensar que, cuando el museo echa el cierre cada noche, los muñecos hacen un trenecito para celebrarlo. La España de cera, vivita y coleando, cucú.

Donde unos ven un museo cutre que no ha variado mucho desde 1972, otros ven el irresistible encanto de la decadencia victoriana, un 'steampunk' celtibérico, o cuando la posibilidad de que todo el mundo tuviera un doble era real.

Inquietante Plácido. (Jorge Álvaro)
Inquietante Plácido. (Jorge Álvaro)


Puede que el parecido de algunos muñecos sea remoto, pero esa monstruosidad no hace más que añadir encanto bizarro al museo. El Museo de Cera, en definitiva, acierta hasta cuando se equivoca.

Los dobles de cera clavados al original (bastantes más de los que los 'haters' del museo están dispuestos a reconocer) dan miedo. Mucho miedo. En serio, Plácido Domingo se parece (bastante) más a Plácido Domingo que Plácido Domingo a sí mismo. Y el doble de Morante de la Puebla se parece tantísimo al torero que al verle no puedes evitar imaginar... que el muñeco te pide de pronto el voto a Vox... y mueres allí mismo de un infarto.

Morante de la Puebla tiene algo que decirte. (Jorge Álvaro)
Morante de la Puebla tiene algo que decirte. (Jorge Álvaro)


Así que tenemos: miedo + bizarrismo + psicodelia histórica. Todo a la vez (ninguna otra institución cultural española da más por menos).

¿La clave de todo? Que el Museo de Cera toca una tecla infantil que está enterrada en nuestro inconsciente, y que hasta el adulto más cenizo sigue teniendo activada: la de la realidad como relato lúdico, disperso y psicodélico.

Pablo Iglesias, pronóstico reservado. (Jorge Álvaro)
Pablo Iglesias, pronóstico reservado. (Jorge Álvaro)


Primera lección filosófica que nos da el Museo de Cera: no hay mayor broma que ver la realidad como un relato coherente. ¿Qué es la realidad? ¿Usted lo sabe? ¿Está seguro? ¿La realidad no será pura percepción subjetiva suya? Pues entonces, cállese y déjese llevar por las cosas raras que hay a su alrededor.

Segunda lección filosófica (sacada de las mezclas históricas imposibles típicas del museo): "La distinción entre pasado, presente y futuro es solo una ilusión obstinadamente persistente". No lo digo yo, lo dijo Albert Einstein. El tiempo no es lineal. El tiempo es una construcción cultural (la realidad, también). Pasado, presente y futuro son la misma cosa.

Cabezas para todos. (Jorge Álvaro)
Cabezas para todos. (Jorge Álvaro)

Moraleja: todos tenemos un doble. Ese señor que le va siguiendo por la calle, que de pronto se acerca a usted y le genera un brote de terror helado... es su doble.

O igual no es su doble, igual es usted mismo desdoblado —hora de revisar dos obras maestras: 'El club de la lucha' y 'Doctor Jekyll y Mister Hyde'—, pero eso tampoco es que sea una explicación muy tranquilizadora, ¿verdad? Socorro.

Poca broma con el Museo de Cera. Larga vida. Un fantástico lugar de culto.

Conversaciones conmigo mismo. (Jorge Álvaro)
Conversaciones conmigo mismo. (Jorge Álvaro)

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