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Cómo ser feliz a martillazos: contra los libros de autoayuda

El antropólogo Iñaki Domínguez publica un libro panfletario, y delicioso, sobre el fenómeno editorial narcisista que no cesa

Foto: Mujeres se hacen selfies al borde del mar. (Reuters)
Mujeres se hacen selfies al borde del mar. (Reuters)

Hace un par de décadas que los manuales de autoayuda se han convertido en un negocio multimillonario. En realidad, no gozan de mucho prestigio, pero la coyuntura económica (desigualdad creciente, sociedad individualista, derrumbe institucional..) ha disparado su popularidad. Por eso produce cierta alegría encontrar un libro desmitificador, que rechaza el idealismo ingenuo para centrarse en cuestiones materiales. Se trata de un texto breve y que va al grano, titulado ‘Cómo ser feliz a martillazos’, firmado por el antropólogo Iñaki Domínguez y publicado en la editorial Melusina.

'Cómo ser feliz a martillazos'
'Cómo ser feliz a martillazos'

“La antipsiquiatría aspiraba a resolver conflictos psicológicos cuestionando los métodos tradicionales de la psiquiatría. Mi libro cuestiona la literatura de autoayuda tratando de mejorar la vida de las personas desde un enfoque contrario a esos libros superventas. Si la autoayuda, por lo general, centra su interés en modificar nuestra ‘realidad’ reprogramando nuestras ideas, yo abogo por transformar nuestra realidad material a través de la acción, de modificar el mundo objetivo. Mi planteamiento es el de una psicología sociológica. Como dijo Marx, ‘no es la conciencia de los hombres la que determina su existencia, sino, al contrario, es su existencia social la que determina su conciencia’. También podría haberlo dicho Durkheim, un sociólogo mucho más moderado políticamente”, apunta.

¿Consumo o compromiso?

Domínguez denuncia una de las grandes plagas de nuestro tiempo: el narcisismo. Reconoce la lucidez de Christopher Lasch, un pensador cristiano y marxista que ya detectó el problema hace cuatro décadas. Su ensayo ‘La cultura del narcisismo’ (1979) retrataba muchos problemas que han crecido desde entonces. “El narcisismo es la degradación de los individuos. Una cosa es contar con una posición crítica que se resiste a ser domeñada por la opinión general y otra volcarse en uno mismo sin establecer compromisos con el mundo. Digamos que el narcisismo representa el camino más fácil: vivir obnubilado en la contemplación de uno mismo sin luchar por mejorar nuestras vidas. Es un fenómeno que se intensifica de modo imparable con el desarrollo de una sociedad de consumo masificada, a la que, sin embargo, no le interesa la creación de vínculos sólidos entre personas”, lamenta.

Iñaki Domínguez
Iñaki Domínguez

La consecuencia de este proceso es otra patología social: el consumismo. “El consumo es una adicción como cualquier otra. Los adictos, generalmente, lo son porque carecen de relaciones sanas con otros. Se trata de una compensación a interacciones personales insanas. En un entorno como este, cada uno de nosotros se ve impelido a cosificarse, a tornarse un producto de consumo, con una identidad individualizada que no ha de ser contaminada por individualidades ajenas. Se trata de una degradación del utilitarismo liberal que hace del yo y de sus necesidades más groseras la medida de todas las cosas. Ahí volvemos al narcisismo, que es un onanismo estéril, un narcótico que nos inhibe y nos refrena de cualquier acción verdaderamente significativa. Digamos que el narcisismo ofrece un falso sentido a nuestra existencia. Una individualidad sana exige compromisos con uno mismo y con el mundo”, explica.

Retomar las obligaciones

Otro méritos del ensayo es proponer recursos. Por ejemplo, nos anima a aceptar que nuestras vidas necesitan malos ratos. “A primera vista, una existencia sin frustraciones puede parecer muy deseable; sin embargo, sin la frustración no hay cambio, ni progreso, ni siquiera felicidad. La felicidad es algo transitorio que solo existe al ser contrastada con periodos de dolor y sufrimiento. Se nos vende la fantasía de que el consumo nos hará libres, cuando ocurre exactamente lo contrario. El consumo no sacia, las relaciones personales sí. Incluso cuando acaban mal, son saciantes; además, nos ofrecen enseñanzas que nunca olvidaremos. Suponen experiencias que sirven para esculpir nuestro ser desde su base”, señala. La prueba de que algo no funciona son los datos de aumento de las enfermedades psicológicas en nuestro país. “A la altura de 2017, el 25% de los ciudadanos españoles ha sufrido o sufre alguna enfermedad mental, algo que según la Sociedad Española de Psiquiatría va unido a la crisis económica que inició su andadura en 2008”, recuerda el libro.

La mejor terapia psicológica consiste en cumplir nuestras obligaciones con los demás

Domínguez defiende que la mejor terapia psicológica consiste en cumplir nuestras obligaciones con los demás. “Esto crea una sensación de bienestar y felicidad que nos hace conducirnos moralmente de modo espontáneo, algo que solo puede repercutir en nuestro favor, tanto en términos psicológicos como sociales. Si cualquiera de nosotros se inhibe de cumplir sus obligaciones, surge una decepción con uno mismo que genera malestar. De ahí brota generalmente la maldad. La acción significativa es una herramienta para la purificación psicológica y el robustecimiento personal”, subraya. Su texto también destaca por una sólida bibliografía, que incluye a autores como Terry Eagleton, William Davies y Alberto Santamaría.

Besar la serpiente

Como aficionado a la música, utiliza un concepto de sus admirados The Doors para describir la actitud vital más recomendable. Hablamos de las apelaciones de Jim Morrison o “besar la serpiente” o “cabalgar la serpiente”. ¿En qué se traduce este enfoque? “Es una idea tomada de Carl Jung, de su recomendación de afrontar los miedos. La acción exige ser valiente, confrontar el terror al monstruo interior, que es el miedo. Jung establece que un enfrentamiento con nuestros temores hace que estos se disipen. Al inicio de su carrera, Jim Morrison estaba obsesionado con la idea de ser libre, algo que solo puede lograrse besando a la serpiente, venciendo a nuestros miedos. De algún modo, Morrison se decantó finalmente por transformar su consciencia a través del consumo de sustancias estimulantes".

"Esto no supone", prosigue, "confrontar nuestros terrores personales, sino más bien evadirse de los mismos. Es curioso que uno de sus libros de cabecera fuese ‘Los orígenes de historia de la conciencia’ (1949), de Erich Neuman, un psicoanalista junguiano. Allí se explica que debemos ser como Perseo y matar a la Medusa si queremos prosperar como individuos. Morrison, sin embargo, fue vencido por dichos apetitos inconscientes y murió antes de convertirse en un verdadero adulto. Digamos que el rockero comprendía la estrategia a seguir, sin ser capaz de materializarla”, afirma.

Bajar a la tierra

Por último, ‘Cómo ser feliz a martillazos’ nos pone en guardia contra las ficciones contemporáneas. “La vida ha de ser vivida en el mundo real, no en internet. Las personas se protegen de la experiencia, del mundo objetivo, porque no están dispuestas a confrontar su propia verdad. En mi libro es muy importante la idea de humildad. El término proviene etimológicamente del latín ‘humus’, que hace referencia a la tierra. Tener los pies en el suelo es la única manera de lograr las metas que nos proponemos. El ‘humus’ es compacto y hostil, opone resistencia ante nuestros esfuerzos. Ese ‘humus’ ha de ser nuestro terreno de juego, ese ámbito en el que nos movemos con la mayor soltura, algo que solo podremos lograr a través de sólidas acciones. La tierra nos humilla, y así nos permite construir nuestra identidad y destino sobre bases sólidas, permanentes. Muchas personas prefieren vivir en un mundo imaginario antes que verse humillados al confrontar los hechos”, concluye.

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