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Lapido: el Antonio Machado del rock español

Quedan tres conciertos de la gira de Lapido en solitario: Valencia el 16 de noviembre, Madrid el 24 y Granada el 1 de diciembre

Foto: José Ignacio Lapido en una imagen promocional. (Salvador Serrano)
José Ignacio Lapido en una imagen promocional. (Salvador Serrano)

Doscientas personas hacen cola ante la abominable imitación de las murallas de Ávila que rodea el Pueblo Español de Barcelona. En el interior de este escenario desapacible, visitado sólo por turistas con evidentes problemas de perspectiva, está para desgracia de todos la sala de conciertos Upload. Esta noche (la del sábado 10) toca aquí el gran poeta del rock español. Para oírlo en directo merece la pena esperar mientras las limusinas de alquiler vierten su contenido mutante. Se paga el precio de la entrada, que es barata, y el de oler el perfume de las inglesas que arrastran sus carcasas hasta aquí en busca de una despedida de soltera con genuino sabor español.

El gran poeta del rock nacional se llama José Ignacio Lapido y es, desgraciadamente, un músico "de culto". La historia de la música está llena de agujeros que reciben este discutible galardón, sinónimo de vivir con lo puesto y de esperar un premio que no termina de presentarse. En los márgenes encontraréis a los 'cowboys' de medianoche, a los incomprendidos, a los corredores de fondo. Lapido es uno de ellos: lleva tocando casi cuarenta años y esta noche, en Barcelona, no va a llenar del todo la sala. Se ríe ante la etiqueta "de culto" y es demasiado humilde para aceptar la de "poeta". En el camerino me dice que él se limita a buscar palabras para encajar en la melodía. Entonces, ¿cómo se explica esto?

"Nada más se supo de aquel hombre al que le gustaba ver llover, vestirse con traje oscuro y contar historias de amor y muerte que nadie pudo entender. Nada más se supo de la chica triste de la parada de autobús que quiso hacerse invisible y volar, volar en caída libre, seguir de cerca una luz. Estamos tan cerca de lo absurdo, tan lejos de la ingravidez, te explico en qué consiste el truco otra vez. Cierra los ojos cinco segundos hasta desaparecer".

O esto:

"Las monjas reparten comida a los que no han cobrado el paro, otros se conforman vendiendo pañuelos en los semáforos. Pero la calle se llena de noche de poetas y borrachos y de gente que enciende el mechero sobre la palma de la mano. Aunque nunca lo haya dicho, siempre lo he pensado: sigue estando Dios de nuestro lado".

El largo camino

Lapido escribió la segunda canción cuando era guitarrista, letrista y compositor en la banda 091, que se quedó a las puertas del cielo y se disolvió por cansancio. Tiene mujer y dos hijos y esta noche, además, una ciática espeluznante. A una hora del concierto arrastra la pierna por el suelo del camerino y no puede pararse de pie ni estar sentado. Me lo había dicho por mail y yo le respondí que estamos metidos en un siglo muy raro, porque la ciática y el reuma empiezan a ser más peligrosos para mis ídolos rockeros que la sobredosis de heroína. Me respondió esto a vuelta de correo:

"Que tu avión se estrelle en un lago helado apenas te da tiempo de saber cuál va a ser tu final. El ahogamiento en el río Mississippi es terrible pero para llegar a ese punto debes estar muy cocido ya. Que tu padre te pegue un tiro a la puerta de un motel es instantáneo y no te da tiempo a sufrir. La muerte por abuso de barbitúricos mientras cagas es algo que sólo Elvis puede contarnos lo malo que es. Pero la ciática es la muerte en vida. Que Buddy Holly, Elvis, Otis Redding, Sam Cooke, Jimi Hendrix, Keith Moon, Jeff Buckley y demás mártires del r’n’r me perdonen, pero la semana que llevo no es comparable a su martirio. En fin. Nos vemos si te parece bien. Charlando como si la vida fuera bella".

La ciática es la muerte en vida. Que Buddy Holly, Elvis, Otis Redding, Sam Cooke, Jimi Hendrix, Keith Moonny demás mártires del r’n’r me perdonen

En estas líneas de correo electrónico ha mostrado Lapido su artillería. Ahí están sus imágenes habituales, los referentes que nutren su música y la ironía negra que saca a su fatalismo granadino del peligro de convertirse en una fuente de monsergas. En persona impone respeto, aunque tiene la bondad desvalida y mansa que todo el mundo atribuye a Antonio Machado.

Si quieres que tu hijo se enganche a la poesía, ponle canciones Lapido

En la cola del concierto está esperando Jordi Vadell, filólogo y profesor. Ha escrito un libro donde interpreta las canciones de Lapido, 'En cada lamento que se hace canción' (Editorial Comares), que lleva vendidas dos ediciones y trae un prólogo del gran Miguel Ríos. Dice Vadell que Lapido "tiene un bagaje cultural inusual entre los músicos de rock. Trabaja bajo el dolor que produce la lucidez, desde el desencanto y el escepticismo, pero todo lo pasa por el filtro de la ironía. Si no llega a la gran masa popular es porque a sus canciones hay que prestarles atención".

Jordi Vadell: "Si no llega a la gran masa popular es porque a sus canciones hay que prestarles atención"

Vadell descubrió a 091 en Radio3 cuando era adolescente. Se compró su primer disco con sus ahorros. Cosa rara en un fan, le escribió una carta al letrista y no al cantante del grupo. Ahí empezó una relación epistolar que terminaría convirtiéndose en amistad y motivo de estudio para el filólogo. Pese a que eran los tiempos en los que 'Cero' estaba a punto de tocar la gloria huidiza, Lapido le respondió. El chaval le había enviado poemas y el letrista le dijo que estaban bien, pero que buscara su propia voz y no lo imitara. Le citó a The Stranglers: "no more heroes".

Cuando ya era profesor, Vadell presento a la Generalitat una asignatura optativa llamada "Rock y literatura" para 4º de la Eso. Pudo impartirla cuatro años, hasta que cambió la normativa y los profesores perdieron la libertad para presentar sus ingeniosos senderos hasta la literatura. "Siempre he creído que el rock es una escuela de poesía cojonuda", dice. "Hay que conseguir que el adolescente disfrute con la poesía y para eso está el rock, que es una puerta". Tiene razón: yo empecé a leer a Miguel Hernández sólo porque Roberto Iniesta lo nombraba en los discos de Extremoduro.

Maniobra de resurrección

Lapido es místico. Es muy callado. Granadino, lo que significa que no es la alegría de la huerta. Sus bromas son negras. "Y también es un tío extraordinariamente generoso", dice Vadell. Avanza la pasta a sus músicos aunque pierda dinero con el concierto. Ellos le prestan una lealtad absoluta, confían en él. "Raúl Bernal, su teclista, estuvo con Loquillo y volvió". Durante largos periodos de tiempo desde la separación de 091 no ha conseguido vivir de la música. Escribía artículos de opinión para 'Granada Hoy' y desempeñó otros curros creativos que no admitirá, porque firmaba con su primer apellido. Pero aquí está otra vez. Al fin hemos entrado al Upload. La ciática apenas se le nota cuando sale a rugir en el escenario.

Dos horas de concierto. Víctor Sánchez (guitarra), Popi González (batería), Jacinto Ríos (bajo) y Bernal a los teclados. Canciones de 'El alma dormida', su último disco, y demás joyas de su repertorio. En 2016 volvieron a unirse los 091 para una gira por toda España en la que esta vez sí les sonrió el éxito y llenaron en todas partes. Llamaron a la gira 'Maniobra de resurrección' y se rumorea que en mayo sacarán un nuevo disco. Por lo pronto, quedan tres conciertos de la gira de Lapido en solitario. Valencia el 16 de noviembre, Madrid el 24 y Granada el 1 de diciembre. No digan que no les avisé.

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