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Bienvenidos a la ciudad oculta: así es el subsuelo alienígena de Madrid

Tras 'Edificio España', el cineasta canario Víctor Moreno explora los túneles del metro, las alcantarillas y la orografía más desconocida bajo la superficie de una gran urbe

Foto: Un fotograma de 'La ciudad oculta', de Víctor Moreno.
Un fotograma de 'La ciudad oculta', de Víctor Moreno.

"La primera vez que entras en el subsuelo de una gran ciudad es muy impresionante"; "el trabajo que tiene una ciudad subterránea es tremendo, porque en extensión es casi igual a la ciudad visible". En 'La ciudad oculta', el cineasta canario Víctor Moreno se adentra, como un explorador espacial, en las alcantarillas, los túneles, los pasadizos que conforman el plano invisible bajo la epidermis de Madrid. El sistema circulatorio del metro de la capital, por ejemplo, se extiende a lo largo de 294 kilómetros de vías que el año pasado recibieron hasta 626 millones de viajeros. Cuando las estaciones se cierran, los túneles dormidos se llenan de trabajadores que dedican su jornada laboral nocturna a conservar y mantener las instalaciones, pertrechados con cascos y linternas, bajo capas y capas de hormigón.

Bajo la mirada de Moreno, la ciudad subterránea parece más un planeta alienígena o una cinta de ciencia ficción. "Es un territorio conquistado del hombre a la naturaleza, igual que el espacio. No podríamos vivir bajo tierra si no fuese gracias a la técnica y al trabajo. Me llamaba la atención como un lugar tan intrínsecamente humano es un sitio tan claustrofóbico, a pesar de ser producto de nuestra creación", medita Moreno pocas horas después de la primera proyección de su última película en el Festival de Cine de Sevilla. Sin diálogos, inmersiva, hipnótica y rítmica, 'La ciudad oculta' pasará después por el Festival de Ámsterdam, uno de los certámenes internacionales más prestigiosos del cine documental.

"Yo llevo mucho tiempo en Madrid, pero vengo de Canarias, y nunca había vivido bajo tierra como en Madrid, simplemente por el hecho de viajar en metro. Me llamaba la atención cómo te metes en el metro en Moncloa y sales en Callao y no eres consciente de una ciudad, sino de una oscuridad entremedias. ¿Y qué hay detrás de esa oscuridad?". Casi trescientos kilómetros de raíles de 1,445 metros de ancho y 54 kilogramos de peso por metro de vía que atraviesan túneles de 7,74 metros de ancho y 6,87 metros de alto, un lugar al que el ciudadano de a pie no suele tener acceso. "No existe un imaginario del subsuelo de una ciudad. Nunca había sido retratado o, si lo había sido, es de una forma más vinculada a las películas de atracos o de suspense, y a mí me interesaba la idea de convertir ese espacio apenas filmado en un universo que pueda parecer una estación espacial".

Me encantaba la idea de territorio inexplorado, por comienza con la llegada de una especie de astronautas, que en realidad son trabajadores

"Cuando entras por primera vez la impresión es ¡tan grande! Es como cruzar un umbral, donde pasas de la cotidianidad a algo desconocido. Me encantaba la idea de llegar a un territorio inexplorado, por eso la película comienza con la llegada de una especie de astronautas, que en realidad son trabajadores, que se están adentrando en un mundo donde las estrellas no son estrellas, sino humedades. Es una ciudad que nunca habíamos visto. Quisimos centrarnos en la vida que hay en ese universo, no sólo la humana, sino también la de los microbios", explica Moreno, cuya anterior película, 'Edificio España', estuvo nominada al Goya a Mejor documental en 2015. "Otro de los motivos de la película era acercarnos a esa gente que mantiene una infraestructura inmensa y de la que pasamos de largo. Se sentían reconocidos con la película, en el sentido de que hay alguien que se ha preocupado porque se vea su universo. Ellos están acostumbrados al anonimato, a trabajar de noche y a que su trabajo no esté reconocido, apesar de a pasar hasta ocho horas al día bajo tierra".

Otro momento de 'La ciudad oculta', de Víctor Moreno.
Otro momento de 'La ciudad oculta', de Víctor Moreno.

Bajo el asfalto también se despliegan los 4.499.671 metros de alcantarillado que transportan un caudal de 9.100 litros por segundo. Una red con conductos y zonas de distintas dimensiones, desde alcantarillas de 0,3 metros de ancho hasta accesos de 7 metros. "Allí abajo huele muy complicado, es lo más jodido de todo", ríe Moreno. "Éramos un equipo de seis personas, con mucho aparataje, y hemos rodado en sitios en los que perfectamente te podías pasar tres horas totalmente encorvado". En 'La ciudad oculta', el director canario ha grabado en la oscuridad sin más ayuda que la de unas lentes de Alemania del Este de los años setenta, las linternas de los trabajadores y los elementos luminosos de las propias infraestructuras, lo que provoca en el espectador una sensación de desorientación y extrañeza, de lugar mágico y extraterrestre. "La película juega continuamente con la idea de trampantojo. Lo que tú piensas que es una pared al final resulta que no es una pared, las estrellas son el reflejo del agua. Me gustaba mucho la idea de confundir lo de dentro de la tierra con lo de fuera de la Tierra".

En 'La ciudad oculta', el director canario ha grabado en la oscuridad

Antes de poner en marcha su película, Moreno pasó alrededor de cuatro meses documentándose: con su equipo visitó lugares bajo tierra, consultó los (pocos) libros que hay sobre el mapa subterráno de la ciudad, artículos, archivos y planos de ingenieros, y se reunió con muchos de los organismos de los que dependen las distintas redes. "Hemos rodado dos meses de continuo y luego otra semana aparte después. Lo que pasa es que en la mayoría de los sitios teníamos dos o tres horas de rodaje al día, nada más, a toda leche. El acceso era de dos de la mañana a cinco de la mañana y teníamos que ir muy precisos a rodar exactamente lo que queríamos. En muchos sitios, a las cinco nos echaban fuera porque se ponía a funcionar todo ya".

Los trabajadores parecen astronautas en 'La ciudad oculta', de Víctor Moreno.
Los trabajadores parecen astronautas en 'La ciudad oculta', de Víctor Moreno.

"La primera vez que entré en uno de los túneles del metro me impresionó mucho, sobre todo por las dimensiones", recuerda el director y guionista. "El subsuelo tiene mucho poder de fascinación, sobre todo para mí, que me atrae el perderme en sitios angostos. En los viajes de agua, que son como canalizaciones de agua antiguas, te daba esa sensación de explorador que avanza a través del agua que te llega por el pecho y que lleva ahí mucho tiempo. En la película salen ahí las raíces, como lianas: la naturaleza abriéndose paso". Porque la red de conductos subterráneos tiene su propio ecosistema. La cámara de infrarrojos de 'La ciudad oculta' avanza por los túneles y se cruza con gatos, ratas y cucarachas. Los animales observan a los intrusos como alienígenas a los que se les sorprende descansando en sus dominios. Incluso hay imágenes microscópicas de los microorganismos que habitan las aguas residuales, que se retuercen y despliegan los filamentos de sus 'bocas' de monstruo extraterrestre.

Cartel de 'La ciudad oculta'
Cartel de 'La ciudad oculta'

Como contrapunto a una sinfonía urbana visual y sonora (el trabajo de sonido es minucioso y expresivo), debajo de la poesía también se esconde una realidad social que 'La ciudad oculta' no quiere dejar al margen. Un hombre sin hogar duerme al gélido abrigo del hormigón subterráneo. "Hay gente durmiendo en diferentes zonas, sobre todo en periodos de invierno. En los bajos de Azca es bastante conocido. Y a mí me interesaba incorporar a la película el subsuelo como espacio de trabajo, de paso pero también [lamentablemente] de vida".

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