Simone Weil, la 'virgen roja' que seduce a la izquierda y a la derecha

75 años después de su muerte, el legado de la filósofa sigue más vivo, y discutido, que nunca

Foto: Simone Weil
Simone Weil

Seguramente muchos lectores se sorprendieron cuando Marión Marechal, probable heredera del liderazgo del Frente Nacional, daba esta respuesta en una reciente entrevista con El Confidencial: “Hay una frase de la filósofa Simone Weil que afirma que ‘el desenraizamiento destruye todo salvo el deseo de pertenencia’. Hemos llegado a un momento en el que existe un sentimiento de carencia de raíces porque a la gente se le ha desposeído de su Historia, o como mínimo, se le ha encerrado en una forma de arrepentimiento que hace que muchas personas se sientan desposeídas de una herencia material e inmaterial que les pertenece. Porque se culpabiliza toda forma de vínculo, también el ligado a la cultura y a la identidad”, señalaba.

No parece muy lógico que una líder de extrema derecha cite a una filósofa que se declaró bolchevique con solo diez años, sirvió como voluntaria en el bando republicano español (hasta que tuvo que abandonar por un accidente) y consideraba que los izquierdistas de su época no eran suficientemente radicales, ni comprometidos, ni cuidadosos con la fragilidad humana. Albert Camus la describió como “el único espíritu grande de nuestra época”.

Inteligencia extraordinaria

El interés de Maréchal en Weil (1909-1943) no es una excepción en la derecha. Si abrimos una publicación conservadora como La Gaceta, podemos encontrar más firmas que admiran a la pensadora parisina, por ejemplo el periodista José Javier Esparza. Hablamos de uno de los teóricos más sólidos de la nueva derecha española. “El perfil de Simone niña es el de un ser hipersensible. Para conocer el dolor del prójimo, decide privarse de golosinas. Acosada por terribles jaquecas, se asusta ante su propia ternura y se obsesiona con la idea de ser neutra, impersonal. Dotada de una inteligencia extraordinaria, estudió Filosofía y Literatura Clásica. A los diecinueve años ingresó con el número uno en la Escuela Normal Superior (el centro de formación del profesorado), obtuvo una cátedra de Filosofía y tres años después comenzaba a dar clase en un liceo. Era 1931. Años convulsos.”, escribe en un artículo de otoño de 2017.

Simone Weil
Simone Weil

¿Por qué se la conocía como ‘La virgen roja’? Fue un apodo inventado por su mentor escolar, Émile Chartier, a quien impresionaban las radicales posturas políticas de su alumna. A pesar de su carácter cariñoso, Weil destacaba por evitar todo contacto físico, incluso con sus amigas. También llamaba mucho la atención su costumbre de vestir con ropa masculina.

El lujo como droga moderna

El pensamiento de Weil, por supuesto, también atrae a la izquierda. Algunos de sus escritos iluminan dinámicas actuales: por ejemplo, Weil se obligó a trabajar en una fábrica para compartir el estilo de vida de la clase obrera. Las largas jornadas en condiciones brutales llegaron a quebrar su espíritu. En alguno de sus textos más honestos, confesaba que al volver a casa se lanzaba sobre la revista de moda 'Elle' como una adicta a su dosis de cocaína.

Calle de la Filósofa Simone Weil en Vallecas, Madrid.
Calle de la Filósofa Simone Weil en Vallecas, Madrid.

El episodio lo recuerda el prestigioso siquiatra Guillermo Rendueles para ilustrar la función que cumple el culto al lujo en las clases explotadas de nuestro tiempo, como explica en el libro colectivo ‘Contrapsicología: de las luchas antipsiquiátricas a la psicologización de la cultura’, publicado por Dado ediciones. ¿Más señales de que el pensamiento de Weil está más vigente que nunca? El ayuntamiento de Ahora Madrid le rindió homenaje en 2017 bautizando con su nombre una calle de Vallecas.

Complicidades morales

El rigor intelectual de la francesa queda claro en una frase de su ‘Diario de guerra’, escrito durante su participación en nuestro conflicto civil, donde formó parte de la columna Durruti: “Un hermoso día. Si me cogen, me matarán… Pero nos lo merecemos. Los nuestros han vertido mucha sangre. Soy moralmente cómplice”, admite. En un artículo de este mismo mes, Alejandro Del Río Hermann recuerda que Weil se sentía más cercana al escritor católico Geoges Bernanos, militante del bando franquista, que a sus propios compañeros del frente de Aragón. El motivo es que Bernanos había descrito con crudeza y compasión la barbarie de la guerra en su ensayo ‘Los grandes cementerios bajo la luna’ (1938), donde se atrevió denunciar la brutal represión del bando nacional en Mallorca.

En sus mejores libros, Weil despliega un escepticismo lleno de lucidez sobre los errores políticos de la izquierda

La New Left Review, biblia de la izquierda global, dedicó un elogioso editorial a Weil en el pasado número de mayo/junio. Allí la coronaban como una de las tres pensadoras clave del siglo XX, junto con Hanna Arendt y Simone de Beauvoir (quien, por cierto, quedó segunda en el examen de acceso a la Escuela Normal Superior donde nuestra protagonista fue primera). En sus mejores libros, muchos de ellos publicados después de su muerte, Weil despliega un escepticismo lleno de lucidez sobre los errores políticos de la izquierda. Pocos supieron verlo tan claro: “En 1932 hizo un viaje a Alemania, para observar de primera mano el ascenso del partido nazi. Cuando regresó, escribió un extenso reportaje de diez capítulos sobre la situación del país. Allí condenaba la pasividad del SPD (partido socialista) y el sectarismo ciego del KPD (partido comunista), cuando ambos tenían delante el rodillo del fascismo”, explica el editorial.

Lamentaba una situación donde la izquierda manejaba elementos para ganar, pero terminó perdiendo a lo grande. “El capital había llegado a los límites de su reproducción, pero la Revolución Rusa había dado a luz un régimen burocrático que no tenía nada que ver con el socialismo, el nazismo se alzaba triunfal en Alemania y el ‘New Deal’ de Estados Unidos era poco más que una variante tecnocrática del capitalismo autoritario”, recuerdan.

“Marx no es bueno para tomar decisiones”

El juicio más demoledor de “la virgen roja” tiene que ver con el fracaso del proyecto soviético: “No ha existido nunca en todo el planeta un estado de lo trabajadores, excepto unas pocas semanas en el París de 1871 (La Comuna) y quizá unos cuantos meses de 1917 y 1918 en Rusia. Por otro lado, durante quince años ya y sobre una sexta parte del planeta, hemos tenido un estado -la URSS- tan opresivo como cualquier otro, que ni es capitalista ni es de los proletarios. Sin duda, Marx nunca anticipó nada parecido, pero Marx no puede ser más precioso que la verdad”, señaló a principios de los años cuarenta. Remataba estas palabras con un análisis de gran utilidad política. “Marx no es buen autor para ayudarnos en la toma de decisiones; Maquiavelo funciona mucho mejor”. La izquierda posterior, desde Saul Alinsky hasta Pablo Iglesias, recogió esta potente intuición.

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