se estrena este viernes

Raperos y traperos, ¿los nuevos quinquis del siglo XXI?

El documental 'Quinqui Stars' traza un paralelismo entre el cine quinqui de los 70 y 80 y la escena 'underground' del trap español

Foto: Berta Socuéllamos y José Antonio Valdelomar en 'Desprisa, deprisa' (1981), de Carlos Saura. (C.B. Films)
Berta Socuéllamos y José Antonio Valdelomar en 'Desprisa, deprisa' (1981), de Carlos Saura. (C.B. Films)

Justo antes de la proyección de la película, Ramsés Gallego, alias El Coleta (que no El Coletas, coño, no se cansa de corregir), coge el micrófono y empieza a cantar. Se disculpa, porque no canta muy allá, dice, y porque tiene la garganta mal. Pero da igual, porque El Coleta tiene algo, ese nosequé genuino y precioso que no se compra ni con el número uno de la radiofórmula. "Esta es la historia de un Juan Castillo con la coleta de Roberto Baggio". Primera frase y dos en la frente. Una referencia a Los Chunguitos y a un mítico del 'Calcio'. Porque El Coleta, con todo su deje de barrio, su chándal y sus gafas de sol macarreras, es una enciclopedia´andante de cultura popular, de la que se ha empollado el cine quinqui, la historia del fútbol, la rumba, y un rapero que no olvida que la música es un motor de cambio y que mete el dedo en todas las llagas posibles con sus letras agresivas y políticas. El Coleta se reivindica como pionero del rap quinqui, dirige sus propios videoclips y ahora protagoniza 'Quinqui Stars', el documental sobre la cultura quinqui que dirige Juan Vicente Córdoba, participó en la sección Doc. España de la 63 edición de la Semana de Cine de Valladolid y este 30 de noviembre se estrena en los cines españoles.

Aunque 'Quinqui Stars' es un documental excesivamente largo y algo disperso (habla sobre la cultura de la periferia, la precariedad juvenil, el cine quinqui, la música del cine quinqui, el deterioro del sistema educativo y hasta del Procés), la película de Córdoba plantea un paralelismo muy interesante entre la cultura quinqui de los setenta y ochenta y la popularización de la escena rap, trap y reggaeton en los últimos años. Entre lo que representa la figura de Yung Beef y lo que supuso en los 70 Ángel Fernández Franco, 'El Torete', hay una distancia más corta de lo que separa la cronología. Ambos movimientos culturales salen del extrarradio, reivindican los suburbios y el orgullo de clase. Hablan de droga, de follar y de una vida perra, tienen su jerga y surgieron desde los márgenes, fuera de la industria. Colaboran los unos con los otros, se amigan o se desprecian. Y han logrado que hasta las revistas de moda compren la estética de barrio. 'El Torete' en la portada de 'Fotogramas' en octubre de 1979. Yung Beef posando en la sección de Estilo de 'El País Semanal' en octubre de 2018.

'Quinqui Stars' quiere ser mucho (mezcla documental de entrevistas con docuficción con imágenes de archivo con momentos oníricos de ficción pura), pero donde brilla es en el seguimiento a El Coleta, carisma destilado, en su ruta por este movimiento 'neoquinqui' de la mano de las 'trap queens' Blondie y Bea Pelea y del grupo de rap feminista IRA.

"Desde los años setenta hemos perdido la memoria de la clase obrera, de los barrios pobres de la guerra de clases por atontamiento general", defiende en el documental la periodista Montserrat Santolino. "En la época del quinqui en El Raval había un 70% de paro juvenil y las administraciones no tenían suficientes plazas en las escuelas para los jóvenes. Como tampoco había hueco para ellos en los reformatorios los llevaban a las cárceles de adultos y empezaron a ver como una forma de supervivencia ir al centro de la ciudad y dar el palo. Y había barra libre de drogas". "El rap, el trap, la rumba quinqui en su momento tienen mucho de grito, de protesta y de contracultura", prosigue Santolino. "Ahora la industria se lo come y lo vomita, e incluso en los barrios de donde salió ha perdido esa carga política y se ha convertido en un producto de consumo. En ese proceso pierde la carga de crítica política".

El Coleta es el protagonista de 'Quinqui Stars'
El Coleta es el protagonista de 'Quinqui Stars'

"Algunos de estos chavales de extrarradio ven ahora el trap como una salida laboral factible, una forma de alcanzar la fama, el éxito y el dinero. De conseguir vivir y salir adelante", apoya por su parte la crítica y comisaria de arte Mery Cuesta.

¿En realidad es el trap el nuevo quinqui?

Blondie y Bea Pelea son la nueva sensación de la escena de trap y reggaeton de Barcelona. Graban con sus colaboradores en casa, con pocos medios y ven la música como una salida laboral para evitar trabajos alienantes y mal pagados. "Soy una chica ambiciosa y un poco vaga a la vez, pero que siempre consigue lo que quiere", se define Blondie, que en realidad se llama Ivana, tiene 25 años, viene de un pueblo "de pocos recursos" de la periferia de Barcelona y empezó a hacer trap para ganarse la vida después de quedarse en el paro. "Me gustaría ganarme el pan por mí misma sin tener ninguna persona por encima de mí que me diga lo que tengo que hacer y luego llegar a mi casa y no tener pa' comer".

Bea Pelea se llama Beatriz Constenla y también tiene 25 años. Viene de una familia muy diferente a la de Blondie. Su madre es escritora y ensayista y su padre es Pablo Bicho, músico, antiguo miembro del grupo de punk gallego Radio Océano, fundador de la banda rock Los Bichos y cantautor. Nació en Málaga y ha vivido en Granada, Madrid, Guatemala, México y Barcelona. Estudio el Bachillerato de Artes y empezó Psicología y canta reggaeton con alto contenido erótico. "Si me quedo en Barcelona para tener que trabajar de camarera y no puedo hacer música, me voy de España", cuenta.

Frente a la música más lúdica y hedonista de estas dos artistas, tanto IRA como El Coleta desmienten que el rap contemporáneo no tenga conciencia política. "Hija de la Ira. Comando 'scum', servicio a domicilio. Venimos a cobrarle los daños y perjuicios. Echen los cerrojos, escondan a los niños, vienen las feministas repartiendo vicio. El niñato que va de bien queda y se las da de bueno delante de la abuela, se cuelga medallas por hacer la cena, como si cuidarle fuera mi problema. A nosotras no nos la pegas con ese rollito de victima fiera", canta este grupo madrileño formado por cuatro raperas (dos Saras, Carmen y Elvira) que suenan como un mortero, rabiosas y poderosas.

En sus letras llaman a la lucha armada por "la clase obrera y el honor de las hermanas". "Ahora mismo nosotras estamos centradas en hacer música para las chavalas, para que tengan referentes y se sientan empoderadas", le explican en un momento de 'Quinqui Stars' a El Coleta. "El rap es una herramienta para expresar tus vivencias y tu realidad".

'In memoriam' del cine quinqui

En el documental de Córdoba también hace un repaso por los títulos que dieron forma a la corriente quinqui dentro del cine español. Las películas de José Antonio de la Loma ('Perros callejeros', de 1977; 'Perros callejeros 2', de 1979, y 'Los últimos días de El Torete', de 1980), los títulos de Eloy de la Iglesia ('Navajeros', de 1980; 'El pico', de 1983', y 'El pico 2', de 1984) y 'Deprisa, deprisa' (1981) de Carlos Saura.

Cartel de 'Los últimos días de El Torete'.
Cartel de 'Los últimos días de El Torete'.

"Donde otros ponían la cámara, Eloy de la Iglesia ponía los huevos", sostiene José Sacristán, que trabajó en 'Navajeros' en el papel de un periodista que investiga el fenómeno de la delincuencia juvenial de los suburbios. De la Iglesia utilizaba datos reales para concienciar sobre la correlación entre un alto índice de delincuencia y la desprotección social de los barrios marginales. "De los jóvenes delincuentes detenidos en el último año sólo un 2% vivía en zonas residenciales lujosas", escribe el personaje de Sacristán en 'Navajeros'. "Un 5% en barrios bien situados socialmente, un 19,5% en casas de tipo medio y el 73,5% restante eran muchachos que vivían en los suburbios. En total, el 88% de los jóvenes detenidos eran hijos de obreros manuales".

Sacristán: "Yo creo que quinquis somos todos ya. Aquí no se salva ni Dios"

"Hoy el término ‘quinqui’ abarca al 80% de la población. El mundo está lleno de gilipollas y muchos de ellos con derecho a voto", critica el Sacristán actual en el documental. "Estamos bordeando la delincuencia, incluso desde las altas esferas. Trump está ahí porque le han votado millones, y hay millones de personas que están bailando de alegría cada vez que este hijo de puta, que este quinqui, comete un atropello". "Hoy ha salido que el PP tiene una cuenta B y millones de personas van a seguir votando otra vez al PP. Entonces, ¿qué coño hacemos? Yo creo que quinquis somos todos ya. Aquí no se salva ni Dios".

El Torete en la portada de 'Fotogramas'.
El Torete en la portada de 'Fotogramas'.

Córdoba también reivindica la figura de los principales actores del cine quinqui, jóvenes delincuentes que de un día para otro se convirtieron en personajes populares, pero que acabaron muertos antes de los 30 años por culpa de las drogas o el sida, como El Pirri, El Torete, El Mini, José Luis Manzano o Sonia Martínez. "El auténtico ícono del cine quinqui es Ángel Fernández Franco", afirma Bernard Seray, actor en 'Los últimos días de El Torete'. "En concreto con Ángel conecté mucho, porque era un chico que, en cierta medida quería aprender. Educación tenía muy poca; de hecho no sabía leer. O leía muy mal: era el típico que leía sílaba a sílaba, cosa que traía problemas a los actores con los que trabajaba. Era lento a la hora de memorizar y texto, de ejecutarlo. Era una muestra de la cultura de estudio que tenía, que era muy limitada. De cultura de calle era, verdaderamente, un cum laude”. “A él lo devoró el personaje y lo acabó hundiendo, cuando podría haber sido perfectamente el Anthony Quinn español". Sin embargo acabó muriendo de sida al poco de cumplir 31 años, en 1991, casi al mismo tiempo que el cine quinqui quedaba enterrado por el espíritu optimista de la España de los años dulces del 'felipismo'.

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