'After europe'

Contra la identidad europea: "La crisis de los refugiados fue nuestro 11-S"

El concepto de clase se ha sustituido por el de cultura y la extrema derecha reivindica "los valores europeos". Un nuevo libro apunta a una posible desintegración de la Unión Europea

Foto: Refugiados sirios cruzando la frontera entre Grecia y Macedonia. (Reuters)
Refugiados sirios cruzando la frontera entre Grecia y Macedonia. (Reuters)

“Le Figaro dijo que usted, Matteo Salvini, quiere volar en pedazos la Unión Europea. ¿Es eso lo que quiere hacer?”.

“No, todo lo contrario. Creo que la historia nos ha encomendado el papel de salvar los valores europeos de raíces judeocristianas, el derecho a la seguridad, a la vida. La Unión Europea ha crecido demasiado, demasiado rápido, sin raíces comunes. Tan solo cuenta con una moneda única. Por eso estamos intentando reestablecer el espíritu europeo que ha sido traicionado por aquellos que gobiernan esta Unión”.

Esta entrevista de ‘The Time’ a Salvini publicada esta semana es un ejemplo más del gran debate europeo del siglo XXI: la identidad y las tensiones entre unidad y diversidad de los países en un contexto globalizado. Pero esta preocupación no es nueva.

El historiador húngaro Oscar Jaszi se preguntó en 1929 sobre el futuro de Europa. “¿Es posible mantener unidas diferentes naciones con distintas tradiciones, de tal manera que cada una de ellas mantenga su particular modo de vida pero, al mismo tiempo, su soberanía nacional esté limitada lo suficiente como para conseguir que la cooperación internacional sea pacífica y efectiva?”.

El 11-S de Europa

Ivan Krastev menciona esta cuestión de Jaszi en su importante y urgente ensayo ‘After Europe’ (2017). La tesis principal del libro es que la crisis de los refugiados de 2015 fue el “11-S de Europa”, porque ha cambiado el paradigma de la identidad y los valores europeos. “No es la crisis económica o la desigualdad la que explica el auge del nuevo populismo [de derechas], sino el fracaso del liberalismo a la hora de solucionar el problema migratorio”.

After Europe, Ivan Krastev (2017)
After Europe, Ivan Krastev (2017)

Krastev, investigador búlgaro del Instituto para las Ciencias Humanas de Viena, es uno de los intelectuales más respetados de toda Europa. Madeleine Albright, Robert Kagan, Timothy Snyder e incluso George Soros han ensalzado su trabajo. Según ‘Le Monde’, ‘After Europe’ es el ensayo más relevante que se ha publicado sobre la situación actual de la Unión Europea.

En la época de la migración, nos cuenta Krastev, las recientes crisis han provocado que la democracia ya no sea un mecanismo de inclusión, sino de exclusión. Los valores fundacionales de la Unión Europea -su tolerancia, apertura y civismo- tampoco son percibidos como las bondades de la UE, sino como sus vulnerabilidades.

El intelectual búlgaro culpa a los nuevos populistas por esta revuelta identitaria. Ellos están convencidos de que esta crisis ha sido una conspiración entre las élites cosmopolitas y los inmigrantes. ¿El objetivo? Diluir la identidad nacional y europea. Krastev apunta que el nuevo populismo no representa a los perdedores de hoy, sino a los posibles perdedores del mañana. Es decir, a las mayorías amenazadas -aquellas que lo tienen todo y temen perderlo todo-.

Los revolucionarios solitarios

Otras declaraciones de Salvini como “me da igual que me llamen racista si consigo reducir el número de inmigrantes ilegales” o “se acabó la buena vida; empiecen a hacer las maletas”, confirman la tesis de Krastev: los revolucionarios del siglo XXI no son aquellos que luchan contra lo políticamente correcto, sino los inmigrantes. “Cruzar la frontera de la Unión Europea es mucho más atractivo para ellos que cualquiera de las utopías”.

Antes de la crisis de 2008, el sentimiento de la Unión Europea como verdadero fin de la historia era común entre los políticos, intelectuales y burócratas. Los chinos, los rusos, los países árabes: todos acabarían convergiendo con el paraíso europeo, construyendo un riguroso estado de derecho repleto de libertades y una economía abierta y moderna. En esa línea se movía Mark Leonard, cofundador y director del 'think tank' Consejo Europeo de Relaciones Internacionales, que en 2005 escribió lo siguiente: “Europa representa una síntesis de la energía y libertad del liberalismo con la estabilidad y el bienestar social de la socialdemocracia […] el modo de vida europeo será irresistible para el resto del mundo”.

Pero todo ha cambiado, nos advierte Krastev. Aunque el modelo político de la UE sea admirable, es muy poco probable que se convierta en universal. ¿Qué ha pasado? Y por otro lado, ¿por qué la percepción de muchos europeos es que aceptar la entrada de inmigrantes es un síntoma de fallo democrático y de pérdida de soberanía? Una posible respuesta la podemos encontrar… en un economista.

Adiós a la soberanía nacional

En ‘La paradoja de la globalización’, el académico Dani Rodrik anunció su famoso trilema, que sigue siendo relevante para explicar las fricciones que hoy agitan al mundo: Rodrik dibujó un triángulo cuyos vértices eran la globalización económica, la soberanía nacional y la democracia política. ¿El problema? Solo se pueden escoger dos.

El trilema ofrece tres opciones: una democracia globalizada sin soberanía nacional, una democracia autárquica o un régimen autoritario

Ivan Krastev utiliza la paradoja de Rodrik para escribir que las democracias europeas (y sus élites), en su intento postnacional de superar estos dilemas, han fracasado. De ahí que los liberales vuelvan a reivindicar ahora el “patriotismo constitucional” como pegamento cohesionador y arma ante los nacionalistas. Porque en el trilema tienes tres opciones: una democracia globalizada sin soberanía nacional, una democracia hermética y autárquica o un país globalizado sin legitimidad. Es decir, un régimen autoritario.

Trilema de Dani Rodrik
Trilema de Dani Rodrik

El autor pone un ejemplo: si todos los países europeos contaran con una política fiscal común, la Unión Europea funcionaría mejor. Sin embargo, esto pondría en peligro la soberanía nacional, ya que sus ciudadanos perderían poder en la toma de decisiones. “La principal preocupación entre los líderes europeos es que la gobernanza democrática acabe siendo destructiva para el proyecto de la Unión”.

Sobre todo, porque el suicidio de la Unión se parecería bastante, según Krastev, a una serie de referéndums a lo largo del continente, como el Brexit. Lo paradójico es que la nueva ultraderecha no quiere abandonar la Unión Europea, más allá de sus amenazas y chantajes. Quiere cambiarla y recuperar "su identidad".

La Europa del Visegrado, traicionada

Ivan Krastev también analiza por qué el auge de los nuevos populismos de derechas ha tenido lugar en Centroeuropa. A fin de cuentas, ellos han sido y son inmigrantes en países de la Europa occidental y se benefician de muchas ayudas. Pero Krastev dice que se ven como los perdedores olvidados.

Enfrentados a la llegada de inmigrantes que cruzan sus países y atrapados por la inseguridad económica, muchos centroeuropeos se sienten traicionados por la promesa de que la adhesión a la UE supondría un empujón de prosperidad. La crisis de la demografía, unida al influjo de inmigrantes, activa la percepción de que su identidad está en peligro.

Los avances de la ultraderecha demuestran que no vivimos un choque entre países, sino ante una apropiación por el concepto de la identidad europea

“La crisis de los refugiados ha dejado claro que los valores cosmopolitas para el Este de Europa suponen una amenaza, mientras que para el oeste de la Unión son esos valores los que fijan la identidad europea”. Quizá sea aquí, y no en su alarmismo provocador sobre la desintegración de Europa, donde se equivoca Krastev. Los avances de la ultraderecha en el oeste del continente, que en algunos países varían entre el 10% y el 30% (Le Pen, Salvini, Wilders, AfD, el partido de la Libertad austriaco), demuestran que no vivimos un choque entre la Europa occidental vs oriental, sino una pelea entre ciudadanos de la Unión por apropiarse del concepto de identidad europea. Y defenderla contra sus enemigos.

El miedo a los bárbaros

Tzevan Todorov, otro búlgaro que hizo carerra intelectual en Francia, ha sido uno de los pensadores más influyentes del continente en las últimas décadas. Ganó el Premio Príncipe de Asturias por “representar el espíritu de la unidad de Europa”. Su obra cumbre fue ‘El miedo a los bárbaros’ (2008), donde sentó las bases de la identidad europea en el siglo XXI, escribiendo que esta no es una isla monolítica, sino una gestión juiciosa de la pluralidad.

El miedo a los bárbaros, Tzevan Todorov (Galaxia Gutenberg)
El miedo a los bárbaros, Tzevan Todorov (Galaxia Gutenberg)

¿Qué quiere decir esto? Todorov escribe: “La unidad de la cultura europea reside en su manera de gestionar las diferentes identidades regionales, nacionales, religiosas y culturales que la constituyen, asignarles un nuevo estatus y sacar partido de esta pluralidad. La identidad espiritual de Europa no conduce a eliminar las culturas particulares y las memorias locales, sino en adoptar una misma actitud frente a la diversidad”. Es decir, no prometer un cosmopolitanismo vacuo donde todos somos ciudadanos del mundo, sino tomar conciencia de las tradiciones, pero también saber tomar distancia de ellas.

El propio Todorov ya había advertido que la cultura que no cambia es una cultura muerta. Aun así, es normal que los integrantes de una cultura se vean amenazados. En Bulgaria se preguntan: ¿Quién escribirá poesía búlgara dentro de cincuenta años? Aunque todas las culturas sean mixtas y cambiantes, si somos miembros de una comunidad estable y diferenciada, sentimos que todo cambio que afecte a nuestra cultura es un atentado contra nuestra integridad.

La identidad es difícil de definir y siempre surge en oposición a alguien. Es un término resbaladizo porque es plural y cambiante. Como ha escrito Ramón González Férriz en este periódico, casi todo lo que ha ido mal en Europa en las últimas décadas ha sido culpa de la obsesión identitaria que de vez en cuando aparece en las sociedades o los individuos de nuestro continente. Por eso, nos recuerda Todorov, si ha tenido sentido el proyecto común de la Unión Europea durante estos últimos 60 años es para que su identidad cada día sea un poco menos excluyente, y no al revés.

La ultraderecha y sus encantos

Para frenar a la ultraderecha, Krastev propone asumir parte de las exigencias del electorado que se está marchando y no establecer un cordón sanitario. Otros, como Juncker en una entrevista en 'El Mundo', se muestran tajantes y piensan que los partidos tradicionales están “coqueteando” con las ideas de los populistas. “Si haces eso, la gente votará al original, no a la copia”. También está Macron, que en su enfrentamiento contra Salvini y Orbán con vistas a las elecciones europeas de 2019 habla de "globalización humanista" y un "despertar inmediato de las democracias".

Se siga la estrategia electoral que se siga, es evidente que la nueva extrema derecha en Europa cuenta con una ventaja. El atractivo de los populistas, ultima Krastev, es que ofrecen una victoria final. Al fin y al cabo, quieren destruir el pluralismo de las sociedades, silenciando las voces incómodas. Así se explican las sanciones del Parlamento europeo a la Hungría de Orbán o a Polonia por su derivas autoritarias.

Por el contrario, las democracias liberales nunca podrán obtener esta victoria final. Cualquier día pueden venirse abajo porque permiten a sus enemigos tener un altavoz. Pero de su principal defecto nacen sus principales virtudes: su capacidad de autocrítica, flexibilidad y pluralismo, condiciones indispensables para evolucionar y asumir los cambios. Además, la Unión Europea siempre se ha aplicado aquello que dijo el poeta: "¿Quién habla de victoria? Sobrevivir es suficiente".

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