40 años de historia

Tiroteos y pasodobles: la fabulosa historia de la Orquesta Alcatraz

Actuaron este sábado en Madrid, como parte de la renovación popular de Los Veranos de la Villa

Foto: La orquesta Alcatraz en plena actuación
La orquesta Alcatraz en plena actuación

Desde hace tres temporadas, Los Veranos de la Villa han hecho un esfuerzo por dar un giro popular a su programación. Quizá sería más preciso decir “deselitizarla”: se pasó de las entradas caras a conciertos gratuitos y de concentrar la oferta en el centro de Madrid a acercarla a los barrios. También se ha rebajado el esnobismo de los contenidos, pero este año es especial por el atrevimiento de contratar a una orquesta de fiesta patronal (no es solo eso, pero también). Se han decidido por una de las más míticas, cuyo nombre oficial es 'Alcatraz, La Orquesta', fundada en 1973 y reconvertida en lo que es ahora en los dorados ochenta.

“Al principio, Alcatraz era un grupo instrumental de funky, que contaba con Teddy Bautista y otros miembros de Los Canarios. Luego se convirtió en un orquesta popular. Yo solo llevó dos años, pero mi padre fue uno de los miembros iniciales. Mi madre también está implicada y mi hermana ha escrito la biografía que está colgada en la web”, nos cuenta Alejandro Bohórquez, uno de los cantantes de esta formación de dieciséis miembros. Actuaron este sábado en la explanada de la Calle Bailén, frente al Palacio Real, a las 21 horas.

La Orquesta Alcatraz en plena actuación.
La Orquesta Alcatraz en plena actuación.

La historia del grupo es muy intensa: incluye tocar con leyendas de la canción latina como Camilo Sesto, Rocío Dúrcal y Rafael Carrá, entre otros. También pusieron, durante años, música a los programas de Jesús Hermida. Pueden presumir de hacer tocado en la boda de Rocío Jurado y Ortega Cano. Pero, sobre todo, se ha recorrido durante décadas los pueblos de España para alegrar los días más festivos del año. Con este currículum de altos vuelos, me pregunto cómo llevan esa percepción de las orquestas como algo cutre, chabacano y hortera. “Es verdad que existe esa imagen degradada. Pero, no sé… es un tipo de desprecio que también puede ser bueno. Que te vean como algo arrabalero significa que formas parte de la cultura popular. La gente nos lleva apoyando toda la vida y eso es lo que cuenta. Ciertas personas tienen una perspectiva elitista, aunque también hay muchas orquestas muy malas. Quizá los representantes deberían hacer un esfuerzo por poner al día la calidad y la estética de las orquestas”, apunta Alejandro.

Noches con tiros

Por supuesto, tres décadas de historia dan para muchas aventuras. “Anécdotas hay infinitas. Uno de los miembros con más carisma se llamaba Paco, era cantante y fue el segundo marido de mi madre. Me contaba que cuando estaban de gira por Estados Unidos, como banda de Camilo Sesto, les impresionó el paso por Chicago. A la una de la madrugada solían estar jugando al póker y por las ventanas del hotel se escuchaban disparos. Era gente pegándose tiros en altercados callejeros, una cosa como de cine negro. Imagina que ambiente: la habitación cargada de humo, las botellas de whisky y los balazos silbando por fuera”, explica.

Actuación de la orquesta Alcatraz.
Actuación de la orquesta Alcatraz.

En España tampoco faltaron grandes momentos. “Me emociona una historia del País Vasco, en los tiempos duros de ETA. Estaban tocando en un pueblo que no recuerdo cuál era y les interrumpieron dos encapuchados para dar un discurso. Paco y Alfredo se retiraron a los costados. El mitin se prolongó, no acababa nunca, así que Paco empezó a impacientarse, hasta el punto de que se acercó a uno de ellos a decirles que la orquesta estaba trabajando y que si no podía quitarse la capucha, que allí estaban todos a cara descubierta. Paco tenía mucho respeto por su trabajo y por el público que tenía delante. Lógicamente, al acabar la actuación, él y mi madre estaban algo tensos. Salieron del pueblo en coche y comenzaron a oír golpes en el capó. Sonaban como “!PA-PA-PÁ¡” y otra vez “!PA-PA-PÁ¡. Lo primero que pensaron es que venían a pegarles una paliza. Bajaron la ventanilla y vieron que era gente del público, que estaban golpeando el vehículo al grito de ‘!AL-CA-TRAZ¡ !AL-CA-TRAZ¡’. Era su forma de celebrar la noche y dar las gracias por la gala”, comparte.

Repertorio sin descanso

¿Hay alguna canción esta temporada que esté funcionando especialmente bien? “Diría que la de Morat, unos chicos colombianos. Siempre sube un par de grados la temperatura de la pista. Se titula ‘¿Cómo se atreves a volver?’ El problema es que no sabes cuánto va a durar. Recuerdo que hace un par de años pasaba lo mismo con ‘Bailando’, de Enrique Iglesias, pero al final acabamos por sacarla del listado porque sentimos que ahora suena fuera de contexto. Ha quedado un poco arrinconada. Llevamos ochenta o noventa por ciento de repertorio clásico y vamos renovando el resto con canciones más recientes”. El grueso de su actuación es para “nombres como Tom Jones, Joe Cocker, Aretha Franklin, Tina Turner, Marc Anthony, coplas, Raffaela Carrá…Tiramos por artistas que ni están de moda ni han dejado de estarlo. Tenemos un repertorio atemporal, me parece lo más inteligente” ¿Algún truco para detectar qué himnos pueden incorporarse y cuáles no? “Una canción que no se pueda bailar forzosamente va a fracasar. No cabe música contemplativa, que haga reflexionar o sentir. Aquí no valen descansos”, señala.

Una canción que no se pueda bailar forzosamente va a fracasar. No cabe música contemplativa, que haga reflexionar o sentir

Me interesa mucho averiguar si se cumplen los tópicos. ¿Es más fácil hacer bailar a un andaluz que a un gallego? “Seguramente sí. Lo curioso es que Galicia es el paraíso de las orquestas, donde más demanda hay, mientras que en en el sur no tocamos tanto últimamente. Galicia es uno de los lugares donde puedes encontrar un público más pasivo, pero que al terminar la canción aplaude con más sentimiento y más intensidad que en otros lugares. A lo mejor no son tan lanzados, pero lo disfrutan tanto o más que el resto. Pero, bueno, los españoles en general somos gente abierta y festiva, casi cada noche hay comunión con el público”, celebra.

Desde los años noventa, la industria musical ha cambiado por completo, dejando a muchos de sus agentes en la ruina, desde las tiendas de discos hasta decenas de artistas y sellos discográficos. ¿Cuál es el secreto de la supervivencia de las orquestas? “Es un fenómeno que deberían estudiar los paleontólogos. Ya apenas hay grupos musicales que puedan sobrevivir con dieciséis o diecisiete personas sobre un escenario. Alcatraz se ha salvado porque creamos una marca muy fuerte y hemos aprovechado esa inercia. Es increíble la forma en que se aprecia nuestro trabajo. Al final de las galas, es normal encontrar gente muy emocionada, que te busca y te dice ‘menos mal que todavía existen cosas así’. En la música popular actual tenemos demasiadas cosas iguales y el público aprecia que vengas con una opción distinta. A nosotros no nos piden reguetón ni electrolatino, sino que incluyamos más pasodobles porque eso es lo que apenas tienen oportunidad de escuchar”, explica.

Entre el cielo y el suelo

¿Cuál diría que fue el momento más duro en la vida de la orquesta? “Hay dos personas que eran el alma de Alcatraz, Alfredo y Paco. Su muerte nos afectó mucho. Eran dos tipos extrovertidos, los líderes de la orquesta, que siempre daban la cara en los programas de televisión, interactuando con el presentador y con el público. Alfredo dejó un gran vacío con su muerte y cuando se fue Paco sentimos que era difícil justificar la supervivencia de la orquesta. Eran cantantes, que además tocaban trompeta, trombón y saxo. Paco fue una figura paterna para mí. A veces pienso que seguimos por mantener vivo lo que ellos crearon, con todo nuestro cariño”, admite.

Por supuesto, también hubo años de gloria. “La mejor etapa, sin duda, fueron los ochenta. Entonces la popularidad de Alcatraz era…no sé que palabra escoger. Hubo meses de treinta días en los que se daban treinta y una galas. En el país había dinero y ganas de música. También fue memorable acompañar a Camilo Sesto en la gira por América, incluyendo el Madison Square Garden. Para un músico como Paco, que había nacido en Benicàssim, era una situación impensable. Nunca se imaginó cantando en Nueva York ante 50.000 personas. También actuaron con Camilo en Japón. Hubo épocas de tocar cada día en la tele, que crearon un círculo virtuoso, ya que ellos disfrutaban de su trabajo y cuantas más veces tocas, mejor músico te vuelves. No necesitaban representante que les fuera vendiendo porque cualquiera podía ver los buenos que eran. Muchas orquestas se fijaban en ellos para tomar decisiones”, recuerda. Quien se acercó el sábado a la calle Bailén, tuvo delante un pedazo de historia de España.

Cultura

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
7 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios