Cuando 'El Quijote' fue un manual 'bucólico' de la gastronomía española
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un viaje por las mesas españolas de la época

Cuando 'El Quijote' fue un manual 'bucólico' de la gastronomía española

El periodista Tomás Álvarez hace el millón de interpretaciones de Cervantes, 'Cosas de la bucólica. La gastronomía en El Quijote'

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Portada de 'Cosas de la bucólica. La gastronomía en El Quijote'

Dicen que después de la Biblia, 'El Quijote' es la obra universalmente más interpretada desde que el hombre es hombre.

He leído muchas monografías sobre diversos asuntos temáticos que plantea el genio de Alcalá y manco de Lepanto –no conocía tampoco que había sido proveedor de la Armada Invencible y recaudador de impuestos de Felipe II– pero ninguno relativo al manual 'bucólico' que 'El Quijote' ofrece en materia de gastronomía. Asunto que por sí sólo –como recoge el autor-nos da cabal idea de aquella sociedad dominadora en el orbe afuera y que dentro se moría de hambre.

"A través de este viaje gastronómico podemos concluir con una cierta justeza qué tipo de sociedad le tocó vivir a Miguel de Cervantes"

De modo y manera que ha llegado a mis manos una preciosa y exclusiva edición titulada 'Cosas de la bucólica. La gastronomía en El Quijote' que firma Tomás Álvarez, leonés de militancia, y que pasó toda una vida –salvo tramos– en diferentes destinos dentro de la Agencia EFE. Creo, sinceramente, que un periodista de talento y pasión no debería jubilarse nunca. Entendido esto último muy lejos de relaciones laborales, de compromisos contractuales y de nóminas o colaboraciones más o menos exportables.

Bien. Álvarez, que suele refugiarse desde su 'júbilo' en la montaña del noroeste leonés ha hecho, escrito y publicado la que yo modestamente llamo 'millón' interpretativa de la inmortal escritura del contradictorio alcalaíno. La vida tiene en ocasiones caminos serpenteantes y amén contradictorios. Ambos pasamos años en la EFE de Ansón, tan variopinta (mucho más que ahora), pero no reencontramos recientemente a la lumbre poética de una amiga común.

Aquel tiempo en el mundo de don Miguel

Casi tan común como nuestro talibanismo por la buena escritura, el talento descriptivo que es capaz de sobrevolar casi todo. Entrando en harina, es un hecho cierto que en las páginas del 'Quijote' encontramos la sabiduría culinaria empírica. Desde los quesos de La Mancha y Aragón (de Trochón), a los vinos de Ciudad Real y Málaga, los gansos de la vieja Castilla (Lavajos), a los garbanzos andaluces (Martos). Pero Junto a ellos también sobreviven los productos extranjeros como las aves de Italia, los higos secos argelinos o el caviar que traen los peregrinos alemanes. Por eso, el autor que ha investigado a fondo el asunto, cree que se trata de un error craso reducir la gastronomía quijotesca a la comida típicamente manchega.

Lo sustancialmente para el crítico en el libro que honramos es que a través de este viaje gastronómico podemos concluir con una cierta justeza qué tipo de sociedad le tocó vivir a Miguel de Cervantes. Es una gastronomía (verduras, garbanzos, cerdo, carnero, pan, sobre todo pan) a caballo entre la gastronomía medieval y la moderna. Donde el descubrimiento del Nuevo Mundo dará paso a un nuevo mundo de sensaciones y oportunidades en la cocina (especies, gallipavo, etc…).

Cuando ser español era 'bien comido'

Sostiene Tomás Álvarez que en esos siglos España asume un protagonismo mundial (de acuerdo con el orden internacional marcado por el propio imperio español) que tiene consecuencias. La primera es, sin duda, el exhibicionismo culinario de la nobleza española por todo el orbe conocido. La segunda que el orden hispano en la mesa, primero un plato, luego otro, se extiende por el mundo civilizado de entonces. La mesa de Barataria impone estilo.

De ese modo y manera, cuando Sancho llega a la mesa, sus sirvientes, con enorme pompa, “levantaron una blanquísima toalla repleta de frutas y otros manjares… En la mesa de Barataria se ofrecen platos muy especiados, tales como conejos guisados, ternera adobada, perdices, una gran olla podrida (signo de distinción en aquellos tiempos), y al pobre Sancho no le dejaron probar bocado. Es el almuerzo más surrealista de la historia universal”, sostiene el periodista/investigador.

De “duelos y quebrantos” que ha pasado hasta el Román paladino de nuestros días.

Foto: La cocina manchega de Cervantes, revisitada

Como ha escrito al respecto del trabajo de Tomás Álvarez otra profesional de EFE, Belén Molleda, estamos ante un libro “para comérselo”.

Como el autor es de semimontaña leonesa que se reivindica como reino (porque lo fue), donde antaño pastaba el choto y el carnero, y el crítico que firma nacido y pacido en la Ribera del Duero, me permitirá concluir este breve acercamiento a un trabajo que faltaba por hacer y desentrañar de las viejas páginas del Ingenioso Hidalgo y del 'sanchopancista' elemento, con un viejo dicho que suele ventear la gente del surco a sarmentar: “Ni hay ni puede haber ningún secreto donde reina el vino”. Lo había en el manuscrito de don Miguel. Ya no lo hay.

Las obras universales también dan para un requiebro en los fogones, vísceras de la condición humana. No morirán nunca, como los grandes soldados y los buenos periodistas. Se ocupen o escriban de los 'milikos' argentinos o de las lentejas cervantinas.

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