Acompañé a la gente a morir durante cuatro meses: de ruta por el Portugal abandonado
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'AHORA Y EN LA HORA DE NUESTRA MUERTE'

Acompañé a la gente a morir durante cuatro meses: de ruta por el Portugal abandonado

El libro de Susana Moreira recoge la experiencia de la periodista el verano de 2011, cuando se unió a un proyecto de cuidados paliativos domiciliarios para decenas de enfermos

placeholder Foto: 'Ahora y en la hora de nuestra muerte' es el primer libro de la periodista Susana Moreira (Vitorino Coragem/Libros del K.O.)
'Ahora y en la hora de nuestra muerte' es el primer libro de la periodista Susana Moreira (Vitorino Coragem/Libros del K.O.)

“En 2009 la Fundación Calouste Gulbenkian puso en marcha un proyecto de cuidados paliativos domiciliarios en el altiplano mirandés, en Trás-os-Montes. De aldea en aldea, una médica, enfermeros y otros profesionales de la salud ayudan a decenas de enfermos de diferentes edades, condiciones sociales y circunstancias familiares a pasar el final de la vida con el mayor bienestar posible y a morir, acompañados, en casa. Este libro es el resultados de varias visitas, entre junio y octubre de 2011, a ese proyecto y esas personas”.

Esta nota aclaratoria abre ‘Ahora y en la hora de nuestra muerte’, el primer libro de la periodista Susana Moreira (Oporto, 1976) y que ahora ha editado en España Libros del K.O. Moreira viaja hasta el centro de la muerte y encuentra vida. A veces rota, pero vida al fin y al cabo. No demuestra miedo al adentrarse en la oscuridad durante la primavera de hace siete años. “No es la idea de lo desconocido lo que asusta: es la idea de que no haya desconocido; fin y se acabó”, escribe. No demuestra miedo pero sabe que existe.

placeholder 'Ahora y en la hora de nuestra muerte' (Libros del K.O.)
'Ahora y en la hora de nuestra muerte' (Libros del K.O.)

Durante su viaje por el aislado noroeste portugués, Moreira conoce a La Parca, a personas que la asumen y a otras que se enfrentan a ella, tanto pacientes como enfermeros o médicos y vive como propia la muerte ajena. Son historias cortas, amargas, delicadas y personales. Cuesta tragar cuando Moreira relata en pocas palabras el dolor, no de los hijos, sino del profesional que no pudo salvar a la madre. “Asistió al entierro; les puso la mano en el hombro a los hijos, que podrían ser hermanos suyos”.

Paula, João, Maria, Elisa y Sara protagonizan la segunda parte del libro. Si en la primera recogía fragmentos, notas y reflexiones sobre el fallecimiento, la vejez o la soledad, ahora la periodista pone nombre a los enfermos, a sus familiares o a la aldea en la que se reúnen para comer, reír o llorar en unos capítulos más novelados. Moreira los acompaña ese verano, recoge sus testimonios y les cede unas páginas para que su voz, cruda, suene en ellas en primera persona.

‘Ahora y en la hora de nuestra muerte’ es un relato dividido en píldoras literarias que forman las escenas mortuorias de los mayores del pueblo. Pero Moreira, en su narración intercalada con reflexiones personales, no quiere quitarle ni un ápice de realidad y recuerda las camas articuladas, los pañales, las dosis de morfina, las vendas, las pomadas, los tubos, sueros o agujas. “La muerte es sobre todo un proceso físico. La muerte de literario tiene poco”. De media, en 2010, una persona murió cada 38 días en estas aldeas y pueblos, en un área que en total abarca 1.728 kilómetros cuadrados.

Carreteras de morfina

Moreira recorre las casas y las piedras. Encuentra a la muerte en pueblos bonitos, solitarios, fríos, acogedores o desangelados. Entre la tierra, los huertos, la calidez y la compañía, despide a algunos de sus habitantes. Muchos no han conocido otro hogar en su larga vida. La muerte de la carne va unida a la del pueblo, un cuerpo en sí mismo, con pulmones que se van quedando sin aire y ahogándose a medida que merma su población carente de niños. La soledad, deja intuir, hace que la muerte llegue en vida.

placeholder Casa típica de Trás-Os-Montes, en Carragosa (Manuel Anastácio)
Casa típica de Trás-Os-Montes, en Carragosa (Manuel Anastácio)

La crónica de su ruta en coche sobre el asfalto caliente es casi igual de intensa que el relato de la atmósfera mortecina que envuelve las casas de los enfermos. En las carreteras, dice, se suceden las metáforas: frutos que caen maduros o caminos que se cortan. El de Moreira es un acercamiento a la muerte que ha perfumado y acicalado para que la miremos a los ojos sin tanto miedo, pero con la misma presión inamovible en el pecho.

En uno de esos pasajes que nos alejan por un momento de la preocupación de qué habrá más allá, Moreira advierte: “Cualquier parecido entre estos personajes y personas reales no es mera coincidencia y es muy probable que conozcas a alguien en la misma situación”. ‘Ahora y en la hora de nuestra muerte’ es un reportaje, una reflexión intimista, preciosa y delicada sobre la soledad, el campo, el amor, el olvido y la muerte, a la que roza con los dedos y mira de frente. Moreira está ahí para verla una y otra vez cumplir su cometido hasta marcharse saciada.

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