RECOMENDACIONES LITERARIAS

Los crímenes son para leer en verano

Varios escritores y periodistas han trasladado al papel crímenes que sucedieron en la realidad

Foto: Imagen de un precinto policial. (EFE)
Imagen de un precinto policial. (EFE)

El verano es para leer y para la crónica negra. No hay relato más atractivo: acción, un misterio, unos culpables, sospechosos, víctimas. En el teatro de la ficción lo tiene todo. Más peliagudo es cuando se torna real. Pero aun así, nos sigue interesando y fascinando. Porque el crimen nos habla de lo que somos, de lo que podemos llegar a hacer, de lo que, como Freud diría, se esconde en la profundidad de nuestros pensamientos. Y de lo que se enfrenta a lo único que realmente poseemos: la vida.

Varios escritores y periodistas han trasladado al papel crímenes que sucedieron en la realidad. Estos son algunos de ellos.

El crimen sin cadáver

En 2009 Julia y Maurici desaparecieron del pueblo tarraconense de Els Pallaresos. Se habían marchado sin dejar rastro. El último en verlos había sido Ramón Laso, marido de ella y cuñado de él, que durante dos años contó la misma historia: Julia y Maurici estaban enamorados y habían huido para vivir su romance. Sin embargo, dos años después, Laso fue detenido y acusado del asesinato de la pareja. En 2014, tras la instrucción y el juicio, fue condenado a 30 años de cárcel.

No obstante, este crimen no acaba aquí ya que la sentencia desmonta uno de los grandes mitos que tiene la ciudadanía sobre los asesinatos y las penas. Jamás se encontraron los cadáveres de Julia y Maurici, pero eso no evitó que Laso acabara entre rejas. ¿Es posible ir a la cárcel como autor de un asesinato aunque nunca se halle el cuerpo y tampoco se confiese el crimen? Sí, es posible.

Portada de 'Sin cadáver'.
Portada de 'Sin cadáver'.

Precisamente, esta historia, el proceso de instrucción, y el propio asesino llamaron la atención de la periodista Fátima Llambrich, que decidió entrevistarse con el reo para construir el libro 'Sin cadáver' ('Sensa cadáver', en catalán). En él recrea el perfil de Laso, pero también cómo la Unidad Central de Personas Desaparecidas de los Mossos consiguió demostrar que los cadáveres habían existido y que fue Laso quien acabó con la vida de su mujer y su cuñado.

Así, según cuenta Llambrich, los 'mossos' dieron con la prueba indiciaria que condenó definitivamente a este hombre que ya había pasado por la cárcel a finales de los ochenta por matar a su pareja. Una de las claves fue la llamada de teléfono que hizo al 'Diari de Tarragona' para contar que Julia y Maurici habían huido. La triangulación del móvil puso a Laso en el lugar en el que no debería haber estado si quería seguir adelante con el engaño.

Crimen en la huerta murciana

'Sin cadáver' es pura crónica negra con un material real. Miguel Ángel Hernández se adentra más en la ficción, aunque la utiliza para contar un suceso real que ocurrió en la huerta murciana en 1995. Aquel año tras la Nochebuena, Nicolás, el mejor amigo de Hernández, mató a su hermana a golpes y después se tiró por un barranco. Hernández decidió contar aquello, con un formato cercano al 'thriller', y qué le supuso, como una indagación en su propia persona, en la novela 'El dolor de los demás'.

Portada de 'El dolor de los demás'.
Portada de 'El dolor de los demás'.

El crimen salió en los informativos de la época. Hasta Hernández dio unas declaraciones en televisión. Pero después el caso se quedó ahí guardado en las cintas de las cadenas televisivas, mientras la herida se quedaba en el interior del escritor y profesor de Historia del Arte. Hernández tenía solo 18 años cuando aquello sucedió. Al igual que su amigo. Y nunca había habido ninguna señal que pudiera conducir a aquel hecho macabro. Además, al contrario de lo que sucede con otros asesinos como el de la catana [José Rabadán] que acabó con la vida de sus padres en el año 2000 y también en Murcia, el suicidio de Nicolás culminó con cualquier posibilidad de adivinar qué le llevó a matar a su hermana y luego a suicidarse.

El crimen emergió en la mente de Hernández cuando se planteó qué había ocurrido con él después de aquello. Y, sobre todo, cuáles eran sus sensaciones. Porque un crimen, al fin y al cabo, no es solo el hecho en sí, sino todo lo que remueve en los que están alrededor. "Nunca he tenido muy claro, exactamente, si lo seguía queriendo o no después de lo que hizo, si lo perdonaba o no, si lo echaba de menos o no, si era un hijo de puta o no, si fue un momento de locura...; sentía un caos de emociones del que yo intenté escaparme y al que he tenido que enfrentarme ahora mientras escribía la novela. He intentado plasmar en palabras todo este caos de emociones: odio, perdón, rabia, nostalgia... y todo lo sientes de manera conjunta", contaba recientemente en una entrevista en el periódico 'La Verdad'.

Eso es el crimen: el dolor de los demás.

18 años, mujer, desaparecida

Francia no solo vive de la magia de Emmanuel Carrère. Hace unos meses llegaba a las librerías españolas 'Laetitia o el fin de los hombres', de Iván Jabonkla. Es la historia de Laetita Perrais, una chica de 18 años que desapareció en la región del Loira Atlántico en 2011 y que no apareció hasta meses después descuartizada en un lago. Jabonkla no escribió ni una novela ni un ensayo ni un reportaje. Es un homenaje a la víctima, como él mismo ha señalado. Y también es un recordatorio sobre cómo es el funcionamiento de las democracias.

Portada de 'Laëtitia o el fin de los hombres'.
Portada de 'Laëtitia o el fin de los hombres'.

Porque en esta historia, en la que el escritor detalla el crimen y la vida —bastante perra— de Laetitia (familia desestructurada, viviendo con padres de acogida que llegaron a abusar sexualmente de su hermana), si hay una crítica es para el Gobierno de Nicolas Sarkozy. Durante el proceso judicial salió a la luz que el principal acusado podría haber estado entre rejas por un crimen anterior, pero un fallo administrativo permitió que estuviera en la calle. Sarkozy, obviando la separación de poderes de su compatriota Montesquieu, atacó a los jueces y el sistema judicial provocando la primera huelga en la judicatura en toda la historia de Francia. "Sin quererlo, Laetitia salvó a la democracia", ha afirmado Jabonkla.

Por supuesto, el escritor no olvida todo el furor mediático que desató este caso durante meses. Cumplía con todos los requisitos para que así fuera: una mujer joven, guapa, desaparecida. Misterio y juventud. Y vulnerabilidad. No obstante, Jabonkla tampoco elabora una crítica a los medios: "Lo que destrozó la vida de los seres cercanos a Laëtitia fue la violencia, no los periodistas. Sin duda, los medios fueron insistentes, quizá obsesionados por la desaparición de Laëtitia. Los periodistas pasan a veces por carroñeros, pero su trabajo es informar: cualquier ciudadano quiere saber lo que pasa debajo de su casa. Se espera que el asesinato de una mujer de 18 años, por la emoción que suscita, entre en la esfera pública. Forma parte de la democracia", manifestó a la revista 'Letras Libres'.

De Fago a Asunta

En España hay dos casos que también conmocionaron a la sociedad y que fueron trasladados a las páginas de un libro: los crímenes de Fago (Huesca) y de la niña Asunta. El primero ocurrió en 2007 cuando Santiago Mainar mató al alcalde del pueblo Miguel José Grima. Sin embargo, pasaron días hasta que saliese a la luz el sospechoso. Aquel año había 33 personas censadas en este municipio oscense. A todas se les recogieron pruebas de ADN. Se pensó que había sido desde un accidente de tráfico hasta que la banda terrorista ETA pudo estar detrás.

Portada de 'Emboscada en Fago'.
Portada de 'Emboscada en Fago'.

La cuestión se complicó porque después del crimen muchos vecinos mostraron sus condolencias, pese a que el alcalde se había enemistado con muchos de ellos. Solo Mainar le siguió criticando abiertamente. 19 días le duró la coartada hasta que se autoinculpó. Periodistas como Jesús Duva y Carles Porta cubrieron este caso que inundó los informativos. Y luego lo convirtieron en libro.

Portada de 'Fago'.
Portada de 'Fago'.

El primero bajo el título 'Emboscada en Fago', que es también una reflexión sobre el microcosmos de este pueblo pirinaico. El segundo, ‘Fago, si te dicen que tu hermano es un asesino', que Porta construyó con declaraciones de Mainar en la cárcel y de su hermana, y que deja la puerta abierta a si actuó solo o en compañía de otras personas.

El 21 de septiembre de 2013, los padres de una niña de 12 años, Rosario Porto y Alfonso Basterra, ponían una denuncia en la comisaría de Santiago de Compostela a las 11 de la noche. Su hija, Asunta Basterra, había desaparecido cuando, supuestamente, la habían dejado en casa haciendo los deberes. Pero el teatro duró poco. De madrugada, el cuerpo de la niña era encontrado en una pista forestal de Teo, cerca de la casa que la madre tenía en el municipio. Cuando los agentes de la Guardia Civil acudieron a la casa se toparon con una serie de pruebas que llevaron rápidamente a la detención de los padres como autores del crimen.

Portada de 'El crimen de Asunta'.
Portada de 'El crimen de Asunta'.

El revuelo mediático del caso Asunta fue abrumador. Tenía una pregunta que golpeaba una y otra vez: ¿por qué unos padres matan a su propia hija? Si siempre hay un móvil, ¿cuál era en esta ocasión? La periodista Cruz Morcillo intentó dar una respuesta, a partir de las pesquisas del juez José Antonio Vázquez Taín, en el libro 'El crimen de Asunta'. En él recrea qué ocurrió y el proceso de instrucción, las pruebas, cavilaciones, y quiénes eran realmente Rosario y Alfonso, que ahora cumplen una pena de prisión de 20 años.

Y todo pudo ser una macabra carambola. Ella quería vivir su vida; él quería volver con ella. Asunta sobraba para el fin que ambos perseguían. Maquiavelo, desde luego, se había quedado corto.

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