arrasan en la olimpiadas de ilusionismo

España, la gran potencia mundial de magia: “Ganamos hasta 15.000 euros por 'show”

Los ilusionistas españoles arrasaron la semana pasada en las 'olimpiadas de la magia'. Se pasan el día de gira internacional por países donde se han convertido en auténticas estrellas

Foto: La 'selección española' de magia en Busan (Corea del Sur).
La 'selección española' de magia en Busan (Corea del Sur).

Identificarse como español en países remotos ha entrañado tradicionalmente un riesgo: el de que alguien te pregunte bromeando si eres torero. La asociación va camino de transformarse en lugares como Corea del Sur, donde cobra protagonismo una generación de jóvenes magos españoles, cada vez más conocidos, que lo están ganando todo.

La semana pasada, consolidaron a España como la gran potencia mundial del ilusionismo en el Campeonato Mundial que organiza cada tres años la Federación Internacional de Sociedades de Magia (FISM), una suerte de olimpiadas que esta vez tuvieron lugar en Busan (Corea). Los representantes españoles arrasaron entre los cerca de 4.000 participantes y encabezaron el 'medallero': ocho trofeos en cinco categorías distintas, incluido el premio gordo: el Gran Prix de Magia en Escena.

Corea, China, Japón, Alemania y Estados Unidos han sido tradicionalmente los favoritos en estas competiciones de ilusionismo, que se dividen por categorías, como magia cómica, magia de grandes ilusiones, mentalismo, micromagia, cartomagia... “Llevamos años creciendo, pero España ahora mismo es el país puntero. En los setenta hubo una generación de genios españoles en la llamada ‘magia de cerca’ [trucos de cartas y similares, ante audiencias reducidas], pero ahora destacamos en casi todas las categorías”, comenta Woody Aragón, uno de los artistas que acudieron a Busan, invitado por el FISM para cerrar una de las grandes galas del evento.

En los setenta hubo una generación de genios españoles en la llamada ‘magia de cerca’, pero ahora somos punteros en todas las categorías

Muchos de los magos que actúan en pequeñas y asequibles salas de Madrid —como el Teatro Encantado— se pasan meses viajando por todo el mundo y en el extranjero llegan a cobrar hasta 15.000 euros por 'show'. “Hay gente totalmente desconocida aquí y sin embargo encadenan contratos de muy buen nivel, viajando por el mundo entero como estrellas”, explica Jorge Blass, otro de los profesionales españoles que acudieron al campeonato. “En el circuito internacional hay un mercado muy establecido para ser mago y mucho trabajo. Además de los 'shows', hay escuelas de magia, se comercializan las propias ideas, algunos viven bien solo inventando trucos y vendiéndolos...”, dice.

Jorge Blass, en el escenario de Busan.
Jorge Blass, en el escenario de Busan.

Miguel Muñoz, ganador del gran premio este año, interpretó un número con agua en Corea. “Un chorro cae desde el techo y van apareciendo esferas transparentes que se transforman otra vez en líquido. Es un juego poético y visual. Se llama Agua”. Su 'show' fue el más valorado por un jurado de ocho magos (“profesionales de todo el mundo”) que tuvieron en cuenta la originalidad del espectáculo, la puesta en escena y la atmósfera, entre otras cosas. “En la anterior edición, ganó el gran premio otro español, Héctor Mancha. Y este año he ganado yo. Ningún país había ganado nunca dos grandes premios seguidos”, dice.

Los magos españoles están muy cotizados en países asiáticos, pero también en Estados Unidos. Por ejemplo, Miguel Muñoz acaba de participar en el rodaje de la última película de Tim Burton ('Dumbo'), que se estrenará en marzo. A Jorge Blass le sonó un día el teléfono y al otro lado de la línea estaba David Copperfield. “Me compró los derechos para EEUU de un truco que hago en el que un espectador elegido al azar entra en Facebook, escoge a un amigo de su lista y esa persona se teletransporta físicamente a una caja de cartón. Me fui a Las Vegas a firmar ese contrato”.

Pero ese truco requiere mucha producción. Incluso comprar los billetes de avión de una persona, ¿no?

—No hay que comprar billetes, ni nada, porque es teletransporte.

Héctor Mancha ganó la edición pasada en Rímini. “Hacía 30 años que España no ganaba y parece que yo rompí la tradición. En el tribunal había además una española, May Closa, presidenta de la Sociedad Española de Ilusionismo. Mi especialidad es la categoría de escena, concretamente el robo escénico. Robo carteras y relojes a los espectadores, aunque luego los devuelvo. En el número teatral que hice este año, aparecen montones de billetes”, resume. Mancha ha protagonizado varios programas de televisión en Asia y su portada se ha imprimido en los diarios de varios países. “La verdad es que sí tengo un poco de nombre allí”, resume con modestia.

Miguel Muñoz posa con sus premios.
Miguel Muñoz posa con sus premios.

Los ilusionistas españoles no se sienten profetas en su tierra. Mancha se queja, por ejemplo, de que el mundo de la política los tiene abandonados. “Ni siquiera sé de qué ministerio dependemos, supongo que de Cultura, pero en otros países como Francia hay subvenciones y ayudas, y en España no tenemos nada. Ningún político se acuerda. No hemos ganado el Mundial de fútbol, pero sí el de magia y nadie lo celebra”. Woody Aragón comenta que se sobreponen a la falta de atención que recien en España colaborando entre ellos, haciendo piña. “Nos organizamos entre nosotros. Somos un grupo muy compacto, de amigos, casi todos vivimos en Madrid y quedamos mucho, nos ayudamos, hacemos cenas de magos. Estamos casi siempre en contacto y creamos sinergias muy positivas”.

Jorge Blass calcula que habrá unos 300 o 400 españoles ganándose la vida con la magia, y que en un mismo fin de semana se pueden llegar a ofertar hasta 50 espectáculos distintos. Son cifras que tampoco aclaran por qué España se ha convertido en la gran potencia mundial de la noche a la mañana. Al explicarlo, todos subrayan la importancia de las escuelas creadas por “grandes maestros” como Arturo de Ascanio y Juan Tamariz. “Siendo muy jovencito, yo tuve la suerte de conocer a Tamariz, que por cierto en Busan volvió a actuar y liarla con sus 76 años. Él ha sido un referente mundial en la magia de cartas y creó una escuela que con el tiempo ha triunfado. Ellos son una leyenda con la que hemos crecido. Creo que la generación inmediatamente posterior los imitó demasiado y ha habido que esperar otra más para que explotase el talento y la innovación”, dice Woody Aragón.

Jorge Blass dice que aunque no se les termine de tomar en serio, “España es el lugar de Europa donde más festivales de magia se hacen. Somos varios haciendo giras, recorriendo el país en grandes teatros. Hay escuelas de magos donde se forman grandes talentos. Cuando ves a un mago español, te das cuenta de que construye una magia distinta, con una estructura muy particular. No hacemos trucos porque sí, sino que le damos una forma propia al espectáculo”, dice.

Entre otras cosas, los magos españoles —más jóvenes que la media— han introducido elementos tecnológicos en sus apariciones, renovando la puesta en escena clásica. Blass, por ejemplo, tiene un truco con un dron y una cuenta de Amazon. “Los espectadores piden un producto en la web y en segundos aparece el dron con una caja. También hago algo parecido con una cuenta de Instagram, materializo a una persona elegida en una foto”, comenta. En el 'show' de este año, se cambió de ropa con un torbellino de cartas sobre el escenario.

Dedicarse a la magia tiene una complicación adicional: convencer al personal de seguridad de que no son terroristas en los controles de los aeropuertos. “Cuando abren las maletas, flipan. Bastones, dispositivos, botones, espadas, estructuras metálicas. Es muy complicado justificar para qué queremos todo eso”.

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