ocho nuevos episodios

Whisky, sexo y caníbales en 'Archer': la serie más despreciable (y genial) ha vuelto

La última temporada de la serie animada sobre el detective más alcohólico y mujeriego -y mira que es difícil- la acaba de estrenar en exclusiva en España Movistar+

Foto: Un fotograma de la novena temporada de 'Archer'. (Movistar )
Un fotograma de la novena temporada de 'Archer'. (Movistar )

Ninguno de los personajes de 'Archer' se salva: pocas series reúnen un reparto de personajes tan despreciables e irritantes como la creada por Adam Reed, canterano de Adult Swim, la gran esperanza de la animación para 'adultescentes'. Todos y cada uno de los ocho protagonistas son amorales, narcisistas, jetas y ruines y, a la vez, terriblemente atractivos. Los hay avaros, iracundos, lujuriosos, versiones extremas de las flaquezas del ser humano aderezadas con destilados y venéreas sin diagnosticar. Todavía. Venderían a su madre por un 'whiskazo' —aunque en esta serie son más de madres que venden a sus hijos—, son un dechado de los defectos más detestables y si echan una mano es al cuello, pero Sterling Archer y compañía desprenden el 'sex appeal' de los antihéroes jetillas, los vendemotos con hoyuelo en la barbilla, los encantadores de serpientes con mucha labia y cero remordimientos

Y, precisamente, de serpientes trata el asunto en la novena temporada de 'Archer', ocho nuevos capítulos que ya están disponibles desde este lunes en España en exclusiva para Movistar+. Algo menos de un mes después de que el canal estadounidense FXX emitiese el capítulo final de 'Archer: Danger Island', el detective más alcohólico, mujeriego y semi funcional de la ficción —ya es decir, con la cantidad de pretendientes al título que ha dado el cine 'noir'— reaparece con un globo ocular menos —y, obviamente, no podían dejar pasar la oportunidad de mostrar su cuenca vacía y sanguinolenta— pero, como de habitual, con el gatillo tan fácil como la bragueta. Archer, aun sin ojo, no pierde el 'mojo'. Y esta vez en un tiempo con Europa al borde de la Segunda Guerra Mundial, Austria recién anexionada a la Alemania nazi y Japón y China enzarzados en dos años de conflicto armado. Como curiosidad, el pasado de Archer como combatiente en la Guerra Civil española.

Otro fotograma de 'Archer'. (Movistar )
Otro fotograma de 'Archer'. (Movistar )

Archer ha abandonado su licencia de investigador privado —si es que realmente la tuvo algún día— y ahora es un piloto de aviones de recreo residente en la isla ficticia de Mitimotu, situada en la Polinesia Francesa, cerca de Tahití. La serie, que cuando se estrenó en 2009 apostó por una estética entre sesentera y setentera —queda claro que estaba ambientada en la Guerra Fría, pero su marco temporal era bastante ambiguo— que parodiaba el cine de James Bond, se ha convertido ahora en una remezcla sarcástica y posmoderna de las ficciones de aventuras al estilo 'Robinson Crusoe of Clipper Island' (1936), 'La isla misteriosa' (1961) o 'Al sur del Pacífico' (1958). Con dosis extra de mala baba, eso sí. Los franceses habrán ganado el Mundial, pero también las mofas de los guionistas de la serie: vale que el juego esté penado por ley en Mitimotu, pero "estamos en territorio francés, así que por supuesto el adulterio no es ilegal", razona el personaje de Ray Gillette, reconvertido ahora en un gendarme fácilmente sobornable.

"Estamos en territorio francés, así que por supuesto el adulterio no es ilegal", razona el personaje de Ray Gillette

Mitimotu tiene hoteles, cárcel, bares y comercios, pero en su cara más salvaje esconde lagartos gigantes sedientos de sangre, caníbales, serpientes venenosas, algún nazi infiltrado, arenas movedizas y un volcán que amenaza con entrar en erupción un día de esos. Un caldo de cultivo muy fértil para que Archer 'la cague' y el resto de los personajes paguen por sus insensateces, 'comme d'habitude', que dirían en Mitimotu.

Archer en su nueva faceta de piloto. (Movistar )
Archer en su nueva faceta de piloto. (Movistar )

Después de que a finales de la sexta temporada Archer quedase en coma, los creadores de la serie tomaron la arriesgada decisión de saltarse todos los códigos que habían asentado en las anteriores temporadas y liberarse de cualquier atadura respecto al marco temporal y geográfico y al género propuesto al comienzo. Tres temporadas y varias negativas a justificarlo todo después, la excusa del sueño comatoso ya queda medio olvidada y los guionistas interpelan al espectador a través de los personajes. ¿Un guacamayo parlante? "Sí. Sabe hablar. Es así. No le des demasiadas vueltas", zanja Archer. "Es una coincidencia increíble", apunta un archienemigo histórico del protagonista cuando ambos coinciden en la isla. "Literalmente increíble", contesta el guacamayo. "La probabilidad es literalmente cero".

¿Un guacamayo parlante? "Sí. Sabe hablar. Es así. No le des demasiadas vueltas", zanja Archer

Como no podía ser de otra forma, esta nueva temporada empieza con una borrachera de dos días, una resaca amnésica y una infidelidad. Ya no existe la agencia ISIS, fundada por Malory Archer, madre de Sterling, y de la que formaban parte todos los protagonistas. Ahora Malory regenta un hotel en la Mitimotu, mientras que Lana se ha convertido en la princesa Lanaluakalani; Chery es Charlotte —¿nadie ve aquí a la precursora de Gina Linetti, todavía más pasada de vueltas?—, una joven de la alta sociedad neoyorquina; Figgis es Fuchs, un supuesto empresario alemán —ejem— interesado en el comercio del frutipan; Pam sigue siendo Pam, copiloto de Archer, y el doctor Kriegers se ha transformado en Crackers, el guacamayo parlante. Y como siempre, la ineficacia y la inconsciencia etílica de Archer acabarán arriesgando la vida de cada uno de ellos. Entre medias, muchos chistes sobre lo que puede hacer Archer con 15 centímetros y sobre la flaccidez general de Figgis/Fuchs.

Otro momento de 'Archer: Danger Island'. (Movistar )
Otro momento de 'Archer: Danger Island'. (Movistar )

'Archer', muy a pesar de la etiqueta que se empeñan en colgarle, no es la serie de animación más irreverente, desvergonzada y políticamente incorrecta: 'Big Mouth', 'F is for Family' o 'Home Movies' —ya sé que esta última tiene casi 20 años, pero la que escribe la acaba de descubrir— son mucho más lenguaraces y crudas. Pero 'Archer', además de diálogos mordaces y genialmente escritos, personajes ingeniosamente hiperbólicos y muy bien definidos y continuos juegos metaficcionales, conserva una esencia elegante y decadente —incluso las groserías de Pan tienen un puntillo de humor viejo y 'cuñado' reciclado con gracia—, un regusto anacrónico que se agradece.

Según su creador, la décima temporada, que prevé su estreno en 2019, será la última. ¿Saldrá Archer del coma? ¿Serán las últimas temporadas producto de su inconsciente? A quién le importa, mientras Archer siga liándola a base de copazos y venéreas.

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