cancelación del concierto de massive attack

Mad Cool se burla de Madrid y de sus 80.000 asistentes en medio del caos

La organización emite un mensaje donde agradece la "compresión" y la "comprensión"

Foto:  Asistentes al concierto de la banda británica Snow Patrol en el Mad Cool. (EFE)
Asistentes al concierto de la banda británica Snow Patrol en el Mad Cool. (EFE)

La organización del festival Mad Cool, proyecto vinculado al gigante empresarial Live Nation, emitió el viernes por la mañana un mensaje de disculpa lamentable. Sobre todo, porque revela la escasa seriedad y preocupación con la que han procesado los sucesos de la jornada del jueves. El texto original decía así: "Agradecemos a todos los asistentes la compresión (sic) ante los imprevistos de ayer. Lamentamos las largas colas producidas por una caída de la red en el recinto. Trabajamos desde anoche para garantizar que todo se desarrolle con plena normalidad. ¡Gracias a todos!".

El mensaje fue borrado posteriormente, debido a los enfados y las bromas por el uso de la palabra "compresión" en vez de "comprensión". Algunos tuiteros lo llamaron "un desliz freudiano", ya que en la tarde del jueves muchos asistentes fueron "comprimidos" en las colas e incluso contra las vallas de seguridad por culpa de los nervios generados por la deficiente organización y la falta de información. Poco después, el tuit de Mad Cool era borrado para sustituirlo por otro con la palabra "comprensión". El mensaje, supuestamente de disculpa, seguía siendo insultante. Merece analizarse frase a frase.

Captura de pantalla del tuit borrado
Captura de pantalla del tuit borrado

No hay compresión, sino cabreo

Primer dato llamativo: la organización no se disculpa en ningún momento. Simplemente "agradece la compresión". Cualquier vistazo a las redes sociales revela que cientos de asistentes estaban crispados, frustrados o cabreados por el maltrato durante el acceso el jueves. Muchos juraban no volver y ponían a la venta sus abonos. Otros consideraban la jornada como el mayor desastre organizativo que habían tenido que sufrir en un concierto o festival. Entre ellos, el periodista de El Confidencial Héctor G. Barnés, que lo explicó en un completo hilo en la red social Twitter, recibiendo el apoyo de cientos de personas.

Otra asistente, Amparo González, pensaba en denunciar tras el fiasco del jueves: "La organización de Mad Cool es una puta vergüenza. Horas atrapados entre vallas que la gente ha acabado tirando con gran peligro de avalancha sin una sola persona de seguridad ni información. Nunca más un permiso a esta gente". Los mensajes de decepción eran desbordantes, como el que decía "Guardo con cariño las pulseras de todos los festivales a los que he ido, pero la del Mad Cool la voy a tirar al primer contenedor de basura que encuentre" (@Anthonio8gy). También se publicó la carta de una empleada que decidió abandonar su puesto el jueves, tras el caos organizativo. Revelaba que había trabajado diez horas seguidas, con solo diez minutos de descanso, ante un público enfadado por lo acontecido. Todo por siete euros la hora. "Querida organización, ¿sabéis contar? Pues no contéis conmigo". El año pasado hubo un acto de queja pública por parte de los empleados del festival, que denunciaban sus condiciones laborales.

Roskilde, Madrid Arena, Love Parade…

Durante la mañana del viernes y por la tarde-noche en el recinto, muchos asistentes recordaron los nueve muertos y veintiséis heridos en un concierto de Pearl Jam en 2000 en Roskilde, Dinamarca. También el ataque de pánico que causó dieciocho muertos en la Love Parade de 2008 en Duisburgo (Alemania). Aquel festival tenía un túnel, lo mismo que el nuevo recinto de Mad Cool en Valdebebas. También se hablaba de la tragedia del Madrid Arena, con cinco víctimas mortales en 2012. Los mensajes de no disculpa de Mad Cool confirman que la organización no se toma realmente en serio ni el enfado que quienes pagan la entrada ni la preocupación de quienes sufrieron los momentos más tensos de la jornada del jueves.

Las siguientes ediciones de Mad Cool tendrán que decidir si les importa más hacer caja o prefieren ofrecer una experiencia de calidad a los asistentes

La dirección no tuvo interés o no fue capaz de desmentir ninguno de los angustiosos testimonios que se publicaron el viernes en las redes y en periódicos de tirada nacional. Su única reacción fue dar “gracias por la comprensión” a uno de los públicos más cabreados de la historia de los festivales en nuestro país. ¿La nota más positiva? Desde la organización de consumidores Facua, se exigieron explicaciones por el “nefasto arranque” del festival, que en ningún momento se ofreció a escuchar o reembolsar de la entrada a los más afectados por el caos. Hablemos claro: ¿no es una burla emitir un comunicado que comienza por “agradecemos la comprensión”? Igualmente ofensivo suena escribir que “lamentan” las largas colas y esperas, cuando no se trata de eso, sino de preocupación por la seguridad.

Cero credibilidad

El jueves por la tarde, mientras estaba atrapado en la cola, junto a otros cientos de asistentes, escribí un mensaje por WhatsApp al departamento de prensa de Mad Cool. Se envió a las 20:25 y me interesaba por si las colas habían sido causadas por algún incidente concreto. La respuesta, recibida a las 20:29, decía lo siguiente: “Sin incidencias. Todo bien”. Levantarme el viernes a la hora de comer y leer el comunicado donde se echa la culpa de todo a una “caída de la red” confirma que Mad Cool no tiene un discurso creíble, sino que va improvisando según las circunstancias.

La solución, seguramente, pasa por dejar de considerar al festival un interlocutor válido, para pasar a pedir explicaciones al Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid. Fueron quienes concedieron a Mad Cool el recinto con enorme descuento y que sufragaron la mitad del coste de la prolongación del transporte nocturno (90.000 euros de 180.000). ¿De verdad este es el modelo de festival que queremos? ¿Tanto beneficia económicamente a la capital o el beneficio se lo llevan Uber, Airbnb y un cuasi monopolio como Live Nation? ¿Proyecta la imagen que desea la ciudad?

¿Qué pasa con la música?

A estas alturas del texto, alguno se estará preguntando si pisé el recinto de Valdedebas el viernes. La respuesta es afirmativa: llegué para el comienzo del concierto de Jack White, monótono y previsible, con su exhibicionismo guitarrero y una de las voces más feas de la historia del rock. Su repertorio recuerda a un adolescente eufórico ensayando en el garaje versiones de Led Zeppelin, lo cual no es buena señal cuando se han cumplido 43 años.

Comparado con Arctic Monkeys, lo mejor fue Alice In Chains, segunda división grunge que lo dieron todo en himnos como “Them Bones”

Las únicas dos canciones algo más llevaderas son “Steady as she goes” (The Raconteurs) y “Seven Nation Army” (The White Stripes), con ese solo que ha hecho fortuna en los estadios de fútbol de todo el mundo. Fue un concierto plano, exhibicionista y falto de emoción, que subraya sus enormes limitaciones musicales.

El compositor y cantante de la banda británica 'Arctic Monkeys', Alex Turner, durante el concierto del Mad Cool. (EFE)
El compositor y cantante de la banda británica 'Arctic Monkeys', Alex Turner, durante el concierto del Mad Cool. (EFE)

El cantante y guitarrista de 'Alice in Chains', William DuVall. (EFE)
El cantante y guitarrista de 'Alice in Chains', William DuVall. (EFE)

No mucho mejor estuvo el discjockey alemán Paul Kalkbrenner, que presentaba el proyecto ‘Parts of life’, elegante y melódico pero falto de gancho. Tampoco brillaron especialmente Arctic Monkeys, cabalgando a lomos de su disco más cuestionado, tanto por la critica -que lo considera un capricho de divos- como por parte de su público. Comparado con ellos, lo mejor fue Alice In Chains, segunda división grunge que lo dieron todo en himnos como “Them Bones”.

Un modelo fallido

Después de estar tres horas en el recinto, haciendo una excepción en mis veinte años de festivalero, decidí volverme a casa. El motivo es muy fácil de explicar: el modelo por el que ha optado Mad Cool es incompatible con el disfrute musical. Nada más pisar el césped artificial, era obvio que había venido mucha más gente que el jueves. Resultaba imposible caminar por el recinto con una mínima comodidad y abstraerse al enjambre de conversaciones y a los agresivos mensajes publicitarios. Cualquier sitio donde fueras (barras, servicios, comidas…) estaba saturado. Que quepan 80.000 personas en un recinto no significa que se las pueda atender correctamente. Ni que puedan disfrutar de la música.

Cartel informativo de la suspensión del concierto de Massive Attack.
Cartel informativo de la suspensión del concierto de Massive Attack.

Las siguientes ediciones de Mad Cool tendrán que decidir si les importa más hacer caja o prefieren ofrecer una experiencia de calidad a los asistentes. Hace tiempo que las entradas de los festivales se ponen a la venta antes de conocer el cartel, ya que el público decide dependiendo de la experiencia que espera vivir en el festival, no de los artistas concretos. El recinto está bien preparado y los escenarios inteligentemente situados, aun así resulta un infierno por la saturación de asistentes.

¿Recordará con cariño el público lo ocurrido en 2018? Lo dudo mucho. Cuando llegué a casa y me senté en el ordenador, me avisaron que que los británicos Massive Attack -una de las máximas estrellas de la noche- cancelaban su concierto porque el sonido de Franz Ferdinand (desde otro escenario) se metía en el de su carpa. La decisión se anunció tras una hora de retraso.

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