'Quique dibuja la tristeza'

Hermanos Cubero: el disco más devastador del año lo ha grabado un grupo de Castilla

El fallecimiento fulminante de la esposa de uno de los músicos marca unas canciones crudas y contagiosas

Foto: Hermanos Cubero durante una actuación en Plasencia en el verano de 2017. (EFE)
Hermanos Cubero durante una actuación en Plasencia en el verano de 2017. (EFE)

Hace tiempo que los Hermanos Cubero son una de las propuestas más interesantes de la canción popular española. Su audaz enfoque artístico fue revitalizar el folclore castellano con la música de raíces estadounidense, desde Bill Monroe a Ralph Stanley, pasando por la admiración por compositoras modernas como Gillian Welch. Sus discos suenan sencillos, fibrosos y desbordantes de emoción, por eso se han convertido en músicos de culto entre los aficionados a estos sonidos. En 2010 ganaron el premio Agapito Marazuela de Nueva Creación de Folclore. “En el colegio éramos los raros, nos gustaban el bluegrass y las jotas”, recuerdan divertidos. Este año vuelven con nuevo trabajo, ‘Quique dibuja la tristeza’, que no es otro disco más. Casi todas las canciones están inspiradas en el fallecimiento de Olga, esposa de Enrique, que fue víctima de un cáncer fulminante.

Se trata de un reto artístico espinoso, que han superado con éxito, tirando de sobriedad castellana, oficio musical y letras que miran de frente el proceso de duelo. “La decisión realmente complicada fue el hecho en sí de hacer el disco con estas canciones, que estaba escribiendo solo para mí. Fue mi hermano Roberto quien, después de escuchar alguna, me propuso hacer con ellas un disco completo como Hermanos Cubero. Me tuvo que convencer, porque a mí me parecían muy personales e íntimas y que me exponían mucho como para publicarlas. Además se salían por completo del estilo del grupo. Como pensaba que las canciones iban a ser sólo para mí, no tenían ningún tipo censura”, señala.

Muere el cuerpo, cae la carne

La canción más intensa del disco es 'Tenerte a mi lado', donde Enrique recuerda viejas fotos de su historia como pareja. También confiesa la costumbre de, antes de acostarse, hablar con alguna de las imágenes de su mujer. La letra habla de los momentos donde la ausencia se convierte en dolorosa presencia: “Hoy en el colegio dibujaron la tristeza/ y nuestra hija te ha pintado a ti/ yo sigo en un mal sueño y aún no doy crédito/ te estoy hablando y tú no estás aquí”, reza la letra. De todas formas, estamos ante un disco que no carga las tintas del melodrama, hasta el punto de despedirse con voluntad de alegría, en la pieza titulada “Me quedo con lo bueno”. “Líbreme quien sea del optimismo/ que está reñido con toda razón/ y aléjeme también del pesimismo/ que no va de eso esta canción/ pero he de tomarme una licencia en mi pragmatismo proverbial/ haciendo balance del pasado, veo que casi he olvidado lo malo/ todo lo bueno es lo que pesa más”. No hay un verso innecesario, mediocre ni chirriante, en estas once canciones. “Has sembrado aquí en mi pecho, algo que no morirá/ muere el cuerpo, cae la carne/ el amor perdurará”, resume “Tu recuerdo es mi consuelo”.

Religión y drogas

Otra de las piezas que destaca es 'Sonrisa inabarcable', que afronta la recta final de la vida de su madre. “Surgió pensando en que, muchas veces, no tenemos en cuenta que todos nos vamos a morir. Dejamos pasar oportunidades de decirles a los demás lo que sentimos y al final te encuentras con el momento en que ya es demasiado tarde”, apunta. Al pasar por la etapa más dura de su existencia, Enrique llegó a lamentar no ser creyente, para tener más recursos con los que aplacar el dolor, como explica en 'Quisiera poder rezar'. “Pensé en el bálsamo que supondría para una persona religiosa la oración y agarrarse a algo mediante la fe, como la vida eterna y el paraíso y la idea de reencontrarse allí. Sería como eludir toda carga y pensar que es para algo mejor, que no se entiende pero se cree a pies juntillas. Sin embargo, para mí es absolutamente imposible, así que tengo que asumir esa carga. Por hacer un símil simplón, sería como refugiarse en una droga. Cada vez que se te agolpan sentimientos en la cabeza sería tan sencillo como tomar una pastilla y dejar de pensar. En el transcurso de mi vida perdí ese sentimiento religioso que me inculcaron de pequeño y ahora soy absolutamente descreído”, reconoce.

Una opción personal que le aleja del perfil de la mayoría de los artistas de la tradición musical que cultiva, tanto los estadounidenses como los castellanos.

La sombra de Delibes es alargada

¿Hubo alguna canción o disco de otros compositores que le sirviera como referente para componer? "Durante los meses posteriores al fallecimiento, y todavía me pasa, escuchaba canciones que analizadas en profundidad no hablan de ese tipo de pérdida, pero sí eran capaces de ayudarme. Imaginaba, o de alguna manera interpretaba, que estaban hablando de un caso parecido, aunque podían tratar solo de un amor perdido o de una separación temporal. Por otro lado, hace muchos años que leí ‘La sombra del ciprés es alargada’, de Miguel Delibes. Fue un libro que me impactó y que no he querido volver a leer, pero me vino a la mente al pasar todo esto”, aclara. Entre la avalancha de álbumes previsibles y prescindibles de cada año, ‘Quique dibuja la tristeza’ destaca como una obra cruda y conmovedora, capaz de remover y recargar tu humanidad. La gira de presentación pasa por Zaragoza (8 de junio), Madrid (9) y Barcelona (16). Estos nuevos recitales traen alguna novedad, cuyo sentido aclara Enrique: “Para nosotros era importante diferenciar este disco de los trabajos anteriores: esa es la razón de ampliar la formación con contrabajo y violín y darle unos arreglos más pop a las canciones. Para las presentaciones, iremos como cuarteto, aunque nosotros continuaremos con nuestros conciertos en formato de dúo habitual”, apunta.

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