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La primera vez: actores y actrices recuerdan cómo les cambió la vida
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'el papel de mi vida'

La primera vez: actores y actrices recuerdan cómo les cambió la vida

El libro de los periodistas Andrés Arconada y Teresa L. Velayos recoge los testimonios de Verónica Echegui, Mario Casas, María Barranco y otros

Foto: Una imagen promocional de Verónica Echegui en 'Yo soy La Juani'.
Una imagen promocional de Verónica Echegui en 'Yo soy La Juani'.

'Cásting' tras 'cásting' tras 'cásting' y no sale nada. Los actores, aquí como en la China popular, sueñan con ese papel que les cambiará la vida, esa firma que les permitirá abandonar una vida de actor-barra-camarero-barra-hombre anuncio y dedicarse con todas sus fuerzas al arte de la interpretación. Y algunos lo consiguen.

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Los periodistas Andrés Arconada y Teresa L. Velayos han reunido en el libro 'El papel de mi vida' (TBEditores, 2018) los testimonios de algunos de los actores más representativos de la cinematografía patria en los que desvelan cómo fue el rodaje de la película que los lanzó a la fama, o la que consideran capital dentro de sus carreras. Desde Arturo Fernández hasta Mario Casas, pasando por Leonor Watling, Ernersto Alterio y decenas más, de todas generaciones y estilos, 'El papel de mi vida' es una mirilla interesante a la intrahistoria del mundo del espectáculo y cómo una buena oportunidad puede cambiarlo todo en la carrera de un actor. A continuación, algunos de los actores recuerdan el momento en el que una película les catapulto a la fama.

Arturo Fernández en 'La casa de la Troya' (1959)

placeholder Ana Esmeralda y Arturo Fernández en 'La casa de la Troya' (1959)
Ana Esmeralda y Arturo Fernández en 'La casa de la Troya' (1959)

Antes de ser Arturo Valdés en 'La casa de los líos' y de convertirse en el azote de la estética del perroflautismo, Arturo Fernández se crió en Gijón en una familia de marineros, trabajó en un taller de electricista y probó suerte en Madrid como figurante de cine. Pero gracias a Conchita Montes, quien lo ayudó en sus primeras incursiones en el teatro, y al director catalán Julio Coll, quien le dio un personaje de enjundia en el drama 'Distrito Quinto', Fernández se consolidó como un rostro ubicuo del cine de los sesenta y los setenta en España: 'Las chicas de la cruz roja', 'María, matrícula de Bilbao', 'Las cinco advertencias de Satanás' o 'La tonta del bote, entre otras', además de mucho teatro y televisión.

Sin embargo, el papel que probablemente le cambió la vida fue el de Gerardo Roquer en 'La casa de la Troya' (1959). "Tenía entonces 29 años, pero como nunca he aparentado la edad que he tenido realmente, por suerte para mí, hacer de alguien de veinticuatro no fue ningún problema", presume Fernández en el libro. En esa época "el cine catalán intentaba salir fuera de las fronteras para parecerse mucho al cine francés, mientras que el cine que se hacía en Madrid era un poco 'tarta'. 'Las chicas de la cruz roja', 'La casa de Troya', las películas de Tony LeBlanc, mágníficas, muy comerciales, pero muy distintas al cine catalán".

'La casa de la Troya'

¡Por fin un personaje más protagonista! Fernández recuerda con cariño su trabajo con el director Rafael Gil, al que describe como un hombre "con mucha disciplina, muy correcto y humano, con mucho sentido del humor y muy ingenuo y muy crío, al mismo tiempo". "En aquel entonces estropear una toma era algo increíble porque el celuloide era algo muy caro y no se podían hacer todas las tomas que se hacen ahora, que para una escena se hacen quince o veinte. Lo cual me parece absurdo porque en cine la que vale es la primera, no sabes por qué", sentencia.

El cine español mostraba entonces una cara más humilde, más pobre, pero más cercana: los repartos de las películas iban de ciudad en ciudad, como una gran familia de feriantes, para presentarlas, porque los actores no eran tan conocidos "gracias a la televisión y la publicidad". "Ahora, cuando la veo en televisión, en 'Cine de barrio', yo que soy muy duro juzgándome a mí mismo, creo que ahí estaba francamente bien, muy auténtico y sincero, muy estudiante".

Mario Casas y 'Tres metros sobre el cielo' (2010)

placeholder Mario Casas en un fotograma de 'Tres metros sobre el cielo'.
Mario Casas en un fotograma de 'Tres metros sobre el cielo'.

También del norte —coruñés—, Mario Casas comparte con Arturo Fernández, además, el estatus de galán y una carrera en cine y televisión —ahora ya sólo cine— trufada de éxitos de público. Llegó a Madrid con la idea puesta de convertirse en actor profesional, y tras su paso por la escuela de Cristina Rota, consiguió papeles para la pequeña pantalla ('Los hombres de Paco') y secundarios para la grande ('El camino de los ingleses'). Sin embargo, su gran oportunidad, de esas que cambian una carrera y una vida, no apareció hasta hace algo más de ocho años, cuando Fernando González Molina, realizador en 'Los hombres de Paco', le propone un papel protagonista en un drama romántico 'teen'.

"Yo estaba bastante verde. Tendría 23 ó 24 años y mucha hambre de hacer cualquier cosa potente", reconoce Casas en 'El papel de mi vida', "y Fer me propuso hacer de "una especie de James Dean en 'Rebelde sin causa' o un Marlon Brando con la chaqueta de cuero y la moto". "Aún me asombra el impacto tan brutal que sigue teniendo [...]. Me siguen conociendo como el prota de 'Tres metros sobre el cielo'".

Tráiler de 'Yo soy La Juani'

"Me presenté vestida rollo de lo que creía que podía dar La Juani. Por cierto que vi el vídeo hace poco y llevaba un corte de pelo directamente para matarme, y al final de la grabación decía: 'Porque yo soy la Juani'", confiesa. Y también que le dijo: "Tú mí me das el personaje y te juro que no te vas a arrepentir. Yo te juro que me vuelvo loca, loca". Consiguió el papel y pasar el verano como en "un campamento", pero delante de la cámara. "Todos estábamos muy nerviosos y con muchas ganas. Dani [Martín] vino que quería comerse el mundo, estaba emocionado y tenía una energía contagiosa. Es muy carismático, muy magnético, hacíamos improvisaciones. Estaba en plan: 'Vamos a currar esto a muerte, vamos a ser La Juani y El Jonah a muerte'".

Y Bigas, por su parte, se convirtió en una especia de mentor para ella. "He llorado muchísimo la pérdida de Bigas porque le echo mucho de menos. Él cambió mi vida, no sólo en el aspecto profesional, sino a la hora de entender el mundo, de conectar conmigo misma, él fue una puerta". "Creo que [la película] captura algo muy puro, muy mágico e inocente, muy del momento. Tiene algo de raza que me gusta mucho. De la Juani me llevo a Bigas".

Antonio de la Torre en 'Gordos' (2009)

placeholder Pilar Castro y Antonio de la Torre en 'Gordos'.
Pilar Castro y Antonio de la Torre en 'Gordos'.

Sí, ese hombre al que abraza Pilar Castro en el fotograma de 'Gordos' (2009) es Antonio de la Torre. Para hacer el papel de Enrique, este antiguo presentador deportivo de radio y televisión —trabajó como periodista en Canal Sur—, tuvo que engordar 33 kilos. Todo empezó cuando Daniel Sánchez Arévalo le puso "un mensaje en el que me preguntaba: '¿Estarías dispuesto a engordar como una vaca con tal de hacer mi próxima película?'". De la Torre había debutado de mano de Emilio Martínez Lázaro allá por 1994 en 'Los peores años de nuestra vida'. Desde entonces y hasta que se topó con Sánchez Arévalo, fue encadenando pequeños papeles secundarios hasta conseguir el Goya a mejor actor de reparto por 'Azuloscurocasinegro' (2006).

"Yo creo mucho en la lealtad y le debo tanto [a Daniel] que para mí es de la familia; si me llama, allí estoy", promete De La Torre. "Pan, mucho pan, es lo primero que recuerdo de esa película. Engordé a base de pan, de hidratos de carbono y con la ayuda de un endocrino, Antonio Escribano, que me dijo que tenía que conseguir engordar sin 'mancharme mucho la sangre'". Confiesa que se casó "de buen año" porque su boda le pilló en medio de la dieta para perder los 33 kilos de más. "En el rodaje todos los actores hicimos una piña, aunque mi relación fue más especial con Leticia [Herrero], que tenía que adelgazar, y con María [Morales], que tenía que engordar".

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