se estrena el viernes 1 de junio

Así fue el rodaje del Quijote de Gilliam': "un grupo de chiflados" y "un cachondeo"

Terry Gilliam presenta en Madrid su última película, ambientada en La Mancha y que se estrena en España el próximo viernes 1 de junio

Foto: Otro momento de 'El hombre que mató a Don Quijote'. (Warner)
Otro momento de 'El hombre que mató a Don Quijote'. (Warner)

Esta vez no hubo inundaciones ni riadas ni enfermedades graves ni recortes súbitos y letales de presupuesto. Sí un pequeño lance judicial con un productor por asuntos de quítame tú estos derechos y un susto cerebrovascular de última hora, pero finalmente Terry Gilliam ha podido extirparse el "tumor cerebral" —las palabras son suyas— que ha sido la producción de 'El hombre que mató a Don Quijote'. Proyecto gafe donde los haya —¿esta ha sido laséptima o la octava intentona?— , coescrito junto a su colaborador habitual Tony Grisoni, el hidalgo cervantino lleva rondando la cabeza del ex Monty Python desde 1991: "Hacer mi versión de Don Quijote es una obligación médica", confesaba en una entrevista a 'El País' hace dos años por la publicación de sus "memorias prepóstumas" —de nuevo, sus palabras— que es 'Gillianismos' (Malpaso, 2016). Y, por fin, llega el momento de presentar en sociedad —al menos en la cartelera española— a su Caballero de la Triste Figura este viernes 1 de junio, tras su paso por Cannes como título de clausura.

Con el ubicuo Adam Driver ('Girls', 'Star Wars: los últimos Jedi') y Jonathan Pryce ('Brazil', 'Juego de tronos', 'Lo que de verdad importa') como protagonistas, Gilliam pasó alrededor de once semanas recorriendo La Mancha, Canarias, Navarra y Portugal con su 'troupe' y terminó de rodar hace aproximadamente un año. Y para dar a luz en su gran parto cinematográfico, el de Minnesota ha contado con varias caras conocidas de la cartelera patria como Jordi Mollà, Sergi López y Óscar Jaenada. Y la actriz portuguesa Joana Ribeiro como principal nombre femenino —junto a la ucraniana Olga Kurylenko ('Quantum of Solace', 'La muerte de Stalin') en un pequeño papel—. Y este martes, Gilliam y el sector ibérico de su reparto han presentado su película en Madrid.

Para Gilliam la película se tenía que hacer sí o sí. Orson Welles fracasó, pero quizá no tenía el tesón, el empuje, la cabezonería —y algo de cara dura— del director de 'Las aventuras del barón Munchausen'. 'El hombre que mató a Don Quijote' saldría aun teniendo que sacar dinero de debajo de las 'petropiedras'Jordi Mollà cuenta más adelante cómo Gilliam consiguió que un inversor árabe metiese una inyección de dinero en la película—. Para él conseguir evitar que la piedra, al igual que Sísifo, volviese a caer hasta el punto de partida era lo imprescindible.

Gilliam: "Nunca me han preocupado las críticas, sí el público".

Las críticas —a pesar que la recepción del film en Cannes fue polarizada— no le importan demasiado. "¿Yo, malas críticas? ¡Venga! ¿En que clase de mundo horrible u oscuro vives? Yo sólo tengo buenas críticas. A todo el mundo le encantan mis películas", bromea Gilliam. "Con lo que sí que cuento es con que 'Hollywood Reporter' y 'Variety'me harán críticas negativas. Eso es de lo único que estoy seguro en esta vida porque nunca les ha gustado una película mía. Pero nunca me han preocupado las críticas, sí el público, la gente que ha estado tanto tiempo esperando esta película".

Gilliam a su paso por Madrid. (EFE)
Gilliam a su paso por Madrid. (EFE)

Siete —¿u ocho?— intentonas despúes, todavía le queda alguna espinita clavada. "El Quijote que tenía en mente se parecía más a Jean Rochefort y aquí en la pantalla está Jonathan Pryce, pero no puedes creer la cantidad de ideas que aportó Jonathan al personaje: un enfoque fresco y con una interpretación muy libre y emocionante. Yo seguía atrapado en el tiempo con la idea de Jean Rocheford, pero vino Jonathan y rompió los moldes". Porque además después de un esfuerzo tan titánico, el cineasta se ha quedado desfondado: "No tengo ni idea de lo que voy a hacer ahora, estoy vacío. De verdad que no tengo planes, no tengo una película en la cabeza. Veremos qué pasa. Tengo que seguir leyendo libros y tratar de robar alguna idea que me guste".

Gilliam: "No tengo planes, no tengo una película en la cabeza"

Cuenta Jordi Mollà, que hace el papel de malo malísimo de la película, que en el primer Skype que tuvo con el director bromeó con la leyenda del mal fario de la película: "Terry, ¿voy a morir?". "Yo es que soy muy supersticioso", se excusa el actor catalán. También cuenta que Gilliam es un tipo que fácilmente conquista, con mucha energía y un grandísimo sentido del humor. Y es que todos los actores hablan de él presos de una especie de encantamiento: "es un genio", "es muy especial", es el mismísimo Quijote. "La vida de Terry Gilliam es un libro de caballerías. Es un tipo de Estados Unidos que vive en Londres, que luego va a Nueva York a hacer dibujitos, que se va a Cannes y, como si fuese el protagonista de una película de Terry Gilliam, se pone a buscar el dinero como sea".

Adam Driver y Jonathan Price en 'El hombre que mató a Don Quijote', de Terry Gilliam. (Warner)
Adam Driver y Jonathan Price en 'El hombre que mató a Don Quijote', de Terry Gilliam. (Warner)

"El otro día estuvimos en casa de un financiero potencial árabe que, de hecho, puso 250.000 euros en el 'making of' para que se pudiese terminar bien terminado", continúa Mollà. "Te vas a una cena en Cannes, con un árabe, en un casoplón y Gilliam está haciendo ya negocios, porque es listo como una serpiente. Es como Fellini, como esta gente a la antigua usanza que va buscando financieros porque sólo con dinero estatal no logran sostener el presupuesto. Su vida es una aventura y cuando no rueda me imagino que el bajón tiene que ser descomunal. Volver a la vida, para un tío como él, no debe de ser nada fácil. Yo creo que al final es miedo a la calle, miedo a la vida, miedo a la verdad, a la realidad. Entonces, como el Quijote, dive : '¡A tomar por culo, yo vivo en mi planeta!'. Lo peor que le pueden hacer a Terry Gilliam es mandarle a un supermercado a por un yogur".

Mollà: "Gilliam es como Fellini, a la antigua usanza. Va buscando financieros porque sólo con dinero estatal no logra sostener el presupuesto"

"Gilliam es caótico como la propia película", añade Ribeiro, el interés femenino del protagonista. "Pero debía tener también esa energía, y a mí me ha ayudado mucho, porque yo soy una persona que piensa muchísimo y aquí no me ha dado tiempo ni a pensar". Según lo que revelan los actores chascarrillo a chascarrillo, el rodaje de 'El hombre que mató a Don Quijote' tuvo mucho de circo, de espectáculo de variedades, de esencia de Gilliam concentrada.

López, Mollà, Gilliam, Ribeiro y Jaenada en Madrid. (EFE)
López, Mollà, Gilliam, Ribeiro y Jaenada en Madrid. (EFE)

"Cada habitación [del hotel] era un mundo, porque éramos un poco una 'troupe' de chiflados". Mollà no se corta: "El menos chiflado era el que más tenía que estarlo, que era Jonathan. Es un hombre con un sentido común como Dios manda. Adam Driver salía y se iba a correr y salía y volvía todo sudado. Imagínate luego Óscar Jaenada. Un circo de cojones. Y Olga Kurylenko al teléfono todo el puto día, incluso en rodaje. Y yo le decía. 'Oye, tía, que vas vestida de época, guárdate el teléfono'. Pues a las 5 de la mañana andaba poseída por Instagram. Mientras que Joana era como una bailarina, que va, y que vuelve, como una Campanilla".

"El rodaje entero fueron once, doce o trece semanas; un montón", intenta recordar Sergi López, que hace un pequeño papel medio de gitano medio de converso. "El cine en general tiene algo de circo, pero es que además Terry es EL CIRCO, con los saltimbanquis, los gigantes, los enanos… Él está todo el rato descojonándose, riéndose mucho y contagiando al equipo el placer de estar ahí y te disfrutar. Tiene una energía que le desborda hasta a él". "Cuando te lees el guión ya no sabes qué imaginarte", reconoce López. "Es como la película: un cachondeo, 'p'arriba, p'abajo' y no sabes cuando termina. Es una peli larga —dura 2h 10m— y es excesiva. Es Terry. Si menos es más, con Terry más es más. Es brutal. Con el sólo hecho de estar en ella sabes que dentro de veinte años es una película que vamos a ver y vas a decir: 'hostia, tío, ¡qué peliculón!'”.

Shooting #TheManWhoKilledDonQuixote with #TerryGilliam...🎬🤘🏿🔝 @tornasolfilms

Una publicación compartida de Óscar Jaenada (@oscarjaenadaofficial) el

Óscar Jaenada también ha caído prendado de la libertad y la intuición de Gilliam, pero no tanto de alguno de sus compañeros de reparto. "Jonathan Pryce es maravilloso", reconoce. "Ya sólo le veías subir al caballo, cómo bajaba, cómo se vestía, y te quedabas embobado. Lo de Adam… yo lo había visto en 'Paterson' y en algún par de películas independientes que había hecho en Estados Unidos y ya se veía venir que era un tipo muy especial. Y luego es que él es un tipo muy militar, es un tipo serio, al que sacan de su país durante mucho tiempo, un actor con un esquema más básico o menos artístico. El tipo estuvo espectacular, aun así. Te da un toque cómico cuando es difícil que un tipo como Adam Driver dé un toque cómico, porque es un tío durete".

"Adam estuvo un tiempo adaptándose", apoya López. "Estaba éste [Jaenada] y Rossy de Palma y el equipo de maquilladores y peluqueros…. ¡Había cada cosa suelta en el rodaje y una juerga por la mañana! Poco a poco se fue familiarizándose, pero al principio estaba un poco asustado. Aquello parecía un circo, una familia gitana, pero poco a poco fuimos conociéndonos todos". Jaenada lanza la puyita: "Sí, se fue abriendo, y ya saludaba y todo. Es broma. Es buen tipo, en serio".

Adam Driver en una escena de 'El hombre que mató a Don Quijote'. (Warner)
Adam Driver en una escena de 'El hombre que mató a Don Quijote'. (Warner)

Cine contra la censura

De su época en los Monty Python Gilliam conserva la irreverencia y el humor ácido y surrealista que hizo famoso al grupo cómico británico. Recientemente, en un artículo en este periódico, el periodista Carlos Prieto reflexionaba sobre si 'La vida de Brian' se podría estrenar hoy en día, si no hubiese ofendido demasiadas sensibilidades. Gilliam, siempre tan libre y subversivo, no entiende esta deriva social que limita cada vez más la libertad de expresión. "Ya no tengo respuestas sobre el mundo que estamos viviendo. Es tan caótico, tan loco, se está volviendo tan represivo: todo el mundo tiene miedo de hablar abierta y honestamente por si pudieran ofender a alguien. Todo el mundo es una víctima. Vivimos en un mundo ridículo, así que voy a quedarme en mi jardín hasta que el mundo explote y otro nazca".

López está de acuerdo con que "es necesario que al menos la gente que puede ejercer la libertad artística y creativa en cosas como el cine que lo haga". "Esto viene de lejos. De consumir. De todos los públicos. De hacer cosas inocuas que no molesten a nadie. Esto no tiene fin, si tienes que hacer una cosa que no le moleste a nadie: no hables de según qué opción sexual ni según qué territorio ni según qué problemática social. Esto a nivel de consumo lo entiendo, pero a nivel artístico es muy tóxico".

Pryce y Gilliam en un momento del rodaje. (Warner)
Pryce y Gilliam en un momento del rodaje. (Warner)

Jaenada, por su parte, es todavía más pesimista. "Hemos vuelto a Pajares y Esteso. Hemos vuelto a la comedia", critica. "Yo no me imagino ahora a un Fernando León intentando vender 'Barrio' o a un Achero Mañas intentando hacer 'El Bola'. No se las compraría ni dios. Nadie les diría: 'Mira, voy a producirte eso'. Es a lo que hemos llegado. Y es por lo que nosotros trabajamos más fuera. Hemos llegado a un punto en el que el cine lo hace todo el mundo menos el cine. Lo decide gente con traje y corbata, engominados para atrás, que eso para mí es sinónimo de ladrón hoy en día. Son ladrones. Y esos son los que están haciendo ahora el cine".

Cultura

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios