material nuevo en el Festival Tomavistas

Guille Milkyway y La Casa Azul: sexo, droga y equilibrio

El músico habla sobre su inminente nuevo álbum, el defecto del indie, su experiencia como profesor en la última edición de 'Operación Triunfo' y el suicidio de Avicii

Foto: Guille Milyway presentará nuevo tema en el Tomavistas de Madrid (EFE)
Guille Milyway presentará nuevo tema en el Tomavistas de Madrid (EFE)

Pocos artistas españoles han conseguido conectar de manera tan profunda con su público como Guille Millkyway (Barcelona, 1974). Sus actuaciones no son espectáculos al uso, sino comuniones emocionales con grandes dosis de karaoke y catarsis colectiva. El problema, entre comillas, es que lleva siete años sin entregar disco nuevo. Por eso casi todas sus entrevistas comienzan con la misma pregunta: ¿cuando publicará ‘La gran esfera’, el lanzamiento más deseado del pop español en 2018?

“El nuevo álbum todavía no tiene fecha, pero es inminente, entre septiembre y octubre”. ¿Presentará esos temas en el festival Tomavistas? “Estamos tocando siete u ocho canciones nuevas en esta gira, pero en un festival es jodido porque solo tienes una hora y poco de concierto. Por el tipo de público que asiste es mejor tocar las conocidas. Seguramente incluiremos una canción más down, que ya tocamos en Mallorca, que se llama 'Ataraxia' y será el próximo sencillo. Trata de la búsqueda de la tranquilidad, es una especie de oda a la calma total”. Milkyway ha escrito algunas canciones sobre medicamentos. ¿No tendrá que ver con el Atarax? “Va un poco en esa línea, entre droga y sexo. Buscar en elementos mundanos el equilibrio total”. Parece mentira, pero ‘La gran esfera’, ha tenido que regrabarse “tres o cuatro veces” para ir poniendo el sonido al día.

El error del underground

El Tomavistas es un festival indie, género que algunos consideran (consideramos) bajo de ideas y recursos. Milkyway disiente a medias. “Me gusta el momento que vivimos. Hay gente que sigue ubicándose en el underground, que es una escena pujante desde finales de los años setenta. Durante un tiempo, hubo una barrera técnica, que hacía que los discos indies sonaran peor porque solo tenían acceso a estudios de grabación más pequeños y menos preparados. Esa barrera técnica es lo que acaba por definir el género. Diría, incluso, que ciertos artistas le cogieron el gusto a sonar peor. Yo siempre he considerado que eso es un defecto de lo indie”.

Ciertos artistas le cogieron el gusto a sonar peor. Yo siempre he considerado que eso es un defecto de lo indie

Le pido un ejemplo práctico para comprenderlo. “Mira el primer álbum de The Jesus & Mary Chain. Es un trabajo chulo, referente de lo indie, pero siempre he pensado que si hubiera sonado bien sería veinte mil veces más potente, un referente de la historia de la música. Ese mal sonido hace que la gente se identifique más con el disco, que le guste ese “sonar mal”, por desgracia. Hoy esa barrera se ha roto. Un crío de catorce años con un portátil puede sonar con una calidad del 85% respecto a un artista de radiofórmula que graba en el mejor estudio de Los Ángeles. Esta rotura de la barrera técnica desubica a mucha gente que llevaba años sintiéndose cómoda con el sonido de baja fidelidad o lo-fi, tan emblemático del indie”. Para entendernos: ¿hay una parte grande del público indie que disfruta la distinción -sentirse especial- por encima del placer sonoro? “Sí, total, se vician en lo malo”, explica entre risas. “El indie apostó por las ideas y eso quitó importancia al sonido, pero siempre es mejor tener las dos cosas. Si se logra entender esto, puede haber un resurgir underground dentro de diez años o así”, intuye.

Experiencia en Operación Triunfo

Milkyway nunca tuvo vocación de artista de culto. Está igual de cómodo en un festival cool que aspirando a Eurovisión (en 2008 le cerró el paso Rodolfo Chikilikuatre) o ejerciendo de profesor en un programa de televisión masivo como Operación Triunfo. “He vivido mi paso por OT con felicidad y mucha alegría. Compartí con los chicos mi enfoque, que consiste en no ser muy ortodoxo a la hora de valorar la historia de la música pop. Pude hablar de la explosión punk de finales de los setenta y por qué fue importante la cultura del “hazlo tú mismo”. También expliqué cómo el sistema explota las innovaciones surgidas desde abajo para hacerlas masivas, lo cual crea una contracultura para rebelarse contra esa apropiación. Hablar de eso en un lugar donde no se espera tener estos debates me ha dado mucha energía”.

¿Recuerda alguna experiencia especial en el programa? “Me gustaba conversar con ellos. Sus reacciones son más espontáneas de las que estoy acostumbrado. Normalmente hablas de música con gente que comparte contigo vicios y códigos, lo cual te hace sentir cómodo y bien, pero no llega muy lejos. De repente, charlas con Aitana y es distinto. En principio, ella no tiene muchos referentes, pero sin embargo expresa un criterio rotundo para abordar la música. Otra chica, no recuerdo quién, escuchaba una canción y decía que le recordaba “a estos grupos que hacían voces en la calle”. Se refería al doo-wop, aunque no manejase la palabra. Hay que perder el miedo a hablar de música sin ser un experto. Seguramente también tienes cosas que aportar. Aunque, claro, dominar los referentes hace más sencillo tu trabajo y vas a resultar más creíble al exterior”.

Ya que estamos, pregunto a Milkyway si ha seguido el debate político que se ha producido este año sobre Operación Triunfo. Simplificando, pensadores como Jorge Moruno (asesor de Podemos) sostenían que la izquierda tiene mucho que aprender de la química de las emociones que desplegada el programa, mientras periodistas como Daniel Bernabé defendían que el espacio era una apología de los valores neoliberales . “Es un poco todo eso. Operación Triunfo es un programa detelevisión de máxima audiencia en un sistema político capitalista. A mí no me interesa demasiado esto de exponer las emociones. De esta edición, prefiero destacar que -joder- había concursantes con convicciones, que sabían exponerlas sin tapujos. Los chicos hablaron abiertamente de política y de conflictos de género. OT aceptaba sexualidades distintas sin darles un tinte de espectáculo extraño. Todo desde una visión adolescente, que yo encontraba muy sana. A cualquier programa con mucha audiencia vas a poder reprocharle que es un producto y además vas a tener razón. Dicho esto, me parece muy potente colar ciertos cambios y mensajes ahí. Responder desde la barricada es necesario, pero también muy fácil”.

Pequeños grandes cambios

¿Cuáles son los momentos del programa que le parecen más importantes? “Han pasado cosas muy chulas. Por ejemplo, el chico trans (Bastian) que le da un beso a Marina el día que la eliminaron. Fue muy bonito, al estilo teenager. Se mostró a alguien trans, pero no como si fuera una criatura del submundo, sino como alguien normal. Yo me imaginaba las caras de espanto de mucha gente de la derecha rancia; creo que eso tiene valor”. Se rompe, entonces, el esteretipo de programas como ‘Crónicas Marcianas’ y ‘Esta noche cruzamos el Missisipí’. “Por supuestísimo. Parece mentira, pero muy pocas veces se había mostrado de esa manera. Fue tan natural que mucha gente no se daba cuenta de que se estaba rompiendo una caricaturización televisiva. Es una gilipollez, pero tiene su importancia. OT tuvo varios pequeños gestos como estos que si son repetidos en el tiempo pueden cambiar actitudes de los espectadores y también inercias de los programas de máxima audiencia”, celebra.

Hablamos también de Eurovisión, el concurso del que estuvo a las puertas en 2008. “Claro que vi la edición de este año. Ha reforzado la opinión que tengo de siempre. Antes el programa anunciaba el camino del pop comercial, ahora más bien lo sigue, incluso lo copia. En ambas etapas, sigue siendo un espejo. Si coges las grabaciones desde 1956 hasta ahora, tendrías buen material para explicar a un marciano cómo ha evolucionado la música pop. Sigue siendo el programa de televisión más visto del mundo”, recuerda.

El suicidio de Avicii

La charla ha sido alegre y animada, pero no quiero colgar el teléfono sin preguntarle por un episodio reciente y trágico. Me refiero al suicidio de Avicii, el joven discjockey que no pudo aguantar el ritmo del éxito global. Milkyway ha sido una de los pocos músicos españoles en hablar positivamente del EDM, un estilo comercial y denostado que incorporó a algunas de sus producciones. “Avicci estaba en la cima del ultramainstream. Hasta hace cinco años, era el sucesor de Calvin Harris, alguien que pertenecía a la élite pop. Tocaba cada día en un lugar diferente del mundo, cobrando cientos de miles de dólares por actuación. Si eres una persona frágil, como somos casi todos, ese riesgo siempre está ahí. Es algo que yo me planteo conmigo, no sé si tu lo harás también. Hay que ser un poco raro para poder llevar bien la presión laboral a la que nos someten. Lo normal es que más personas nos suicidáramos. Hay otros que son capaces de sortear ese tipo de conflictos. Eso me parece algo épico. En las entrevistas, Avicii siempre hablaba muy en serio de su trabajo, notaba su conciencia artística. Muchas veces se traslucía el miedo a que lo estaba componiendo no mantuviese el impacto que había conseguido hasta entonces. Si te fijas, en el pop los periodos de éxito de las estrellas cada vez son más cortos. Esa es otra fuente de estrés”, concluye.

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