en un encuentro este miércoles en córdoba

Antonio Gala: "¡Claro que sigo escribiendo poesía! No podría hacer otra cosa"

En una de sus escasas apariciones públicas, el escritor de 87 años 'apadrina' la obra del último Premio Loewe: 'La polícia celeste' de Ben Clark, becario de su fundación (2004-2005)

Foto: Antonio Gala y Ben Clark, este miércoles, en la sede de la fundación del escritor (Agustín Rivera).
Antonio Gala y Ben Clark, este miércoles, en la sede de la fundación del escritor (Agustín Rivera).

El bastón, acaso pura coquetería y metáfora de su firmeza, ahora también le ayuda a caminar. Junta las manos, como si estuviera orando en este antiguo convento de monjas de clausura. Escucha con mucha atención y al final de cada poema apostilla alguna palabra: “Precioso”. “¡Qué bonito!”. “Dos más”, pide cuando Ben Clark ya iba a dar por terminada la lectura poética.

Antonio Gala está entusiasmado en el salón de su hijo más preciado, la fundación que arrancó en 2002 y que capitanea su sobrino José María. Una veintena de personas arropan a Clark, último Premio Loewe de Poesía por “La policía celeste” (Visor). De padres británicos y nacido en Ibiza en 1984, fue becario de creación literaria (tercera promoción 2004-2005) y hacía más de lustro que no veía a Gala. La última vez fue en Salamanca.

Retrato de Antonio Gala situado en las escaleras de su fundación (Agustín Rivera).
Retrato de Antonio Gala situado en las escaleras de su fundación (Agustín Rivera).

Lo primero que le ha soltado el veterano poeta (87 años que reparte entre Córdoba, donde reside una vez al mes, y su finca de La Baltasara en Alhaurín El Grande, Málaga) al joven creador es que se cuidara, que adelgazara. Por eso empieza Clark a recitar ‘Mi cuerpo’ a modo de exorcismo literario. Quizá también físico.

En mañanas sin olas he codiciado paz/

en cuerpos nuevos, cuerpos olvidados/

por quienes los lamieron una vez,/

mapas con carreteras dibujadas/

por las que hace ya tiempo/

que no conduce nadie./

Gala se sitúa a la derecha del XXX Premio Loewe. Le acompaña, sentado en el confortable sofá Enrique Maestre, su amigo médico. Maestro y discípulo se admiran. Clark recuerda su habitación, la número 19 de la fundación, donde residía junto a otros 17 creadores. Tres de aquella promoción están aquí: los novelistas María Zaragoza, Alberto de la Rocha y Tania Padilla, que le presenta.

La habitación 19

En aquellos nueve meses de creación y compañerismo, la imagen de Clark era de la un tipo con un portátil celeste debajo del brazo. Escribía en cualquier rincón y compartía su poesía, en una suerte de ‘working in progress’. Recitaba manuscritos que luego aparecieron en poemarios como ‘Cabotaje’ o ‘Los hijos de los hijos de la ira’. Llevaba un pen colgado al cuello y chanclas en verano. Nada de poeta introspectivo. Todo lo contrario. “Muy volcado hacia fuera y expansivo”, glosa Padilla. Escribía muy poco en la habitación 19.

Tania Padilla sobre ‘La policía celeste’: “No es nada pretencioso. Es un libro con una belleza a descubrir, con menos alharacas y poemas muy ordenados”

Y esta ‘Policía celeste’ se nutre de poemas más discretos, “que parecen que no le ha costado escribir, y que son muy naturales”. “No es nada pretencioso. Es el menos vistoso, con una belleza a descubrir, un libro con menos alharacas y con poemas muy ordenados”, continúa la escritora cordobesa, Premio Ateneo Joven de Sevilla.

Amor, padre, amigos y poesía son algunas de las piedras angulares de este poemario que se asemeja en su estructura a una novela. Un libro lleno de raros, astronautas, confesiones, búsquedas, masculinidades, estrellas de invierno, también de futuro (2061) y una suerte de desconfianza a los muy felices.

Terenci Moix y el perro Mambrú

Luis Cárdenas, su secretario, acompaña a Gala a la salida de la lectura. “Escribes muy bien y te doy la enhorabuena absoluta”, dice al joven poeta. “Es importante que me digas esto”, le contesta Clark, muy agradecido. “Ha estado muy natural, me ha encantado, de verdad”. Y El Confidencial le pregunta sobre su escritura. Solo hay tiempo para una pregunta. “¡Claro que sigo escribiendo poesía! No podría hacer otra cosa”. Su último libro lírico es de 2005: 'El poema de Tobías desangelado'.

En el encuentro de primera hora de la tarde de Clark y Gala, junto al secretario y el director de la fundación, se habló de Terenci Moix, ahora que se cumplen 15 años de su muerte y Planeta reedita ‘No digas que fue un sueño’, su Premio de 1986 (más de un millón de ejemplares vendidos) un título que acuñó Gala tras tomar un libro de su biblioteca, los poemas de Cavafis, y leer la frase que le regaló a su amigo Terenci.

Antonio Gala, de niño, junto a varias traducciones de 'La pasión turca' (Agustín Rivera).
Antonio Gala, de niño, junto a varias traducciones de 'La pasión turca' (Agustín Rivera).

Clark y Gala y los otros miembros de la tercera generación (Zaragoza, De la Rocha y Padilla) escuchaban con los ojos bien abiertos al ‘alma mater’ de la fundación. Y Mambrú, el perro de 12 años que le hace compañía en Alhaurín y en Córdoba, jugaba y mordía una pelota de plástico. El poeta y dramaturgo compartía un té negro y unas tortas de aceite trufadas de cabello de ángel.

El Premio Loewe acaba de comprar la primera edición de ‘Enemigo íntimo’, accésit del Premio Adonais de Poesía de 1959 y editado en 1960 cuando Gala tenía 29 años, no había estrenado ninguna obra de teatro y ya vivía en Madrid. Clark le enseña el libro. Lo mira, lo observa. Mirada aguda.

– ¿Este libro de quién es?– se pregunta Gala.

– Es tu libro, Antonio.

– Pero yo ya no lo conozco.

A él. A aquel joven. El paso del tiempo.

“Es un poeta inmenso y un dramaturgo de los mejores. Yo creo que el personaje se ‘come’ mucho al creador comprometido con la literatura”

“Yo tenía referencias de él del teatro, pero como poeta no lo leí hasta llegar a la fundación. Es un poeta inmenso y un dramaturgo de los mejores. Yo creo que el personaje se ‘come’ mucho al creador comprometido con la literatura”, asegura el poeta ibicenco.

Mambrú delante de los perros fallecidos de Antonio Gala.
Mambrú delante de los perros fallecidos de Antonio Gala.

Y recuerda una anécdota que ocurrió coincidiendo en 2005 con el año cervantino inaugurado en el Alcázar de los Reyes Cristianos, en Córdoba, por los entonces Príncipes Felipe y Letizia. Fue una conferencia/lección inaugural/magistral a modo de reflexión sobre la soledad del escritor. “Dijo una cosa muy bonita que vale la pena recordar”, dice Clark. Gala en estado puro: “Vivimos ahora en un mundo obsesionado por la imagen y se suele decir que una imagen vale más que 1.000 palabras como si no hicieran falta siete palabras para decir esa frase”.

"Un poeta de verdad"

Vuelve Clark a destacar el poemario ‘Enemigo íntimo’. “Su espíritu es muy joven, cerca de la pureza de la poesía. Es un libro que solo lo puede escribir alguien que es un poeta de verdad, no tiene nada que ver con un señor que escribe poemas de amor para que se vendan en El Corte Inglés. Alguien lo escribe porque lo necesita, no por encargo de una editorial”. Y elige un poema de este primer libro de Gala:

Labora el corazón en contra nuestra/

Crece una flor aquí para la muerte,/

allí el amor debátase entre sueños,/

sueño él también, porque es el despertar/

el verdadero fin de la aventura/

Lamenta el antiguo becario de la Fundación Gala cómo la faceta mediática del afamado escritor que tanto ha difundido la poesía no se haya correspondido con un reconocimiento institucional. “Debería haber recibido el Premio Cervantes, el Príncipe de Asturias de las Letras o el Reina Sofía de Poesía”. “Gala es un ser genial, que en realidad ha hecho lo que le ha dado la gana y cuando le ha apetecido escribir novelas o artículos en periódicos siempre ha sido muy leído”.

Ben Clark posando con 'La policía celeste' y con 'Enemigo íntimo' (Agustín Rivera).
Ben Clark posando con 'La policía celeste' y con 'Enemigo íntimo' (Agustín Rivera).

Sostiene Clark que la obra más importante no es ninguna de poesía, novela, relato, ensayo, teatro o guiones, sino esta fundación, plagada de detalles como el cristal de los ascensores que llevan su letra o pinturas contemporáneas de los artistas que dejan una obra. “Y lo ha hecho en un país sin cultura de mecenazgo artístico apoyando a jóvenes artistas sin pedir nada a cambio”.

Antonio Gala disfruta con los jóvenes. Viéndoles crear. Escuchando sus poemas, interpretaciones musicales y viendo sus cuadros. Porque, a sus 87 años, mantiene el rostro de aquel adolescente “absorto en un libro”. “Un adolescente enigmático y reidor al tiempo, secreto y desparpajado al tiempo”. El escritor de letra menudísima que enseña su Premio Planeta por ‘El manuscrito carmesí’ (1990) en la muestra de su fundación. Sus bastones, retratos, recuerdos. Y vida, en la tarde decreciente de esta Córdoba callada.

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