un 5% de personas tóxicas

¿Es su vecino un asesino en serie? ¿Y usted? La escala de la maldad

La criminóloga y abogada Paz Velasco de la Fuente publica el ensayo 'Criminal-Mente' sobre la ciencia forense y la psicología de los asesinos

Foto: Imagen de Andrei Chikatilo, uno de los asesinos en serie más sangrientos de la historia.
Imagen de Andrei Chikatilo, uno de los asesinos en serie más sangrientos de la historia.

"La maldad forma parte de la condición humana, y lo verdaderamente terrorífico es que no tiene un rostro determinado. A ella se le achaca la crueldad más absoluta e inimaginable. Los científicos sociales consideramos que en nuestras sociedades hay un 5% de personas tóxicas, perversas, crueles y dispuestas a hacer el mal. Pero... ¿de qué están hechos los malos? ¿La maldad es intrínseca al ser humano o uno se hace malo con el paso del tiempo? ¿Todos podemos ser malvados en un momento determinado? ¿La maldad es una imperfección del alma o una disfunción de la mente humana? ¿Hasta cuándo se es malo? Y... ¿se puede medir la maldad?".

Durante siglos, las fuerzas de seguridad, los alienistas y demás especialistas relacionados con el crimen han buscado respuesta a estas preguntas, mientras la ciencia eludía el concepto de maldad. Sin embargo, el interés por desvelar los misterios de la violencia cambió esta situación, y en las últimas décadas cada vez más investigadores se han preocupado por medir los rincones más oscuros del comportamiento humano. Un universo desconocido y complejo que la abogada y criminóloga vallisoletana Paz Velasco de la Fuente desgrana en su ensayo 'Criminal-Mente. La criminología como ciencia', que la editorial Ariel ha publicado recientemente.

La autora se adentra en los entresijos de la criminología, la ciencia social interdisciplinar que se encarga del estudio empírico del comportamiento delictivo y de la reacción social al mismo. Una especialidad que analiza el delito como acto individual, al delincuente, a la víctima y las medidas de control social existentes. Y que en 2001 abrazó con entusiasmo la escala de maldad que elaboró el psiquiatra forense de la Universidad de Columbia, el doctor Michael Stone, para identificar las mentes que albergan el mayor índice de maldad.

Portada del libro publicado por Ariel.
Portada del libro publicado por Ariel.

Para desarrollar su escala el doctor Stone tuvo en cuenta indicadores como la depravación del crimen, su planificación, su puesta en escena o si la víctima fue torturada o agredida sexualmente. A partir de numerosas entrevistas con criminales, el psiquiatra pudo analizar factores neurológicos, genéticos y ambientales para comprender qué es lo que lleva a un individuo a acabar con la vida de otro. Unos encuentros que le sirvieron para establecer 22 niveles de maldad que se dividían en tres grupos. De nivel 1 al 8 se trata de asesinos impulsivos responsables de un único acto criminal en un momento de rabia, del 9 al 15 se encuentran los asesinos con algunos rasgos psicopáticos y psicóticos y del 16 al 22, en el que aparecen los psicópatas puros.

Así, en el primer nivel se encontrarían personas como Jacqueline Sauvage, que a los 68 años asesinó a su marido después de casi medio siglo de malos tratos. Un poco más arriba, en el séptimo nivel, aparecen los asesinos narcisistas y posesivos que matan a seres queridos, o familiares, por celos, como fue el caso de Prosenjit Poddar, que acabó con la vida de la joven que fue su novia, pero había decidido terminar su relación. Richard Speck, que ya tuvo el honor de aparecer en la primera entrega de 'Mindhunter', se situaría en el nivel decimotercero, al ser un asesino psicópata rabioso, mientras que otro de sus "compañeros de reparto" Jeff Brudos, aparece cinco puestos más arriba, ya que era un asesino que disfrutaba torturando. La escala la cierran apellidos tan temibles como Chikatilo o Dahmer, asesinos psicópatas que infligen extremas torturas a sus víctimas y terminan asesinándolas. Es nivel en el que podrían aparecer españoles como Pérez Rangel y Javier Rosado, responsable este último del crimen del juego de rol.

Javier Rosado, detenido por el crimen del juego de rol, en una imagen de 1994.
Javier Rosado, detenido por el crimen del juego de rol, en una imagen de 1994.

Homicidas de España

"A la luz de la luna contemplamos a nuestra primera víctima. Sonreímos y nos dimos la mano. Me miré a mí mismo y me descubrí absoluta y repugnantemente bañado en sangre. A mi compañero le pareció acojonante, y yo lamenté mucho no poder verme a mí mismo o hacerme una foto. Uno no puede pensar en todo..." Con estas palabras un brillante estudiante de Químicas detallaba en su diario cómo se había sentido después de cobrarse su primera víctima. Su nombre era Javier Rosado, pero para la posteridad quedaría como "el asesino del juego de rol", un crimen que conmocionó a la sociedad española a mediados de los años 90.

En España, durante muchos años se impuso la censura, y entonces parecía que aquí no hubiera ni crímenes ni asesinos

Pero la historia sangrienta de España, tal y como recoge la autora, empezó mucho antes de que Rosado inventase un juego con el que "racionalizar los impulsos agresivos que tenía". E incluso antes de que Jack el Destripador sembrase el pánico por las calles del barrio londinense de Whitechapel a finales del siglo XIX, gracias al mítico hombre lobo de Allariz. Pero el asesino en serie patrio más célebre de toda nuestra historia fue Manuel Delgado Villegas, más conocido como el Arropiero. Un hombre que, entre 1964 y 1971, asesinó a 48 personas mediante el "tragantón", un "truco que aprendió en la legión" y que consistía en oprimir la glotis de sus víctimas a través de un golpe que terminaba asfixiándolas.

José Antonio Rguez. Vega, el Mataviejas, en una imagen de 1988.
José Antonio Rguez. Vega, el Mataviejas, en una imagen de 1988.

Una década después José Antonio Rguez. Vega, un "psicópata carismático y manipulador", acabó con la vida de 16 ancianas y el Matamendigos empezaba su escalada criminal que terminaría con la muerte de once indigentes. Tras ellos, en la lista de asesinos españoles más sanguinarios aparece, además del mencionado hombre lobo que se cobró 10 víctimas, el Sacamantecas con seis, el mismo número que José María Ruiz Martínez, "el sastre asesino" que acabó con la vida de toda su familia en una de las calles más macabras de Madrid, la dedicada al poeta cordobés Antonio Grilo.

A través de "Crónicas de la España negra", el capítulo dedicado al crimen en nuestro país, Velasco destaca que, al contrario de lo que nos han hecho creer, el asesino en serie no es un producto exclusivamente norteamericano. "En España, durante muchos años se impuso la censura, y entonces parecía que aquí no hubiera ni crímenes ni asesinos. (...) Fue durante la democracia cuando salieron a la luz, con la aparición de las crónicas de "la España negra", en las que quedaba demostrado que en nuestro país ha habido crímenes y asesinos". Aunque, como señala la criminóloga, hubo que esperar hasta 2010 para que los medios de comunicación de nuestro país hablasen abiertamente de la figura del asesino en serie "a pesar de que algunos sujetos ya habían sembrado la geografía española de víctimas inocentes".

Daniela Poggiali, la enfermera italiana que mató a 38 personas.
Daniela Poggiali, la enfermera italiana que mató a 38 personas.

Ellas también matan

'Criminal-Mente' también dedica varios capítulos a las diferencias de género a la hora de matar. "Estadísticamente", señala Velasco en su libro "hay muchos más homicidas y asesinos en serie masculinos, pero las mujeres también matan y, aunque sean bastante inferiores en número, son tan letales como ellos. (...) Asesinar no es una cuestión de sexo, sino que es una conducta premeditada y humana, y en el caso de las mujeres siempre tienen un motivo para ello (o al menos ellas lo creen así)". Pero no ha sido hasta hace relativamente poco tiempo que ciencias como la criminología, la psicología o las ciencias penales se han interesado por el papel criminal de las mujeres, a las que se les "sigue identificando con seres tiernos".

Su compañera de sangre es en muchos casos el gancho para atrapar a las víctimas con las que ellos fantasean

Los crímenes con nombre de mujer han causado siempre un mayor impacto social que los habituales, y masculinos, asesinos. "La mayoría de las mujeres matan por cuestiones materiales o para ejercer el control y dominio sobre sus víctimas. En ambos casos —prosigue Velasco— es muy habitual que estas mujeres asesinen a varias personas". Y para distinguir sus motivaciones, los especialistas establecieron una clasificación que distingue nueve tipologías de asesinas y sus crímenes: "viudas negras, asesinas en equipo, enfermeras de la muerte, asesinas con problemas de locura, depredadoras sexuales, homicidios inexplicados, venganza, crímenes sin resolver atribuidos a mujeres y crímenes por beneficio". Unas categorías a las que Velasco añade, "porque esta clasificación se ha quedado obsoleta [a las] asesinas inductoras, las asesinas emocionales que matan por odio, celos o envidia y las filicidas".

Manuela Ruda acabó con su víctima en compañía de su marido y por orden de Satán.
Manuela Ruda acabó con su víctima en compañía de su marido y por orden de Satán.

Son muchos los especialistas que coinciden en señalar que la mayoría de las tipologías desarrolladas en torno al asesino en serie no son aplicables a las mujeres. Ellas, si cometen crímenes de forma independiente, son mujeres socialmente adaptadas y geográficamente estables, el 80% de las cuales recurren al veneno para acabar con sus víctimas. Pero también hay asesinas que han requerido la ayuda de un hombre para llevar a cabo sus mortíferos deseos. Y cerca del 50% de las asesinas en serie han cometido sus asesinatos con la ayuda de un hombre. Unas alianzas que muchas veces llegaban dadas por razones sentimentales y sexuales, mujeres que acaban "siendo fieles seguidoras de hombres asesinos, demostrando una gran lealtad hacia sus parejas".

Sobre este tipo de parejas, que van desde los míticos Bonnie & Clyde hasta la familia criminal de Roman Pokopaev, Velasco señala que "no hay auténtico amor, sino una aceptación tácita y recíproca de compartir una experiencia única, de buscar el placer y el control, el desplazamiento de la ira hacia personas vulnerables". Y como señala la criminóloga, "su compañera de sangre" es en muchos casos el "gancho para atrapar a las víctimas con las que ellos fantasean, para cooperar y participar activamente en el crimen o para encubrirlo". Aunque "cuando son detenidas, la mayoría de estas mujeres culpan a sus parejas y se presentan como víctimas aterrorizadas, alegando que actuaron por miedo". Unas mentiras que, afortunadamente, las investigaciones terminan echando por tierra.

Javier Bardem en el papel de Anton Chigurh en 'No es país para viejos'.
Javier Bardem en el papel de Anton Chigurh en 'No es país para viejos'.

El arte de matar

Asesinos de ficción como Hannibal Lecter o Anton Chigurh, los aristócratas al margen de la ley que se convirtieron en los primeros asesinos en serie, el perfil de estos, los psicópatas sádicos y los emocionales el origen y la evolución de los perfiles criminales son otros de los asuntos a los que Velasco dedica algunos capítulos. Pero también tienen su lugar las víctimas y los métodos de selección de las mismas, así como la escenificación del crimen o las motivaciones finales de aquellos que terminan con la vida de otras personas. Un compendio temático tan extenso como diverso que ofrece un completo manual de iniciación para aquellos que deseen adentrarse en el oscuro y desconocido mundo de la criminología.

Un ensayo interesante de principio a fin que se cierra con uno de los capítulos más curiosos de cuantos lo componen, aquel dedicado a los asesinos que terminaron convirtiéndose en escritores, o viceversa. Desde Krystian Bala, que fue protagonista de su propia novela negra, hasta la exitosa Anne Perry, que inspiró la película 'Criaturas celestiales', más de una docena de creadores desdibujaron la línea que separa la ficción de la realidad para compartir sus experiencias, ofrecer lecciones de moralidad o, simplemente, servirse del nombre que le habían dado sus crímenes para explorar su vena artística. "Quizás", señala Velasco, "sea un acto de redención, su manera de decir al mundo 'sí, lo hice yo', o quizás sea su forma de expresar y contar un acto del que se sienten orgullosos. Otros, simplemente, escriben y matan".

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