¿Qué pasaría si pudiéramos ver lo que ocurre en el palco del Madrid?
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entrevista a juan tallón

¿Qué pasaría si pudiéramos ver lo que ocurre en el palco del Madrid?

El periodista gallego analiza las claves de su novela -'Salvaje oeste'- sobre la trastienda tenebrosa del boom económico español

Foto: Fotografía de un ¿quién es quién? en el palco del Bernabéu el pasado mes de diciembre (Baldesca Samper)
Fotografía de un ¿quién es quién? en el palco del Bernabéu el pasado mes de diciembre (Baldesca Samper)

Final de los años noventa, jura de los nuevos ministros de un Gobierno conservador, un problema burocrático retrasa el acto. El Rey, cansado de esperar, susurra a uno de los ministros: “Si la gente supiese como funciona un Estado por dentro… Es mejor que no sepan”.

Esta frase de la nueva novela de Juan Tallón -‘Salvaje oeste’ (Espasa, a la venta hoy)- sintetiza el espíritu del libro: contar lo que pasa dentro del Estado cuando nadie está mirando, a qué se dedican las élites cuando los micrófonos están cerrados, la trastienda del poder, España en B.

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‘Salvaje oeste’ reproduce esa clase de conversaciones inevitables para engrasar negocios, pero que pueden hundir la reputación de un político o de un empresario… si se hacen públicas. Rollo “el volquete de putas” de Granados, pero un poco más fino: al fin y al cabo, los que llevan la voz cantante en la novela son unas élites que han pasado por los mejores colegios y por los mejores, ejem, másteres.

Si HBO decidiera hacer una serie sobre la fontanería del milagro económico español, tendría aquí material de sobra: políticos ambiciosos, titanes inmobiliarios, periodistas turbios; chismorreos, filtraciones, escándalos, voladuras controladas... A medio camino entre lo literario y el best seller, ‘Salvaje oeste’ tiene poco de thriller y algo más de novela negra clásica: si hay alguna intriga en juego, no tiene que ver con un cadáver, sino con descifrar el significado de una época de excesos.

Fútbol es fútbol

La novela arranca en una localización difícilmente mejorable: en el palco de un estadio que se parece mucho al Bernabéu, y en el que hay tanta gente negociando y tan poca pendiente del partido de Champions "del Madrid", que dan ganas de decirle al arbitro que pite ya el final -aunque estemos en el minuto 54- para que estos señores puedan centrarse tranquilamente en sus ‘bisnes’.

“La escena del palco me permite arrancar con velocidad, fijar el tono de la novela y presentar a los personajes principales. Es un espacio absoluto de poder. Un escenario icónico. Ahí se funda en tiempo real la mezcla de política y negocios típica de la época que describe el libro”, aclara Tallón vía telefónica desde Ourense.

Foto: El palco del Bernabeú. (Baldesca Samper)

Los locos años noventa

‘Salvaje oeste’ transcurre en un periodo histórico difuso pero fácil de identificar, a caballo entre dos siglos, entre los noventa y la década pasada, 13 años de boom económico con su acenso, ralentización y zozobra previa al galletazo. Su lectura genera un irresistible ‘deja vu’ que la decisión de Tallón de no utilizar nombres reales no solo no frena, sino que no hace más que alimentar. Un morboso ¿quién es quién? en el que destaca un presidente de club de fútbol que es a la vez gigante del ladrillo, un director de periódico sin escrúpulos que recuerda a ese director de periódico sin escrúpulos que tiene usted ahora mismo en mente o una lideresa tan astuta como ambiciosa…

Decidí no utilizar nombres reales por sensatez. Porque sería peligroso y podría acarrearme consecuencias desagradables y porque hubiera sido una mala decisión para la novela

“Decidí no utilizar nombres reales por sensatez. Primero, porque sería peligroso y podría acarrearme consecuencias desagradables. Segundo, y más importante, porque hubiera sido una mala decisión para la novela: se hubiera leído en clave equivocada y me hubiera alejado de lo que quería retratar: no unos personajes, sino una época”, cuenta Tallón.

Los chicos de la prensa

He aquí la clásica novela que todo periodista quiere escribir en sus ratos libres, pero que a casi ninguno le sale bien, aunque a Tallón sí le ha salido…

Cuando los periodistas escribimos novelas en las que aparecen otros periodistas, tendemos a la idealización: esas tramas involuntariamente paródicas en las que un incorruptible periodista de investigación se enfrenta al poder y tumba a un presidente. Pues bien: aunque aquí también hay sitio para plumillas revoltosos, ‘Salvaje oeste’ no es una novela periodística épica, quizá porque Tallón es consciente de que, además de enfrentarse a los poderosos en ocasiones, los periodistas también somos Poder.

“Los que hemos trabajado en los medios sabemos que el ejercicio de la profesión puede llegar a ser frustrante: hay temas que no te molestas en investigar porque sabes que a tu periódico no le van a interesar. La prensa tiene mucho poder, y por ello también una parte oscura vinculada a sus conexiones con sectores políticos y económicos”, razona el escritor.

La reina de la fiesta

Dice Tallón que se documentó para escribir la novela, pero que cuando empezó a escribir, “intentó olvidar toda esa documentación”. Es decir, no se trataba tanto de reproducir la realidad… como de intentar mejorarla (vía ficción).

¿Se imaginan ustedes la clase de bestia política que saldría de una mezcla de Aguirre y Gallardón?

Su personaje más carismático es una alcaldesa de Madrid llamada García-Frost. Preguntado por el modelo en el que se basó para construir el rol, Tallón nos remite a la nota de advertencia que encabeza el texto: "Este libro es una obra de ficción. Nada de lo que narra sucedió en la realidad. Sus personajes no se corresponden con ninguna persona, viva o muerta. Los países en que transcurre tal vez no existan, aunque la época es real".

Dicho lo cuál, uno no puede evitar pensar que García-Frost es un álter ego de Esperanza Aguirre, aunque no solo. ¿Se imaginan ustedes la clase de bestia política que saldría de una mezcla de Aguirre y Gallardón? Pues un poco de todo hay en esta alcaldesa que comparte rasgos egocéntricos con muchos otros políticos conservadores o progresistas (echen ustedes a volar la imaginación):

“García-Frost tenía la televisión de su despacho encendida permanentemente, sin volumen, por si salía ella. A veces, en mitad de una reunión, se la oía gritar: ‘¡Pero si esa soy yo!’, sorprendida de verse allí. Había llegado a ese punto límite, del que a veces no se podía retornar, en el que se creía García-Frost, aunque ella nunca lo reconociese. Cultivar durante tantas horas su imagen producía extraños efectos, uno de los cuales era hablar de sí misma en tercera persona. ‘La alcaldesa quiere el dossier de prensa.’, le decía a su secretario cuando llegaba por las mañanas al ayuntamiento, mientras se iba despojado en movimiento de la chaqueta. Cada uno tenía sus obsesiones, y en su caso su obsesión era ella misma, y el éxito”, escribe Tallón (Ourense, 1975), colaborador de medios como ‘El País’, la Cadena Ser o ‘Jot Down’.

La alcaldesa de la novela deja varias frases para la posteridad: “Hay que desconfiar de los tecnócratas que no se han partido la cara por el partido, porque son los que primero lo traicionan. Creen demasiado en sí mismos”.

La aborrecían porque la consideraban una hipócrita que no paraba de hablar de dignidad mientras hacía chanchullos como cualquiera

García-Frost deja también un gran golpe de astucia: o cuando las retiradas de la primera línea solo son parte del juego, un paso atrás para coger impulso. “En términos políticos es la gran triunfadora de la historia, porque es la única que entiende que a veces toca apartarse para que la realidad no te devore y el proceso político no te aniquile. Tiene la inteligencia de intuir que un repliegue puede salvarte cuando todo empieza a desmoronarse. Pero teniendo claro que ese echarse a un lado solo es estrategia política. Se trata de seguir ejerciendo el poder… desde donde sea”, zanja Tallón.

La superalcaldesa es tan temida como odiada... dentro incluso de su propio partido, como muestra la escena de su irrupción sorpresa en un comité ejecutivo: "Casi todos aborrecían en secreto a la alcaldesa. Aborrecían lo que ellos consideraban soberbia, por creerse por encima de la disciplina y los órganos del partido. La aborrecían por decir siempre lo que pensaba y que a menudo representaba una crítica a los demás. La aborrecían porque ganaba elecciones sin parar, sin ayuda de las siglas. La aborrecían porque la consideraban una hipócrita que no paraba de hablar de dignidad mientras hacía chanchullos como cualquiera. Sin embargo, todas la escucharon con atención, firmes, pues nunca podrían aborrecerla del todo: era un mito amado... Por dentro, era posible que le deseasen todo tipo de fracasos; daba igual si esos fracasos eran también los del partido".

Resumiendo: igual no es tan importante saber quién es García-Frost en la vida real, porque lo que hace Tallón no es tanto recrear a un personaje real, como fijar una serie de maniobras políticas clásicas. ¿O acaso frases como "la aborrecían porque la consideraban una hipócrita que no paraba de hablar de dignidad mientras hacía chanchullos como cualquiera" no sirve también para explicar el nihilista fuego amigo contra la regeneradora Cristina Cifuentes? Show must go on.

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