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Baterías mancos, ritos satánicos, drogas y decibelios: la historia del heavy metal

El músico y humorista Andrew O'Neill repasa en 'La historia del heavy metal' (Blackie Books, 2018) la importancia y las anécdotas de los grupos que han hecho popular el género

Foto: Cradle of Filth es una banda de metal extremo nacida en 1991 en Suffolk, Reino Unido.
Cradle of Filth es una banda de metal extremo nacida en 1991 en Suffolk, Reino Unido.

En el primer capítulo de la serie de animación 'Metalocalipsis', 300 fans de la banda de metal protagonista, DethKlok, viajan hasta el Círculo Polar Ártico para ver a su grupo favorito tocar una sola canción. "Nunca antes tanta gente había viajado tan lejos por una canción tan corta". Y aunque la canción es, en realidad, el tema central de un anuncio de café, los metaleros asistentes enloquecen en cuanto escuchan al vocalista Nathan Explosion cantar con voz gutural y acompañado de punteos imposibles y riffs atronadores: "¿Os gusta el café colegas? ¡Auténtico café de los valles de Colombia! ¡Duncan Hill os lo trae! ¡Junto a cien cadáveres! ¡Y una taza de sangre negra! ¡Morid! ¡Morid por una taza de café!". Y esta primera secuencia es uno de los resúmenes más brillantes de lo que es el metal: una comunidad entregadísima a la causa, nombres amenazadores, letras no demasiado optimistas —algunas violentas, depende del tipo de metal— y muchos —muchos— decibelios, se le esté cantando a Satán o al café de Colombia.

Una, que aunque se mueve en el 'totum revolutum' que son los festivales góticos, del guitarreo sólo tiene oído para el industrial, siempre tiende a dar la misma turra cuando aparece en el escenario un grupo de metal y se encuentra rodeada de seguidores del género. "¿Esto qué es? ¿Death metal? ¿Doom metal? ¿Black metal? ¿Thrash metal? ¿Gothic metal? ¿Epic metal?". Amigos metaleros, ya podéis respirar tranquilos, porque ha caído en mis manos 'La historia del heavy metal' (Blackie Books, 2018), la respuesta a todas mis preguntas, una biblia en la que el cómico, músico y metalero británico Andrew O'Neill disecciona la cronología, las bandas, las influencias, los subgéneros y el anecdotario de un mundillo siempre a caballo entre el 'mainstream' y el 'underground', donde hay gente que sólo tiene en común la longitud capilar y el llevar siempre una púa en el bolsillo. De los murciélagos de Ozzy Osbourne —quien por cierto, pasará por Madrid el sábado 30 de junio con el Download Festival— a las plataformas de Dani Filth, el campo del metal es más amplio que la huerta murciana.

Imagen promocional de Mötley Crüe en su época más 'glam'
Imagen promocional de Mötley Crüe en su época más 'glam'

El libro de O'Neill es como un monólogo largo, divertido incluso para profanos, y bastante documentado. Una balada de amor nada canónica y con alguna colleja a mano abierta y de explosión sónica. Sí, Mötley Crüe, va por vosotros. De ellos —y del 'glam metal' en general— poco más tiene que decir que "apenas es digno de tener la palabra metal en el nombre". Del grupo de Tommy Lee, actor involuntario de porno casero, ex de Pamela Anderson, afirma que "eran una peña muy horrible y muy puerca", que su "talento musical era secundario a su imagen", que el riff de apertura del primer tema de su primer disco "está bastante bien… pero que el resto del disco es un puto horror", que en 1983, cuando tocaron en el US Festival de San Bernardino junto a Ozzy Osbourne, Judas Priest y Van Halen "lo hicieron de putísima pena", y que cuando Tommy Lee se enteró de que la actuación se había grabado "se puso a llorar".

Mötley Crüe tocaron tan mal en el Festival de San Bernardino que cuando Tommy Lee supo que los habían grabado se puso a llorar

"En el mundo hay dos tipos de personas: los fans del heavy metal y los gilipollas". Así abre 'La historia del heavy metal', que más allá del chascarrillo, traza la evolución del género y de sus subgéneros desde sus influencias hasta las corrientes más nuevas. O'Neill data el nacimiento del heavy —no rock, ni hard rock, del heavy— en "un 13 de febrero de 1970: el día que Black Sabbath publicó su disco homónimo". Los que piensen que el metal es simplemente un grupo de gente aporreando instrumentos y emulando la berrea, que se desengañen. "Para muchos profanos, el heavy metal es simple, insolente, primitivo, chabacano e incluso violento", pero "es la suma de todo lo surgido anteriormente a él. Tiene percusión tribal, el registro vocal en escalas múltiples de la ópera, el elemento narrativo del folclore y la tradición de los bardos, la paleta musical del blues y la dinámica de la música orquestal rusa", analiza el autor. Como ejemplo, Dream Theater, un grupo compuesto por antiguos alumnos del Berklee College of Music de Boston. Debajo de las greñas hay cabezas pensantes.

Volviendo a Black Sabbath; ¿por qué con ellos nació el heavy y no antes ni después? Puede que a grupos coetáneos, dígase Led Zeppelin o Judas Priest, les haya caído la etiqueta más de una vez, pero la gran escisión del rock duro llegó con el primer disco de los Sabbath, según O'Neill, con esa tormenta, esos tañidos de campana y esa voz de ultratumba de la apertura de su primer disco, que además sacó su famoso 'riff' del movimiento 'Marte: el portador de la guerra' de la suite 'Los planetas' del compositor británico Gustav Holst. Las canciones de Black Sabbath hablaban "del lado oscuro de la vida, de la guerra, de la muerte, de campos de batalla y tumbas, de aislamiento y depresión, de gobiernos corruptos y contaminación".

El heavy metal llevaba al extremo lo que el punk, el hard rock y el hardcore de finales de los setenta habían iniciado. Sumaron el sonido de las guitarras eléctricas que Gibson y Fender habían empezado a comercializar en los 50 a la distorsión de los amplificadores más potentes del mercado, utilizaron 'riffs' en vez de acordes abiertos —se perderían en esa distorsión— y adoptaron una iconografía propia del cine de terror. El guitarrista de los Sabbath, Tony Iommi, ha confesado en entrevistas que les "encantaban las películas de terror, esa sensación de que te asusten". "Pensé que estaría bien poder hacer eso mismo con la música". Precisamente, extrajeron el nombre del grupo de la película 'Black Sabbath' (1963) —aquí se tradujo como 'Las tres caras del miedo'— de Mario Bava, uno de los padres del giallo italiano.

Iron Maiden en el festival metalero gallego Resurrection Fest. (Efe)
Iron Maiden en el festival metalero gallego Resurrection Fest. (Efe)

A pesar del éxito de ventas de los primero discos de heavy, la crítica no tuvo demasiadas buenas palabras. De Black Sabbath dijeron que "sonaban como Cream pero en malo", y por su actitud contracultural el público mayoritario conocía a veces más a los grupos por sus escándalos dentro y fuera de los escenarios que por su música. "Los excesos de Led Zeppelin eran míticos. Reservar plantas enteras de hoteles se había convertido en la norma desde que los Rolling Stones sentaran precedente. Reservaban toda la planta superior del Regency Hyatt de Sunset Boulevard, cogían televisiones de un ala para tirarlos por el balcón de la otra y así hacerse los suecos cuando el horrorizado personal del hotel se presentaba para llamarles la atención". Aunque tener tu propio avión, "que era tan grande que tenía una puta chimenea dentro", debería considerarse signo inequívoco de formar parte del 'mainstream'.

Como cada corriente cultural, pegada viene la estética. De los rockers a los góticos, y si lo analizásemos, seguro que también los amantes del canto polifónico georgiano tienen claves para reconocerse entre sí. Saxon fue probablemente el primer grupo de primera línea que no sólo hacía heavy, sino que también habló de lo que era ser heavy. Y lo hizo en su canción 'Denim and Leather'.

"Where were you in '79 when the dam began to burst (¿Dónde estabais en el 79 cuando el dique estalló?)
Did you check us out down at the local show (¿Nos visteis en un concierto local?)
Were you wearing denim, wearing leather (¿Vestíais vaqueros y cuero?)
Did you run down to the front (¿Os pusisteis en primera fila?)
Did you queue for your ticket through the ice and snow (¿Hicisteis cola para comprar tu entrada a pesar del hielo y la nieve?)

Denim and Leather (Los vaqueros y el cuero)
Brought us all together (nos unieron)
It was you that set the spirit free (fuisteis vosotros los que liberasteis nuestro espíritu)
Denim and Leather" (vaqueros y cuero)

Y este sentimiento de pertenencia, de fidelidad, también se aplica dentro de los grupos; eso sí, cuando no hay temas de drogas, como en el caso de Ozzy o Lemmy, al que echaron de Hawkwind antes de formar Mötorhead, un grupo que aunque encaja mejor en la definición de rock ha tenido mucha influencia en la escena metal. Y un ejemplo es el caso de Rick Allen, el batería de Def Leppard, que lleva más de 30 años tocando con un solo brazo desde que perdió el izquierdo en un accidente de tráfico.

Rick Allen, batería de Def Leppard. (Weatherman90)
Rick Allen, batería de Def Leppard. (Weatherman90)

Tampoco se olvida O'Neill de uno de los primeros grandes grupos de metal exclusivamente femeninos que llegaron a lo más alto en un mundo mayoritariamente masculino, al menos sobre el escenario: Girlschool. El grupo de Kim McAuliffe, todavía en activo, salió de la Nueva Ola del Heavy Metal Británico a finales de los 70 y fue cabeza de cartel del festival de Reading en 1981, además de salir de gira con Motörhead en varias ocasiones, con los que se hibridaron en un EP bajo el nombre de Headgirl.

Y después del heavy se abrió la veda

Y se hizo la oscuridad. Y todo se volvió negro, negro como el café de Dethklok. El primer hijo reconocido del heavy salió más oscuro si cabe. Para Venom, formados al filo de los 80, "el heavy metal era una especie de 'pop flojete'". El bajo se hizo aún más potente, buscaron un sonido más distorsionado, unas voces aún más agresivas, se confesaron abiertamente satánicos y de ahí nació el black metal. "Decidimos muy pronto que usaríamos nombres artísticos. Me parecía bastante patético que le cantáramos a Satán, a los demonios y a las fuerzas malignas y que luego tuviéramos unos nombres corrientes y molientes. No me convencía: necesitábamos unos nombres que encajaran con nuestras personalidades pero que, a la vez, impusieran y fueran demoníacos", contó Conrad Lant, más tarde conocido como Cronos, uno de los fundadores de Venom.

Venom en concierto en el San Metal Open Air de 2013. (Jonas Rogowski)
Venom en concierto en el San Metal Open Air de 2013. (Jonas Rogowski)

Después de ellos llegó el 'speed metal', el 'thrash metal', el 'death metal' y todos los hijos legítimos o ilegítimos —sí, Mötley Crue, va por vosotros— del heavy. hasta llegar a las decenas de subgéneros y subgéneros de subgéneros que pueblan las páginas de la 'Kerrang!' y de 'Metalhammer'. Unos tienen 'riffs' más rápidos, otros más lentos y pesados, otros cambios de tempo y voces guturales incomprensibles. De la voz raspada y el maquillaje de Danny Filth de Cradle of Filth a las casullas papales de Ghost. Dime lo que quieres, que tengo de 'to'. Pero O'Neill, que es un nostálgico, cree que "la industria metalera tiene una mentalidad tan empresarial y capitalista que saca la mierda más superproducida imaginable a la venta". Para él, los carteles de los principales festivales apoyan sus carteles en viejas glorias "que sacaron sus mejores discos hace veinte o treinta años".

"El heavy prefabricado ha muerto. El único que vale la pena tocar sale del alma y no de un grupo focal. Conclusión: que les den a todos". Los medios de producción han cambiado, la forma de escuchar música ha cambiado y, aunque es difícil que un grupo joven de metal pueda alcanzar la repercusión de unos Iron Maiden, por ejemplo, el espíritu persiste, los buenos discos no desaparecen y cualquier tugurio del pueblo más perdido de la mano de Dios siempre puede haber un grupo de melenudos con sus guitarras planeando la resurrección del espíritu del metal.

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